Historia, novela y nación en Los Nazarenos ,
de José Milla y Vidaurre (1867)
Francisco Solares-Larrave
 
La novela histórica en Hispanoamérica durante el siglo XIX desempeñó un papel de importancia en la definición cultural latinoamericana como un medio de exploración del pasado en busca de una tradición propia, y como instrumento en el proceso que Miliani llama la "construcción de una identidad nacional" (103, 109). Este proceso es el resultado de una serie de factores. Uno de ellos es la influencia de las novelas históricas de Walter Scott y James Fenimore Cooper; otro es la reacción contra estas influencias, reflejada en el ensayo de Andrés Bello "Autonomía Cultural de América." En este texto, Bello sienta las bases del programa que considera necesario para establecer la identidad nacional y cultural hispanoamericana:
La exhortación de Bello y las influencias de Scott, Chateaubriand y Manzoni, crearon una relación particular, influída por el romanticismo, entre literatura e historia. Así es como, según Doris Sommer, la identificación entre una historia romántica y el destino de una nación es el sello de distinción de las primeras novelas latinoamericanas (27). Por esto la historia de amor, enmarcada en un momento coyuntural, se encuentra en novelas históricas como La novia del hereje, de Vicente Fidel López (1845-50); Yngermina o la hija de Calamar, de Juan José Nieto (1844); Guatimozín, de Gertrudis Gómez de Avellaneda (1846) y La hija del judío, de Justo Sierra O'Reilly (1852), entre otras (Menton 24).
Entre los autores que respondieron al llamado de Bello se encuentra el novelista José Milla y Vidaurre, nacido en Guatemala en 1822. En Guatemala, Milla publicó varios libros de cuentos, ensayos, novelas y cuadros de costumbres bajo el pseudónimo de Salomé Jil. Aparte de su obra literaria, Milla también trabajó en una historia de Centro América que dejó inconclusa al morir. Sin embargo, su fama proviene de sus novelas históricas, como La hija del adelantado, en la cual la hija mestiza del conquistador Pedro de Alvarado, se enamora del caballero don Pedro de Portocarrero, creando así tensiones sociales y raciales, y El visitador, que presenta las confabulaciones de un funcionario colonial corrupto.
Los Nazarenos es la novela consagratoria de Milla. Centrada en la rivalidad entre dos familias, narra el virtual colapso de la capitanía general del reino de Guatemala, y su rescate por una sociedad secreta llamada "Los Nazarenos," entrecruzando dos historias de amor: la de don Rodrigo de Arias con la esposa del Adelantado de Filipinas, y la de Don César Carranza y doña Violante de Padilla, cuyas familias se disputan influencias políticas y económicas. Milla, siguiendo a Bello, explora las obras de los cronistas coloniales en busca de tramas para sus obras, citando frecuentemente las crónicas de Antonio de Fuentes y Guzmán, Antonio de Remesal y Tomás Gage. Conocedor de las sutilezas de la historiografía, que según White permiten al historiador cierta libertad de juego1 Milla "crea" los "olvidados códices" al articular los vacíos de las crónicas coloniales con el texto de sus novelas, mediante actos de escritura llevados a cabo por los personajes. Sus novelas integran la historia, o subtexto, con la novela, o texto, y luego con actos de escritura de los personajes, representados por notas, mensajes cifrados, anónimos, libros y documentos oficiales entre otros, de modo que emerge una red de textos, relacionada directamente con la historia, como fuentes de confirmación y contradicciones.
Al crear una relación intertextual entre el subtexto histórico, el texto literario y los actos de escritura de los personajes, Milla provee una base verosímil para su novela, y llena con la imaginación todo aquello que no había sido registrado por los cronistas coloniales, "reservados y concisos [...] especialmente en todo aquello que tocaba con las personas que ejercían autoridad e influencia en el Reino" (Milla 13). Cuando el silencio de los cronistas se lo permite, Milla completa los sucesos del subtexto con los elementos de la escritura, creando así el texto literario final. Por esta razón advierte: "[N]os hemos creído autorizados en esta obra [...] a hacer enteramente un trabajo de imaginación, con los escasos datos que suministra la ligera y muy descarnada relación que contienen las crónicas" (13).
Una vez creada la primera articulación—entre la crónica o subtexto y la novela o texto—los personajes de Milla llevan a cabo la segunda articulación: la producción de escritura que, a su vez, influye en el subtexto de la novela. La escritura, así, afecta directamente la acción de la novela, pues los mensajes, libros, textos de todo tipo, introducen nuevos giros en la trama y, a la vez, afectan el subtexto en forma indirecta al aprovechar la ausencia de documentación histórica de apoyo.2
La constante producción de escritura, al afectar la novela y su subtexto, subvierte la importancia del subtexto mismo, la historia, y la hace dependiente de la escritura producida dentro del texto. Las articulaciones intertextuales alteran jerarquías tradicionales entre literatura e historia al situar al subtexto, en este caso la historia, como dependiente de la escritura, que es tan ficticia como los personajes. Esta situación muestra que para Milla los hechos de escritura trascienden lo anecdótico y reflejan el concepto de historia de la época: una colección de datos que contiene, en forma aún borrosa, las respuestas que pueden llevar a América a la autonomía cultural de la que hablaba Bello.
Merced a esta circunstancia, las novelas históricas de Milla emergen como constructoras de una tradición cultural y literaria. Pese a ser cantos de gloria del pasado colonial, el elemento subversivo de estas novelas radica en la presencia de actos de escritura, cuya existencia misma, en lugar de provenir del subtexto histórico, parece originarlo. En virtud de esta relación inversa entre historia y documentos—en la que los documentos generan la historia, y no es la historia la que se manifiesta en documentos—se puede hablar de la importancia de esta novela como medio de una conciencia nacional y cultural.
Si se parte de la caracterización de los personajes en Los Nazarenos se encuentra que Milla los construye con base en crónicas de incierta existencia, o bien manipulando los espacios de otros textos históricos. Cuando las referencias son escasas, Milla da rienda suelta a su imaginación; por eso se nota que los personajes sobre los que no existe información específica muestran mayor relevancia dentro de la novela, pues la brecha entre el texto y el subtexto histórico lo permite. Tal es el caso del héroe, don Rodrigo de Arias Maldonado, cuya fama es mencionada en documentos que Milla no identifica: "El genio altivo y emprendedor que inflamaba el alma de [don Rodrigo] le indujo a intentar una empresa heroica que había de ser célebre en los anales del país. Tal fue la conquista de la Talamanca [...]." (Milla 34, énfasis mío).
Al igual que con Don Rodrigo, Milla aprovecha la escueta información sobre don García Altamirano y lo convierte en un personaje atormentado. Escondiendo la historicidad del personaje tras una referencia vaga, tal como hiciera con su héroe, la única mención de la existencia de don García, afirma Milla, es que "llegó a ser obispo de Durango, según vemos en una nota marginal del cronista Fuentes" (261, énfasis mío).
Ahora, en el caso de individuos o hechos sobre los que hay documentación histórica más precisa, Milla limita su intervención y, al hacer esto, los margina. Esto explica que don Juan de Palomeque, cuya leyenda abre la novela, permanezca en la periferia del texto, pese a su importancia, pues, como afirma Milla, era "el mismo sujeto a quien, por su nombre y apellido principal, y llamándole amigo suyo, menciona el padre Tomás Gage en el capítulo tercero del tomo segundo de [...] sus Viajes en la Nueva España" (18). Sin embargo, la influencia indirecta de don Juan se nota en el hecho de que es el padre de don César Carranza, protagonista de una subtrama amorosa documentada, a su vez, por la mención del retrato de su amada, doña Violante de Padilla (235).
La figura de Sor Juana de Maldonado, mencionada también por Gage, aparece dentro de la novela como guardiana de doña Violante en el convento al que ingresa la joven tras descubrir que don César es en realidad su medio hermano. Para reforzar la articulación intertextual entre escritura e historia, Milla presenta a Sor Juana, autora como su homónima mexicana, como lectora de una obra literaria: "Diálogo entre el alma y Cristo, su esposo."
La escritura producida dentro de la novela afecta la historia en forma directa. Esto se aprecia en el hecho de que los sucesos importantes que imprimen un giro nuevo a la narración aparecen "documentados" sea cual fuere el medio: papel, pintura y hasta sangre.3 El primer documento cuya existencia contribuye significativamente en el desarrollo de la obra es el testamento de don Juan de Balmaceda, en virtud del cual la familia de don Tomás Carranza recibiría la fortuna de Balmaceda a condición de que tuvieran un hijo durante los cinco años siguientes a la muerte de Balmaceda. De no cumplirse el requisito, la fortuna sería puesta en manos de la familia Padilla, con la que los Carranza no estaban en buenas relaciones. La oportuna aparición de un niño expósito en la puerta de la casa de los Carranza, cuya situación económica se había deteriorado, valió para que recibieran la fortuna ofrecida al hacer pasar al niño como hijo suyo.
Otro documento es el libro de apuestas del palacio, donde se registraban las constantes pérdidas de juego de don Diego Padilla. La desaparición del libro en la novela salva a los Padilla del pago de una voluminosa suma que los dejaría en bancarrota. En el proceso, Don Silvestre Alarcón, cajero de los Padilla y arquitecto del robo del libro, también descubre el secreto de don Dieguillo, el bufón palaciego, que ha asesinado a su hermano en la Nueva España y vive refugiado en Guatemala. Este secreto se presta más tarde como un medio conveniente de obtener información a través de chantaje, con el fin de organizar las acciones de "Los Nazarenos" y derrocar a los Carranza y sus seguidores.
Así como un retrato deja testimonio de la pasión de don César y doña Violante, una camisa ensangrentada anuncia la muerte de un informante de El Salvador, que afirmaba tener datos sobre la implicación de don Rodrigo en las actividades de "los Nazarenos." Otros mensajes pretenden reflejar la dinámica social de la época y las relaciones entre las dos familias rivales, como el anónimo enviado a los Padilla por el siniestro don Fadrique de Guzmán, revelando el origen ilegítimo de don César, y el compromiso de pago firmado con tinta invisible que don Silvestre extiende a don Fadrique a cambio de esta misma información. Todos estos documentos son testimonios, al igual que la nota que don Rodrigo arrojara a través de la ventana de doña Elvira para arreglar un encuentro amoroso, y crean un efecto de realismo al "documentar" los sucesos. Estos documentos pueden verse como un reflejo de lo que Derrida llama "escritura no-natural" o "suplemento" (29, 207-208)4 y su aparición como apoyos del texto literario muestra un logocentrismo que subvierte el contenido histórico y lo subordina a los actos (ficticios) de escritura.
Pese a que los documentos no "sobreviven" al subtexto, su calidad como elementos formativos del texto les da valor "histórico." Como ejemplos se encuentran el proceso contra don Rodrigo, destruído por doña Guiomar de Escalante, el libro de apuestas, la confesión in articulo mortis de Gonzalo Méndez y el testamento de don Juan de Palomeque. Los textos, por su calidad simbólica como vehículos de significación, aunque no sean intrínsecamente peligrosos para los protagonistas, justifican su destrucción pues "hablan" y crean una "historia" interna, paralela y verosímil, de la misma calidad que las crónicas que Milla consultara para escribir Los Nazarenos.
Con respecto al valor de la articulación de textos, subtextos y escritura, un balance de la situación muestra que, hasta cierto punto, esta articulación contrarresta el proceso de formación de una identidad política nacional, al crear una relación de dependencia cultural con respecto a los textos coloniales, y enfatizar los lazos de dominación colonial ya que recurre a ellos como elementos formativos de su identidad. Sin embargo, este mismo apoyo o articulación intertextual da verosimilitud a la obra, y contribuye en la creación de una tradición literaria y una identidad propia basadas en la historia del país. La revisión constante a la que se somete el subtexto de la novela implica un cuestionamiento de lo que se conoce como historia; este cuestionamiento lleva, a su vez, a la posibilidad de manipular o "reeditar" el subtexto a fin de lograr lo que Homi Bhabha llama una "escritura" nacional. Esta escritura de la nación conduce a una reformulación de las relaciones entre los sujetos coloniales y el centro hegemónico. De ahí que esta novela de Milla, al cuestionar el subtexto en que se basa, trascienda el molde del "romance" y se convierta en una "novela fundacional," al contribuir en la construcción de una conciencia nacional. No se trata de forjar una conciencia nacional basada en consignas, sino más bien del resultado de una exploración, o, como preconizaba Bello, de "pedirle sus garantías" a la misma historia hispanoamericana.
Northern Illinois University
 
 
 
 

1.    [T]he historian, in his capacity as literary artist, utilizes the same techniques of condensation, displacement, considerations of representability, and secondary elaboration identified by Freud as the psychological strategies used in the "dreamwork" to mask the latent (and real) meaning of a dream behind the manifest or literal level of the dream report (White 112).

2.   Sommer afirma que la ausencia de información llevó a escritores como Milla a imaginar un pasado ideal a través del género que, según Northrop Frye, es el más básico y satisfactorio: la historia de amor (Sommer 27).

3.   Al respecto del uso del lenguaje y signos, cabe recordar el capítulo dedicado a Cortés en el estudio de Todorov The Conquest of America: the Question of the Other, pp.98-123.
 

Obras citadas
Bello, Andrés. "Autonomía cultural de América." [1848] Bello. Prólogo de Gabriel Méndez Plancarte. México: Ediciones de la Secretaría de Educación Pública, 1943.
Bhabha, Homi K. "Introduction: Narrating the Nation." Homi K. Bhabha, ed. Nation and Narration. London: Routledge, 1990.
Derrida, Jacques. De la grammatologie. Paris: Editions du Minuit, Collection "Critique," 1967.
Menton, Seymour. Historia crítica de la novela guatemalteca. Guatemala: Editorial Universitaria, 1985.
Miliani, Domingo. "Historiografía literaria: ¿Períodos históricos o códigos culturales?" Ana Pizarro, coord. La literatura latinoamericana como proceso. Buenos Aires: Centro Editor de América Latina, 1985.
Milla y Vidaurre, José. Los Nazarenos. [1867] Guatemala: Piedra Santa, 1987.
Sommer, Doris. Foundational Fictions: The National Romances of Latin America. Berkeley: U of California P, 1991.
Todorov, Tzvetan. The Conquest of America: the Question of the Other. [1982] New York: HarperPerennial, 1992.
White, Hayden. Tropics of Discourse: Essays in Cultural Criticism. Baltimore: The Johns Hopkins UP, 1987.