ACASO, TAL VEZ

            -a Jaime Barrios Carrillo

Acaso vaga por Tokio, Quebec o Machu Pichu
pisando la misma tierra
bebiendo un vaso de agua, limonada o vino
pero siempre metido en un sueño.

Tal vez atraviesa un desierto
o cruza un puente de acero
o cabecea en un maldito buque ballenero.

Acaso contrata unos anteojos oscuros
o acata el consejo de las aves
o indetermina una cantidad de pasos.

Tal vez araña la pared de una prision
o acaricia un niño callejero
o zurce los bolsillos de su pantalón.

Acaso está absorto ante un cuadro de El Greco
o metido en un atestado elevador
o bebe cerveza en un burdel.

Tal vez rompe a hachazos la puerta en un incendio
o cuenta monedas extrañas en una esquina
o hace muecas al maniquí de un almacen.

Acaso se cura de alguna herida
o espera un autobús bajo la lluvia
o descansa a la sombra de un ciprés.

Tal vez alimenta a unas palomas
o traza siluetas en la nieve
o aplaude el "Esperando a Godot" en un teatrillo.

Acaso está ante una tumba cualquiera
o mira de reojo en un espejo
o corre persiguiendo a un gato negro.

Tal vez espera a que claven su zapato
o enseña guatemalteco a un loro
o compara su reloj en el ocaso.

Acaso cuenta las baldosas de una plazoleta
o puja lo infinito en un retrete
o devuelve la sonrisa a una muchacha.

Tal vez lava platos en un restorán de lujo
o vuela barrilete a la orilla de un barranco
o remite un insulto con la mirada.

Acaso habla por señas con una señora obesa
o guarda su tos muy quedo en la sala de un hospital
o devuelve la pelota a un grupo de niños.

Tal vez escala el muro de una mansión
o recorre los anaqueles de una biblioteca
o suda entre los muslos de una mujer.

Acaso nada en dirección a un islote
o abandona un templo en ruinas
o escapa a su fusilamiento.

Tal vez apaga las velas de un pastel ajeno
o perdona tras una cortina templada
o cierra los ojos de un muerto.

Acaso escribe una carta
o remeda el caminar de un pájaro
o escucha las voces sin dueño.

Tal vez regatea una baratija
o trama con otros una red de espejos
o vomita un pescado descompuesto.

Acaso compra sellos para una postal absurda
o sube una cuesta con dulces en los bolsillos
o planta en un jardín un limonero.

Tal vez llama a la puerta donde nadie
o susurra un poema de Oscar Palencia
o sigue las peripecias de un juego.

Acaso mancha una pared con esperpentos
o cede a una tentación-límite
o cierra sus labios a un grito transparente.

Tal vez pide dinero al tanto por ciento
o hace pompas de jabón en un mercado
o finge parentesco con el residente ricachón.

Acaso posa para un pintor callejero
o llora en un andén desierto
o sale desnudo a un balcón con maceteros.

Tal vez lee en un diario que el mundo ha muerto un poco
o narra a un viejo aventuras de nunca
o persigue un rostro que nunca tampoco.

Acaso cree hacia su profundidad
o delira por su plenitud
o sonríe a su soledad.

Tal vez...