CEREMONIA DE LA GRAN AURORA
Estos consejos fueron dados a Balam Q’uitsé y Balam Ak’ab
por Tojil, Awilix y jak’awits: "Señores, sólo falta
un poco para que amanezca. Prepárense para sacarnos de aquí. Por
misericordia póngannos dentro de un bosque escondido y allí nos
hablarán. Porque viene una gran luz, junto con el sol, la luna y las
estrellas. Así nos harán visibles", dijo Tojil a Balam Q’uitsé,
Balam Ak’ab, Majucotaj e Iquí Balam.
Entonces Balam Q’uitsé obedeció, y Tojil fue llevado dentro
de un gran bosque. Desde entonces el bosque se llamó Patojil y había
allí por doquier águilas, jaguares, culebras cascabeles y cantiles.
Y se encontraba allí el ídolo de Balam Q’uitsé.
El ídolo de Balam Ak’ab fue llevado a Pawilix, al bosque escondido.
El ídolo de Majucotaj se quedó allí mismo sobre el cerro
de Jak’awits, y estaba allí cuando amaneció. En esta forma
se alegraron cuando esperaban la aurora sobre el cerro jak’awits. Siempre
hacían gestos hacia la faz del sol cuando esperaban la aurora.
Cuando amaneció, primero salió la gran estrella que guía
el camino del sol. Después salió el sol, amaneció. Entonces
cantaron los pájaros; el primero fue el Ajpop Queletsú. Allí
vieron el sol y la luz sobre el cerro de Jak’awits. Después alabaron,
dieron gracias y cantaron.
Más tarde, desataron los copales que habían traído amarrados
desde donde sale el sol, junto con las redes de tabaco. Dieron gracias y abrieron
los copales y éstos servían para dar gracias.
El Casiwastán era el copal de Balam Q’uitsé, Mistanpom era
el de Balam Ak’ab y C’abawilpom, el de Majucotaj.
Al quemar (sus copales, dijeron): "Dos veces gracias, tres veces gracias,
a ti Ts’akol, a ti Bitol, tú el Centro del Cielo y de la Tierra,
tú los Cuatro lados, las Cuatro esquinas. Gracias por la aurora que acabamos
de ver, por el esclarecimiento, el sol y la estrella. Gracias a ti, nuestra
Montaña de Tulán Siwán, montaña muy amarilla y verde".
Así dijeron cuando quemaron sus copales.
El humo de sus copales subió al cielo. Inmediatamente se enderezó
y se fue hacia donde sale el sol; era una señal que llegó hasta
las montañas (de Tulán). Y llegaron sus súplicas delante
del señor Nacxit. Así dijeron: "Ojalá que hubiéramos
estado junto con ustedes cuando vimos el sol y la luz, con ustedes, nuestros
hermanos mayores y menores de Tecpán, ustedes, que se quedaron en nuestras
montañas, en nuestras llanuras". Así eran las súplicas
de nuestros abuelos y padres cuando vieron la aurora, y dieron gracias. Estaba
claro cuando se asolearon sobre los árboles y cerros. Este fue el principio
del sufrimiento de nuestros abuelos y padres.