El consejo de las tres tías
Óleo sobre tela, 85 x 113 cms, 1948



Roberto Ossaye (1927-1954) y Roberto González Goyri
en el estudio del primero (foto: La Hora)

“Las artes visuales contemporáneas de Guatemala no han tenido sino dos personalidades
a quienes podría
llamárseles geniales: Carlos Valenti y Roberto Ossaye; ni yo mismo podría
aventurarme a pensar a llegar a la estatura artística de aquellos dos predestinados.”
Carlos Mérida

Lucrecia Méndez de Penedo

La pintura guatemalteca de la década de los treinta contaba con una producción de alta elaboración formal, pero sumamente conservadora en cuanto a experimentación y a tratamiento de la temática social. Dominaba el magisterio de virtuosos del realismo regionalista como Alfredo Gálvez Suárez, Humberto Garavito, Jaime Arimany, Carmen de Pettersen. Intentos más agresivos e innovadores se filtraban en la obra de algunos artistas como Antonio Tejeda u Ovidio Rodas Corzo. El paisajismo y la retratística tradicionalista predominaban, ya que permitían a los pintores expresarse sin entrar en conflicto con la intolerancia del régimen dictatorial del general Jorge Ubico.
En Guatemala eran poco conocidas las corrientes artísticas innovadoras que arrancan desde la década del diez en Europa, y que se intensifican después de la Primera Guerra Mundial; futurismo, cubismo, tauvismo, expresionismo, abstraccionismo, surrealismo y sus variantes. Estos movimientos marcan una estética radicalmente diferente de la tradicional, en la que el arte imitaba a la realidad. Por el contrario, ahora la obra de arte intenta crear su propia realidad a partir de la percepción individual y de la expresión del estado anímico del pintor, más que de los referentes objetivos. De ahí que el arte figurativo vaya perdiendo campo frente a tendencias abstractas y herméticas. O bien que se den sugestivas mezclas de ambos.

Por otra parte, la dictadura ubiquista (1931-1944) no permitió que se filtrara la influencia del muralismo mexicano, ya que recelaba del despertar de conciencia social que podría originar. Esta corriente busca fundir el espacio arquitectónico con la plástica para inducir, de manera épica y didáctica, una lectura de la historia pasada y reciente desde una perspectiva revolucionaria.
Después del derrocamiento de Ubico por un movimiento reformista-nacionalista (la Revolución del 44). Integrado en su mayoría por estratos de mediana y alta burguesía que buscaban expandirse, aprovechando la coyuntura mundial democratizante que presagiaba la victoria de los aliados en la II Guerra Mundial, se implantan en el país políticas culturales dinámicas de apertura hacia nuevas corrientes. Al mismo tiempo, se genera una búsqueda y fijación de rasgos distintivos que perfilan una cultura propia. Se intenta recuperar el tiempo perdido:
La Revolución enseña al guatemalteco el rico horizonte artístico que lo rodea y a ver sus propios valores soterrados durante milenios. Este repentino cambio provoca; sin embargo, descontrol y angustiosa inestabilidad por el contacto abierto al exterior, y la conciencia del atraso por el que se atravesaba.

(...) la mayoría de los pintores parecen ignorar la lección que comenzó Cézanne y afirmaron los cubistas. La lección actual y perenne de Picasso (...)

Dentro del contexto revolucionario, el arte conformaba un espacio privilegiado para la expresión de una temática social que denunciará la explotación secular de los trabajadores; el terror Impuesto por la dictadura; el conflicto étnico indio/ladino; la injerencia extranjera; o bien exaltara la construcción de una utopía colectiva.
El artista aparece imbuido de una aureola mesiánica y toma conciencia de su función de divulgador de ideologías progresistas que abarcan desde el "socialismo espiritual" sostenido por el presidente y humanista Juan José Arévalo, primer mandatario de la Revolución, hasta posiciones de izquierda, desde las reformistas hasta las socialistas. Finalmente; el artista cuenta con la posibilidad real de expresarse y adquiere así un rol protagónico en el proyecto revolucionario.
Se inicia el acceso, en gran parte gratuito, a actividades culturales, de sectores populares tradicionalmente marginados. Se asiste a fenómenos insólitos hasta ese momento; por ejemplo, se realizan exposiciones de plástica en todo tipo de sedes, las que son visitadas masivamente.

Asimismo; llegan al país figuras de las letras y las artes que enriquecen y dan su aporte al desarrollo cultural para sacarlo del atraso. Pero también el gobierno proporciona a los artistas nacionales becas de estudio en el extranjero, posibilitando de esta manera el contacto directo con las últimas tendencias estéticas.
Entre las personalidades que arribaron a Guatemala para actualizar la creación artística, mostrar los logros de otros países e inducir a los pintores a buscar nuevos horizontes, resulta muy importante la visita del crítico de arte cubano José Gómez Sicre, Jefe de la Sección de Artes Visuales de la Unión Panamericana, con sede en Washington. Gómez Sicre trajo una exposición de pintura contemporánea de su país: Amelia Peláez, Mario Carreño, Cundo Bermúdez, Martínez Pedro, Raúl Milián, Felipe Orlando y Wilfredo Lam. Su opinión sobre el estado que presentaba la plática guatemalteca en 1945 es:

(...) el arte estaba entonces en los finales de su fase descriptiva y folklórica. Carlos Mérida era hasta ese momento una figura mítica que, a distancia, parecía inasible.

Los artistas van adquiriendo conciencia de grupo y de su participación en un proyecto reformista, y forman sus agrupaciones. En 1944 se funda la Asociación de Profesores y Estudiantes de Bellas Artes (APEBA), en donde aparecen figuras de maestros ya consagrados en la década anterior, como Julio Urruela Vásquez, Ovidio Rodas Corzo; pero también participan, como estudiantes, muchos de los integrantes de la Generación del 40. Por esos mismos años se funda la Asociación Guatemalteca de Escritores y Artistas Revolucionarios (AGEAR), forman el grueso de sus filas jóvenes artistas de diferentes disciplinas que poseen mayor sentido de compromiso social y una urgencia en la búsqueda de nuevos derroteros experimentales. Entre ellos: Roberto Ossaye, Miguel Alzamora Méndez, Dagoberto Vásquez, Roberto González Goyri, Max Saravia Gual; y escritores como Luis Cardoza y Aragón, Mario Monteforte Toledo, Enrique Juárez Toledo.
Estos jóvenes artistas propugnaban por una democratización y descentralización del arte, en oposición al disfrute elitista existente hasta antes de la Revolución. Afirmaban el carácter ético-pragmático de su discurso estético, sin rechazar por ello la experimentación formal. El catálogo de la "Primera exposición circulante al aire libre de pintura, escultura, libros y música", patrocinada por la Universidad Popular y la Dirección de Educación Extraescolar declaraban "su responsabilidad en la docencia por medio del arte".
No obstante, era difícil realizar un cambio radical en el discurso plástico por el peso que aún ejercía la tradición realista figurativa. Con todo, es posible que ésta haya conservado su vigencia en la década revolucionaria porque se acoplaba a la concepción utilitaria del arte que demandaba una fácil descodificación de parte de los destinatarios. Lo anterior fue evidente a la llegada de Carlos Mérida, en 1947, que ocasionó desconcierto entre los jóvenes, no sólo por el estilo de su obra, sino por los talleres que impartió; no los obligaba a copiar sino a crear una nueva versión del objeto en estudio.

La progresiva politización que se experimenta durante el segundo y el último gobierno revolucionario, el de Jacobo Arbenz (1951-1954), es fruto, en parte, del acoso que va sufriendo la joven democracia guatemalteca de parte del anticomunismo macartista y la injerencia económica de los Estados Unidos, país que financiará un movimiento clandestino guatemalteco que derroca a Arbenz en 1954.
El arte se resiente del clima autodefensivo que se vivía en Guatemala. Se acentúa la función utilitaria y concientizadora, endureciéndose las posiciones estéticas en una adopción parcial o total del realismo socialista, y resbalando, en más de una ocasión, en el panfletarismo.
Apenas veintisiete años de vida bastaron para que Roberto Ossaye dejara una huella significativa en la plástica guatemalteca del siglo XX. Pero acaso no fueron suficientes para que su talento se revelara plenamente.
Hijo único de don Arturo Ossaye, de ascendencia franco-canadiense y con inclinación a la música y el canto, y de doña Cristina Gallardo de Ossaye, nuestro pintor nace en la ciudad de Guatemala el 11 de enero de 1927. Su vida transcurre dentro de la placidez de una familia de capa media que tuvo la lucidez de estimularlo en el camino de la pintura, apenas sus padres se percataron de su talento y vocación. Quienes lo conocieron lo recuerdan como una persona entusiasta y jovial, apasionado por su oficio.
A los catorce años ingresó en la entonces Academia de Bellas Artes, dirigida por el escultor Rafael Yela Gunther. Fueron sus maestros: Enrique Acuña, Alberto Aguilar Chacón, Ovidio Rodas Corzo, Federico Schaeffer y Julio Urruela Vásquez. En este centro afianzó amistades con jóvenes estudiantes que posteriormente serían conocidos como la "Generación del 40": Roberto González Goyri, Dagoberto Vásquez, Guillermo Grajeda Mena, Max Saravia Gual, Juan Antonio Franco, Miguel Alzamora Méndez; entre otros.
La Academia de Bellas Artes, proporcionaba una formación sumamente tradicional, limitada, además de otros factores anteriormente mencionados, por la estrechez económica y la ausencia de estímulos de parte del gobierno ubiquista. Por esos años, Ossaye trabajaba en la Legación Británica, particularmente en la ilustración de propaganda aliada para la Segunda Guerra Mundial. Contaba con un céntrico estudio que rápidamente se convirtió en punto de reunión para artistas, intelectuales y estudiantes universitarios que compartían comunes inquietudes generacionales y artísticas.
A raíz del ritmo de la Revolución del 44, Ossaye ve abrirse ante sí múltiples posibilidades para su oficio. En 1945 realiza su primera exposición personal, en la Academia Nacional de Bellas Artes. Su segunda exposición personal tiene lugar en la misma entidad, en 1946. Alberto Aguilar Chacón, crítico de arte, señala "su gran aliento para muralista" y afirma que:

Ossaye ha venido manifestando un marcado sabor barroco en su pintura tanto por el deformismo que emplea como por el gusto táctil y voluminoso de su genio constructivo.

Al año siguiente lleva a cabo su tercera exposición personal, en la Oficina Nacional de Turismo. La cuarta, en 1948, en la oficina del Departamento de Prensa de la Legación Británica, y la quinta en el Instituto Guatemalteco Americano; en el mismo año.
Obtiene el primer premio de pintura en 1946, con motivo de la Feria Nacional de Agosto, el cual debe compartir con Valentín Abascal, Rodolfo Marsicovétere y Miguel Alzamora Méndez. El jurado lo considera como uno de los que "representaban verdaderas promesas de nuestra plástica". En ese mismo año obtiene el primer premio de pintura en figura con su obra Retrato; este concurso fue organizado por el Ministerio de Educación Pública con motivo del segundo aniversario de la Revolución del 44 y se desarrolló a nivel centroamericano.
Ossaye participó de la Asociación de Profesores y Estudiantes de Bellas Artes (APEBA), de la Asociación de Escritores y Artistas Revolucionarios (AGEAR), a mediados de la década de los cuarenta, y de la Corporación de Escultores y Pintores Plasticistas de Guatemala, en la década de los cincuenta.
El gobierno revolucionario le otorgó una beca para estudiar pintura en Nueva York. En esa ciudad, así como en otras de los Estados Unidos, se habían autoexiliado durante las décadas anteriores figuras ilustres de la plástica europea, enriqueciendo y estimulando hacia búsquedas originales a los artistas norteamericanos. La metrópoli neoyorquina constituía, pues, un punto privilegiado y de avanzada en la pintura.
En 1948 parte, en compañía del entrañable amigo y colega Roberto González Goyri. Se inscriben en la Student´s Art League e inician inmediatamente una frenética actividad de visitas a museos, galerías, talleres de artistas. Sin embargo, después de un escaso mes de asistencia, Ossaye decidió que el centro educativo seleccionado no llenaba sus expectativas y abandonó los estudios sistemáticos, prefiriendo dedicarse a pintar.
El contacto con una ciudad tan estimulante, pero también con un ritmo de vida vertiginoso y frío, sumando a la constatación del atraso en que hasta entonces se había hallado sumido, probablemente provocaron, en parte, una profunda crisis al joven pintor guatemalteco; la que se manifestó en un bloqueo creativo. Encontró, sin embargo, un alivio en la factura de impecables copias de clásicos. El Greco, Velásquez. La certeza del dominio de la técnica le devolvió confianza y ánimos, lo que, sumado a su incansable capacidad de trabajo, lo condujo a un proceso de depuración y experimentación para ir afianzando un estilo propio.
En New York contrajo matrimonio con una joven dominicana; Georgina Tejera, con quien compartía la pasión por la plástica y con quien procreó una única hija: María del Carmen. También en aquella ciudad expuso su pintura, en la Roko Gallery; la primera vez en 1950, conjuntamente con la escultura de González Goyri, y en 1951, una exposición personal. De nuevo con la obra escultórica de González Goyri, expone una serie de óleos en la Unión Panamericana, en Washington, en 1951.
El joven matrimonio Ossaye regresó a radicar en Guatemala en 1952. Aquí el maestro Ossaye se dedicó a la docencia en la Escuela Nacional de Artes Plásticas, donde sirvió las cátedras de Desnudo en color, Teoría del color y Composición. Asimismo, expuso en ese mismo año una selección de su producción realizada en Nueva York -de 1948 a 1951- en la Escuela Nacional de Artes Plásticas: Participó en la exposición colectiva que envió Guatemala a la Bienal de Venecia en 1952, con tres obras: Manola muerta, Pitahayas y Amantes. Obtuvo en ese mismo año el primer premio de pintura del Instituto Guatemalteco Americano, y en 1953 el primer premio en pintura del Certamen Nacional Permanente de Ciencias, Letras y Bellas Artes del Ministerio de Educación. Su obra comprende, además, grabados, algunos de los cuales ilustraron un poemario del escritor Guatemalteco Alberto Velásquez, así como proyectos de escenografía y vestuario para una obra de teatro del también autor guatemalteco Carlos Girón Cerna.
En este sentido le serán beneficiosas las influencias de la presión del expresionismo constructivo del uruguayo Torres García; la transparencia pluriestructural de Picasso; las posibilidades expresivas del color en Tamayo; el vigor del muralismo mexicano en la versión de Siqueiros. Sin abandonar la línea figurativa, experimentada con formas esenciales y juega con el espectro cromático. Pero no realiza apropiaciones pasivas de estos y otros grandes maestros; sino que selecciona elementos que luego funde con su propio estilo.

Lentamente abandona rasgos anecdóticos e incursiona con sorprendente habilidad en un imaginario muy suyo, que empieza a hacer valer la autonomía de los valores plásticos sin caer en una expresión fría e intelectualizante. En Noche y día (témpera; 1951, colección particular) las figuras larvadas e irreales adquieren un tono casi metafísico.

Muchacha y eclipse
Oleo sobre tela, 64 x 89 cms. 1951.


Con un gran sentido de equilibrio compositivo formado por un trapecio y dos trapecios invertidos -el cuerpo y los brazos de la figura femenina- que terminan en dos círculos brillantes -las únicas notas de tonos cálidos-, Muchacha y eclipse (óleo s/tela, 1951, Museo Nacional de Arte Moderno) expresa un momento crucial de gran tensión, donde casi parece escucharse un grito secular de dolor y rabia acumulados.


Otra de sus obras maestras; El calvario (óleo s/madera, 1953, Museo Nacional de Arte Moderno), reclamaba un espacio mayor y confirma su capacidad y vocación de muralista, no necesariamente en clave realista. Una cruz atraviesa la pequeña superficie rectangular creando reducidos recuadros que amplifican la angustia y el dolor que signa la obra. La composición geometrizante, aparece cortada en lugares neurálgicos por algunas diagonales que imprimen movimiento. Los colores oscuros apenas contienen la desesperación de los naranjas infernales, subrayada también por las figuras desmembradas; un pajarito muerto, los ojos desorbitados, las dentaduras animalescas. Toda esta pesadilla se sofoca dentro del estrecho espacio limitante del lienzo; las garras prestas al zarpazo y la mirada severa de una deidad barbada. Ni siquiera el amortajado descansa en paz. El maestro Ossaye logra no sólo un reformulación sumamente original que recuerda inevitablemente el Guernica de Picasso, sino, sobre todo de la iconografía cristiana de la Pasión en clave social, pero también de tormento interior.

Calvario
Óleo sobre plywood 78cm x 158cm, 1953.

No es posible inscribir ortodoxamente a Roberto Ossaye en una corriente pictórica. El artista guatemalteco realizó un recorrido intenso y coherente en su oficio plástico. No se dejo seducir, ni hizo concesiones comerciales ni políticas. Logró un difícil y hermoso equilibrio entre compromiso social y experimentación formal por medio de un discurso pletórico de alta calidad y honda tensión.
Su obra puede dar una primera impresión de excesivo sincretismo y eclecticismo, pero esto se explica porque apenas había superado brillantemente la necesaria etapa de tanteo inicial: su breve tiempo de vida le fue adverso. Su pintura se caracteriza, sobre todo, por una expresión vibrante y; a ratos, vertiginosa y dramática. Lo que no excluye una ternura subyacente. Aprendió a frenar excesos durante su estancia en Nueva York, después de la cual realizó obras de impresionante madurez para un joven veinteañero. Lo vernáculo y la problemática social no desaparecieron porque su compromiso con la utopía fue total, pero sí empieza a discernir mayor hondura reflexiva en sus pinturas. Abstrajo estructuras sin perder lo figurativo.
Su obra oscila entre la angustia y el júbilo, el dolor y la esperanza, expresados con genuina pasión. Resulta muy difícil juzgar a un pintor tan acabado y, al mismo tiempo, desaparecido tan tempranamente, en el momento preciso en que afianzaba su propio registro. A lo sumo puede señalarse una espléndida tendencia neobarroquizante, virilmente contenida por la técnica.
No queda más que imaginar o especular lo que este gran joven pintor podría haber seguido aportando a la historia de la plástica guatemalteca, como bien lo expresa Alaíde Foppa.

Nos queda el gusto amargo de buscar en el arte de Roberto Ossaye los frutos maduros y seguir con la imaginación el oscuro camino de la obra interrumpida.

CITAS Y NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

1. Lionel Méndez Dávila; Arte vanguardia Guatemala, Guatemala: Universidad de San Carlos de Guatemala, 1969 p.15

2. Alberto Aguilar Chacón "Comentarios al torneo pictórico del istmo. Galería de artistas modernos en la Oficina de Turismo". El Imparcial, 25 de octubre; 1946

3. Vid. "Muy concurrida la galería pictórica guatemalteca", El Imparcial, 21 de octubre; 1946. Esta exposición se realiza en una dependencia del estado y es visitada por más de mil personas. "Premiación a vencedores en torneo del 20 de octubre, Pintura, Coro Guatemala, Dibujo, Costura, Literatura infantil", EL Imparcial, 22 de octubre, 1946. Organizada por el Departamento de Cultura Estética del Ministerio de Educación, el articulista señala la participación de distintas clases sociales; la importante afluencia de estudiantes de nivel primario. También informa que los premios a escolares consisten en material didáctico y libros. "1.000 personas visitan las exposiciones patrocinadas por la CGT" (Confederación Guatemalteca de los Trabajadores), El Imparcial, 13 de noviembre, 1946. Esta exposición en la sede sindical se realizó con la colaboración de la Asociación Guatemalteca de Estudiantes y Artistas Revolucionarios (AGEAR)

4. José Gómez Sicre; "Una nota para la biografía de Ossaye", Washington, D.C, octubre de 1954; en el catálogo de la exposición "Roberto Ossaye", organizada por la Corporación de Pintores y Escultores Plasticistas de Guatemala en 1955. Citado por Josefina Alonzo de Rodríguez en "Pintura guatemalteca del siglo XX. Esbozo histórico, en A.A.V.V, Arte Contemporáneo, Occidente -Guatemala, Guatemala. Imprenta Universitaria de la Universidad de San Carlos de Guatemala, 1962, p. 80.

5. Cfr. J Alonzo de Rodríguez, Cit, p.81.

6. El grupo Saker-ti (Amanecer), que aglutinaba a jóvenes artistas revolucionarios, es emblemático de esta tendencia radicalizante. Vid. Por un arte nacional, democrático y realista de Huberto Alvarado (1953).

7. Vid, "Arte de Roberto Ossaye en 50 cuadros. Transformación en su técnica, mejores realizaciones al óleo", El Imparcial, noviembre, 1946.

8. Alberto Aguilar Chacón. "En la Academia de Bellas Artes. Exposición de Roberto Ossaye", El Imparcial, 16 de noviembre, 1946.

9. Vid, "Premiados en pintura y escultura", El Imparcial, 14 de agosto, 1946.

10. Vid "Gran premio en pintura a Garavito. Otros vencedores en el certamen", El Imparcial, 19 de octubre, 1946.

11. Estas y otras valiosas informaciones y comentarios sobre la figura y obra de Roberto Ossaye me fueron generosamente proporcionadas por el maestro Roberto González Goyri.

12. Vid, Luz Valle, "Ha muerto un gran pintor guatemalteco", El Imparcial, 15 de junio, 1954 y, Mario Alvarado Rubio; "Desde México. La muerte de Roberto Ossaye". El Imparcial, 22 junio, 1954.

13. Citado por J. Alonzo de Rodríguez, Cit. P.81.

14. L. Méndez Dávila, Cit. P.18.

15. Citado por José Luis Cifuentes en Algunos pintores contemporáneos de Guatemala. Guatemala, Ministerio de Educación Pública, 1956, p.10

16. En el catálogo de la exposición homenaje "Roberto Ossaye 1927-1954" auspiciada por el Ministerio de Educación en el Museo Nacional de Arte Moderno en 1984, tomado a su vez del catálogo de la exposición póstuma realizada por la Corporación de Pintores y Escultores Plasticistas de Guatemala, patrocinada por la Universidad de San Carlos de Guatemala en 1955.


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Última revisión: 28/05/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A