Luis Cardoza y Aragón en el centro, rodeado de
algunos miembros del Grupo Saker-Ti. Guatemala, 1952.

El Grupo Saker-Ti (Amanecer en cakchiquel).
 Luis Cardoza y Aragón. El río, novela de caballerias. México : Fondo de Cultura Economica, 1986. Págs. 635-638

Revista de Guatemala apenas la dirigí. De 1944 a 1954 (la década civilizada) parte la viví fuera, no por mi gusto: el gobierno prefería mantenerme a distancia. La revista moría y renacía, más pobremente; a nadie interesaba dentro de Guatemala. Boicot del medio y los gobiernos mismos. La hacía volver a la vida, encaminaba un número a mi paso. Raúl Leiva y compañeros de su generación y más tarde con los jóvenes del grupo Saker-ti, la cuidaban y publicaban sus obras completas.
Los sakertianos masivamente ingresaron al Partido Comunista, en los años del presidente Arbenz (1951-1954), igual que si hiciesen la primera comunión. Tuvieron consistencia ideológica; más hermandad de secta. Fueron como el lirio de los valles en el Cantar de los cantares.
¿Cómo entrar al partido? Yo era simpatizante del partido y muchísimos de sus miembros no lo eran. Por su oficialismo y por su divorcio de la realidad , en parte hoy resalta como cristalización pequeñoburguesa del estancamiento. Había un partido, escasos comunistas: los comunistas hubiesen peleado. Para algunos jóvenes que vivían días virginales, entrar al Partido Comunista significaba asumir un noble rechazo y, con emoción de audacia y sorpresa, tocar alga más allá de lo prohibido, algo maldito.
En verdad la fundación del partido ocurre con la caída del presidente Jacobo Arbenz, caída que nunca siquiera imaginaron. En el partido hubo más que doctrina caudillismo. Fue un partido inflado: las fracciones surgieron de sus endebleces, y no éstas de aquéllas. Paulatina o rápidamente, entre ellos varios capaces, supieron mostrar personalidad. Destacaría de Saker-ti a Huberto Alvarado (1927-1974). Le sacaron los ojos, murió en la tortura. Como siempre, aparecieron por millares los devotos del oportunismo, obedientes a simples frivolidades, a prácticas de economía doméstica.
Pablo Neruda visita de nuevo Guatemala en 1949, después del Congreso de la Paz celebrado en México, al cual asistió Paul Éluard y se llevó a Dominique, a quien tanto quiero, tan ligada a dichas y penas y furias nuestras.
Pablo había dada ya el salto cualitativo de sus Residencias a Canto general. Se había librado de González Videla, a quien se le recuerda nada más por haberlo perseguido. Entonces estuvo enraizado en el stalinismo monoteísta de esos años. Encontró en los jóvenes de Saker-ti mentalidades ávidas y frescas que lo recibieron como se lo merecía y dejó en ellos posiciones cuadradas, que él con talento vencía en lo suyo.
Neruda confesó haber vivido el stalinismo que asolaba el pensamiento revolucionario, particularmente en nuestra América. Había desaparecido toda posición critica y objetiva. La exigencia era maniquea, religiosa, dogmática. las cosas venían del "realismo socialista" y otros catecismos. Desde luego, aparte y años antes, sitúo a José Carlos Mariátegui. Fue nuestro Gramsci.
Al caer el presidente Jacobo Arbenz, en 1954, casi todos los dirigentes se salvaron exiliándose. Huberto Alvarado era secretario general del Partido Comunista cuando murió asesinado en 1974, por el general Kjell Laugerud (1974-1978); otros murieron de muerte natural; algunos viven proscritos. Ninguno de ellos se dedicó a la coprofagia.
Fui el mejor amigo que pude y me defendieron en periódicos de ataques en serie con cualquier pretexto; se alejaron de mí, como un solo hombre, por órdenes partidarias de un subdesarrollo incalculable y me adversaron cuando novatos "comunistas", Retorno al futuro se volvió "trotskista" para su flamante dogmatismo. Esta obra la cuidó en la imprenta Juan Rejano, responsable para América Latina del Partido Comunista Español. El partido guatemalteco no se dio cuenta por bisoño de que publicar mis páginas en seguida del "bogotazo" a mí atribuido, era enfrentarse definitivamente, con intrepidez y energía moral, a la mediatización, a la burguesía. Dificultades clásicas de cultura y poder, de poema y acción.
Noble fue el ansia de servir de Saker-ti; mitológica, su credulidad primaria. Eran tan jóvenes mis únicos amigos que se equivocaban con perseverancia implacable.
¿Cuál fue el destino de estos muchachos que tanto quise? Ah, cómo los recuerdo, con lágrimas de emoción: eran el saker-ti de Guatemala y tuvieron destino fiero y duro, como el amanecer que está labrando la nueva ola del mar guatemalteco. Formaron una bandada, entre ella: Melvín René Barahona, quien murió en la miseria, quizá en Buenos Aires o en Córdoba, Argentina, repitiendo poemas míos, cada vez que como niño huérfano deliraba. Enrique Torres, musicólogo, regresó a Guatemala, tras no sé cuántos lustros y murió de un ataque al corazón al sentirse en el páramo. Rafael Sosa vive en Moscú, hace más de un cuarto de siglo, con terquedad inconsciente de ser guatemalteco sólo comparable a la mía; a José María López Valdizón, cuentista que moraba en las nubes y hablaba con pálidos colores lo despertaron de un culatazo que le destrozó el cráneo. Jacobo Rodríguez Padilla, suspiro que pinta, se ha vuelto faquir y ha conseguido en París nutrirse con el aire.
El grupo lo veo como una celdilla eléctrica cuya influencia algo trascendia, y por constituir la agrupación de jóvenes más puros de la década 1944-1954, había que apagarlos al nacer. Fueron entonces solemnes y didácticos, sintiendo sobre sí enormes responsabilidades. Comprendo bien, más que bien, su conducta y no puedo olvidar que la noche anterior a mi ostracismo obligado a Enrique Torres lo vi lamentarse con más sentimiento que el muy grande mío. Quizá no captaron que si no los acompañaba como ellos lo entendían entonces se debió, precisamente, al respeto y el cariño que les profesaba.
Estoy recordándolos con alegría y dolor. Con su pensar o con el mío de entonces y ahora, nuestra tierra, por tanto amarla, nos rechazaba. Éramos seres anómalos en el ambiente, pletóricos de afanes que perrnanecen siendo los mismos, que a ellos les costó la vida o el destierro, y a mí me costó partir sin perder nunca la amistad de mis compañeros. Sigo estando con ustedes y no sé si se equivocaban o si me equivocaba; sé que cada día estuvimos ardiendo en un solo fervor.
Quise conocer Quiriguá. Pasaba a la oficina en donde se hacían las reservaciones en un hotel de la United Fruit Co., dada que las ruinas se encontraban en una de las fincas bananeras. Nunca había lugar; a la tercera negativa ya no tuve malicia sino convencimiento. La Ufco era un enclave, nuestro Guantánamo. Al ministro de Francia, Gilbert Medioni, que profundizaba en estudios mayas, como no había visto las estelas en piedra dura de Quiriguá, le propuse hacer juntos la visita, apartó habitaciones y así logré ir a Quiriguá, para mí vedada. Se vio más tarde que Guatemala era un enclave en la compañia frutera, y no a la inversa. En vez del quetzal, habría que haber puesto, entonces, una penca de bananos en el escudo.

 

Grupo Saker-ti (1944-1954):


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