LA SUPERVIVIENTE
 
 Me habita un cementerio

me he ido haciendo vieja
                      aquí
al lado de mis muertos.
no necesito amigos
me da miedo querer porque he querido a muchos
y a todos los perdí en la guerra.

Me basta con mi pena.
Ella me ayuda a vivir estos amaneceres blancos
                                estas noches desiertas
esta cuenta incesante de las pérdidas.

***

¿Dónde te has escondido en este tiempo?
Bajo tus mismas faldas.
Enfundada en tu propia fortaleza negaste la evidencia.
                      ¿Qué evidencia 
puede haber si no vas a un entierro?

¿Quién ha muerto en esta eterna primavera?
¿Quién puede morir en este lugar de cielos y volcanes
qué se reflejan siempre en los maizales verdes?
¿Quién soy yo para sentir, ahora, después de la década perdida
este infame dolor que me destroza el pecho?
Soy la superviviente. La que cerró los ojos
y se llenó las orejas con cera.
La que pasó junto a las rocas sin escuchar las voces.
Ciega por propia voluntad para evitar la visión de los buitres
                   limpiándose los picos en los huesos.
***
Si te emputa saber que tu voz es sólo el eco de otras voces
que esa sangre, esas entrañas
ya fueron evocadas antes,

¿quién puede usar otra palabra para decir sangre?
¿quién ha inventado un nuevo término para expresar la muerte?
 
 
DESAPARECIDOS

Qué extraño ser es ese
                        que no entiende
por qué escribo desapareció cuando alguien muere.
Que me enseñe la lista de sus muertos.
Todos en la cama, por supuesto
y a respetable edad.

Mire esta mía: cortados prematuros
pisoteados, maltrechos.

A mí no me tocó la suerte
de cerrarles los ojos ni rezar nueve días.

Fueron uno tras otro. Y por el miedo
                                y el dolor
                                y la angustia
no tuve tiempo de investigar
cómo
quién
ni por qué.

Pero me consta que desaparecieron.
 
 DESACUERDO

No me hablen de nada.
Esta noche no estoy para palabras
                            ni discursos
sobre los acuerdos de paz en ningún lado.

¿Qué paz acordaron en mi nombre?
¿Quién les dio permiso para hacerlo?

Ninguno de esta lista interminable
que llevo entre las manos
                      dijo
adelante, firmen ese convenio.

A mí no me pidieron opinión cuando los grandes
decidieron que una guerra
                                       si se enfriaba
podía jugarse mejor en patio ajeno.
Soltaron su veneno,
se sentaron a contar ganancias
a competir por esculpir la Luna. 
                                              Mientras tanto
aquí, como si nada, se acumularon muertos
y desaparecidos
y exiliados y odios.
Cuarenta años duró el juego.
A mí no me fue mal, aún estoy viva.
Pero esta lista, esta lista que me hace llorar cuando la leo
es la factura final de aquel convenio.
No me vengan con sellos a estampar un cancelado.
Aquí no se cancelan los afectos
ni los llantos, ni la sangre derramada
ni la memoria de los muertos.