A MITO LE DIERON AGUA
Anoche fuimos al tiberio de Mito. Llegó la mara de la veinticuatro
y todos caímos cadáveres con unos cuantos villanos para ayudar
al entierro. De la coperacha se juntaron como veinte pesebres. La ruquita
de Mito estaba inconsolable, jirimiqueando y chupando mocos. Aqueche era
el unicornio que le pasaba cáscaras y de hoy en adelante se la cargó
la tristeza.
Aterrizó la tía del finado, esa vieja gorda sometida que
a pura cachucha quiere que le dé para sus dulces, pero yo nelson,
no sólo porque no me yeguas sino porque tiene un golpe de alacrán
que dialtiro ofende. Vieja shuca, hasta un traganíquel me llevó
para quedar bien con miguel diciendo que fuéramos a su chante a
echarnos el oder may broder, pero yogui le dije que lueguito y me le pinté
para el retache en cuanto dio la vuelta.
Güicho y el Chato que siempre cargan monterrey de la buena, le pusieron
de a gordo en el patio de atrancas, y al ratón andaban bien locos
buscando un vinagrazo para cruzarse. Estos cuates no dejan su noche por
cinco o seis pitos y fuman con matabacha para que no haya desperdicio.
Son verdaderos maestros y consumen solo punto rojo, de la canche y sin
semillas para que no duela la maceta. Cuando agarran la onda le ponen tambor
a las pastas, al puyón y a la cocaleca. El Chato dice que ya le
entró al ácido pero que ese patín es muy grueso.
Al suave nos desconchamos a la cantimplora de la corner a ponerle a los
tapis. A tres cuarteles de venadril les dimos en la madre, aunque el pelos
se puso algo brincon porque a puro huevo queria indianapolis. Una leona
nos quería hacer bajados con un jugoso y fichas para la chillona,
pero le dijimos nel pastel. Garzas las bocacalles que se aventó
la doña. Puros maromos con queso en unas sorias más tiesas
que los rieles de la ruca que la parió. Jateados dejamos los seis
cachudos y nos retachamos para el velorio a atender a la gente y casaquear
con las chavas de la fábrica donde Mito breteaba. Buenos rabiosos
y parece que a todas les gusta el arroz con tunco. Tambien estaba una güisa
canchicles que Mito había conectado en el chonguengue de la Normal,
y el Chino que no atina y corta parejo, ya le estaba haciendo la del payaso
viendo como se la levantaba casi encima del difunto.
Como a las donis se tristeó el ambiente y nos desfilamos en el charnel
del Chino para el Farolito Azul. Las leonas cobran tripas por el polvorín
pero nosotros que andábamos a caballo nos hicimos las momias y sólo
les metimos manopla y las meneamos un cacho. Ajustamos para un lirio de
serpiente bien elodia, porque mucho clavel irnos sin livais nalgas. El
Chino se puso necio con que fuéramos al Guayquiquí porque
allí tiene un su bulto que le suelta fichas. Como es el dueño
del patas de hule, no había otra. Cuando llegamos Coca estaba terminando
el show. El huecazo se puso a tirarle pelota al Chato, le fue a sobar la
cara y sólo papacito le decía. Al rayo mandó unas
cheves para la mesa. A mí se me hace que este cerote ya le pasó
fierros. El Chato se puso colorado, se hizo toda clase de bestia y sin
que le preguntáramos ni miércoles dijo que sólo eran
cuates y que habían estado juntos en la Francos y Monroy. El Chino
dijo: a lo mejor recibiendo clases de canto. De cama, agregó Güicho
piñándose de la risa. El Chino se metió al cuarto
de la Celina, pero salió rapidol porque llegó la matrona
a pumpunearle la puerta diciendo que aquí nadie coge de gratis y
que si es su casera que venga por las tardes cuando no hay clientes. El
Chino se alebrestó y le contestó que eran celestes porque
ya no le medía el aceite, que lo dejara de estar chingando y ya
no le hacía naranjas agrias porque ya estaba muy flores teilor.
En un bronco llegaron dos tiras uniformados y otros oréganos con
tartaja. El puterío se alborotó porque la mayoría
son guanacas y no tienen pápiros, pero la vieja calmó la
onda, les pasó unas frívolas a los tirantes y marcó
en la rocola para que todos le entráramos al guarachazo.
Cuando regresamos, empezaron a correr los chismes sobre la muerte de Mito.
Unos dicen que andaba en un purrún bien turbio y que la pesada le
dió agua. Pero la mera verdad es que estaba amenazado porque fue
cabezón del sindicato y había desfilado el primero de mayonesa
y tambor el veinte de octubre cuando palmartes a Olivero en el Portal.
Lo secuestraron el lunes temprano en una camionetilla con placas empañueladas
y apareció hasta el jueves, desnudo y torturado en un barranco de
ciudad San Cristóbal. Ni la viejita lo podía reconocer en
el anfiteatro de La Verbena. Le hicieron barbaridades. Cabronada y media.
Si no llega a tiempo le entierran como XX en una bolsa de nailon. Don Chema
el de la panadería Los tres molletes prestó el picop para
dar las vueltas y en una ambulancia lo trajeron a su casa porque no hay
fichas para velarlo en una funeraria. A mí me tocó meterlo
en la caja con el Chino y su carnal Roberto y se me rodaron las de San
Pedro al ver las ingratitudes que le hicieron. No tienen madre. Lloré
de puro coraje, de la rabia de no poder hacer nada. Diúnavez clavamos
la caja para que no lo estén viendo. Las viejas chirmoleras del
barrio vienen a preguntarme babosadas, pero yo me hago el lobo y me las
sacudo de mal modo. Quieren saber si le hicieron esto o lo otro. Cabronas,
no respetan al difunto, ni el dolor de la viejita.
El último tacuche es de puro pinocho, sin pintar, y encima pusieron
un plato para que azoten con los lenes. Casi todos dejan choca, algunos
diego, y uno que otro cae con pescado. Talvez se junte algo regular para
que doña Rome la pase mientras ve que camino agarra. Ya vino mi
ruquita y le ofreció posada, diciendo que donde comen dos comen
tres, pero ella dijo que talvez se va para Xela con su hermana.
No se si vaya al entierro porque el viejo sereno del taller segurola que
no me va a dar permiso. De perdido me hago el enfermo y le entro con el
cuento que tengo que ir al Igss. De planeta me va a sentir el estoque a
guarumo. Si me arma bronquitis y ladra mucho le tiro el brete por todo
el hocico. Uno es pobre pero no tiene porqué aguantar malos tratos
y mentadas de madre. Por las buenas con miguel no hay tos, pero si me encabronan
salen los catos. Al fin y al cabo para la trama siempre se consigue y si
uno se pone buso caperuso de cualquier manera se defiende, aunque sea basculeando
bolatines o alivianándose un chillón que esté mal
puesto. Aunque eso de ser tacuazín es mal yoyo, porque si le cae
la jura, aparte de la zanateada que le mandan en el segundo torino hay
para rato en el gran pavo, y si tiene más de diez ingresos como
el chero Ayuso, al salir le dan aguarrás sin hacer cola.
De madrugada cayó un maje haciéndose toda clase de baboso,
pero los boys al rayo le dieron su tin de que es conejo. Puso cara de afligido
para darle el pésame a doña Rome y se aculó en un
rincón a controlar quiénes llegaban. Los muchachos le mandaron
a la Tere con un tanguarnis tras otro para ponerlo a ver gatos. Salió
con el cuento de que él también es del sindicato. Luego se
puso a hablar paja y nosotros le pusimos ruedas para que se descosiera.
Nos quiso vacilar pero ya les conocemos sus mates y sólo le dimos
cuerda. La Tere como es cabrona y bien atinajas se desabrochó el
primer botón de la blusa y a cada rato se agachaba para que le mirara
las chiches. El pensó que ya le había salido algodón
y le hizo el reto. Ella lo aguantó un cacho, le apachó el
ojal y le dijo que más tardecito cuando ya no haya tanta gente,
para no hacer clavicordio, ni darse color. Se fue para la cocina y le sirvió
un trago puritano y de tacón alto, con dos seconales. Se lo jaló
para la puerta del palomar y se dejo besuquear mientas daba el ranazo.
Ahí lo dejamos cuando ya amaneciendo, el Chino que hizo bajada a
la Celina, me invitó a un par de trangayes. Nos enzaguanamos dos
octubres de venancio, sin boca y sin agua, y a escupir a la calle. Yo me
siento algo tecolotón y estoy en el mero punto en que todo me vale.
De plástico no voy al chance. Que trabajen los bueyes. Cuando regresamos
al tiberio, encontramos al judicial fondeado en la puerta de la casa vecina.
Ya la mara le había pasado el dos de bastos porque tenía
las bolsas del pantalón para afuera. Con el tapis y los seconales
lo pusieron a ver gabino y balín. Si le bailaron la forifai de esta
se lo sacuden de la tira.
El entierro fue a las cinco y casi oscureciendo regresamos del cementerio.
Mi vieja, doña Rome, la Tere y la güisa del Mito en el volsvaguen
del Chino. Nosotros en la palangana del picop de don Chema. En la entrada
del callejón estaba el judicial que bajaron en la madrugada en gran
casaca con el Chato que ya le había devuelto sus pápiros,
las llaves y la luz que cargaba. Boris nel, no andaba. Llegaron los del
sindicato y aclararon que el cuate es derecho. Con aqueche no hay tos,
es bien tuanis dijo el secre general. Le pedimos disculpas y lo vacilamos
de a gorila. Le quitamos lo braca, se rió con ganancias y abrazó
a todos. La Tere se acercó medio amishada, algo chiva y se lo llevó
de la manuela para su cuartel general. Parece que le llegó de a
devis.
Nosotros sólo nos quedamos miramóm y al suave camellamos
para el bartolo de la esquina, a ver si nos quitamos la gomalaca y ese
nudo que le queda a uno en la garganta cuando palmolive un buen alero.