Lunas sucias 

Eduardo Villalobos 
 
 

A Karla de los Ángeles, quien, con su ternura y las palabras de Italo Calvino, me recordó que es necesario buscar entre el infierno lo que no es infierno. 

Con todo mi amor. 

Antes del tiempo

mi preciosa

de los recuerdos que guardamos del futuro

es necesario que sepás de este camino en que he cantado

como un perro con nubes en la trompa y una hoguera

que dormita en su cansancio 

este animal que de repente absorbe el aire de su calle

y siente entonces que es el mundo entero 

*** 

De tal manera me atrae el desborde

que tiemblo de espasmo cuando no hay precipicios

equilibrista de lunas sucias

        aprendo en silencio el modo de caerme

de todos los faros elijo el vacío

         que tiende enramado sus ríos al peso

por eso he cambiado las alas por hambre

               las huellas por signos

                     los pasos por asco

apenas descubro una grieta en la zarza

               y pongo entre espinas

              mis brotes aéreos

de allí mi costumbre de andar por el vértigo

de caer entre brazos que esconden abismos

soy el que salta

         el que apura los tramos y delira

y sueña que cae

y luego entierra en la nada

        sus pezuñas 

*** 

He conocido ingenuidades pacientes  labios de espuma

que esquivan desiertos

sobre su terquedad acumulada las nubes cantan

            paraísos

            de labia

hay tábanos en su espanto

           pero ellas no lo saben

cuando ocurre la barca apenas tiemblan

acostumbradas como están al derroche del agua

me han dicho de la flor y de la aurora  de una estación que empieza

donde acaba el mundo

auguran que las albas serán más tibias

luego de la enseñanza que se esconde en los puentes

yo las escucho con pueblos de rabia en mi ternura

así comprendo sus ojos que acosan un jardín de pan para sus niños

su urgencia de fuentes y respuestas   su pequeño pecho derramado

sobre las horas más tristes de los siglos

quisiera tomarlas de pronto y sacudirlas

concederles la luciérnaga que tanto

             niegan

pero cómo escanciar sus manos sin que sus días estallen

cómo entregarles puertos para que los alcen como espadas

con qué oscura estrategia contarles que la vida es una completa

         punzante

         y hermosa

           despedida 

*** 

nueve de la noche

once de septiembre  detrás

una pila de huesos que se hacía inmensa

hijos que esperaron en ventanas sin pájaros de orgullo

que dijeran pronto

         esta vez será

        maldita sea

mujeres embriagadas de preguntas con el sol a tientas

               y los párpados creciendo

amigos que debieron negar el laberinto

esconder las puertas de una luz acechante

afuera

una madre ardiendo

más allá la promesa de sangre en los dedos para palpar la tarde el mar

los cuerpos amados

el espejismo que convoca siempre las alas al polvo

yo me negaba a nacer

           yo era completo en la nada

pero los muertos eran muchos y gritaban

acudieron a mis ojos

           esparcieron sus quejas en silencio

desde entonces me aferro a todo

incluso

     a lo que no prometo 

*** 

Tengo seis años y la luz es un intento

estoy

     acumulando urgencias

de un lugar indefinido me vienen la risa y el cinismo a medias

se descubren páramos pero no los contengo

mi abuela me acompaña en el oficio de decirme el asombro

     su pasión contenida en canciones ligeras

me ha dado un beso y es total el amor que no he sentido sino en la cara

en el contacto de unos labios para siempre encarnados

así la recuerdo

     también su trenza de negrísimas bocas

               su risa en suma solitaria

                   sus ojos bellos

mitad india

     abrigaba en su silencio el orgullo del astro

ahora la escucho en aquel templo de un ocre silabeante

me habla de la magia de pechos escondidos en la fiebre de pedir clemencia

tiene una veladora en la mano y recita los nombres de su amor

     las eras de una estirpe definida en la calma

yo observo los cristos de un dolor opacado por el polvo

sus cuerpos perfectos para la tribulación y el desamparo

oscuros como la piel de los gestos que les hablan

              les imploran

futuros concretos

         hambres necesarios

          brisa en los pasos para engañar las condenas

lloran aguaceros de rabia entre sus puños

               se dan golpes en el ansia

                     gimen

     la noche que les cuelga el tiempo

me atrapa con ellos

         un péndulo en la espalda

poseo la ligereza del ciervo para alcanzar de un tajo la oscuridad que se me ofrece

su cobijo de tempranas máscaras sin rastro

pero algo me fija desde entonces a la quietud de los muros

y no fue sino mi abuela

           el árbol de mi abuela

                 y su oración desorbitada

ha colocado en mi pecho la blancura espesa de la parafina

                   su olor a nada y a todo

luego de encenderla ha derramado un presagio entre la mecha

no sé aún del terror que visita los brazos de las muchedumbres

el sarro del odio en su esperanza de mentiras seminales

no he conocido todavía la pasión

             ni los caminos

                 ni la muerte

no sé del derrumbe pero espero

             el animal en la mano

                   espero

con el ojo en la vela 

*** 

Cómo palpita el espejo cuando aparezco en él

me devuelve la imagen perfecta

             de lo que no presiento

arrogante me he dicho a mí mismo que el otro existe y que es completa su ausencia

a él le echo la culpa de estas manos sin prisa

               de mis palabras turbias

cuando aparece la escarcha

precipitado y ansioso surge de todos mis labios y los reclama para expresar su delirio

/acontecido en la carne

yo lo dejo que grite bajo la noche encendida en que he conocido dulces selvas

/que izan los barcos

no le concedo mi tiempo sino su memoria remota y es fugaz el sentido

/de sus premoniciones

cómo tiembla de mí mismo cómo convoca mis trampas

cómo se roba el fragor en que guardo el filo de mis nacimientos

habla conmigo me reconoce y de esta manera me inventa

pero sucede que es improbable su rostro en mi cara

                   su paso en mi esperma

     su mitad de bruma

el otro no es nadie

por eso aparezco aquí

entre el espejo

         solo

con todas mis bestias 

 

 

*** 

Alguna vez tuve la costumbre de atravesar la luz

     caminaba por ella

     como por una puerta

linde a fin de cuentas se ocultaba turgente de futuro

como la fruta que alguna vez será para la sed y los dientes

colocaba su umbral del lado del sonido y así crecían ecos

                   de una impostergable nitidez

la historia del tiempo desplegada en el ruido

la fiesta de las calles creciendo como el hambre

los adioses entre incendios

         su condición de límite y distancia

así las voces que recurrían al amor o a la ternura

                 al peso del polvo o a las sierpes

se hacían estanques en el brillo de una gastada superficie

cuando visitaba un parque nacían treguas

               en mi cuerpo

corría con flautas en la boca

           abría los brazos como surcos

                 bebía el espacio inagotable

pero una mañana la señal escondida surgió a la transparencia

hizo temblar los cristales

           concitó los gritos y los pasos

                   puso en el corazón

/la ebriedad de la rabia

mis rodillas preguntaron y buscaron el suelo para detenerse

y fue su respuesta mi madre

             el temblor de mi madre

                   su voz temblorosa diciendo

es una bomba

         quedate agachado

             no digás nada

                 escondé la cabeza

esa noche guardé debajo de la cama un papel con los bordes quemados que decía

/venceremos

me soñé debajo de un sol fulgurante que alimentaba como un fuelle el contorno de las cosas

    su brillantez cercana y derruida

alzaba los ojos pero era imposible mantenerlos abiertos más de un momento

apenas suficiente para descubrir figuras en el cielo

                 grietas desnudas

                     gestos de larvas

el sueño se repitió después entre los sueños

y algo parecido a las fronteras abrazó la garganta

como el nudo que hacemos a las cartas de la espera en que entregamos todo

incluso aquello que nos harta

             eso que odiamos lentamente

y se nos viene el nombre

           y lo callamos 
       

*** 

A veces me parezco a lo que digo que soy

             hurgo el ruido

             en la pared de enfrente

pequeñas manchas de miedo y de

           paciencia

se precipitan sobre el borde que

             soy

             yo

             mismo

tengo entonces tiempo para el derroche

               decir

te quiero a quien comparte luz bajo mi escarcha

             matarme a tientos

                 como un niño

                 que piensa el futuro junto al padre

     que le abandonará pronto

             le dejará crecer

     con anclas asidas a su espanto

             le arrimará las dardos

     de su placidez y sin embargo

     le contará siempre

           en su distancia resguardada por la ausencia

aquello que no fue nunca

           que no será más sino el sueño

encontrado en una mancha

           una pared cualquiera frente al hombre

           que es ajeno a todo esto y lo comprende

           el día en que por fin parece que es él mismo

             el que dice que es

             el que acompaña su reflejo

                     el que se aleja 

*** 

Como el condenado que

                  rota

         sobre su propia suerte

aprendí a tejer aristas entre el silencio

de mí brotaba un mundo que imaginaba

                        sin rutas

y la esperanza siempre puesta en la sed de irme

amé de pronto mucho sin princesa que aguardara en pedazos

                              construidos de hambre y de portones

luché cantando pueblos arcos dunas

                              grutas de arena

               sobre la cara y el deseo

los sueños plantaron un pozo en la vigilia

     y me enseñaron la concreción de la tierra

pero también

     que detrás de un pájaro no quedan rastros

             sino el rumor y el recuerdo

y nada pudieron mis amigos

                        mi pandilla de pequeños hunos

con sus caballitos de acero y su ansiedad temprana de ser héroes del viento

nada pudieron cuando asaltaron mi puerta

                              aquel verano de nuestros nueve años

y me dijeron vení cabrón

                  vamos a saltar banquetas

                  hicimos una rampa para llegar más lejos

y yo les dije que no

                  que tal vez más tarde

mientras ocultaba el libro que leía para evitar sus risas

                                          su desprecio inocente

y me crecía la fiebre entre las manos

cuando al fin solo otra vez entre la casa

            removía el polvo

                        azuzaba la tinta envejecida

mientras corría como una lluvia ciega

                        como un perro desierto y circulante

buscando entre la niebla

      el bosque

                  en que me había quedado 
 

*** 

Qué jode la tarde que recobra

las manos vacías y el hartazgo

           agitando el trabajo de ser cierto

qué joden las palmas como armarios

         su recodo asiendo el afán del pecho por quedarse

qué jode la brizna en que nace el encuentro

y estalla

y sube

hasta dejar las bocas heladas y alejándose

qué joden las arpas en el robo que acechamos

las campanas en la huida de los tercos

         hacia la estación de su anhelo

qué jode esta sangre en que me paro

         a contar escombros

           a sumar derrumbes

qué jode el alma

      la patria de siempre la memoria

el repetido oficio de alzarse en las mañanas

el rostro que repite gestos en la farsa

           de lo que vemos

qué jode el tiempo y de repente

y demasiado entonces

qué jode esta fe 

***

Los muertos no se salvan de vivir

      raptan luceros para atizar la lumbre de su esqueleto amado

     su letanía se desborda sobre los lechos

     y todavía sienten hambre

mienten su origen ocultan cadenas y criptas acosan la sangre de los débiles

           odian el nombre de las cosas

repiten

      entre los templos

           que son mejores que el resto

que su muerte es menos triste y más completa

que aquí yació una vez su esperma y se hizo grande

todo lo amenazan

            sobre el recuerdo 
 

*** 

<Cuarta de forros> 

Tengo peñascos de incendio entre las uñas

que arranqué con saña de cuerpos que se iban

pedazos de silencio que se hicieron puertos en silencio

y una canción de azogue para caer con calma

(alguna vez

frente al mar

descubrí que el agua es como el odio) 

vengo de morir y nunca he muerto

este es mi primer fracaso 

 


 

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Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.