LAS GRANDES CEREMONIAS LLEVADAS A CABO EN CHIISMACHÍ


Aquí en Chiismachí dieron gracias así: "Tú, Cielo y Tierra, Tú, Ts’akol y Bitol, dénnos hijas e hijos, dénnos platos y vasos, Tú que eres el otro lado del lago, el otro lado del mar, Tú que eres el cielo, Tú que eres la salida del sol, Tu que eres la puesta del sol, dénnos nuestro día y nuestra luz, Tú que eres la gran estrella, Ek’ok’ij", dijeron.

Ofrecieron copal, pájaros y polluelos de gallinas de la tierra; además ofrecieron gente delante de Tojil, aquí en Chiismachí. Aquí también bailaron el Junajpú y Wukub Cakix.

Entonces comenzaron a llevar troncos con miel, y a embriagarse. Cargaron y regalaron a sus hijas unos a otros; eran las cargadoras de ellas y las portadoras de dulces, los que regalaron a los pobres solteros. Fueron a dejarlas en sus casas. Dijeron: "Acabamos de darles nuestro afecto y de mostrarles nuestra admiración". Llevaron una tinaja de atol, una jícara de guacamol, una vasija de alimentos, una pierna de puerco de monte, una jícara de tamalitos envueltos en hojas de K’anak’ y de Cub. Es lo que dieron como pago por sus hijas, allá en Chiismachí.

Las tres parcialidades en Q’uiché estaban unidas entre sí; los Tamub, Ilocab y Sakajib. Estaban unidas porque vinieron juntas de donde sale el sol, de Tulán Siwán.
Cuando esto se hizo en Chiismachí todavía no había copal o sangre, copal de niño, sangre de niño, hongos, ramas verdes, ni ofrendas quemadas. Tampoco había esclavos, ni la madre del pájaro Xcocakix, ni grandes ofrendas quemadas, ni el baile de Pok’ob Chanal.

Todavía (el señorío) estaba en su infancia. Las primeras personas fueron engañadas a adorar a la madera y las piedras en los troncos amarrados de madera. Cuando vinieron (a Chiismachí) pasaron por veintidós pueblos y montañas.