mi poesía: ensancha la brisa al alba sus dedos en la quieta
arena
no es igual a le es ancha la prisa al alma cuando roe la seca pena.
(Te amo)
Hoy gozo en la poesía obedezco creo en sus oráculos
como también empecé a creer en dios sus profetas potestades
desde aquella noche en que falto de fe me arrastré convalecí
hasta ti chorreando tristísimas escamas amamantando salamandras
con mis más negras raíces glaucas lágrimas que no
sé de dónde y a poco me abriste el milagro de tus piernas
angélicas y supremas para que yo amor amor me santificara a perpetuidad
y entonces nazco brillo dolor también adiós.
SI ACASO ES TIEMPO,
AY INGRATITUD TAN IRACUNDA,
PARA DARTE LAS GRACIAS HOY
Gracias, compañera, por haber
rescatado mi corazón cautivo
en la maldita región de la bruma,
acaso solitario vicio de mirar por el ojo de una caverna,
gracias por esta ventana abierta al viento,
por esta victoriosa amapola,
por esta palabra ahora cobijada
y ayer apenas flotando, sin tregua y sin mañana,
como un tronco viejo deriva debajo de la esperanza.
Porque ahora este mundo que habito
(acaso también el tuyo y el de todos)
es una pequeña sala
en la que solemos conversar sobre el diario quehacer del sueño,
sobre el siempre necesario bálsamo
del verso y la lluvia y la primavera,
en torno
a esa colectiva pregunta cotidiana que nos ocupa
y a la que damos respuesta día y noche
quizá absueltos o condenados,
dispuestos a ser cada uno, según nuestra propia corona de espumas
o escorpiones, los felizmente jóvenes del porvenir
o, simplemente, incrédulos fantasmas
de que éste exista de veras.
Porque en este prodigio
que en mí has obrado,
oh ingenuidad
nunca parecida y siempre perdurable,
retornan todas las fábulas
de la infancia: que si dios creó al perro
para enamorar con su ladrido a la luna,
que si el viento
para sostener, en vilo, el corazón de la mariposa,
que si la luz
para que brillase, como una punta de alfiler,
en el frutal asomo
de una lágrima tuya, hermosa compañera culpable de tanta
tontería.
LOS GUERREROS
Oíd cómo garduñas edades caen aún sobre
nuestro augusto país.
Mirad cómo soterradas bestias se nutren en su espumeante
oscuridad.
Oled qué fatuo y ofensivo, pútrido y obsceno nace
nuestro aire infeliz.
¿Podrán acaso ardientes adjetivos contra las huestes
de la voracidad?
ROGUEMOS QUE MAÑANA
No hay remedio, compañera.
En este país
hasta las hormigas confabulan contra la alegría.
Roguemos que mañana
lluevan sobre nosotros
bestias de amnesia
para quedar, ahora sí, soterrados todos
bajo
un
alud
de
bruma
de la que nunca, oh efímeros, debimos haber salido.
ELLA, LA MÁS BRUÑIDA E INEVITABLE
Cuando retorné a mi país, en la primavera de aquel rugido que abrió la tierra enloquecida del año 76, me entregaron mis amigos, bajo unos cipresales: una bala, un negrísimo espejo y un libro del tamaño de mi mano, abierto y maloliente como el hocico de un saurio. (Fue un pacto que pareció ser un afilar de cuchillos o no sé qué cacería de cuervos pavorosos.)
"Para que reconozcas tu rostro -me dijeron- y contribuyas con ello
apagando las brasas de mierda que caen ardiendo sobre nuestra historia".
Fue entonces en ese instante cuando los claveles que traía para
mi madre, lo recuerdo bien, me derramaron sobre el traje un aroma muy parecido
a la tristeza de un perro. Leí allí mismo el libro que, después
de aquella ceremonia, le borré las páginas con el aliento
de una mosca, según se me había aconsejado para mi propia
seguridad. El espejo,, días después, creo habérselo
obsequiado a Aura que lo usó para reñir hasta el alba con
sus arrugas. Únicamente la bala, que agradezco en estas líneas
a quienes me la dieron, la conservo en este tiempo en que ya nada podemos
afilar con las palabras, ahora que poco podemos colorear el mundo aun con
los ojos vueltos hacia el cielo, que poco le valdrá a la esperanza,
según aseguran aquellos que les dije, su derecho a vivir a perpetuidad,
que nada sin embargo me es ajeno desde aquella primavera del rugido en
que no acertaba qué hacer con ELLA.
BABEL
Bala quemante
mártir esqueleto del verdugo
témpano
estalactita
gaviota vieja y malherida
Lilí
y sus gritos en alto amor
arenales
lunas
calcinadas
nardos
algún
día amor algún día cuando el justo
cólera del reptil
pubis aullante
muslos abiertos en la tibia ladera del sofá
la revolución de las formas
o
las formas de la revolución
espejo hipócrita
somos corazón hiperbólico somos
mástil
cucarachas tumultuarias
aprieta tu victoria víctor y vitoréala
muerte
cadáver
silencio/ silencio!
van gogh
mayakovski quién disparará primero?
poesía incapaz y caótica
pedante borrasca del alma
eso eres poesía.
PARA ARCANOS CIELOS AUGUSTOS CONSUELOS
No me importaría
que el reino de la tierra
siguiese siendo lo que hoy es:
una ronca lluvia de sal
una inmensa lengua de fuego sobre el horizonte
un bronco territorio agreste
un murciélago
una vengativa estrella de mar
un jardín, en fin, colmado de hermosos colmillos en flor.
Juro
que seguiría no importándome
si alguien desde el reino de los cielos
me arrojase
-al menos-
unas
cuantas plumas aunque fueren de un celeste ángel con sarna
para alegrar
esta desamparada desnudez de animal babilónico
esta sagrada soledad desde el origen del mundo.
LA PREGUNTA
¿En dónde
y en qué altar de la noche o del día
me fue
concedido
este pájaro
escarlata
que me habita y me enceguece?
¿Por qué a mí este canto
esta inmerecida espina
este encendido delirio en la sangre?
¿De dónde o de quién
este oficio
que me deslumbra y desgasta al escribir sobre la página
como el fósforo
al ser frotado contra la caja?
Mientras alguien responde,
yo escribo
en
una grada,
bajo un barranco o sobre una llaga.
Me levanto en la noche
y aprendo, justo a eso de las doce,
el buen arte de conversar
con el gentío de espíritus
quedándome
estrepitosamente
callado.