Yo también soy de este lugar llamado Quiché, y aquí en estas tierras hemos vivido contentos mi gente y yo desde tiempos de los ancestros. Pero cuando yo era jovencito las tierras se empezaron a acabar. Que dizque decían que los generales del ejército necesitaban tierras para hacer su Franja Transversal del Norte, que así le llamaban. El padre José, nuestro pároco desde hacía años, quería formar cooperativas pero cada vez que intentábamos hacer una se presentaba el problema de la falta de tierras... Estudiando la Biblia nos habíamos dado cuenta de que Dios hizo la Tierra para que el hombre se gozara de ella, y no para que se la quitaran sus hermanos ricos. Era el 69; a nosotros ni siquiera nos pasaba por la cabeza organizarnos para pelear por la tierra... Entonces el padre José tuvo la idea de pedirle al gobierno terrenos ociosos para que fuéramos a colonizarlos y que fundáramos una aldea en la selva. Todos nos pusimos contentos con la idea, y el padre José arregló los papeles en el Instituto de Transformación Agraria -el INTA-... En enero del 70 habíamos seleccionado ya a ciento quince familias de las más pobres para que fueran a colonizar, y el INTA nos había asignado un área en la Zona Reina, en el Ixcán. Nosotros nos queríamos ir para el Petén pero el INTA nos convenció de que mejor colonizáramos el norte de El Quiché. Así que escogimos cuarenta voluntarios y agarramos camino a pie rumbo a la selva. El viaje duró una semana. En el camino hallamos una comunidad de hermanos kekchíes que se habían asentado allí a principios de siglo: eran siete familias: ellos clareaban la selva cerca de donde hubiera agua y sembraban, pero siendo que a las dos o tres cosechas la tierra se les secaba, entonces se iban para otra parte, y así se habían pasado de un lado a otro en la selva, y así habían sobrevivido ellos y todas sus costumbres...
Con los kekchíes nos quedamos un tiempo para tener en su comunidad una base desde donde explorar la selva y escoger el sitio donde íbamos a vivir... Un día cruzamos el Río Verde y escogimos el lugar: los siguientes cinco meses los pasamos abriendo caminos y clareando la selva con las hachas y los machetes: luego nuestro grupo regresó a las montañas del altiplano y otros grupo de cuarenta nos sustituyó: los del primer grupo bajamos entonces a trabajar a la costa para juntar dinero y comprar herramientas y cosas que se iban a necesitar en el asentamiento...
Cuando ya estuvimos todos allá, las cosas se pusieron duras porque la gente empezó a enfermarse: nadie estaba acostumbrado al clima de la selva, tan húmedo, y a tanto animalito volador que trae enfermedad... Esta situación duró dos años. Pero también es cierto que en esos dos años la comunidad ya producía maíz suficiente para todos... Lo que más nos perjudicaba era la humedad: no se secaban los troncos, no podíamos encender la hoguera, las trozas tardaban meses en quedar secas y a veces se pudrían y nos costaba hacer leña, pero eso no nos desanimó. Habíamos reservado tierrita para experimentar, y sembramos allí frijol, melón y papá, y también café, cardamomo y otras cositas. El cardamomo y el chile verde era lo que mejor se daba. Eramos ciento dieciséis familias por todos, y a cada familia se le dieron treinta hectáreas para cultivar y una para vivir: las casitas se situaron alrededor del Centro Cívico, que era el área de la escuela, la iglesia, la cooperativa, el centro social y el mercado para los días domingos: también hicimos un campo de futbol y una pista de aterrizaje, pensando en el futuro. Y no nos equivocamos con lo de la pista, que para ser legales fue idea del padre José, porque unos años después una organización gringa nos donó un avioncito con todo y un piloto voluntario, y llegó una época en que había un vuelo diario entre nuestra aldea y la Cabecera Departamental...
Y así, recibimos ayuda de otras organizaciones gringas, y hubo una que hasta nos dio una cabeza de ganado a cada familia: yo llegué a tener treinta y cinco cabezas con el tiempo, y le dimos duro a la educación y estudiábamos economía, sociología, la situación de la mujer y muchas cosas más... Por medio del padre José logramos que viniera gente que nos instruyera sobre cuáles eran nuestros derechos, porque sabíamos que las compañías petroleras andaban quitando tierras por toda la parte norte del país. Nosotros, sin embargo, seguíamos prosperando. Hasta llegamos a formar la Asociación de Cooperativas de Ixcán, a la que se opuso el gobierno diciendo que eso iba a ser un nido de guerrilleros... En esa época nos pagaban quinientos quetzales por cada quintal de cardamomo. Esto era en el 79. En el 80 tuvimos nuestro primer problema grande: resulta que la Petromaya, una compañía petrolera gringa, hizo exploraciones en tierras que eran propiedad de cooperativas nuestras y destruyeron sembrados y echaron a perder cosechas. Cuando los campesinos protestaban por estos abusos, la Petromaya los amenazaba con echarles encima al ejército. Nosotros estábamos bien organizados y comenzamos una lucha de reclamos, la primera lucha que hacíamos. Y resulta que las tierras que teníamos aparecieron registradas a nombre de la compañía. Entonces rapidito metimos una demanda contra ella y los tribunales la obligaron a pagar cinco años de producción por los sembrados destruidos. Ahí empezaron las amenazas, los secuestros en la noche y los muertos en los caminos...
Las cooperativas eran el eje de nuestra vida. Hasta los problemas familiares los solucionaba la cooperativa. La justicia la dictaba la cooperativa, todo. Aunque ya en el 76 habían asesinado a una maestra de escuela y a ocho compañeros suyos -todos dirigentes comunales- y también a un padre Maryknoll, el golpe directo a nuestra colonia fue en el 80 cuando mataron a Pancho, que era nuestro enlace con el altiplano, ya fuera porque manejaba la radio o porque él mismo hacía vuelos para sacar enfermos y traer comida: cuando él murió perdimos contacto con los centros comerciales y quedamos solos...
Para el 81, las guerrillas ocupaban a cada rato las aldeas del Ixcán, iban y venían, la gente les daba comida y oía sus discursos, que hablaban de igualdad y de libertad para todos y de que había llegado la hora para que los indios se liberaran. Entre ellos andaban muchos indios también, de varias etnias. Y ellos nos hablaban en quiché a nosotros los indios quichés y nos decían que los hombres y las mujeres que quisieran integrarase a la guerrilla podían hacerlo, pero que también podíamos apoyarlos con comida, siendo enlaces y correos y otras cosas. Desgraciadamente, unos periodistas de México llegaron por el Ixcán y tomaron algunas fotos de compañeros indios vestidos de guerrilleros con uniformes nuevecitos y sacaron un reportaje diciendo que la guerrilla estaba formada por indios. La revista se llamaba !Por esto!, y hablaba de que el EGP estaba operando en el Ixcán... Entonces el ejército comenzó a llegar al Ixcán a quemar aldeas y a masacrar a la gente: fue el día 13 de febrero del 82 cuando el ejército llegó a nuestra aldea...: a las cuatro de la tarde en punto oímos los primeros tiros por el camino: de repente comenzaron a caer bombas y toda la gente corrió a refugiarse al monte. A las seis de la tarde fue entrando la tropa: la aldea estaba vacía, sólo los edificios vacíos encontraron los soldados: vacías las casas, vacíos los edificios, vacía la escuela, la casa cural, vacía la clínica y la iglesia, todo vacío lo hallaron. Y todo, la iglesia, el centro social, la escuela, la maquinaria, el generador de electricidad, la caja fuerte con doce mil quetzales en efectivo, todos los aparatos y cosas que habíamos acumulado en once años de trabajo, todo quedó solo... Ahí pasó la noche el ejército, y la gente de la aldea escondida en el bosque mirándolo: los cinco días que siguieron se los pasó el ejército saqueando la aldea, se llevaban todo: la gente podía oír los disparos de los soldados cuando iban matando el ganado de las cooperativas para comérselo. El 18 de febrero terminaron los soldados de saquearlo todo y entonces comenzaron a incendiar la aldea y a matar a los animales domésticos que teníamos: perros, gallinas, cerdos, en fín... Tres días les llevó quemar todos los edificios, las viviendas, la escuela, la clínica, la iglesia... Entonces la gente de la aldea decidió que había que irse de allí porque ya no había nada y si nos quedábamos el ejército iba a venir y nos iba a quemar a todos, y así fue que las familias se dividieron: los padres por un lado y los hijos por otro, el marido por un lado y la mujer con los chiquitos por otro, y así. Unas familias se quedaron viviendo en el monte, toreando al ejército y sembrando en lugares adonde el ejército no sube: otros se fueron para la capital, en cuenta el padre José, o para otros departamentos. De la gente que se había quedado viviendo en el monte, aguantando frío, sol y agua, treinta familias decidieron entregarse al ejército cuando anunciaron la aministía: la gente estaba desnutrida, los niños que nacían se morían casi todos, no había quien no estuviera enfermo. Y entonces esta gente se entregó, y el ejército se los llevó a la Base de Playa Grande, y ahí los tuvo a todos un año: a nueve de ellos los torturaron duro, algunos murieron ahí, y después el ejército les ordenó a los que sobrevivieron regresar a la aldea quemada... Ahora éstos se conocen como "los antiguos", porque "los nuevos" son gente que el ejército mismo ha llevado a la aldea para reconstruirla. Pero la verdad es que la mayor parte de la gente que una vez habitó la aldea está en México, cerca de nuestra frontera, en campamentos de refugiados. Y es que al principio, el primer año después de la quema de la aldea, la mayoría de parcelarios resistió en el monte, pero las condiciones eran tan jodidas que mejor decidimos cruzar la frontera... Yo fuí de los que cruzaron: un grupo pequeño se quedó en el monte, y ahora les llaman Comunidades de Población en Resistencia, y a veces se confunde con los guerrilleros...
La vida en los campamentos de refugiados no es fácil, pero algunos hemos tenido la suerte de venir a vivir con otros mayas que, aunque hablan distinto, son mayas iguales a nosotros: indios pues, pero mayas, y nos entendemos las lenguas más o menos. O sea que aquí estamos bien: estamos mejor que si nos hubiéramos quedado en la aldea quemada: porque un viejito que volvió como "antiguo" allá cuenta que en el 83, después que hizo un año que nos habíamos entregado al ejército, después de torturarnos duro en la Base Militar, el ejército nos llevó a la aldea: tristeza daba ver todo aquello: angustia sentían todos cuando entramos en fila hasta el centro de lo que había sido nuestro hogar, nuestra casa: todo estaba negro, quemado todo hasta ser ceniza, todo estaba tiznado enmedio de la selva, sólo los bejucos que ya se estaban comiendo el espacio del Centro Cívico y los cimientos de la casa cural estaban verdes. Once años llevó a la gente construir y sólo tres días le tomó al ejército destruirlo todo... Pero qué se iba a hacer, ya estábamos allí otra vez y nos habíamos escapado de la muerte, la aldea sí estaba muerta, la habían matado todita, cenizas era, una mancha negra en el bosque, madera achicharrada con gotitas de agua relucientes: sólo eso quedó... Lo primero que hizo el ejército fue organizarnos en Patrullas de Autodefensa Civil: nos dividió en grupos y nos puso día y hora para patrullar a cada grupo: la obligación era sólo una: subversivo visto, subversivo muerto. O nos mataban a todos. Y muchos ni sabían qué era eso de subversión. Total que así nos la pasábamos, patrullando y reconstruyendo las casitas: pero el ejército no nos dejó hacer las casas donde estaban antes porque dijo que que así los soldados no podían controlar quién entraba y quién salía y que otra vez íbamos a comenzar a ayudar a la subversión: entonces nos obligaron a levantar cobachas en el centro de la aldea, todas amontonadas las casitas, como arrugas, y así quedamos revueltos: y cuando preguntábamos a los del ejército si podíamos regresar a nuestros lotes ellos se enojaban y nos decían que no volviéramos a preguntar... A los "antiguos" nos dieron las parcelas de los muertos y los refugiados, y a los "nuevos" les dieron nuestras parcelas: quién sabe por qué hace estas cosas el ejército. También vinieron gentes de otros lados, que hablan otras lenguas, pero indios todos ellos, así es que poco a poco nos hemos ido entendiendo... A nosotros, los "antiguos", nos gustaría que volvieran los refugiados para que volviéramos a ser una comunidad, una mano con muchos dedos, un mismo cuerpo con una sola cabeza que piense por todos. Pero no sabemos qué hacer, estamos como presos, unos casi encima de los otros, y así en esas champitas amontonadas no podemos criar animalitos: ah, pero el gobierno se llena la boca con estos "Polos de Desarrollo" que les dicen: nomás mire en esta Prensa Libre lo que dice un señor de las Relaciones Públicas del Ejército: `Estos Polos de Desarrollo constituyen áreas que dan mejores posibilidades a las familias campesinas. Tienen vivienda, tecnología, electricidad, agua potable y otros recursos necesarios para la subsistencia`. ...Va a usté a creer..., si todo lo que ese señor dice es cabal lo que no tenemos... Ahora cada parcelario anda por su cuenta: antes nos reuníamos toda la comunidad cada lunes y se hablaba, cada quien decía su Palabra, y se decidía en grupo lo que había que hacer: ahora cada quien tiene que ver por su derecho... Y con este señor presidente Cerezo ojalá que tal vez se le pueda dar vuelta a esta tortilla porque unos años más así y no vamos a poder sobrevivir: porque aunque los sesenta soldados que asignaron aquí ya no están viviendo con nosotros, sí pasan por acá por lo menos una vez a la semana y en el momento menos pensado... El ejército es todopoderoso: es Xibalbá...: está matando a los indios de por aquí peor que los españoles hace quinientos años, mucho peor, y nadie levanta la voz por nosotros: estamos solos, no tenemos quién por nosotros, porque los guerrilleros huyeron al monte y no nos protegieron como habían jurado... Por eso no queremos ya nada con ladinos, porque todos son iguales, hablantines y falsos, y sólo ven el derecho de su naríz... Estamos solos en Xibalbá y tenemos que inventar algún truco para salir de aquí, para burlarlos a ellos, los del ejército, tenemos que aprender a ser engañosos como ellos, a decir mentiras como ellos, a decir una cosa y hacer otra, tal vez sólo así podamos salir de Xibalbá, con engaños, con trucos, siendo listos como Hunahpú y como Ixbalanqué cuando ellos estuvieron también en Xibalbá y jugaron con los Señores de la Oscuridad: así tenemos que jugar nosotros, solos, sin ladinos y contra los ladinos: así dice mi Palabra a la faz del Cielo, a la faz de la Tierra: la moral del Varón Quiché y del Varón de Rabinal no funciona con los Señores de Xibalbá, sólo funciona entre los indios más sabios, los brujos, pero no con los ladinos y menos con los ejércitos, con los soldados: por eso debemos aprender los modos del ladino como hace Nuestro Señor Maximón que se disfraza de ladino y de ejército pero sigue siendo indio: debemos disfrazar nuestra Palabra de palabra ladina, nuestro Pensamiento de pensamiento ladino, nuestra Obra de obra ladina: Xibalbá quiere truco, su maña quiere...", decía el viejito, y es cierto, porque yo he sabido que el ejército avisa de repente a la aldea que por ahí andan algunos subversivos y hacen que los patrulleros salgan a buscarlos, y ellos tienen que ir porque si no los matan a ellos. Todos viven juntos pero no en comunidad: le han quitado a la gente el empuje de la vida, la gana de vivir, porque le han matado a sus ancianos y a sus niños y han violado a sus mujeres: las etnias, los pueblos, están revueltos, y tal vez eso sea bueno a la larga, para que así todos los indios nos vayamos entendiendo, vayamos aprendiendo el idioma de los otros y podamos ir haciendo comunidades más grandes, quién sabe... Lo cierto es que cambiaron las vidas de nosotros para siempre porque nosotros ya no podremos ser los mismos: ni los "nuevos" ni los "antiguos" ni los que salimos refugiados ni los desplazados que se fueron para la capital y andan ahí en las calles vendiendo espejitos, navajas, relojes y llaveros, o de sirvientas las mujeres, aprendiendo mañas ladinas ahí, en el Parque Central, los domingos, poniéndose tacones altos y ropa de ladina, puteando con los soldados que salen de los cuarteles a dominguear. Ahora ya entendemos donde estamos parados y ya no nos meten el dedo en la boca, nadie, ni ladino ni indio ladinizado, porque de todo hay en la viña del Señor, como dicen, verdad... Y es que por ahí han aparecido pastores evangélicos -indios pues- que viven como ricos y tienen a sus hijos con carro y en colegios bilingues, pero no para que aprendan nuestras lenguas sino para que aprendan alemán, inglés, sueco, francés, y andan esos muchachos por las calles de la ciudad ya creyéndose ladinos sólo porque tienen plata, y también han aparecido organizaciones indias de todos los colores, en especial ahora con eso del Quinto Centenario: los indios corruptos les están sacando plata a los extranjeros dizque para ayudarnos a los pobres, pero qué. Igual que Xibalbá son esos indios. Xibalbá tiene también su lado indio. Y esto no lo digo yo, ¿saben quién lo dice?, la juventud, todos esos niños que quedaron huérfanos y que ahora están creciendo aquí en México, allá en la aldea, en Miami, en Houston, en Suecia, en todos los lugares donde han ido a parar dizque como adoptados, y también en los Polos de Desarrollo: ellos son los que están pensando así: son los pobres, claro, y quisieran pelear sí, pero ya no quieren que nadie los mande, ni soldado, ni guerrillero, ni ladino ni indio corrupto... Sobre todo ahora cuando las iglesias evangélicas están acabando con las tradiciones...
Lo cierto es que el ejército quiere terminar con nosotros, con nuestra cultura, con los secretos de las estirpes que guardan los brujos; y la guerrilla nos usa como carne de cañón, como el ejército usa a los patrulleros y a los soldados, sólo que la guerrilla tiene otra forma de hablar, dicen que nos vamos a liberar para que seamos iguales. Pero cuando viene el ejército ellos se enmontañan y se preocupan de su estructura militar y después dicen que las cosas andan bien, que sólo la población civil ha sido masacrada..., y sus jefes y sus mandaderos recorren el mundo pidiendo dinero dizque para la solidaridad, y todo es para mantener su estructura militar que ¿de qué les sirve? digo yo, sin gente que la mantenga. Igual sus cuadros estratégicos que les llaman, y que viven en México...
En fín, los indios hemos entendido; si no hubiera pasado todo lo que pasó no entendemos: tuvieron que matarnos, que quemarnos: tuvimos que bajar de nuevo a Xibalbá -como estaba escrito- para entender, y hasta ahora empieza nuestra subida hacia la Estrella de la Mañana -como estaba escrito-: ya cumplimos quinientos años de purgatorio, este fue el infierno, y ya no nos queda sino subir, subir hacia Venus porque ya no podemos caer más bajo...

 

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Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.