...A los tres años bajé por primera vez a la costa... Mis papás iban conmigo... Era una finca de café. Al llegar recuerdo que mi papá me agarró de la cintura, me desprendió del piso del camión y me bajó a la tierra que estaba muy caliente: la sentí caliente debajo de mis pies: miré, y era un campo verde con un galerón en el centro: allí íbamos a dormir, nos dijeron: caminamos luego que mi mamá bajó del camión con mi hermanito fajado a la espalda... Durante los días que siguieron ayudé a mi mamá en el corte de café, cortaba los granos que estaban bajitos o me ponía el canasto en la cabeza para llevar la carga fuera de las filas de plantas... En eso un día pasó un avión y yo me asusté porque sentimos una llovizna encima que era de un líquido blanco y medio pegajoso: nos dijeron que era el veneno contra la roya, y seguimos cortando el café: así durante varios días, el avión pasaba y pasaba, y en eso mi mamá se dio cuenta que mi hermanito estaba muerto, que se había muerto sobre su espalda seguro por el veneno porque estaba todo moradito él, y entonces mi mamá me prohibió que llorara y le contó a mi papá, que andaba cortando café por otros lado, y los dos siguieron trabajando como si nada, y yo también porque si el caporal se daba cuenta de que mi hermanito se había muerto nos echa a todos y nos quedamos sin trabajo: así que juntamos todo el café de ese día y lo fuimos a pesar y nos pagaron el peso, y entonces sí mi papá abrió calladita la boca un hoyo en la tierra detrás de la galera con su machete, y allí metimos a mi hermanito, tapamos el hoyo con cuidado, mi papá apelmazó la tierra y nos fuimos a dormir: mi mamá me abrazó y me dijo que si quería que llorara, pero a mí no me salía el llanto, sólo la miraba a ella que tenía los ojos fijos en las láminas del techo y a mi papá que se sobaba la cabeza y repasaba sus dedos sobre el filo del machete...
...Desde chiquita he sido voluntariosa y por eso ya no quise bajar a la costa: aprendí a tejer y así ayudé un tiempo a mi familia, pero muy joven me metí con un grupo de Acción Católica. Como era la única mujer que andaba en eso, las demás mujeres de la aldea comenzaron a decir chismes sobre mí, que me gustaba andar metida entre los hombres y cosas de esas, pero a mí no me importaba porque yo sabía que no andaba haciendo nada malo, y además pensaba que ellas no se metían a eso por miedosas. Y como tenía permiso de mis papás pues todo aquello no me importó. Así fue como aprendí cosas importantes: aprendí por qué es que hay ricos y pobres, por qué es necesario que luchemos, y que las mujeres tenemos los mismos derechos que los hombres y que por eso tenemos derecho de luchar también. En el pueblo fue que yo oí muchas de estas conferencias y, después, cuando volvía a mi aldea, yo les contaba todo a mis amigas en quiché... Por esos días llegó un cura al pueblo que iba acompañado de unos jóvenes indios y ladinos: ellos nos enseñaron a leer, y así con ellos aprendí yo a leer y a escribir y cómo usar los fertilizantes antes de la siembra. Nos hablaron de Derechos Humanos. Y mucha gente en la aldea comenzó a abrir los ojos, comenzamos a entender nuestra situación, y eso nos hizo entrar en mal con los chimanes y con los ancianos de la aldea, pero ni modo, ya para nosotros era difícil creer que nuestros sufrimientos y tanta hambre y tanta muerte y también la falta de tierra se debían a que nuestros antepasados habían pecado y que por eso habían recibido el castigo de los españoles y que no sería sino hasta el año dos mil que nuestras estirpes se iban a liberar. No, ahora sabíamos por qué había ricos y pobres, y sabíamos lo que hacen los ricos, que les pagan a los del ejército, ahora sabíamos que el remedio a nuestros males estaba en nuestras manos...
...Y lo que pasó fue que los catequistas, dirigentes de Acción Católica, comenzaron a mandar más que los ancianos en la aldea, y poco a poco sustituyeron a la organización comunal: los ancianos decían que los catequistas no respetaban a los ancestros, que se iba a perder el secreto de las estirpes si no había aprendices de chimán, que si nadie quería iniciarse en los secretos todos estábamos perdidos porque nos íbamos a quedar sin sabiduría... Pero como los catequistas recibían plata de los gringos, sólo hablaban de "proyectos de desarrollo", y como gracias a ellos se abrían escuelas y llegó el agua y la luz y se hicieron muchas casas para la gente, pues todos estaban con estos jóvenes que también traían mucho fertilizante para la gente que tenía sus tierritas... Los curas ladinos que estaban detrás de los catequistas indios ligaron el movimiento de Acción Católica con el partido Democracia Cristiana, y lo peor fue que los ladinos del pueblo comenzaron a ver a la indiada de las aldeas con malos ojos: decían que los indios nos estábamos volviendo abusivos, que nos íbamos a enriquecer y que entonces quién les iba a trabajar las tierras a ellos: y comenzaron a hablar de comunismo y empezaron a infiltrar con espías el movimiento de Acción Católica.
En 1972 los espías empezaron a calumniarnos: yo era dirigente en mi aldea, y un día, en 1973, me mandó llamar el Gobernador y me amenazó con meterme en la cárcel si yo seguía hablando de injusticia, de libertad y de pobreza, que era de lo que yo hablaba porque era lo que había aprendido. "!Bienaventurados los pobres!", me gritó, "!porque de ellos es el Reino de los Cielos!" Entonces, como el poder de los ladinos, o sea de los democristianos, los Comisionados Militares y los comerciantes del pueblo socavó los esfuerzos de todos nosotros, ya para las elecciones del 74 nada funcionaba en mi aldea: ni las cooperativas ni las escuelas ni ningunos de los proyectos. Entonces se nos ocurrió que podíamos salvarnos utilizando al partido Democracia Cristiana y que postularíamos a uno de nosotros para las elecciones de Alcalde y que con el poder local haríamos las cosas a nuestro modo. Con tan mala suerte que hubo fraude en las elecciones y no dejaron que fuera Presidente el General Ríos Montt, que era el que había ganado como candidato de la D.C. Todavía no sabíamos quién era el General Ríos Montt... La cosa fue que un ladino quedó de alcalde, y entonces la represión se vino sobre nosotros y comenzaron a aparecer compañeros muertos en los caminos... Desesperados nos unimos al Comité de Unidad Campesina, el CUC, sin saber que por ese medio íbamos a parar organizados en el Ejército Guerrillero de los Pobres, el EGP... Ya en el CUC ninguno hablaba de religión: ahí sólo se hablaba de explotación, de igualdad, de mejores salarios para los trabajadores, de poder popular... El CUC se formó en el 74, cuando los catequistas de Acción Católica se juntaron con los quichés del norte, y ya para el 76, cuando se nos vino el terremoto, toda la gente de Acción Católica era del CUC... El CUC era una organización de jóvenes y hasta niños, y se formaron comités de propaganda, de autodefensa, de inteligencia y otros más, con una red que vinculaba a todas las aldeas de la región. En ese tiempo el CUC todavía no estaba relacionado con los guerrilleros que, según decía la gente, andaban por allá en la montaña... Era una organización muy querida. La verdad es que sólo los ladinos del pueblo estaban en contra del CUC... ...Cuando se vino el terremoto, que fue como si se nos hubiera volteado la tierra, la gente del CUC fue la primera en organizar la ayuda que llegaba del exterior, y eso sorprendió a medio mundo porque todos estaban acostumbrados a ver sólo el derecho de su naríz por algunas ideas que enseñaban los catequistas: lo que hizo el CUC para el terremoto alegró a los ancianos y a los chimanes pues decían que el espíritu comunal se estaba recuperando y que los ancestros estaban contentos y que los nahuales volverían a velar por los indios... El CUC se estaba volviendo más indio que ladino...
...En el 77 fue que los mineros de Ixtahuacán hicieron su famosa marcha hacia la capital. El CUC se les unió, y por todos fuimos cien mil personas... Ver a los mineros con sus cascos entrando a la capital después de recorrer a pie 300 kilómetros, asustó a los ladinos. Pero más los asustó la indiada que venía detrás sudando, con los ojos saltones y sus machetes al cinto y sus trajes de todos colores, recorriendo las calles de la capital a puro golpe de caite: hubo estudiantes que lloraron a lo largo de la avenida Bolívar, otros nos miraban pasar aterrorizados, mucha gente agarró a sus niños y se los llevó, los metían en sus casas: y la indiada ahí marchando detrás de los mineros, que también eran indios sólo que íban con sus cascos puestos, de esos que tienen un foco en la frente, y con sus pantalones de trabajo: no parecían indios porque no iban con sus trajes: los trajes de los que veníamos detrás de los mineros asustaron más a los ladinos: los collares de las mujeres, los aritos de plata, los huipiles, los cortes, las fajas: nunca somatamos los pies con más fuerza los indios como esa vez. Ahí ví yo que el ladino nos tiene miedo, y que lo que tenemos que hacer es juntarnos. Todo aquello le dio ánimos al CUC para participar en el desfile del Pimero de Mayo del 78, y la indiada desfiló con sus trajes, marchando orgullosa: ese gesto altanero es lo que amarga a los ladinos, y nosotros no entendimos bien que aquello era una provocación para el espíritu ladino. Eso lo íbamos a pagar muy caro...
...Por esos días comenzaron a llegar a la aldea muchos compañeros indios del norte de El Quiché que venían huyendo de los combates entre los guerrilleros y el ejército. Uno de esos quichés que llegó a vivir a mi aldea era don Vicente Menchú, que había sido dirigente de Acción Católica así como lo eran algunos de mi aldea. Don Vicente había estado preso por oponerse al robo de tierras en su comunidad, y a uno de sus hijos, de catorce años, lo agarró el ejército: al pobre le sacaron la uñas, le cortaron su lengua, le abrieron las plantas de los pies y le quemaron el cuerpo con cigarros encendidos: por último un día lo llevaron frente a la iglesia de su aldea con otros muchachos que tenían presos y el oficial al mando se echó un gran discurso y después los empapó a todos con gasolina y les prendió fuego. Don Vicente y su familia lo vieron todo, parados ahí cerca del atrio... Por eso había salido de su aldea don Vicente, y para ir a concientizar a otros indios de otras partes sobre lo que pasaba en su región y sobre lo que se nos venía encima a todos. Don Vicente nos contó cómo era que llegaba el ejército por la noche o la madrugada, cómo entraban los soldados con las caras pintadas y lo quemaban todo, se robaban todo, cómo encerraban a las mujeres en la iglesia y las violaban, y nos dijo que eso era la guerra y que en la guerra teníamos que organizarnos, que si no la guerra no iba a terminar nunca y que el ejército iba a seguir matando indios... Esa fue la época en que más gente de mi aldea se unió al CUC, gracias a las pláticas de don Vicente. Después él se fue, y supimos cómo había muerto el 31 de enero de 1980 en la capital: que él y otros compañeros habían tomado la Embajada de España para denunciar lo que estaba pasando en El Quiché, y entonces las fuerzas de seguridad incendiaron el edificio con fósforo blanco, y allí murieron casi todos: uno quedó vivo pero lo sacaron del hospital, lo mataron y lo fueron a tirar a la Universidad: un compa ladino de Oriente le contó todo esto a un indio de mi aldea: a este compa ladino lo mataron en Mita, y así le decían a él de apodo, Mita: era estudiante de Arquitectura y había ayudado a don Vicente y a los demás compañeros indios a organizar la entrada a la Embajada de España: porque dicen que lo prepararon todo en la Universidad de San Carlos, que de allí salieron para la Embajada sin saber que iban a morir quemados... Por eso la represión también se le vino encima a la Universidad en el 80, y cuentan que fueron unos setecientos los muertos universitarios, tanto estudiantes como profesores y trabajadores...
...El primer muerto que hubo en mi aldea apareció en ese año, en el 80. Fue en abril. Un primo de él que iba pasando frente a las ruinas de lo que fue la antígua capital del reino quiché se fijó que estaban matando a un hombre: un ladino enmascarado lo acabó de matar. El no se figuró que era su primo... En mayo secuestraron a Baltasar Toj Medrano, un locutor de Radio Quiché, y la gente lo halló al otro día con sus manos amarradas y su cabeza aplastada... En septiembre llegó un Escuadrón de la Muerte a mi aldea: eran como cincuenta hombres enmascarados, ladinos de Oriente dicen: sacaron listas con nombres de personas y luego las fueron sacando de sus ranchos y las fueron apartando: todos eran catequistas, cooperativistas y gente del CUC. Eran quince en total, y los mataron a todos. A mi hermano, que era del CUC, lo colgaron entre dos árboles, le dieron una puñalada en su costado y se estuvieron un gran rato burlando de él: después uno de los enmascarados desenrrolló un listón de nylon y lo estranguló despacio: mi hermano se sacudió todito antes de morir, y los enmascarados sólo se reían y se reían... Después se pusieron a buscar armas, pero ellos sabían que no teníamos armas porque si de veras hubieran sospechado que las teníamos eso hubieran hecho primero: buscarlas pues. Lo único que encontraron fue machetes... Después averiguamos que las listas de gente acusada salían del mismo pueblo y que un diputado era quien pedía a la Base Militar que los escuadrones llegaran a la aldea... Por ese tiempo tuvimos un alcalde indio, el primero en doscientos años, y poco más de dos semanas después lo ametrallaron delante de su familia. Fueron los mismos ladinos orientales que habían masacrado gente en la aldea... Después de eso, los indios de los alrededores se empezaron a organizar en guerrillas para matar ladinos. En mi aldea se iba a hacer lo mismo pero un día el ejército llegó y acabó con todo. ...Llegaron antes de las seis de la mañana: eran unos ciento cincuenta hombres: unos eran indios de otras regiones, de otras etnias y hablaban otras lenguas, otros eran ladinos, y entre ellos iba un oficial negro. Porquito antes de que llegaran, algunas gentes de la aldea vieron pasar un jeep frente a las ruinas de la antígua capital de los quichés y al ratito oímos los tiros, las ráfagas en la parte sur de la aldea... Fueron cateando casa por casa, y antes de registrar ametrallaban a las familias en sus catres, en sus hamacas, en el suelo, con todo y sus niños. Ahí murieron todas mis hermanas y mi cuñado, un sobrinito mío se salvó porque quedó tendido debajo del cuerpo de una de mis hermanas: tenía dos meses. ...Cuando se fueron los soldados, hicimos un gran hoyo y enterramos a todos calladita la boca porque haber hecho un entierro como Dios manda hubiera sido una provocación. Yo me acordé de mi hermanito envenenado por las avionetas en la costa... ...Unos días después, la gente de la comunidad descubrió quién había sido el traidor que había ido con el chisme de que nosotros estábamos organizando guerrillas en la aldea, se celebró Consejo y el Consejo nos ordenó a las mujeres ajusticiarlo, así que un día domingo lo dejamos que entrara al mercado como siempre, lo rodeamos despacito y en silencio y de repente lo agarramos calladita la boca a garrotazos: para distraer a las autoridades del mercado, otro grupo de mujeres simuló una riña con gritos y todo, y así fue como murió el traidor...
...La aldea estaba arrasada porque los soldados habían quemado casi todo, entonces un día un grupo de cuarenta jóvenes, mujeres y hombres, indios todos, se fueron para las montañas del norte a unirse a las guerrillas. Después, unos mil habitantes de la aldea se dividieron en familias y en grupos de familias y, bajo un gran aguacero, calladitos, abandonaron el lugar rumbo a las montañas, no para unirse a las guerrillas sino simplemente para sobrevivir lejos del ejército... Hombres, mujeres, niños y ancianos caminaron en fila india hacia el monte. ...Después supe que en esos días unos mil indios de la Cabecera Departamental habían huido también para unirse a las guerrillas del norte. Los que se fueron a las guerrillas se separaron en grupos porque en la región oepraban varios frentes que más tarde se iban a llamar: Frente Ho Chi Minh, Frente Augusto César Sandino y Frente Vicente Menchú. En el 81, el Frente Ho Chi Minh voló la Gobernación del Departamento en el puro centro de la Cabecera Departamental, y también dinamitó las carretaras que llevan al pueblo. Ese año y el siguiente, unas treinta y cinco aldeas vecinas a la nuestra fueron atacadas por el ejército y los soldados mataron a más de cuatro mil indios. ...A fines del 82, más del diez por ciento de la población india había sido masacrado y los sobrevivientes que huían del ejército eran más de un millón...
...Yo anduve así un tiempo, de un lado para otro, con mi gente, llevando agua y sol, sembrando alguito por aquí y después huyendo cuando se acercaba el ejército... Un día, cuando me desperté, ví que estábamos rodeados por los soldados y que empezaban a cerrar su cerco: la gente corrió y corrió, pero unos helicópteros dejaron caer granadas y ahí murieron como setenta y cinco personas. Yo me salvé esa vez... ...En esas andanzas, bajamos una vez a una aldea a conseguir comida, y en eso estábamos cuando oímos un helicóptero en el cielo: uno siente un gran agujero en el estómago cuando oye venir los helicópteros: corrimos al monte y vimos el aparato bajar casi hasta las copas de los árboles: era azul y blanco, y pudimos ver a un oficial con uniforme pinto, boina y anteojos verdes gritar con una bocina en la mano. Entonces del bosque fue saliendo la tropa. Los que habíamos corrido al oír el aparato nos metimos más entre el monte porque ya sabíamos lo que era una masacre, pero la gente de esa aldea no sabía y simplemente salieron todos de sus ranchos a recibir a los soldados: mientras corríamos oímos el tableteo de las ametralladoras, los gritos, y luego vimos el humo irse para el cielo: mil personas murieron ahí. Eso lo supimos por unos compas de una columna guerrillera que nos topamos en el monte unos días después: el compa que iba al mando nos dijo también que el Secretario de Relaciones Públicas del Presidente -ya era presidente el General Ríos Montt- había dicho: "Sí, estamos matando indígenas porque la subversión logró hacerse ya de muchos colaboradores que son indígenas, entonces tenemos que matar indígenas para combatir a la subversión, no estamos matando inocentes sino colaboradores de la subversión..." Eso nos dijeron que había dicho...
...Y así nos la pasábamos, rondando por la montaña, toreando al ejército, jugándole la vuelta. En esas idas y venidas yo me pude dar cuenta de que alrededor de donde estaba mi aldea se habían organizado guerrillas indias que eran entrenadas por cuadros ladinos del EGP. Siempre andaban pidiendo comida. Como nosotros estábamos organizados y era una familia la que mandaba el grupo, habíamos logrado sembrar varios puntos bien altos de la montaña, a donde no le gusta llegar al ejército, y a veces les podíamos dar maíz o frijol a los compas. Un problema para nosotros era el agua: bañarse, limpiarse, eso era un problema. En uno de esos encuentros, los guerrilleros nos regalaron dos carabinas viejas y 22 balas. ...Cuando los hallábamos errando por el monte, los guerrilleros nos contában sobre lo que estaban haciendo: así me enteré que habían ajusticiado a varios ladinos del pueblo porque eran Comisionados Militares o sea de los que agarran a la fuerza a los indios jóvenes para meterlos al ejército y que vengan luego a masacrar a su gente. Y oír todo eso era muy lindo porque uno de indio sentía que al fín había llegado la hora de que alguien nos hablara desde nuestro dolor y uno sentía que era posible que nos respetaran y que nos temieran: así que un día pedí unirme a la columna y me fuí con ellos... Caminar fue lo que más hice, pero pronto me pusieron a colocar minas en los caminos, con la mala suerte de que una vez una mina explotó cuando pasaba por ahí un autobús lleno de indios y murieron doce. ...A mí me gustaba bajar a la carretera para interrumpir el tráfico y hablarle a la gente que iba en sus carros y cobrarle impuestos de guerra. Los compas emboscaban patrullas del ejército hasta tres veces diarias. En el asfalto pintábamos "Viva el EGP" cada cien metros. ...Pero después el ejército empezó a botar árboles a cada lado de las carreteras y a patrullarlas en vehículos artillados. Entonces recibimos órdenes de juntarnos con otras columnas guerrilleras porque los Comandantes -a quienes los compas llamaban Cuadros Estratégicos- habían decidido atacar la base militar del pueblo: éramos como quinientos guerrilleros, y no tomamos la base pero sí le hicimos bastante daño... En mayo del 82 volamos unas torres de transmisión y dejamos a todo el Departamento sin luz durante cuatro horas. Lo malo de todo esto era que siempre resultaba muerta mucha gente inocente: en eso de las torres murieron dos técnicos. Pero seguimos minando caminos para cuando pasara el ejército; emboscando patrullas y controlando los movimientos de la policía. ...Pasó el tiempo y poco a poco yo me fui dando cuenta de que ya no bajábamos más a la carretera, que de pronto le huíamos al enemigo y que sólo bajábamos a las aldeas a hablar con la gente y a pedirle comida pero ya no a organizar su apoyo para hacer acciones militares. Noté que la gente se volvía más y más silenciosa: no decía nada cuando los compas hacían sus mitines. Ahí empezó mi decepción, pero todavía no me daba cuenta. Yo me entristecí de verdad cuando salimos de una aldea una vez donde no nos habían permitido dormir: el Principal dijo que el ejército iba a llegar y que mejor se fueran los guerrilleros. En eso estábamos cuando una hija de este Principal dijo que los guerrilleros los estaban comprometiendo y que mejor no volvieran por la aldea: así dijo. Y nos fuimos. Pero yo ví que el primero al mando ordenó a tres compas algo en secreto y ellos se desviaron por otra ruta. Unos compañeros indios me contaron después que a la hija de aquél Principal la habían matado unos guerrilleros enmascarados. Eso me entristeció. Me decepcionó pues, porque la mujer tenía nueve niños...
...Seguimos con nuestras rondas por el monte, visitando aldeas. Donde se podía, organizábamos a toda la población para que se defendiera en caso de que llegara el ejército. Entrenábamos a los jóvenes y poníamos postas en cada punta de los poblados, hacíamos rutas de escape hacia los bosques y los barrancos, cavábamos grandes fosas y poníamos estacas puntiagudas adentro y las cubríamos con hojas para que ahí cayeran los soldados. Algo importante era que siempre llegábamos a ayudar a las aldeas después de las masacres: enterrábamos a los muertos y curábamos a los heridos; también apartábamos a los niños chiquitos que habían quedado huérfanos y jugábamos con ellos. Algunas veces hasta hicimos resistencia al ejército cuando se disponía a arrasar una aldea, les tirábamos a los helicópteros y tratábamos de que los soldados cayeran en las fosas con estacas. También organizábamos la huida de la gente de sus aldeas hacia la montaña y les decíamos dónde podían hallar a otros allá arriba...
...Las masacres siguieron: las comunidades eran borradas de la tierra, los animales y los sembrados se destruían. Un día los compas decidieron que en los territorios bajo nuestro control se izara la bandera del EGP y así se empezó a hacer. Pero en algunas aldeas la bajaban cuando había sospechas de que podría llegar el ejército. El ejército a veces llega y no arrasa, pasa de largo, saluda a la gente, pero si ve que algo anda raro entonces mata y quema y acaba con todo. Los compas comenzaron a ajusticiar a la gente de las aldeas donde no se izaba la bandera del EGP y decían que los que no izaban la bandera de la guerrilla era porque estaban con el ejército. Eso no me gustó a mí porque ví que los compas andaban como enloquecidos y comencé a pensar en irme pero no sabía a donde. En las reuniones de formación política los compas siempre decían que el ejército sólo lograba matar a la población civil en sus campañas contrainsurgentes pero que no podía tocar las estructuras militares de la guerrilla. Y uno pensaba si no era eso justamente lo que quería el ejército, porque de qué sirve una estructura militar si no hay gente que la sostenga...
...Del CUC sobrevivieron tres o cuatro de sus cuarenta fundadores. Uno de ellos fue Emeterio Toj Medrano, que también era locutor de Radio Quiché: a él lo agarraron, se confesó en la televisión como guerrillero y después dicen que se le escapó al ejército y que se volvió a incorporar a la guerrilla. Quien sabe: es muy raro todo eso...
...La verdad era que por ese tiempo las columnas guerrillas ya no podían bajar de la montaña porque el ejército andaba por todos lados. Nos sentíamos como presos allá arriba aunque estábamos bajo el cielo abierto y envueltos en nubes y pájaros y viento. A veces bajábamos una o dos personas nada más pero a riesgo de que nos capturaran. Más de una vez alguno cayó por el soplo de un espía o porque se ponía muy nervioso y el ejército lo detectaba: todas las posiciones de la guerrilla tenían que cambiarse cuado la persona que había bajado no volvía a la hora señalada: nos metíamos en cuevas y túneles porque lueguito llegaban los aviones a bombardear y los helicópteros a echar bombas de fuego y a ametrallar el bosque. Además la Base Militar se extendió, el aeropuerto que antes servía para que aterrizaran avionetas que les llevaban comida a los colonos del Ixcán ahora servía para que bajaran aviones y helicópteros militares: las carreteras se rajaban de tanto transporte pesado del ejército que pasaba hacia el pueblo, hasta que los soldados llegaron a ser como veinte mil...
Los guerrilleros no pudimos evitar que siguiera la humillación de nosotros los indios porque para el Día de la Raza, por ejemplo, las muchachas más bonitas del pueblo se tenían que vestir con trajes ceremoniales, que para nosotros son sagrados, y debían bailar frente al Comandante de la Base y sus oficiales... A pesar de todo, la guerrilla se las arregló para mantener contacto con las aldeas: no nos acercábamos al pueblo pero bajábamos a cada rato a los caseríos toreando al ejército, y cuando alguna patrulla era débil la emboscábamos. Tal vez por eso fue que el ejército comenzó con lo de las Patrullas de Autodefensa Civil, y los soldados empezaron a obligar a los hombres de entre trece y cincuenta años a patrullar veinticuatro horas por semana con otros compañeros de la aldea y a matar a cualquiera que hallaran por los caminos después de las seis de la tarde: cuando el ejército creía que alguien colaboraba con nosotros le echaban encima a la Patrulla y, ni modo, los patrulleros tenían que matarlo y él se dejaba matar porque si no mataban los del ejército a toda la Patrulla. Así estaba la cosa... Todo esto que digo pasó entre el 81 y el 82, que fue cuando el General Ríos Montt le empezó a dar comida a la gente de las aldeas que organizaba sus Patrullas de Autodefensa. "Fusiles y Frijoles" llamaban los militares a este operativo. Y era horrible, porque ahí está el ejemplo de unos primos míos que murieron en una aldea del sur: el ejército sospechaba de cinco personas allí y mandó a la Patrulla de otra aldea a eliminarlos. Los pobres patrulleros llegaron y no sabían qué hacer. Hablaron con las autoridades y les explicaron todo: que si no lo hacían el ejército iba a venir, los iba a matar a todos y a ellos también: entonces se celebró Consejo y se oró y se pensó durante horas hasta que todos tomaron la decisión final: dispusieron que los patrulleros mataran a los señalados de sospechosos, que eso era lo mejor para la comunidad. Y se fueron todos al cementerio y ahí cavaron sus tumbas los sentenciados y las ejecuciones se hicieron llorando. Ahí fueron cinco personas, pero en otras aldeas fueron por todas veinticinco, y así... También los patrulleros tienen que matar a sus compañeros cuando no se presentan a su turno semanal, y lo peor es que a los patrulleros les dan pocas armas y malas y, ni modo, les tienen miedo a los compas porque ellos también tienen que matarlos: por ahí los ve uno a los patrulleros caminando por la carretera, entre los trigales o en la punta de los cerros con sus escopetas viejas. A veces son niños de diez años. Y, ni modo, la guerrilla tiene que matarlos también... Un señor que agarraron unos patrulleros y que logró salir vivo nos contó que dice que los hombres encargados de desaparecer gente tienen un nombre especial y que se reportan al G-2 de la Base Militar. Dice que es gente de por aquí aunque a veces son ladinos de Oriente: se visten con buena ropa y usan buenas botas, pero cuando lo capturan a uno se cubren la cara. "Me llevaron" -nos contaba el señor- "y se llevaron mis cosas también (yo tenía un mi televisor), y ya en la Base me comenzaron a pegar: eran hombres vestidos de civiles pero son del G-2, y son más importantes que los soldados porque les gritan. Son oficiales pues. Me vendaron los ojos y me dieron choques eléctricos en una oreja y me dijeron que si no firmaba una confesión que ellos tenían escrita que me iban a dar los choques en los testículos, y como yo no decía ni sí ni no, pues me pusieron los choques en los testículos y entonces firmé la confesión con los ojos vendados... Cuando le dan choques ahí a uno, uno se estira todito y cuando siente está tirado en el suelo." Así contaba...
Entonces todo estaba controlado pues, y lo que quedaba de las aldeas que habían sido arrasadas lo custodiaba el ejército, no las Patrullas. Las Patrullas vigilaban las aldeas que no habían sido arrasadas todavía... A los patrulleros los obligan a elegir su "Señorita Patrulla", y las muchachas tenían que concursar y cuando elegían a una todos los patrulleros desfilaban y besaban la bandera nacional jurándole fidelidad, y la bandera siempre la sostenía el Comandante de la Base Militar. Nuestros ancianos y chimanes miran aquello y uno se da cuenta que la tristeza se los está acabando como a las candelitas en la iglesia porque esa no es la Costumbre, el ejército está matando la Costumbre y está enseñando a los jóvenes patrulleros otras costumbres. Nosotros no sabemos qué significa su bandera ni nos importa, pero en todo caso sabemos que significa algo bueno para los ladinos... ...Ahora se han estado llevando a los sobrevivientes de las aldeas arrasadas hacia lo que ellos llaman Polos de Desarrollo, que son aldeas con casitas de madera y lámina, todas bien ordenaditas una tras otra, y todo está rodeado de alambradas y puestos de vigilancia en todos los extremos. De ahí nadie sale sin que le visen un carnet y nadie entra sin él tampoco...
...Pero la cosa se puso aún más difícil para las guerrillas porque no teníamos qué comer, y cuando nos topábamos con la gente errando en la montaña y que no quería unirse a las columnas, nos negaban la comida y entonces se daban problemas porque algunos compas querían obligar a la gente y otros decían que no, que eso no era correcto, que ellos eran la gente por la que estábamos peleando y que sí, que entonces por qué no nos daban comida, y bueno... esa era la vida en el monte: bajo el agua y el sol siempre y con frío en las noches y las madrugadas, y la guerrilla sólo daba vueltas y vueltas toreando al ejército, y cuando leíamos algo que nos llegaba de la capital siempre era lo mismo: que los Comandantes (o Cuadros Estratégicos que les llamaban los compas, y que vivían uno en México, otro en La Habana y otro en Managua, y que iban a venir al país cuando triunfáramos) decían que las estructuras militares de la guerrilla estaban intáctas, que la ofensiva contrainsurgente del ejército fracasaba porque sólo la población civil estaba siendo masacrada...
...Yo me la paso leyendo desde que los compas me enseñaron a leer, y leí un librito de un cura que se llamaba Bartolomé de las Casas, y me doy cuenta de que estas masacres vienen desde lo que ellos llaman la Conquista y que los indios desde entonces vienen resistiendo como pueden, y he leído también el Popol Voh, aunque esas historias que aparecen ahí las sé desde chiquita porque me las contaban mis abuelos, pero he estado leyendo mucho ese libro para ver si allí encuentro algo que me ayude a explicarme por qué estamos muriendo todos como moscas, y lo único que saco en claro es que Xibalbá son ellos, los del ejército, eso es lo único que saco en claro, porque no quieren que haya más raza india, no quieren que existan ya los mayas: quichés, kackchiqueles, kekchíes, mames... Nos quieren destruir. ...Sueño que el Capitán Tecún Umán tiene que volver a la tierra y, aunque el Popol Vuh no lo menciona, a mí se me figura que es él quien habla cuando los compas citan el libro y dicen: "!Que todos se levanten... Que no se quede nadie atrás de los demás!" Y pienso que ya nos hemos levantado. Todos. Y nos siguen masacrando. Y los compas sólo se preocupan por mantener intacta su estructura militar como si la estructura no tuviera que comer también. Quisiera irme, huir, pero no sé a donde. Eso por favor no se lo digan a los compas porque me matan...
...Y es lo único que yo tengo que decir. Eso es todo. Lo que está claro es que Xibalbá nos enseñó su rostro, se nos reveló a nosotros los indios quichés cuando la represión vino aquí, a este lugar llamado Quiché...

 

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Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.