Josefa García Granados
y el arte de sobrevivir a pesar de todo.
Aída Toledo.
Publicado en laCuerda
Año 5, No. 44 – Abril del 2002
Josefa García Granados es de esos raros especímenes de la literatura
nacional del siglo XIX que aún despierta sospechas cuando se le menciona.
De origen español, vino a radicarse con sus padres a Guatemala durante
la primera mitad del siglo XIX. Se dedicó a la escritura periodística,
la poesía y la traducción. Se le recuerda como la primera mujer
que funda un diario -"Cien veces una"- durante ese belicoso periodo
de la historia del país, en donde polemizó con personajes de la
política de aquel entonces de una forma despiadada e inteligente, en
compañía de su amigo José Batres Montúfar.
Además de los "retratos" -textos críticos y descriptivos
dedicados a personajes del mundo de la política-, una de las piezas literarias
que pasa a ser una lectura no recomendable en las escuelas privadas y públicas
de Guatemala -de ayer y hoy- la constituye el recordado "Sermón",
escrito en verso y dedicado al canónigo Castilla, y que constituye una
pieza cruda y mordaz, y no pornográfica, como se encuentra clasificada.
La pieza aparece en el contexto de la política post-independencia de
Guatemala; es un texto que ataca duramente los excesos del clero y la iglesia
católica y que obviamente proviene de las ideas antirreligiosas de la
primera mitad del siglo XIX en Centroamérica. Recordemos además
que, en el "Sermón", Josefa García Granados transgrede
también la normativa de la época, dado que ese tipo de discursos
estaba en el campo de lo masculino. El sermón como forma literaria era
abordado únicamente por hombres; de esa cuenta el texto, además
de atacar fieramente las costumbres y los vicios de la iglesia de aquel momento,
puede leerse también como el inicio de una línea imaginaria de
tradición subversiva, en donde las apropiaciones del lenguaje masculino
están en consonancia con aspectos de tipo formal e ideológico.
El texto en sí mantiene un tono contestatario, a la manera de las invectivas
romanas, y se advierte un tono epigramático y sentencioso con el cual
se emplaza a ese "otro", masculino y conservador, a quien se dirige.
La pieza remeda los sermones ofrecidos por los religiosos en los oficios de
la misa, en donde Josefa García también participa de la parodia
festiva que va a producir durante el siglo XX -durante el periodo de las vanguardias
latinoamericanas de principio de siglo- una literatura mucho más popular
en los temas, pero en donde también se advierten las tonalidades cultas
de su educación.
El "Sermón" es, entonces, esa pieza carnavalizada (en el concepto
de Bajtin) que nos recuerda inevitablemente las piezas paródicas de la
Huelga de Dolores de los estudiantes de la Universidad de San Carlos, sobre
todo las que proceden de la etapa vanguardista guatemalteca.
La escritura, el periodismo y la poesía le sirven a esta escritora para
sobrevivir semilúcida en una sociedad que se encontraba en su caso "fuera
de lugar", pero en donde ella, con su inteligencia y pasión, encuentra
formas alternativas para sobrellevar ese tiempo equivocado en que le tocó
nacer.