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Roberto Ossaye (1927-1954) y Roberto González Goyri
en el estudio del primero (foto: La Hora)
“Las artes visuales contemporáneas de
Guatemala no han tenido sino dos personalidades
a quienes podría llamárseles geniales: Carlos
Valenti y Roberto Ossaye; ni yo mismo podría
aventurarme a pensar a llegar a la estatura artística de aquellos
dos predestinados.” Carlos Mérida
Lucrecia Méndez
de Penedo
La pintura guatemalteca de la década de los treinta contaba con
una producción de alta elaboración formal, pero sumamente
conservadora en cuanto a experimentación y a tratamiento de la
temática social. Dominaba el magisterio de virtuosos del realismo
regionalista como Alfredo Gálvez Suárez, Humberto Garavito,
Jaime Arimany, Carmen de Pettersen. Intentos más agresivos e innovadores
se filtraban en la obra de algunos artistas como Antonio Tejeda u Ovidio
Rodas Corzo. El paisajismo y la retratística tradicionalista predominaban,
ya que permitían a los pintores expresarse sin entrar en conflicto
con la intolerancia del régimen dictatorial del general Jorge Ubico.
En Guatemala eran poco conocidas las corrientes artísticas innovadoras
que arrancan desde la década del diez en Europa, y que se intensifican
después de la Primera Guerra Mundial; futurismo, cubismo, tauvismo,
expresionismo, abstraccionismo, surrealismo y sus variantes. Estos movimientos
marcan una estética radicalmente diferente de la tradicional, en
la que el arte imitaba a la realidad. Por el contrario, ahora la obra
de arte intenta crear su propia realidad a partir de la percepción
individual y de la expresión del estado anímico del pintor,
más que de los referentes objetivos. De ahí que el arte
figurativo vaya perdiendo campo frente a tendencias abstractas y herméticas.
O bien que se den sugestivas mezclas de ambos.
Por otra parte, la dictadura ubiquista (1931-1944) no permitió
que se filtrara la influencia del muralismo mexicano, ya que recelaba
del despertar de conciencia social que podría originar. Esta corriente
busca fundir el espacio arquitectónico con la plástica para
inducir, de manera épica y didáctica, una lectura de la
historia pasada y reciente desde una perspectiva revolucionaria.
Después del derrocamiento de Ubico por un movimiento reformista-nacionalista
(la Revolución del 44). Integrado en su mayoría por estratos
de mediana y alta burguesía que buscaban expandirse, aprovechando
la coyuntura mundial democratizante que presagiaba la victoria de los
aliados en la II Guerra Mundial, se implantan en el país políticas
culturales dinámicas de apertura hacia nuevas corrientes. Al mismo
tiempo, se genera una búsqueda y fijación de rasgos distintivos
que perfilan una cultura propia. Se intenta recuperar el tiempo perdido:
La Revolución enseña al guatemalteco el rico horizonte artístico
que lo rodea y a ver sus propios valores soterrados durante milenios.
Este repentino cambio provoca; sin embargo, descontrol y angustiosa inestabilidad
por el contacto abierto al exterior, y la conciencia del atraso por el
que se atravesaba.
(...) la mayoría de los pintores parecen ignorar la lección
que comenzó Cézanne y afirmaron los cubistas. La lección
actual y perenne de Picasso (...)
Dentro del contexto revolucionario, el arte conformaba un espacio privilegiado
para la expresión de una temática social que denunciará
la explotación secular de los trabajadores; el terror Impuesto
por la dictadura; el conflicto étnico indio/ladino; la injerencia
extranjera; o bien exaltara la construcción de una utopía
colectiva.
El artista aparece imbuido de una aureola mesiánica y toma conciencia
de su función de divulgador de ideologías progresistas que
abarcan desde el "socialismo espiritual" sostenido por el presidente
y humanista Juan José Arévalo, primer mandatario de la Revolución,
hasta posiciones de izquierda, desde las reformistas hasta las socialistas.
Finalmente; el artista cuenta con la posibilidad real de expresarse y
adquiere así un rol protagónico en el proyecto revolucionario.
Se inicia el acceso, en gran parte gratuito, a actividades culturales,
de sectores populares tradicionalmente marginados. Se asiste a fenómenos
insólitos hasta ese momento; por ejemplo, se realizan exposiciones
de plástica en todo tipo de sedes, las que son visitadas masivamente.
Asimismo; llegan al país figuras de las letras y las artes que
enriquecen y dan su aporte al desarrollo cultural para sacarlo del atraso.
Pero también el gobierno proporciona a los artistas nacionales
becas de estudio en el extranjero, posibilitando de esta manera el contacto
directo con las últimas tendencias estéticas.
Entre las personalidades que arribaron a Guatemala para actualizar la
creación artística, mostrar los logros de otros países
e inducir a los pintores a buscar nuevos horizontes, resulta muy importante
la visita del crítico de arte cubano José Gómez Sicre,
Jefe de la Sección de Artes Visuales de la Unión Panamericana,
con sede en Washington. Gómez Sicre trajo una exposición
de pintura contemporánea de su país: Amelia Peláez,
Mario Carreño, Cundo Bermúdez, Martínez Pedro, Raúl
Milián, Felipe Orlando y Wilfredo Lam. Su opinión sobre
el estado que presentaba la plática guatemalteca en 1945 es:
(...) el arte estaba entonces en los finales de su fase descriptiva
y folklórica. Carlos Mérida era hasta ese momento una
figura mítica que, a distancia, parecía inasible.
Los artistas van adquiriendo conciencia de grupo y de su participación
en un proyecto reformista, y forman sus agrupaciones. En 1944 se funda
la Asociación de Profesores y Estudiantes de Bellas Artes (APEBA),
en donde aparecen figuras de maestros ya consagrados en la década
anterior, como Julio Urruela Vásquez, Ovidio Rodas Corzo; pero
también participan, como estudiantes, muchos de los integrantes
de la Generación del 40. Por esos mismos años se funda la
Asociación Guatemalteca de Escritores y Artistas Revolucionarios
(AGEAR), forman el grueso de sus filas jóvenes artistas de diferentes
disciplinas que poseen mayor sentido de compromiso social y una urgencia
en la búsqueda de nuevos derroteros experimentales. Entre ellos:
Roberto Ossaye, Miguel Alzamora Méndez, Dagoberto Vásquez,
Roberto González Goyri, Max Saravia Gual; y escritores como Luis
Cardoza y Aragón, Mario Monteforte Toledo, Enrique Juárez
Toledo.
Estos jóvenes artistas propugnaban por una democratización
y descentralización del arte, en oposición al disfrute elitista
existente hasta antes de la Revolución. Afirmaban el carácter
ético-pragmático de su discurso estético, sin rechazar
por ello la experimentación formal. El catálogo de la "Primera
exposición circulante al aire libre de pintura, escultura, libros
y música", patrocinada por la Universidad Popular y la Dirección
de Educación Extraescolar declaraban "su responsabilidad en
la docencia por medio del arte".
No obstante, era difícil realizar un cambio radical en el discurso
plástico por el peso que aún ejercía la tradición
realista figurativa. Con todo, es posible que ésta haya conservado
su vigencia en la década revolucionaria porque se acoplaba a la
concepción utilitaria del arte que demandaba una fácil descodificación
de parte de los destinatarios. Lo anterior fue evidente a la llegada de
Carlos Mérida, en 1947, que ocasionó desconcierto entre
los jóvenes, no sólo por el estilo de su obra, sino por
los talleres que impartió; no los obligaba a copiar sino a crear
una nueva versión del objeto en estudio.
La progresiva politización que se experimenta durante el segundo
y el último gobierno revolucionario, el de Jacobo Arbenz (1951-1954),
es fruto, en parte, del acoso que va sufriendo la joven democracia guatemalteca
de parte del anticomunismo macartista y la injerencia económica
de los Estados Unidos, país que financiará un movimiento
clandestino guatemalteco que derroca a Arbenz en 1954.
El arte se resiente del clima autodefensivo que se vivía en Guatemala.
Se acentúa la función utilitaria y concientizadora, endureciéndose
las posiciones estéticas en una adopción parcial o total
del realismo socialista, y resbalando, en más de una ocasión,
en el panfletarismo.
Apenas veintisiete años de vida bastaron para que Roberto Ossaye
dejara una huella significativa en la plástica guatemalteca del
siglo XX. Pero acaso no fueron suficientes para que su talento se revelara
plenamente.
Hijo único de don Arturo Ossaye, de ascendencia franco-canadiense
y con inclinación a la música y el canto, y de doña
Cristina Gallardo de Ossaye, nuestro pintor nace en la ciudad de Guatemala
el 11 de enero de 1927. Su vida transcurre dentro de la placidez de una
familia de capa media que tuvo la lucidez de estimularlo en el camino
de la pintura, apenas sus padres se percataron de su talento y vocación.
Quienes lo conocieron lo recuerdan como una persona entusiasta y jovial,
apasionado por su oficio.
A los catorce años ingresó en la entonces Academia de Bellas
Artes, dirigida por el escultor Rafael Yela Gunther. Fueron sus maestros:
Enrique Acuña, Alberto Aguilar Chacón, Ovidio Rodas Corzo,
Federico Schaeffer y Julio Urruela Vásquez. En este centro afianzó
amistades con jóvenes estudiantes que posteriormente serían
conocidos como la "Generación del 40": Roberto González
Goyri, Dagoberto Vásquez, Guillermo Grajeda Mena, Max Saravia Gual,
Juan Antonio Franco, Miguel Alzamora Méndez; entre otros.
La Academia de Bellas Artes, proporcionaba una formación sumamente
tradicional, limitada, además de otros factores anteriormente mencionados,
por la estrechez económica y la ausencia de estímulos de
parte del gobierno ubiquista. Por esos años, Ossaye trabajaba en
la Legación Británica, particularmente en la ilustración
de propaganda aliada para la Segunda Guerra Mundial. Contaba con un céntrico
estudio que rápidamente se convirtió en punto de reunión
para artistas, intelectuales y estudiantes universitarios que compartían
comunes inquietudes generacionales y artísticas.
A raíz del ritmo de la Revolución del 44, Ossaye ve abrirse
ante sí múltiples posibilidades para su oficio. En 1945
realiza su primera exposición personal, en la Academia Nacional
de Bellas Artes. Su segunda exposición personal tiene lugar en
la misma entidad, en 1946. Alberto Aguilar Chacón, crítico
de arte, señala "su gran aliento para muralista" y afirma
que:
Ossaye ha venido manifestando un marcado sabor barroco en su pintura
tanto por el deformismo que emplea como por el gusto táctil y
voluminoso de su genio constructivo.
Al año siguiente lleva a cabo su tercera exposición personal,
en la Oficina Nacional de Turismo. La cuarta, en 1948, en la oficina del
Departamento de Prensa de la Legación Británica, y la quinta
en el Instituto Guatemalteco Americano; en el mismo año.
Obtiene el primer premio de pintura en 1946, con motivo de la Feria Nacional
de Agosto, el cual debe compartir con Valentín Abascal, Rodolfo
Marsicovétere y Miguel Alzamora Méndez. El jurado lo considera
como uno de los que "representaban verdaderas promesas de nuestra
plástica". En ese mismo año obtiene el primer premio
de pintura en figura con su obra Retrato; este concurso fue organizado
por el Ministerio de Educación Pública con motivo del segundo
aniversario de la Revolución del 44 y se desarrolló a nivel
centroamericano.
Ossaye participó de la Asociación de Profesores y Estudiantes
de Bellas Artes (APEBA), de la Asociación de Escritores y Artistas
Revolucionarios (AGEAR), a mediados de la década de los cuarenta,
y de la Corporación de Escultores y Pintores Plasticistas de Guatemala,
en la década de los cincuenta.
El gobierno revolucionario le otorgó una beca para estudiar pintura
en Nueva York. En esa ciudad, así como en otras de los Estados
Unidos, se habían autoexiliado durante las décadas anteriores
figuras ilustres de la plástica europea, enriqueciendo y estimulando
hacia búsquedas originales a los artistas norteamericanos. La metrópoli
neoyorquina constituía, pues, un punto privilegiado y de avanzada
en la pintura.
En 1948 parte, en compañía del entrañable amigo y
colega Roberto González Goyri. Se inscriben en la Student´s
Art League e inician inmediatamente una frenética actividad de
visitas a museos, galerías, talleres de artistas. Sin embargo,
después de un escaso mes de asistencia, Ossaye decidió que
el centro educativo seleccionado no llenaba sus expectativas y abandonó
los estudios sistemáticos, prefiriendo dedicarse a pintar.
El contacto con una ciudad tan estimulante, pero también con un
ritmo de vida vertiginoso y frío, sumando a la constatación
del atraso en que hasta entonces se había hallado sumido, probablemente
provocaron, en parte, una profunda crisis al joven pintor guatemalteco;
la que se manifestó en un bloqueo creativo. Encontró, sin
embargo, un alivio en la factura de impecables copias de clásicos.
El Greco, Velásquez. La certeza del dominio de la técnica
le devolvió confianza y ánimos, lo que, sumado a su incansable
capacidad de trabajo, lo condujo a un proceso de depuración y experimentación
para ir afianzando un estilo propio.
En New York contrajo matrimonio con una joven dominicana; Georgina Tejera,
con quien compartía la pasión por la plástica y con
quien procreó una única hija: María del Carmen. También
en aquella ciudad expuso su pintura, en la Roko Gallery; la primera vez
en 1950, conjuntamente con la escultura de González Goyri, y en
1951, una exposición personal. De nuevo con la obra escultórica
de González Goyri, expone una serie de óleos en la Unión
Panamericana, en Washington, en 1951.
El joven matrimonio Ossaye regresó a radicar en Guatemala en 1952.
Aquí el maestro Ossaye se dedicó a la docencia en la Escuela
Nacional de Artes Plásticas, donde sirvió las cátedras
de Desnudo en color, Teoría del color y Composición. Asimismo,
expuso en ese mismo año una selección de su producción
realizada en Nueva York -de 1948 a 1951- en la Escuela Nacional de Artes
Plásticas: Participó en la exposición colectiva que
envió Guatemala a la Bienal de Venecia en 1952, con tres obras:
Manola muerta, Pitahayas y Amantes. Obtuvo en ese mismo año el
primer premio de pintura del Instituto Guatemalteco Americano, y en 1953
el primer premio en pintura del Certamen Nacional Permanente de Ciencias,
Letras y Bellas Artes del Ministerio de Educación. Su obra comprende,
además, grabados, algunos de los cuales ilustraron un poemario
del escritor Guatemalteco Alberto Velásquez, así como proyectos
de escenografía y vestuario para una obra de teatro del también
autor guatemalteco Carlos Girón Cerna.
En este sentido le serán beneficiosas las influencias de la presión
del expresionismo constructivo del uruguayo Torres García; la transparencia
pluriestructural de Picasso; las posibilidades expresivas del color en
Tamayo; el vigor del muralismo mexicano en la versión de Siqueiros.
Sin abandonar la línea figurativa, experimentada con formas esenciales
y juega con el espectro cromático. Pero no realiza apropiaciones
pasivas de estos y otros grandes maestros; sino que selecciona elementos
que luego funde con su propio estilo.
Lentamente abandona rasgos anecdóticos e incursiona con sorprendente
habilidad en un imaginario muy suyo, que empieza a hacer valer la autonomía
de los valores plásticos sin caer en una expresión fría
e intelectualizante. En Noche y día (témpera; 1951, colección
particular) las figuras larvadas e irreales adquieren un tono casi metafísico.
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| Muchacha
y eclipse
Oleo sobre tela, 64 x 89 cms. 1951. |
Con un gran sentido de equilibrio compositivo formado por un trapecio
y dos trapecios invertidos -el cuerpo y los brazos de la figura femenina-
que terminan en dos círculos brillantes -las únicas notas
de tonos cálidos-, Muchacha y eclipse (óleo s/tela, 1951,
Museo Nacional de Arte Moderno) expresa un momento crucial de gran tensión,
donde casi parece escucharse un grito secular de dolor y rabia acumulados.
Otra de sus obras maestras; El calvario (óleo s/madera, 1953, Museo
Nacional de Arte Moderno), reclamaba un espacio mayor y confirma su capacidad
y vocación de muralista, no necesariamente en clave realista. Una
cruz atraviesa la pequeña superficie rectangular creando reducidos
recuadros que amplifican la angustia y el dolor que signa la obra. La
composición geometrizante, aparece cortada en lugares neurálgicos
por algunas diagonales que imprimen movimiento. Los colores oscuros apenas
contienen la desesperación de los naranjas infernales, subrayada
también por las figuras desmembradas; un pajarito muerto, los ojos
desorbitados, las dentaduras animalescas. Toda esta pesadilla se sofoca
dentro del estrecho espacio limitante del lienzo; las garras prestas al
zarpazo y la mirada severa de una deidad barbada. Ni siquiera el amortajado
descansa en paz. El maestro Ossaye logra no sólo un reformulación
sumamente original que recuerda inevitablemente el Guernica de Picasso,
sino, sobre todo de la iconografía cristiana de la Pasión
en clave social, pero también de tormento interior.
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| Calvario
Óleo sobre plywood 78cm x 158cm, 1953. |
No es posible inscribir ortodoxamente a Roberto Ossaye en una corriente
pictórica. El artista guatemalteco realizó un recorrido
intenso y coherente en su oficio plástico. No se dejo seducir,
ni hizo concesiones comerciales ni políticas. Logró un difícil
y hermoso equilibrio entre compromiso social y experimentación
formal por medio de un discurso pletórico de alta calidad y honda
tensión.
Su obra puede dar una primera impresión de excesivo sincretismo
y eclecticismo, pero esto se explica porque apenas había superado
brillantemente la necesaria etapa de tanteo inicial: su breve tiempo de
vida le fue adverso. Su pintura se caracteriza, sobre todo, por una expresión
vibrante y; a ratos, vertiginosa y dramática. Lo que no excluye
una ternura subyacente. Aprendió a frenar excesos durante su estancia
en Nueva York, después de la cual realizó obras de impresionante
madurez para un joven veinteañero. Lo vernáculo y la problemática
social no desaparecieron porque su compromiso con la utopía fue
total, pero sí empieza a discernir mayor hondura reflexiva en sus
pinturas. Abstrajo estructuras sin perder lo figurativo.
Su obra oscila entre la angustia y el júbilo, el dolor y la esperanza,
expresados con genuina pasión. Resulta muy difícil juzgar
a un pintor tan acabado y, al mismo tiempo, desaparecido tan tempranamente,
en el momento preciso en que afianzaba su propio registro. A lo sumo puede
señalarse una espléndida tendencia neobarroquizante, virilmente
contenida por la técnica.
No queda más que imaginar o especular lo que este gran joven pintor
podría haber seguido aportando a la historia de la plástica
guatemalteca, como bien lo expresa Alaíde Foppa.
Nos queda el gusto amargo de buscar en el arte de Roberto Ossaye los
frutos maduros y seguir con la imaginación el oscuro camino de
la obra interrumpida.
CITAS Y NOTAS BIBLIOGRÁFICAS
1. Lionel Méndez Dávila; Arte vanguardia Guatemala, Guatemala:
Universidad de San Carlos de Guatemala, 1969 p.15
2. Alberto Aguilar Chacón "Comentarios al torneo pictórico
del istmo. Galería de artistas modernos en la Oficina de Turismo".
El Imparcial, 25 de octubre; 1946
3. Vid. "Muy concurrida la galería pictórica guatemalteca",
El Imparcial, 21 de octubre; 1946. Esta exposición se realiza en
una dependencia del estado y es visitada por más de mil personas.
"Premiación a vencedores en torneo del 20 de octubre, Pintura,
Coro Guatemala, Dibujo, Costura, Literatura infantil", EL Imparcial,
22 de octubre, 1946. Organizada por el Departamento de Cultura Estética
del Ministerio de Educación, el articulista señala la participación
de distintas clases sociales; la importante afluencia de estudiantes de
nivel primario. También informa que los premios a escolares consisten
en material didáctico y libros. "1.000 personas visitan las
exposiciones patrocinadas por la CGT" (Confederación Guatemalteca
de los Trabajadores), El Imparcial, 13 de noviembre, 1946. Esta exposición
en la sede sindical se realizó con la colaboración de la
Asociación Guatemalteca de Estudiantes y Artistas Revolucionarios
(AGEAR)
4. José Gómez Sicre; "Una nota para la biografía
de Ossaye", Washington, D.C, octubre de 1954; en el catálogo
de la exposición "Roberto Ossaye", organizada por la
Corporación de Pintores y Escultores Plasticistas de Guatemala
en 1955. Citado por Josefina Alonzo de Rodríguez en "Pintura
guatemalteca del siglo XX. Esbozo histórico, en A.A.V.V, Arte Contemporáneo,
Occidente -Guatemala, Guatemala. Imprenta Universitaria de la Universidad
de San Carlos de Guatemala, 1962, p. 80.
5. Cfr. J Alonzo de Rodríguez, Cit, p.81.
6. El grupo Saker-ti (Amanecer), que aglutinaba a jóvenes artistas
revolucionarios, es emblemático de esta tendencia radicalizante.
Vid. Por un arte nacional, democrático y realista de Huberto Alvarado
(1953).
7. Vid, "Arte de Roberto Ossaye en 50 cuadros. Transformación
en su técnica, mejores realizaciones al óleo", El Imparcial,
noviembre, 1946.
8. Alberto Aguilar Chacón. "En la Academia de Bellas Artes.
Exposición de Roberto Ossaye", El Imparcial, 16 de noviembre,
1946.
9. Vid, "Premiados en pintura y escultura", El Imparcial, 14
de agosto, 1946.
10. Vid "Gran premio en pintura a Garavito. Otros vencedores en
el certamen", El Imparcial, 19 de octubre, 1946.
11. Estas y otras valiosas informaciones y comentarios sobre la figura
y obra de Roberto Ossaye me fueron generosamente proporcionadas por el
maestro Roberto González Goyri.
12. Vid, Luz Valle, "Ha muerto un gran pintor guatemalteco",
El Imparcial, 15 de junio, 1954 y, Mario Alvarado Rubio; "Desde México.
La muerte de Roberto Ossaye". El Imparcial, 22 junio, 1954.
13. Citado por J. Alonzo de Rodríguez, Cit. P.81.
14. L. Méndez Dávila, Cit. P.18.
15. Citado por José Luis Cifuentes en Algunos pintores contemporáneos
de Guatemala. Guatemala, Ministerio de Educación Pública,
1956, p.10
16. En el catálogo de la exposición homenaje "Roberto
Ossaye 1927-1954" auspiciada por el Ministerio de Educación
en el Museo Nacional de Arte Moderno en 1984, tomado a su vez del catálogo
de la exposición póstuma realizada por la Corporación
de Pintores y Escultores Plasticistas de Guatemala, patrocinada por la
Universidad de San Carlos de Guatemala en 1955.
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