"El que expone se expone"

Entrevista hecha a Ramón Banús por Christa Bollmann para el periódico Siglo XXI.
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El viernes se abrió en la Galería Plástica Contemporánea la exposición Ayer, hoy y mañana de Ramón Banús, pero de lo que ha sido, es y será su obra, no fue lo único de lo que habló con Magazine 21, el martes. En casa del artista y frente a algunos de sus cuadros más recientes, se refirió a su oficio, uno que califica de "emocionalmente intenso, y físicamente peligroso".

Intento ser objetivo, sin catalogar las cosas que retrato sobre el arte urbano. Emocionalmente (el trabajo) es muy intenso, agotador; físicamente, ya es peligroso.


Alguna vez le valió una amenaza. ¿Cierto
?

Me asaltaron y me amenazaron en un par de oportunidades; son cosas que le ocurren a cualquier persona por casualidad cuando va al centro (de la ciudad). Como artista, uno considera que al retratar cosas que ve está estableciendo un puente de comprensión con el guatemalteco, pero siempre hay individuos que buscan otras cosas.


¿Ha dejado de frecuentar algunos sitios?

Sí, pero es una constante en mi trabajo y pienso repetirla aunque dejándole un poco de aire, para poder ver las cosas de forma fresca y diferente, y enfocarlas cada vez mejor.


¿Han cambiado mucho esos cuadros o historias cotidianas de lugares públicos, que dibuja desde hace varias décadas?

Lo que ocurre es que ahora veo una mirada de hostilidad que no veía. Hay un contraste entre el costumbrismo y la paca; entre la música de rap y la de marimba. Es un mundo no localizado; es la actitud de seguir una moda, sin comprender lo que es el desarrollo de la vida.


¿Cómo explica ese cambio?

Recuerdo que en mi generación todos comenzábamos trabajando... Me costó mucho lo que quería. Empecé barriendo pisos... Permitirme comprar un disco era una cosa extraordinaria.


¿Compraba todo tipo de música?

Sí, hasta la música electrónica. Pero... (Y ríe). Durante años me pasé comprando los discos por la cubierta, como buen admirador de la fotografía. Pero ya no lo hago.

Aparte de eso, desde que se me dañó el oído, oigo bien la música, pero varió mi apreciación. Eso sí, tengo oído de tísico y cuando la gata que ha estado enferma maulla, inmediatamente me levanto a ver qué le está pasando al animalito. Y (por las noches) aquí pasan tantos bolitos improvisando boleros Ðuno en especial: creo que se llama Mala mujerÐ (Canta). Lástima que de noche no se ven porque ya los hubiera dibujado.


¿No pinta lo que oye?

Claro, y lo que leo, porque somos producto de todo eso y del entorno. Toda la vida he sido compulsivo y he salido con un cuaderno de apuntes y un lápiz para pintar lo que me llama la atención. Nunca he separado una manifestación de arte de otra. Ese es mi campo de trabajo. Porque leo, tengo más referencias; porque escucho música siento más alegría. La poesía me hace ver la importancia de la brevedad de las cosas. Pero ya no compro tantas cosas, la música y los libros eso es lo único que me hace caer.


Al principio trabajaba para pintar

Empecé barriendo pisos, limpiando ventanas, haciendo fotografías, vendiendo tractores; fui agente cinematográfico en Roma, trabajé en una casa discográfica, fui traductor, gerente de un hotel; promoví comerciales para la televisión. El trabajo es algo a lo que nunca le he dicho: "No". Es para mí algo natural y lo hacía para perseguir mi sueño, que era la pintura.


Demás está decir que esa variedad influyó en su manera de pintar la vida.

Hay mucho prejuicio en todos los campos, en todos los estratos sociales y en todo tipo de relaciones. Cuando uno ve las cosas con prejuicio tiende a despertar lástima, cólera, o a establecer reglas para que los demás vivan. A la gente le encanta ponerle a los demás las normas bajo las cuales debe vivir. Trato de no hacerlo.


¿Considera que esos prejuicios se han hecho más fuertes en Guatemala?

Es condición humana. La educación y las memorias provocan en el hombre un ordenamiento de la vida que él ya aceptó. Por ello, si es propio, es el mejor y si es el mejor, tiene que ser impuesto a los demás.


Si no es lo propio, es pecado...

Para mí, el único pecado que existe es hacerle daño al prójimo, por pensamiento, palabra u obra. Ese es el pecado que provoca las demás reacciones adversas.


Antes se refirió a los contrastes entre costumbrismo y moda; entre música de rap y de marimba. ¿Los considera un problema de identidad?

Es el problema de no tener identidad. No puede saltarse de la belleza de Atitlán, la serenidad de Antigua y la tranquilidad de Los Cuchumatanes, a la música rap; no puede pasar alguien de trabajar un campo a ponerse una boina al revés o tratar de imitar al mercado de consumo. Tiene que ver eso con un falso enfoque de la personalización de los productos.


¿Hay algo entre todo lo que ve que lo no le guste o que no haya querido retratar?

No. Estoy consciente de que hay cierta ingenuidad de mi parte, pues hay cosas que la fotografía capta, que son inmediatas, tremendamente elocuentes, en comparación con la pintura, pero ésta tiene la maravilla de transformar las cosas, por eso es igualmente universal. Es un eslabón entre la historia de la humanidad, las tradiciones y los mitos que se siguen reflejando, porque los mitos son muy fuertes. Tiene razón Jung cuando dice que la memoria es genética: se transmite de generación en generación.


Hablando de herencia, su abuelo era pintor. ¿Qué hay de él en la obra de Ramón Banús?

Si es cierto lo de la memoria genética, entonces sí, porque nunca conocí a mi abuelo. Admiré su obra; estudió con Sorolla (pintor valenciano de tendencia impresionista), y es difícil diferenciar la obra de uno y otro. Obviamente, no es mi tipo de pintura. Además, en mi familia no había una afición grande por la pintura. Eran personas con cultura, que leían y estaban al tanto de muchas cosas importantes, pero no como sistema de vida o de pensamiento. Siempre me gustó dibujar y la pintura, me fui a Italia precisamente para eso. Es un acercamiento que uno muchas veces no se explica.


¿Su amistad con el dramaturgo Hugo Carrillo, influyó en su manera de trasladar al papel esos cuadros urbanos de los que hablamos al empezar la entrevista?

Mucho, la de Hugo y la de Manuel José Arce. Tenían una característica especial: ellos no tenían muchas respuestas, veían con los ojos muy abiertos y se preguntaban muchas cosas. Esa, pienso, es la mejor forma de aprender. Las recetas siempre son malas, pero ellos no las tenían. Acabo de escuchar una frase maravillosa de Oscar Wilde que lo ilustra: "Nada tiene que ver el airoso juego de las ideas con la violencia de una opinión".


Usted imparte "libre creatividad" en la Escuela Nacional de Artes Plásticas. ¿Le piden recetas, qué hace para no darlas?

Me enorgullece que mis alumnos capten con mucha frescura las ideas, pero siento que la gente joven que se dedica a la pintura está muy confundida. Hay confusión porque hay muchas ramas y propuestas de gran publicidad, de palabras altisonantes que presumen de libertarias que en realidad van encasillando al alumno. La pintura es percepción, vez algo y lo transfieres de la cabeza a las manos, pasando airosamente por el corazón; luego, lo realizas. No se puede dirigir la creatividad, porque cada individuo es eso y es diferente. En ese sentido tengo una respetuosa y magnífica relación con mis alumnos.


¿Qué piensa Ramón Banús de quienes califican de buena o mala; de bonita o fea una obra?

Estamos tan acostumbrados al cine, la secuencia de imágenes de la televisión es tan hipnótica, que supongo, el ojo de la sociedad moderna ya no se detiene ante las cosas. Por eso, ya no se busca lo diferente y lo original de una obra.


¿Cree que esa hipnosis de la imagen en movimiento es, en parte, causante de la confusión que nota en los pintores jóvenes?

Pienso que es un factor importante, pero, además, hay apatía.


¿Qué ha sucedido con el arte guatemalteco?

Las manifestaciones en el campo del arte se han multiplicado, el contexto y el espíritu han variado. Muchos dirán que se debe a la época que vivimos, pero el artista no lo es sólo para un período, salvo casos como el de Rambaud, por ejemplo, entre pocos. Los grandes aportes son de una obra consistente y consciente de toda la vida.


¿Cómo definiría el sello de una obra firmada por Banús?

Las influencias son innumerables y cualquier cosa que uno vea, se graba, pero es distinta la forma como están realizadas, deformadas e inventadas las figuras.


¿Deformadas?

Tal vez es una palabra fuerte y sería mejor decir variada. Veo la anatomía humana como una arquitectura, que tiene bases, pero con la que se puede jugar después. La perfección de la figura, Dios sabe, es muy efímera.


Una de sus obras más recientes incluye "animales raros" si se le puede decir así a un carnero con pico o un insecto gigante con cara de perro.

En todos mis cuadros hay animales. Los mitos están cargados de ellos y estoy acariciando la idea de hacer una zoología fantástica.


Se habla del instinto animal de los humanos, pero no de la humanidad de los animales.

Es que no les han visto los ojos.


En su obra hay óleo, acríclico, tinta, lápiz, pastel ¿Cuál prefiere?

Más que todo eso hay oficio. ¿Y cómo nace? Quizás por la "codicia" de querer abarcar tantas cosas.


Pero no es codicia.

No sé cuál es la palabra, pero de lo que se trata es de no sublimar lo que uno hace, sino de verlo como un trabajo válido.


¿Existe entre sus obras alguna que merezca ser considerada "la favorita"?

No. trabajar frente a una obra es como estar en un laberinto que te mantiene concentrado. Cada instante crees que es lo mejor que has hecho, y cuando la terminas, la descartas. Es lo que viene atrás lo que importa y no hay tiempo para detenerse. Ojalá no haya hecho todavía mi obra favorita. Además, no hago planos anteriores, empiezo una obra y la desarrollo, añado y quito. No hay una preconcepción.


¿Cuál es para el artista el encanto de cada obra?

La profesión constante es la calidad en la vida de un artista. Apartar una obra es como haber llegado ya a un enorme orgasmo que no vas a repetir nunca, y eso no ha sucedido.


Usted habla mucho de profesionalismo y de oficio.

Generalmente, se piensa en la musa que le toca a uno la frente y que le trae la inspiración, pero eso es un lugar común. La pintura es una profesión de mucho cansancio y de trabajo constante. Nadie puede convencer a nadie de nada, y menos de sus bondades, cuando se trata de un trabajo como éste. Como dice el dicho: "El que expone se expone".

Más de 40 años

Se ha considerado siempre más un dibujante que un pintor. Si se busca una fecha que marque el principio de la carrera de Ramón Banús, él recuerda 1957, cuando tenía 19 años, pero realmente ha pintado toda la vida.

En 1962, expuso en la galería The Old Brook de Spoleto, Italia, país donde de los maestros renacentistas "tomó" la perfección en el dibujo.

La primera retrospectiva de su obra se presentó en 197O, al regresar de Italia. Un año después expuso, en El Salvador y en Guatemala, una colección de dibujos a tinta. En su estudio galería de esta ciudad expuso varias colecciones privadas.

En 1982, recibió el título de Maestro de Arte y en 1983 inauguró la sala de exposiciones del museo Popol Vuh, con su colección Los soñadores.

En 1989, presentó en retrospectiva unas 150 obras de su autoría, desde 1961. Su obra ha recorrido el mundo. Volvió a Italia 30 años después, en el Festival Castellarte 92, en Castellalto, Téramo.

El cristal con que se mira se tituló su exposición en 1998. Al año siguiente, su libro de apuntes La Mesa Puesta lo complementó una exhibición instalación que se reinstaló en el 2000.

Este año, una exposición personal en el proyecto cultural El Sitio, y Ayer hoy y mañana, en la galería Plástica Contemporánea se suman a la trayectoria del artista.