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IDENTIDADES MESTIZAS Y FICCION LITERARIA
1. Aldea oral/ciudad letrada: la apropiación vanguardista de
lo popular. El caso de las Leyendas de Guatemala.
Cierta crítica posmoderna piensa las identidades subalternas
como otredades en las que la representación -tanto mimética
como política- de su sujeto se opone (y debe oponerse) a formas
letradas de representación (de esas identidades), y confiere estatuto
de esencialistas a los operativos literarios y, en general estéticos,
que los artistas y escritores "profesionales" han realizado incorporando
las culturas subalternas a su discurso letrado (Beverley, Against).
En este orden de ideas, todo lo relativo al sentido estético, ético
y antropológico de los operativos vanguardistas de inclusión
de las culturas populares a marcos artísticos experimentales potenciados
por los ismos (tanto europeos como latinoamericanos), necesita
ser revisado y revalorado a la luz (o a contraluz) del planteo posmoderno
prosubalterno que contrapone, por ejemplo, el discurso testimonial al
discurso vanguardista.1 No voy a analizar
ahora la diferencia que existe entre la representación testimonial
y la vanguardista en lo referido al pueblo, porque eso implica detenerse
en la desconstrucción del testimonio, y eso lo haremos más
adelante. Pero he querido partir de esta aparente disyuntiva, que menosprecia
e invalida el discurso vanguardista al reducirlo a una recreación
pequeñoburguesa del discurso y la cultura campesinas e indígenas,
porque sus implicaciones llevarían a que el vanguardismo y sus
incorporaciones de lo popular hubiesen sido una especie de desviaciones
culturales que seguramente debieran desecharse y borrarse de la historia
cultural latinoamericana para ceder el paso a lo "auténticamente
popular," léase: al discurso "verdadero" del explotado, marginal
y subalterno, el cual quizá esté, al menos en parte, ubicado
en la oralidad del testimonio a pesar de la acción de sus mediadores
letrados. En otras palabras y según esta lógica: la literatura
debiera ceder el paso a la oralidad transcrita al papel, en nombre de
la "autenticidad" popular. En estas líneas iniciales me limitaré
a hacer una defensa de la literatura como medio válido de formulación
estética de identidades transculturadas, mestizas e híbridas,2
dejando pendiente por el momento el problema del testimonio y la oralidad
como expresiones de identidades populares, así como el de la diferencia
de grado de autenticidad que existe -si es que existe- entre el testimonio
y la novela como formas de representación subalterna.3
La vanguardia latinoamericana no es solamente una explosión
de ismos y de proclamas y manifiestos que poco tienen que ver con
el producto estético resultante, como en Europa (Osorio; Collazos).
Es eso, pero también es un proceso cultural muy extendido en el
tiempo que, en América Latina, cumplió funciones distintas
a las que cumplió en Europa.4 Esta
diferencia en las funciones del vanguardismo de uno y otro lado del mar
es particularmente visible cuando consideramos el fenómeno vanguardista
latinoamericano desde la perspectiva de sus apropiaciones de las culturas
populares para lograr una síntesis estética transculturadora
(Rama, Transculturación, 32-33), que amalgama oralidades,
instantes de escritura automática, imaginerías remitidas
a los ismos, formas verbales de textos precolombinos que vienen
de la oralidad y creencias cristianas y de religiones anteriores al cristianismo
en América.5 En efecto, las funciones
sociales que cumplieron las vanguardias artísticas europeas tuvieron
que ver más con el cuestionamiento de la modernidad y de la condición
humana disminuida en su dimensión creativa, que con la intención
latinoamericana de incluir lo popular excluido dentro proyectos de nación
democratizados, aunque fuera sólo en la imaginación de los
artistas y escritores.
En los años de la eclosión de los ismos europeos,
varios escritores latinoamericanos que habrían de alcanzar fama
internacional coincidían en Paris, en la "más famosa tertulia
del mundo," ubicada en Montparnasse, la cual configuró el mito
cultural parisino durante "los años locos," dando cabida a exiliados,
bohemios y artistas de muchas nacionalidades (Cheymol 95). Entre los escritores
que coincidieron en aquella tertulia puede mencionarse a James Joyce,
Gertrude Stein, César Vallejo, Alejo Carpentier, Miguel Angel Asturias,
Luis Cardoza y Aragón, Alfonso Reyes, Arturo Uslar-Pietri, Pablo
Picasso, Salvador Dalí, Luis Buñuel, y muchos otros. Paris
fue el laboratorio en el que Asturias y Carpentier -para sólo hablar
de los novelistas- no solamente encontraron la parte oscura y perdida
de sus identidadades latinoamericanas, sino donde experimentaron las audaces
junturas culturales que realizaban las vanguardias europeas y donde ejercieron
las originalísimas apropiaciones que, con mentalidad vanguardista
(ruptural e innovadora), los latinoamericanos hicieron de lo popular,
"lo primitivo", lo folklórico, lo oral y lo arqueológico
de las culturas sedimentarias que conforman las identidades americanas.
Para el caso que nos interesa, allí fue donde Miguel Angel Asturias
entró en contacto con el surrealismo y con las mitologías
mayas desde una perspectiva académica. Tanto el surrealismo (como
corriente vanguardista) como el tono mágico de las leyendas populares
(logrado mediante un uso ritual de la palabra), son dos ingredientes básicos
de su vasto operativo verbal, al cual debe agregarse, como se sabe, el
insumo de la prosa de las crónicas españolas (y su tono
exagerado), y el de la tradición literaria española (barroca)
en general, así como el de la poética (preciosista) del
Modernismo (Martin, Introducción del xxiii). Asturias refiere
su experiencia parisina con palabras sencillas, así:
En esta época frecuentábamos a algunos escritores
muy preocupados del papel que jugaba la palabra en los textos literarios.
Uno de estos autores, que fue gran amigo mío -lo digo con orgullo-,
es Paul Eluard, el famoso poeta francés. Conocí también
en esta época, aunque menos -muy de lejos, naturalmente- a James
Joyce, conocí a Gertrude Stein, y en todos estos autores lo importante
era la palabra: era lo que la palabra representaba dentro de la frase.
(...) Recuerdo que Alejo Carpentier escribía entonces una novela
de la que sólo algunos capítulos se publicaron, no sé
si se publicó entera, en una revista que se llamó Imán,
que se llamaba Ecue-Yamba-O. La novela empezaba más o
menos así: "Ecueyambaó, retumban las tumbas en casa de
Acué; yambaó, yambaó, en casa de Acué, retumban
las tumbas, retumban las tumbas en casa de Acué". Es un poco
el "¡Alumbra, lumbre de alumbre, Luzbel de piedralumbre!". Esa
cosa: nosotros teníamos la preocupación por el sonido
de las palabras en esos momentos.
Esto debemos unirlo también al movimiento surrealista que
empezaba, que ya se estaba desarrollando en Francia; había llegado
Tristán Tzara,había terminado un poco el dadaísmo,
y comenzaba Breton y comenzaban los surrealistas a lanzar sus manifiestos
y a impulsar la creación puramente mecánica. Nos entusiasmó
a nosotros esta idea de podernos sentar a la máquina de escribir
o frente a una cuartilla y empezar a escribir mecánicamente procurando
la no intervención de la inteligencia; y entonces, con Arturo
Uslar Pietri, un venezolano que escribía Las lanzas coloradas,
hacíamos ejercicios de esta clase; pero los hacíamos con
máquinas de escribir: Poníamos el papel y empezábamos
a escribir en esa forma muchísimos textos que también
se publicaron en esta revista que se llamó Imán.
Estos textos, que al parecer eran disparatados, ya juzgados en cierta
forma tenían una cierta unidad, caótica si se quiere,
pero eran reveladores de un gran acervo del subconciente nuestro, de
nuestra forma de ser y de pensar tal vez latinoamericana.
Ya en esta época empezamos tambien a estudiar, a formar,
a escribir poemas en los cuales leyendo las palabras en un sentido significaban
una cosa y juntando las palabras en donde terminaban con el principio
de la siguiente palabra significaban otra cosa. Todo esto fue un gran
trabajo de laboratorio.
Al mismo tiempo, yo etudiaba con el Profesor Raynaud "Mitos y
leyendas de la América Maya"; quiere decir, que yo repartía
mi tiempo entre los estudios éstos que realizaba en La Sorbona
sobre los mitos indígenas y esta otra actividad lateral, que
era una actividad que yo no me atrevo a llamar ni siquiera literaria,
sino que era una actividad de gusto por la palabra, de gusto por la
creación, por recordar, por conservar...6
He citado en extenso a Asturias porque creo que en estas palabras suyas,
grabadas primero y luego transcritas, sintetiza el laboratorio que, según
su propia percepción, constituyó su estancia en Paris, su
tertulia artística y su práctica escritural, que también
incluía la hechura de artículos para el periódico
El Imparcial de Guatemala entre los años 1924 y 1933 (Asturias,
Paris). Sin duda, el surrealismo y sus posibilidades de expresión
de imágenes inconscientes sirvió al pelo a Asturias para
literaturizar y ficcionalizar (usando la palabras y la frase en función
poética, es decir, como elementos estructuradores del sentido del
texto) las imágenes que a su vez le producía el estudio
de las mitologías precolombinas, confrontadas con sus experiencias
rurales de niñez y con las historias que le contaba su madre y
su nana indígena. Por sí mismo, este estudio le confirió
un sentido mucho más abarcador del componente indígena de
las identidades guatemaltecas, que se movían (y se mueven aún)
dentro de los límites estrechos de una nación inventada
por cafetaleros criollos y ladinos7 que excluyeron
al indio de su proyecto nacional, al menos en lo relativo a sus derechos
ciudadanos, ya que de hecho el indio fue incluido en tal proyecto pero
como mano de obra explotada. Asturias mismo fue un producto ideológico
de este proyecto de nación racista y discriminatorio, según
ha quedado evidenciado en su tesis de abogado Sociología guatemalteca:
el problema social del indio, escrita y publicada en 1923 y en la
cual aparece evidente su mentalidad oligarquizada, ligada directamente
con las ideologías políticas de la dominación dictatorial
de los junkers.8 Sin embargo, resulta
evidente que su tesis de abogado es -como veremos en extenso más
adelante- una "defensa" del indio desde la única posición
"progresista" que el joven Asturias podía tener en su época,
dominada por las corrientes cientificistas: la de un estudioso del positivismo.9
La estancia en París modificó drástica y radicalmente
su percepción del indio y de las culturas indígenas de Guatemala
y de América Latina porque, de proponer el "mejoramiento de la
raza" importando europeos, Asturias pasa, en un lapso de cuatro o cinco
años, a articular estéticamente un mestizaje intercultural
como eje-síntesis de la identidad cultural latinoamericana y guatemalteca,
siendo el primer escritor hispanoamericano en realizar semejante propuesta
mediante una obra narrativa: Leyendas de Guatemala. Vale la pena
ilustrar este tránsito del racismo a la democratización
étnico-cultural porque expresa una toma de conciencia fundamental
en la constitución del sujeto Asturias como sujeto culturalmente
mestizo; conciencia que, por otra parte, cristaliza en la obra que ahora
nos está ocupando.
Sin duda, su primigenia noción de mestizaje como "mejoramiento
de la raza" lo usa Asturias, tomado de José Vasconcelos (a quien
había conocido en México en un congreso estudiantil), como
un criterio para "salvar" a los indios, para "defenderlos" de la "barbarie,"
según había deducido de su probable lectura del Facundo
de Sarmiento. Estas citas de La raza cósmica, de Vasconcelos,
ayudan a entender los planteos de Asturias. Para Vasconcelos, el mestizaje
iberoamericano es débil porque:
Sucede que el mestizaje de factores muy disímiles tarda mucho
tiempo en plasmar. Entre nosotros, el mestizaje se supendió antes
de que acabase de estar formado el tipo racial, con motivo de la exclusión
de los españoles, decretada con posterioridad a la Independcia.
En pueblos como Ecuador o el Perú, la pobreza del terreno, además
de los motivos políticos, contuvo la inmigración española
(12).
Pero puede redimirse por la vía ideológica.
En todo caso, la conclusión más optimista que se puede
derivar de los hechos observados es que aun los mestizajes más
contradictorios pueden resolverse benéficamente siempre que el
factor espiritual contribuya a levantarlos. ... Una religión como
la cristiana hizo avanzar a los indios americanos, en pocas centurias,
desde el canibalismo hasta la relativa civilización (12).
- Aparte de su cristianocentrismo ideológico, es interesante
su desligue del darwinismo espenceriano, que después hace manifiesto
así:
- ...basta comparar la metafísica sublime del Libro de los
Muertos de los sacerdotes egipcios, con las chabacanerías del
darwinismo spenceriano. El abismo que separa a Spencer de Hermes Trimegisto
no lo franquea el dolicocéfalo rubio ni en otros mil años
de adiestramiento y selección (32).
- Esta base esotérica, mística, es la que anima su concepción
de la raza cósmica:
- En la América española ya no repetirá la
Naturaleza uno de sus ensayos parciales, ya no será la raza de
un solo color, de rasgos particulares, la que en esta vez salga de la
olvidada Atlántida; no será la futura ni una quinta ni
una sexta raza, destinada a prevalecer sobre sus antecesoras; lo que
de allí va a salir es la raza definitiva, la raza síntesis
o raza integral, hecha con el genio y con la sangre de todos los pueblos
y, por lo mismo, más capaz de verdadera fraternidad y de visión
realmente universal. (30)
- De esto, extrae una ética: la misión civilizatoria,
espiritualizadora y redentora de Hispanoamérica:
- ...será menester que la raza iberoamericana se penetre
de su misión y la abrace como un misticismo. (30)
- La raza hispana en general tiene todavía por delante esta
misión de descubrir nuevas zonas en el espíritu ahora
que todas las tierras están exploradas. (51)
- Pero en su argumentación de que serán factores estéticos
y no biológicos los que determinarán la nueva raza, hace
explícito su reconocimiento de la existencia de razas inferiores
y superiores:
- Los tipos bajos de la especie serán absorvidos por el tipo
superior. De esta suerte podría redimirse, por ejemplo, el negro...
El indio, por medio del injerto en la raza afín, daría
el salto de los millares de años que median de la Atlántida
a nuestra época, y en unas cuantas décadas de eugenesia
estética podría desaparecer el negro junto con los tipos
que el libre instinto de hermosura vaya señalando como fundamentalmente
recesivos e indignos, por lo mismo, de perpetuación. (42-43).
- De aquí saca Asturias su propuesta de injertar, de insuflar
nueva sangre al indio "degradado" por la explotación. Es su manera
de "defenderlo". Y sin duda el libro de Sarmiento, le dio el "coraje"
de proponer la inmigración para lograrlo.
- Es fácil advertir el descenso psíquico en que ha
venido el indio, de cuando formaba la raza indomable... (Asturias,
Sociología 35)
- Aunque del otro lado de los intereses de los finqueros, se oiga
decir que los indios son perezosos, con conciencia de ser verdaderos,
debe afirmarse todo lo contrario: que los indios trabajan demasiado;
o que hacen muy poco porque trabajan mucho, es decir que su rendimiento
de trabajo, por hora, es insuficiente debido a que se les imponen
muchas horas de actividad (fatiga prolongada) (42).
- El mucho trabajo es perjudicial a la salud, y quién sabe
si la pereza (once horas de trabajo) de que se quejan los agricultores,
denuncie la extenuación del sistema muscular del indio (42).
- Se trata de una raza agotada, y de ahí que para salvarla,
antes que de una reacción económica, psicológica
o educacional, haya necesidad de una reacción biológica.
¡Vida, sangre, juventud, eso hace falta al indio! (53).
- Cabe preguntar: ¿Por qué no se traen elementos de
otra raza vigorosa y más apta para mejorar a nuestros indios?
(53).
- Su evolución de estas posiciones paternalista-racistas a la
visión de una interculturalidad democrática es rapidísima,
si se tiene en cuenta que las Leyendas de Guatemala son publicadas
en 1930. Es decir que de 1924 a 1928, que es cuando las escribe, Asturias
avanza en su pensamiento y en su percepción de lo latinoamericano
lo que ha tomado todo el siglo XX tanto a los indígenas mismos
como a la intelectualidad solidaria con ellos (Prieto 20-22).
- Dante Liano analiza La arquitectura de la vida nueva (Asturias,
Paris 254-263), un ensayo publicado en El Imparcial, en
dos partes, en 1928, como un testimonio de la superación,
por parte de Asturias, de su visión del indio como ser degradado
por la explotación,10 que es el
argumento que esgrime para salir en su "defensa" con propuestas muy
parecidas a las de Sarmiento, a quien seguramente leyó mientras
redactaba los últimos capítulos de su tesis, a los cuales
agregó los referidos a la propuesta del "mejoramiento de la raza".
En la pieza periodística de 1928, se evidencia su asunción
del mestizaje como criterio estético. He aquí algunos
fragmentos del texto:
- Acaso no habíamos nunca reflexionado que el tipo de belleza
que define nuestro concepto de lo bello, es el tipo maya, o bien, por
razones étnicas de origen más próximo, el tipo
español. ...
- No podemos, por consiguiente, fijar el tipo de belleza corporal
al que aspiramos para el hombre que vendrá, pero debemos hacer
pie firme en las ideas de que debe apartarse del tipo de belleza antiguo
y de los que no corresponden a las dos raíces étnicas
de nuestro pensamiento maya y español. (260)
- Es útil tomar en cuenta que las anteriores líneas desdicen
las afirmaciones primeras de Asturias, quien, al argumentar en contra
del exceso de trabajo explotador que ha "degradado" biológica
y psicológicamente a los indios, propuso la inmigración
y la miscegenación.
- Tiene razón Prieto cuando dice que, antes de Asturias, cuando
un escritor escribía sobre los indígenas y su cultura,
había dos posibilidades: o explotaba su supuesto exotismo o valor
decorativo, o los defendía melodramáticamente en contra
de los "blancos" (37-38). Por todo, solamente una mentalidad obstrusa
puede regatearle a Asturias el estar situado mucho más allá
de los indigenismos y el ser de los pocos "autores latinoamericanos
que han logrado penetrar la superficie de la conciencia india" y de
haber "retratado la psique india [no] como la joya en la corona de alguna
novela realista (como su talentosa colega mexicana Rosario Castellanos)
y dejar la cosa ahí, sino [de haber sido capaz de] juntar técnicas
occidentales con elementos estilísticos y temáticos de
la literatura india para así realizar, en el hemisferio occidental,
la mayor ruptura con la tradición mimética que caracteriza
la literatura europea" (Prieto 12. Traducción mía).
- Como apunta Prieto, el salto cualitativo que va de la tesis de abogado
a las Leyendas y que se puede resumir diciendo que Asturias descubre
y acepta el valor y la magnitud de las culturas americanas en la formación
de las naciones, se nota ya en las primeras páginas de las Leyendas,
en las que su autor caracteriza a Guatemala como una superposición
de ciudades enterradas que no pueden negar su ancestro.11
- Ya en 1928, pues, Asturias había modificado drásticamente
su visión del indio.
- Sin duda, París signficó para él, como dijimos,
un viraje ideológico radical. Este viraje ideológico,
que implicó a la vez un abandono de la mentalidad oligárquica
y una adhesión a la mentalidad (capitalista) modernizante, así
como un operativo artístico literario de inclusión y fusión
de las culturas subalternas indígenas a una versión transculturada
y mestiza de la guatemalidad, comienza a evidenciarse, como señalamos,
con Leyendas de Guatemala y forma parte de todo un movimiento
vanguardista latinoamericano de apropiación, inclusión,
resignificación y fusión de las culturas subalternas al
proyecto moderno de nación que comenzaba a prefigurarse sobre
todo en las mentalidades de intelectuales liberales. Nombres como Luis
Palés Matos, en Puerto Rico, y Nicolás Guillén,
en Cuba, para hablar de la inclusión vanguardista de la cultura
de la negritud latinoamericana, se unen al de Miguel Angel Asturias,
Mario de Andrade y Alejo Carpentier, como exponentes vanguardistas de
la apropiación recreadora de la cultura popular tradicional,
vista como insumo básico para crear versiones estéticas
de identidades mestizas para diversos países de América
Latina, yendo más allá, por supuesto, de toda suerte de
indigenismos asimilacionistas como los que desarrollaron Ciro Alegría,
Jorge Icaza y, en Guatemala, Wyld Ospina y Flavio Herrera.12
En esta actitud residió el aporte revolucionario de la vanguardia
latinoamericana, pues, como decía Mariátegui: "El sentido
revolucionario de las escuelas o tendencias contemporáneas no
está en la creación de una técnica nueva. No está
tampoco en la destrucción de una técnica vieja. Está
en el repudio, en el deshaucio, en la befa del absoluto burgués".13
En la creación de una nueva sensibilidad, hubiera dicho Vallejo.
Fernández Retamar elabora sobre esta idea de Mariátegui
y dice que "Ya no se trataba de hablar generosamente de los negros
(como la cubana Gertrudis Gómez de Avellaneda en su novela
Sab, de 1841) o de los indios (como la peruana Clorinda Matto
de Turner, en su novela Aves sin nido, de 1889), sino de hablar
como negros, como indios, como los mestizos raciales
y culturales que somos." Y agrega: "Por supuesto, sería ingenuo
atribuir solamente al traslado de las vanguardias europeas el reencuentro
con las auténticas realidades de nuestro mundo. Pero indudablemente
ellas contribuyeron a ese reencuentro, en la medida en que repudiaban
el absoluto burgués, para insistir en las palabras de
Mariátegui: es decir, en la medida en que eran verdaderas vanguardias,
no ejemplos jactanciosos del espíritu decadente, o falsas vanguardias
reabsorbidas por la sociedad que pretendían o pretenden repudiar;
y, como verdaderas vanguardias, anunciaban o incluso asumían
ya actitudes revolucionarias." Y finaliza: "En la América Latina
existen, por supuesto, muchos casos, muchos matices: desde el de escritores
entre dos mundos, como Huidobro (...) o escritores que involucionaron
dramáticamente, hasta escritores que hacen plenamente visible
ese ‘papel catalizador’ [de las vanguardias] (...): poetas como César
Vallejo, Nicolás Guillén o Pablo Neruda; novelistas como
Miguel Angel Asturias o Alejo Carpentier" (84).
- Fernández Retamar dice que se trataba de "hablar como
negros, como indios, como los mestizos raciales y culturales
que somos". Obviamente no se trataba de hablar, sino de escribir.
Pero no podemos decir: escribir como negros e indios, porque
(en general) éstos no escribían, no tenían acceso
a la "ciudad letrada," aunque los mestizos sí; por tanto, sí
es lícito hablar de escribir como mestizos culturales.
Y aquí hemos llegado al meollo de nuestro asunto: se trata de
validar la escritura como locus de creación de un sujeto
imaginario y una comunidad imaginaria mestizos, vale decir: transculturados,
en el que la juntura y, sobre todo, la articulación de las diferencias
(unas con otras) hace precisamente la diferencia y constituye a este
sujeto imaginario en el centro de los polos que en lo factual lo conforman,
complementándose y excluyéndose simultáneamente.
En esto reside la hazaña verbal de Asturias y su aporte revolucionario.
No en hablar como indio y mucho menos en escribir como
indio. Más bien su mérito consiste en escribir como mestizo.
El mestizaje, entendido como transculturación o, mejor, como
su resultado, es, pareciera, un adecuado criterio-eje para examinar
el operativo literario de Asturias, forjador no solamente del "realismo
mágico,"14 sino prefigurador involuntario
de la lucha político-cultural de cierta posmodernidad latinoamericana,
que consiste no en hacer valer la diferencia étnica y cultural
per se,15 sino en articular las
diferencias en un sujeto situado más allá de los fundamentalismos
que animan supuestas identidades puras, no negociables ni mestizadas
o transculturadas. Asturias es padre de todo esto en la ficción,
no olvidarlo nunca: su mestizaje intercultural se cristaliza en la ficción;
su sujeto mestizo es ficcional, su realidad mestiza es ficcional. La
novela, el relato, la leyenda, que fueron los géneros que cultivó
con mayor fortuna, son ficcionales. De donde su propuesta debe ser juzada
estéticamente y, sólo después, evaluarse en sus
implicaciones políticas.
- Naturalmente, el operativo asturianista es, además de letrado,
un operativo ladino, y no indígena (ni "maya") ni oral:
es la apropiación de lo marginal y subalterno indígena
desde una posicionalidad central para expresar una identidad deseable,
mestiza.16 Es con estos criterios que deberemos
examinar algunos núcleos verbales constitutivos de Leyendas
de Guatemala, texto fundacional de una latinoamericanidad mestiza
imaginada, escrito en 1928,17 cuando Mariátegui
escribía sus Siete ensayos, cuando Mario de Andrade publicaba
Macunaíma, y publicado por primera vez en la primavera
de 1930 en Madrid.
- Leyendas de Guatemala es un texto seminal de la cultura americana
que misteriosamente ha sido ignorado por la crítica.18
Cardoza y Aragón se refiere a él como "obra con sabor
de leyenda precolombina, colonial y surrealista". Y dice algo sobre
su autor que deberá interesarnos a la hora de analizar otras
obras suyas: "Ahí no estaba el germen sino ya definida su imaginación
y su sensibilidad" (Cardoza, Miguel Angel 15). Leyendas de
Guatemala es una obra de juventud y, a la vez, de hallazgo fecundante,
porque la audaz hibridación que Asturias realiza entre metáfora
surrealista, imágen poética colonial-barroca, imaginería
poética precolombina y textualidad modernista es asombrosa en
sus resultados ficcionales, empezando por la estructura misma del libro,
el cual originalmente se publicó sin los textos titulados "Cuculcán"
y "Los brujos de la tormenta primaveral," los cuales fueron agregados
por Asturias en la edición argentina de 1948 (Prieto 66-67).
- Después de la carta de Paul Valéry a Francis de Miomandre,
traductor al francés de las Leyendas, el texto abre con
una especie de exordio que se titula "Guatemala," y que se estructura
como una especie de mural antropológico-cultural, desplegando
un relato en el que pasado y presente se con-funden en una atmósfera
nostálgica y evocadora. El mural va desde los decires de cierto
sentido común popular de capas medias rurales y ladinas, expresado
en hábitos de viejos que "tienen güegüecho, han visto
espantos, andarines y aparecidos, cuentan milagros y cierran la puerta
cuando pasan los húngaros: esos que roban niños, comen
caballo, hablan con el diablo y huyen de Dios" (Asturias, Obras
11), hasta recreaciones del imaginario maya precolombino, pasando por
la poética y la patriótica colonial española y
criolla.
- Este sentido común popular, clasemediero, rural y ladino,
implica un imaginario colectivo poblado de temores y fantasías
que a la vez implican la existencia "vivida" (como ideología)
de un mundo mágico paralelo al mundo real, y una posicionalidad
del sujeto que vive ese sentido común ubicada en la encrucijada
de dos mundos: el del capitalismo subdesarrollado y el de la magia colonial,
mestiza. ¿Por qué del capitalismo subdesarrollado? Estos
viejos descritos arriba son ubicados por el autor en su situacionalidad
económica cuando dice:
- En el apeadero, donde se encuentran la calle y el camino, está
la primera tienda. Sus dueños son viejos, tienen güegüecho....
(11).
- Notemos que la tienda de estos viejos portadores del sentido común
está ubicada en un apeadero que a la vez está situado
donde se encuentran la calle y el camino: es decir, en la confluencia
del comienzo del casco urbano de una población rodeada por el
monte, y el final de la vía que la comunica con el exterior a
través del monte. Encrucijada entre el mundo urbano y el rural,
la tienda, emporio del comercio subdesarrollado, se sitúa como
uno de los espacios económicos que hacen posible los contenidos
transculturados que pueblan el sentido común y el imaginario
colectivo mestizo y que se desarrollan en este mural intercultural,
el cual inicia, además, con una metáfora del subdesarrollo
a la vez colorida y dolorosa:
- La carreta llega al pueblo rodando un paso hoy y otro mañana
(11).
- El sujeto mágico con el que Asturias abre su libro es, pues,
un sujeto ladino, mestizo, como su imaginario. El mural sigue desarrollándose
y el autor evoca desde una perspectiva arqueológica el mundo
maya precolombino, al cual ubica en las brumosidades del sueño
y del inconsciente por medio de imaginerías surrealistas,19
las cuales funcionaron como el único medio posible de imaginar
una realidad casi vedada a la historiografía:
- El Cuco de los Sueños hace ver una ciudad muy grande -pensamiento
claro que todos llevamos dentro-, cien veces más grande que esta
ciudad de casas pintaditas en la Rosca de San Blas. Es una ciudad formada
de ciudades enterradas, superpuestas, como los pisos de una casa de
altos. Piso sobre piso. Ciudad sobre ciudad (12).
- Esta visión de superposiciones expresa a la vez la integralidad
y la separatidad de los componentes maya, indígena, europeo,
español y mestizo de Guatemala,20
y a la vez propone la coexistencia de la ciudad letrada, la ciudad planificada
y ordenada (Rama, La ciudad), y lo que podríamos llamar
la aldea oral, porque continúa diciendo:
- ¡Libro de estampas viejas, empastado en piedra con páginas
de oro de Indias, de pergaminos españoles y de papel republicano!
¡Cofre que encierra las figuras heladas de una quimera muerta,
el oro de las minas y el tesoro de los cabellos blancos de la luna guardados
en sortijas de plata! Dentro de esta ciudad de altos se conservan intactas
las ciudades antiguas. Por las escaleras suben imágenes de sueño
sin dejar huella, sin hacer ruido. De puerta en puerta van cambiando
los siglos. En la luz de las ventanas parpadean las sombras. Los fantasmas
son las palabras de la eternidad. El Cuco de los sueños va hilando
los cuentos (13).
- Las ciudades sobrepuestas son vistas como libro de estampas viejas
y como cofre que encierra la memoria perdida de las ciudades mayas que
se encuentran intactas en el sueño, en el inconciente, en la
imaginación de quien las busca para constituirse como sujeto
mestizo y otorgarse así una identidad que incluya el componente
negado en el proyecto de nación oficial de perfiles liberales.
Articulación transculturada de ciudad letrada y aldea oral, este
párrafo, confeccionado además con imaginerías evidentemente
surrealistas, resulta emblemático de la propuesta antropológica
de Asturias: Guatemala es mestiza porque es híbrida y el componente
maya ocupa un lugar central en el imaginario mestizo de la identidad
ladina.
- El componente europeo no se encuentra menos destacado en este texto,
ni mucho menos el barroquismo que luego Carpentier habría de
postular como expresión americana, cuando Asturias nos dice:
- Estamos en el templo de San Francisco. Se alcanzan a ver la reja
que cierra el altar de la Virgen de Loreto, los pavimentos de azulejos
de Génova, las colgaduras de Damasco, los tafetanes de Granada
y los terciopelos carmesí y de brocado. ¡Silencio! Aquí
se han podrido más de tres obispos y las ratas arrastran malos
pensamientos (17).
- Igualmente notamos aquí un claro anticlericalismo liberal
en la última frase, el cual sin embargo, no rebasa un ámbito
católico de perfiles patéticos y llenos de temores apocalípticos
propios del cristianismo inquisitorial que llega a América con
los conquistadores:
- Por las altas ventanas entra furtivamente el oro de la luna. Media
luz. Las candelas sin llamas y la Virgen sin ojos en la sombra. (17)
- Esta Virgen sin ojos es a la vez el silencio de las divinidades y
el temor a las imágenes sacras que hacen al sentido común
popular invocar a las fuerzas paganas de esa otredad religiosa que se
entrecruza con la fe cristiana en América Latina.
- En el texto que sigue, titulado "Ahora que me acuerdo", Asturias
inserta citas largas de la versión al español del Popol
Vuh que el Abate González de Mendoza y un poco el mismo Asturias
realizaron de la versión francesa de Georges Raynaud,21
y empieza a desplegar recursos onomatopeyicos y juegos de palabras que,
contrariamente a lo que suele creerse, no constituyen enteramente una
creación de Asturias sino que vienen de una práctica popular,
ladina e indígena, de Guatemala, muy común y presente
siempre en el humor local. También escribe ya en la clave formal
de los textos precolombinos, cuestión que hace de los contenidos
algo que es casi imposible de penetrar más allá de la
belleza formal, barroca y surrealista, del lenguaje:
- -Bailando como loco topé el camino negro donde la sombra
dice: "¡Camino rey es éste y quien lo siga el rey será!"
Allí vide a mi espalda el camino verde, a mi derecha el rojo
y a mi izquierda el blanco. Cuatro caminos se cruzan antes de Xibalbá
(24).
- Paradójicamente, muchas de las formas "incorrectas" de hablar
el castellano que se observan en las hablas populares tanto ladinas
como indígenas, provienen del castellano peninsular de la época
de la colonia, y Asturias a menudo las usa para expresar supuestas realidades
mágicas precolombinas (Allí vide a mi espalda)
desde una perspectiva ladina. Las "traducciones" y "traiciones" de los
textos precolombinos en los que se usa el " vosotros" para expresar
alcurnia y nobleza mayas en los diálogos o las invocaciones,
etc., son igualmente paradójicas, y pienso ahora en la traducción
al castellano que Luis Cardoza y Aragón hizo de la versión
francesa de Georges Raynaud del Rabinal Achí, en la que
se echa mano del mismo recurso a todo lo largo del texto.22
Las hibridaciones lingúisticas, propias de la ciudad letrada
sirven, pues, para expresar -de nuevo, paradójicamente- a la
aldea oral. Y ésta es la manera como la ladinidad letrada incluye
la otredad maya e indígena como componente básico de su
identidad: se la apropia de la mejor manera que puede, y la asume de
la única manera que sabe: mediante la apropiación creadora
del código hegemónico de Occidente.
- El operativo de hibridación asturianista consiste, pues, en
su apropiación creadora no sólo de las culturas precolombinas
y sus claves desde los ismos vanguardistas, sino, también,
en su apropiación de los ismos vanguardistas desde
su posicionalidad de guatemalteco ladino, mestizo, letrado, en la encrucijada
histórica que lo compele a integrar en su proyecto estético
la otredad negada en el proyecto incompleto de nación guatemalteco,
y también a integrar a su propia identidad ladina, esa otredad
que había negado explícitamente en su tesis de abogado.
Asturias no es, quiero argumentar, un escritor vanguardista que se apropia
de lo popular, lo folklórico, lo precolombinoy nada más.
Es un escritor que se apropia de eso y también de las vanguardias.
Las vanguardias son, en él, una apropiación "antropofágica,"
en el sentido moderno-brasileño del término, tanto como
lo son las culturas tradicionales de Guatemala. En eso radica la originalidad
revolucionaria de la obra asturianista desde el punto de vista de su
producción: en el mestizaje transcultural estructurador del texto.
Desde el punto de vista de su recepción, es interesante notar
que, en Guatemala, nadie suele afirmar que "no le gusta" Asturias, y
sus lectores se reconocen en él y reconocen en su versión
a una Guatemala propia, soñada y vivida, aunque irreal. Incluso,
muchos hablan de un "alma nacional" como estructura ausente que emerge
en el efecto que provocan los textos de Asturias. Pero el estudio de
la recepción de su obra merecería un ensayo aparte. Adentrémonos
por ahora en las articulaciones transculturales que estructuran las
Leyendas para redondear el análisis de su propuesta de
una identidad mestiza desde la ladinidad letrada, desde una forma localísima
de ser de la latinoamericanidad letrada.
- El argumento de las leyendas incluidas en el libro que ahora nos
ocupa se reduce, en la versión asturianista, a unas cuantas líneas.
Lo demás son palabras, juegos de palabras, ríos de palabras,
ambientes, atmósferas y ámbitos hechos de palabras, porque
son las palabras los instrumentos que usa para mimetizarse y escribir
desde lo que él siente como la otredad maya y popular,
que sale al encuentro de la centralidad ladina, y visceversa. Esto es
particularmente observable en "Los brujos de la tormenta primaveral"
y "Cuculcán," que son los textos más "mayas" de las Leyendas
de Guatemala y que se sitúan mucho más allá
de los indigenismos latinoamericanos, mediante un operativo lingüístico
mimético sin precedentes en la vanguardia y en la tradición
literarias latinoamericanas.23
- En la "Leyenda del Volcán", Asturias caracteriza a un personaje
mediante una imaginería explícitamente surrealista con
combinaciones háblicas populares ladinas:
- Uno de los del viento volvió a ver y sus compañeros
le llamaron Nido.
- Monte en un Ave era el recuerdo de su madre y su padre, bestia
color de agua llovida que mataron en el mar para ganar la tierra, de
pupilas doradas que guardaban al fondo dos crucesitas negras, olorosas
a pescado, femenina como dedo de meñique (30).
- En la "Leyenda del Cadejo", el surrealismo es empleado para expresar
veneraciones católicas mediante un barroquismo que recuerda la
tradición literaria española:
- Las monjas -rosales ambulantes- cortábanse las rosas unas
a otras para adornar los altares de la Virgen, y de las rosas brotaba
el mes de mayo, telaraña de aromas en la que Nuestra Señora
caía prisionera temblando como una mosca de luz. (38).
- En la "Leyenda de la Tatuana", la imaginería modernista puede
observarse claramente cuando escribe:
- -Allá -continuaba con la cara mitad bañada por el
sol- todo será tuyo. ¡Eres una joya, y yo soy el Mercader
de Joyas sin precio! ¡Vales un pedacito de alma que no cambié
por un lago de esmeraldas!... (44).
- Pero en medio de estos arrebatos darianos llenos de joyas y lagos
de esmeraldas, Asturias introduce a veces vocablos que nos ubican en
su contemporaneidad moderna:
- Y los treinta servidores montados llegaban a la retina como figuras
de un sueño.(45).
- Sin duda, el vocablo "retina" no pudo haber formado parte del léxico
de los personajes que Asturias esboza y probablemente ni siquiera del
de las capas medias ladinas entre las que circulaban las leyendas. Lo
mismo ocurre con la noción de fotografía y fotógrafo
en el siguiente pasaje:
- ... y los primeros relámpagos iluminaron el paisaje, como
los fogonazos de un fotógrafo loco que tomase instantáneas
de tormenta. (45).
- En la "Leyenda del Sombrerón" se hacen patentes las claves
de las crónicas españolas:
- Y era de ver y era de oír y de saber los discursos en que
por días y noches se enredaban los más eruditos, trayendo
a tal ocurrencia citas de textos sagrados, los más raros y refundidos.
- Y era de ver y era de oír y de saber la plácida
tertulia de los poetas, el dulce arrebato de los músicos y la
inaplazable labor de los pintores, todos entregados a construir mundos
sobrenaturales con los recados y privilegios del arte. (48-49).
- Y es de ver cómo Asturias hibridiza sus insumos con los recursos
vanguardistas para lograr esas atmósferas que calan el inconsciente,
apelan a él para que se identifique con una versión literaria
de síntesis, con una cultura y una identidad mestizas. Y es de
oír también cómo Asturias asume una voz de narrador
oral para contar algunos pasajes, cuestión que nos recuerda la
dedicatoria de su libro ("A mi madre, que me contaba cuentos"):
- El religioso, que leía la Anunciación de Nuestra
Señora en un libro de antes, vio entrar el cuerpecito extraño,
no sin turbarse, entrar y rebotar con agilidad midiendo piso y pared,
pared y piso, hasta perder el impulso y rodar a sus pies, como pajarito
muerto. (50).
- La ciudad letrada dice a la aldea oral y ésta contribuye
a que aquélla se diga a sí misma como síntesis
transculturada y mestiza.
- En esta misma leyenda, irrumpe de nuevo el léxico de la contemporaneidad
moderna -mediante el vocablo "dentífrico"- en la confección
de imaginerías surrealistas cuando dice:
- Fruncía las cejas -brochas en las que la atención
riega dentífrico invisible- y tras vanos temores reconciliábase
con la pelotita, digna de él y de toda alma justa, por su afán
elástico de levantarse al cielo. (51).
- En la "Leyenda del Tesoro del Lugar Florido" hay una descripción
de un mercado precolombino con una técnica enumerativa que hace
recordar la versión que de los mercados de su contemporaneidad
moderna ofrece Cardoza y Aragón en Guatemala las líneas
de su mano. La imaginación de Asturias, basada en el conocimiento
libresco (no es posible otro) de lo precolombino, estuvo sin duda mediado
por su propia visión de los mercados guatemaltecos de su tiempo:
- Y ya fue noche de mercado. El lago se cubrió de luces.
Iban y venían las barcas de los comerciantes, alumbradas como
estrellas. Barcas de vendedores de frutas. Barcas de vendedores de vestidos
y calzas. Barcas de vendedores de jadeítas, esmeraldas, perlas,
polvo de oro, cálamos de pluma llenos de aguas aromáticas,
brazaletes de caña blanca. Barcas de vendedores de miel...
(54-55).
- En esta cita se expresa otro rasgo fundamental de la versión
asturianista de lo americano: la visualidad barroca, que a su vez evidencia
la influencia enorme del cine sobre su imaginario.
- En "Los Brujos de la Tormenta Primaveral", Asturias inventa un lenguaje
"maya" absolutamente mágico, extraído no sólo de
las cadencias y los ritmos y reiteraciones de los textos precolombinos,
sino también de la imaginería surrealista de la Biblia
judeo-cristiana, presentes en textos como el Génesis y el Apocalipsis.
Porque si hay un arquetipo del verbo surrealista, ése es el Apocalipsis
de Juan. Asturias abre su texto con un discurso genésico pero
también apocalíptico, que nos hace vivir la ilusión
de que estamos frente a un discurso "maya," sea lo que eso fuere en
alguna realidad pasada o presente:
- Más allá de los peces el mar se quedó solo.
Las raíces habían asistido al entierro de los cometas
en la planicie inmensa de lo que ya no tiene sangre, y estaban fatigadas
y sin sueño. Imposible prever el asalto. Evitar el asalto. Cayendo
las hojas y brincando los peces. Se acortó el ritmo de la respiración
vegetal y se enfrió la savia al entrar en contacto con la sangre
helada de los asaltantes elásticos.
- Un río de pájaros desembocaba en cada fruta. Los
peces amanecieron en la mirada de las ramas luminosas. Las raíces
seguían despiertas bajo la tierra. (65).
- Luego combina recursos "popolvúhicos" con formas coloquiales
ladinas, como cuando dice:
- Chorro de Horizontes se desnudó de sus atavíos de
guerra para vestir su sexo y por nueve días, antes de abultar
la luna, estuvo tomando caldo de nueve gallinas blancas día a
día, hasta sentirse perfecto. (73).
- Los mitos de origen están tratados aquí con una solemnidad
que solamente es rota de vez en cuando por un humor soterrado, como
el que se observa en el párrafo anterior: un caldo, en lenguaje
coloquial ladino, significa un acto sexual; en tal sentido, "vestir
su sexo" implica vestirlo con el sexo opuesto; y la alusión a
las gallinas refiere obviamente, mediante una metáfora machista
ladina, a las mujeres. Por lo demás, la situación está
remitida a prácticas tántricas que los libros estéricos
suponen comunes entre la nobleza maya patriarcal (Guzmán, Visión),
aunque enfocada desde una perspectiva ladina notoriamente machista.
Es sorprendente ver cómo este hecho emparenta a Leyendas de
Guatemala con Macunaíma, aunque el énfasis
paródico de los mitos de origen en ésta es un factor estructurante
que no opera en las Leyendas.24
- El tono de los mitos de origen aparece reiteradamente en esta pieza,
por ejemplo en pasajes como este:
- Y así fue como hombres y mujeres nacidos de menguante,
poblaron la Ciudad de la Diosa Invisible de las Palomas de la Ausencia
(77).
En los cuales la incorporación de lo "primtivo" y "prerracional"
mediante una imagen poética surrealista, ubica de tajo a Asturias
en las vanguardias europeas, que también sondearon las posibilidades
de las culturas consideradas primitivas, como ocurrió con Picasso
y el cubismo respecto de ciertas expresiones plásticas africanas.
Sin embargo, como ya señalamos, en las vanguardias europeas, la
búsqueda de lo "prerracional" era la búsqueda de una expresión
no mediada por las represiones de la civilización burguesa (puesta
en crisis por la Primera Guerra Mundial), y en las vanguardias latinoamericanas
esa búsqueda tiene que ver más con la sentida necesidad
de inclusión de los componentes étnicos y culturales negados
en los proyectos liberales y conservadores de nación, y con la
necesidad de completar también los perfiles de la identidad hegemónica,
ligada a lo nacional sí, pero ya trabajando en la ampliación
-vía inclusión- de la nación inconclusa.
La reelaboración barroca y surreal de estos mitos precolombinos
que Asurias realiza en este texto mediante recursos "háblicos"
de su niñez y de su contemporaneidad adulta, constituye, junto
al resto de Leyendas de Guatemala, las "Fantomimas" ("Rayito de
Estrella", 1929; "Emulo Lipolidón", 1935; "Alclasán", 1940,
y "El rey de la altanería", 1948), Mulata de tal, Tres
de cuatro soles y El árbol de la cruz, ejemplo fundamental
de su poética transculturadora e ideológicamente mestiza.
Para Gerald Martin, éstos son "libros vanguardistas-lingüísticos-antropológicos,
precursores de la obra ‘neobarroca’ de escritores como Sarduy..." (Martin,
Asturias y Sarduy).
Finalmente, "Cuculcán" es una mezcla de tragicomedia con elementos
circenses, y parodia de las divinidades precolombinas con lenguajes surrealistas
remitidos a la imaginería de los textos mayas. Interesante sería
estudiar su estructura en relación a la estructura del Rabinal
Achí, aunque se puede adelantar que la elaboración de
Asturias dista mucho de la de esta pieza de teatro precolombino, totalmente
solemne y destinada a cumplir funciones sociales completamente distintas
de las cumplidas por las vanguardias latinoamericanas, consistentes en
hacer recaer sobre el uso de la palabra todo el peso de la creación
literaria, y en impulsar la ideología nacionalista moderna de incluir
los márgenes en el centro de la nación, la nacionalidad
y la identidad latinoamericanas, visto todo como una forma de compromiso
político.25
Naturalmente, el operativo asturianista es, como hemos dicho, un operativo
letrado y ladino, opuesto a lo que sería un operativo oral y e
indígena o "maya," como el de Rigoberta Menchú. Cada uno
se acerca a la nacionalidad mestiza guatemalteca desde posicionalidades
diferentes, ambas populares, una letrada y la otra oral, si admitimos
que lo popular a estas alturas solamente puede determinarse a partir justamente
de posicionalidades y no de esencialidades ningunas. Asturias nunca dejó
de ser un letrado que, en última instancia, optó siempre
por la "civilización" y no por la "barbarie", según el axioma
sarmientino. La prueba está en sus propias palabras cuando un joven
escritor de entonces le pregunta en 1966: "¿Qué nos podría
usted decir a nosotros, que estamos sin guía para poder continuar
esa tradición que hay que continuarla en las letras hispanoamericanas?",
y Asturias le responde: "... creo yo, mi querido amigo, que tienen guías
y muy grandes. Yo creo que un Facundo de Sarmiento, si lo revisamos
y lo estudiamos, nos permite un estudio profundo sobre nuestras posibilidades
políticas, en la lucha que nos presenta Facundo entre la
barbarie y la civilización. (...) Los grandes, José Martí,
los grandes de América deben ser nuestros guías" (Coloquio
34-35).
Interpretando estas palabras de Asturias vis á vis su
obra literaria, pareciera que su inclusión de lo maya y lo indígena
en lo nacional presupone la necesidad de un ingreso de indígenas,
"mayas" y ladinos (juntos) en la "civilización," y no una negación
de ese derecho a los indígenas y "mayas" mediante un asimilacionismo
indigenista ladino, que es lo que expresa el término mestizaje
entendido en forma tradicional. Esto es, de suyo, revolucionario en los
tiempos de Asturias, y solamente remitible al pensamiento de Mariátegui.
Todo, claro, planteado desde una perspectiva letrada, como lo era también
la de Mariátegui. Si es posible interpretar así la juntura
brusca que Asturias hace de Sarmiento y de Martí, habría
prefigurado las reivindicaciones de los autollamados "mayas" de Guatemala
de fines del siglo XX, que plantean su ingreso en la (pos)modernidad como
"mayas" y sin pasar por el filtro negatorio de la ladinización.
Si insistimos, forzando la postura de Beverley (Against), en
que el código letrado de Asturias es "inadecuado" para representar
miméticamente al subalterno indígena y "maya" porque el
código indígena y "maya" es distinto (y desconocido) por
subalterno, esta inadecuación de su código nos remitiría
a juzgar como válida o no su versión de la subalternidad,
exclusivamente desde las coordenadas estético-vanguardistas, y
punto. Desde esta perspectiva, probablemente no exista otra versión
de inclusión de la marginalidad subalterna latinoamericana en la
ciudad letrada tan democrática como la de Asturias (aunque esta
afirmación tendría que matizarse analizando comparativamente
el operativo de Arguedas, Rulfo, Barnet y otros). Y si bien aquéllo
no bastaba, ya era mucho. Bastante, diría yo.
La defensa de la literatura como medio adecuado para representar a
la subalternidad, así como la validez del operativo vanguardista
en esta empresa, han quedado ilustrados, espero que suficientemente, en
las líneas anteriores. Aunque, claro, la discusión sobre
la negativización u "orientalización" (Said) de la cultura
indígena por parte de quienes la incluyen en la ciudad letrada,
no se agote aquí ni mucho menos, sobre todo si en ella incluimos
el hecho de que, en América Latina, tanto quienes incluyen como
quienes son incluidos, forman parte de una subalternidad heterogénea
del Sur que a su vez es "orientalizada" por el Norte.
En el plano factual de la recepción de la obra de Asturias,
no existe mejor argumento para validar su representación de la
subalternidad indígena y mestiza de Guatemala, que la constante
recurrencia generalizada a sus iconos para expresar la interculturalidad
local; todo esto es particularmente notorio en un escritor indio, Luis
de Lión (con i), quien al escribir su novela El tiempo principia
en Xibalbá y ofrecer una versión del indio intencionadamente
alternativa a la de Asturias, porque se trató de una versión
crítica y autocrítica, no renuncia en ningún momento
al legado asturianista, que le sirvió al pelo para expresar la
indianidad contemporánea (anterior al holocausto contrainsurgente
de los años ochenta).
Hay otros escritores indígenas de hoy día que reclaman
autenticidad frente a Asturias y que no quieren ser llamados indios sino
"mayas," apelando al construccionismo identitario y a la political
correctness, y acusan a Asturias de ser el ideólogo del racismo
ladino, no sólo por su tesis de abogado, sino por sus versiones
"falseadas" de lo indígena y lo maya.26
Sea a donde fuere que vaya a llevar este problema y esta polémica,
Asturias sigue siendo un punto de referencia ineludible y su defensa literaria
constituye no una defensa de la ladinidad, su etnocentrismo y su presunto
racismo, sino de la posibilidad necesaria de construir una nacionalidad,
una nación y una identidad mestiza, intercultural, en la que el
derecho al ejercicio de las diferencias culturales no constituya una práctica
de separatidad, como en el multiculturalismo norteamericano, sino una
manera de integrar los componentes de la transculturación, que
son y han sido siempre a su vez transculturados. En la realización
de esta utopía latinoamericana, vigente para países como
México, Guatemala, Bolivia, Ecuador, Perú y Brasil, el aporte
de Asturias es imprescindible.
Asturias nunca quiso "dar voz" a los que no tienen voz ni ser él
la voz por la que hablen los sin voz, como fue el caso de Neruda. Asturias
incorporó lo maya e indígena a su identidad y lo puso en
el centro de la identidad guatemalteca, poniendo con ello a todas las
culturas de origen precolombino que sobreviven en América Latina
en el centro de los proyectos de nación de entonces en adelante.
Es una hazaña de ladino transculturado y mestizo, como su testimonio
es una hazaña de indígena "maya," transculturada y mestiza,
para Menchú.27
La revaloración de Asturias no implica una sobrevaloración
de la centralidad ni del canon, ni tampoco una subvaloración de
la oralidad subalterna en la constitución de un sujeto nacional
intercultural y mestizo, pero sí es -y quiere ser- un arma ideológica
en contra de los fundamentalismos subalternos, de suyo demagógicos
y que en nada ayudan a la reformulación de la utopía popular.
Por eso su comeback resulta tan emocionante como peligroso. En
todo caso, como hijo pródigo, Asturias se acerca de nuevo a su
pueblo y se reafirma como lo que para Coronel Urtecho era Darío:
un "paisano inevitable".
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NOTAS 1. Dice George Yúdice
(Beverley, Against 111): “The ‘popular’ was either essentialized in petit
bourgeois recreations of peasant and indigenous speech and culture (e.g.,
Salarrué in El Salvador, Asturias in Guatemala), or pawned off as
mass culture (Fuentes, Puig, Sarduy)... Like de Christian Base Communities,
which are grassroots movements in which popular (i.e., exploited) sectors
reread the gospel as the ‘good news’ of the coming of the Kingdom of God
here on earth, the testimonial emphasizes a rereading of culture as lived
history and a profesion of faith in the struggles of the oppressed.”
2 . La noción de hibridez e hibridación
no implica reconocer la existencia de supuestas purezas de orden alguno,
ni tampoco su postulación como una esencia. Más bien es una
noción que sirve para desconstruir posiciones puristas, binarias
y maniqueas, propias de ciertos fundamentalismos posmodernos que postulan
la superioridad de las otredades marginales y subalternas frente a las centralidades
culturales. La posicionalidad híbrida propone mucho más ricas
y complejas lecturas de estos problemas (García Canclini, Culturas).
Sin embargo, esta noción no puede utilizarse sin que venga acompañada
del concepto de transculturación (Ortíz; Rama), el de disglosia
cultural (Lienhardt) y el de mestizaje intercultural democrático.
Para una discusión acerca de los usos de conceptos como mestizaje,
hibridez, transculturación, heterogeneidad, poscolonialidad, así
como de su trasiego entre la academia norteamericana y la latinoamericana,
ver, Cornejo-Polar, Mestizaje; Achúgar; Moraña. 3.
Dice Beverley: “There is a crucial difference in power terms between having
someone like Rigoberta Menchú tell the story of her people (and win
a Nobel Prize herself) and having it told, however well, by someone like
the Nobel Prize-winning Guatemalan novelist Miguel Angel Asturias” (Against
76). Más adelante se tratará de establecer en qué consiste
exactamente esa diferencia de la que habla Beverley, y en que consiste ése
“however well” de la versión asturianista. 4.
“So far, the theory of the avant-garde has been treated at two levels: the
level of the intention of the historical avant-garde movements and that
of the description of the avant-gardiste work. The intention of the historical
avant-garde movements was defined as the destruction of art as an institution
set off from the praxis of life. The significance of this intention is not
that art as an institution in bourgeois society was in fact destroyed
and art thereby made a direct element in the praxis of life, but that the
weight that art as an institution has in determining the real social efect
of individual works became recognizable” (Bürger 83). “The
category art as an institution was not invented by the avant-garde movements
(...) But it only became recognizable after the avant-garde movements had
critized the autonomy status of art in developed bourgeois society” (Bürger
iii). 5. Este operativo vanguardista de apropiación
de lo popular llega a un paroxismo transcultural sin parangón en
Macunaíma, de Mario de Andrade, publicada en Brasil en 1928, al calor
del Modernismo brasileño y de la ideología estética
“antropofágica” de aquella vanguardia. 6.
Coloquio con Miguel Angel Asturias (Guatemala: Editorial Universitaria,
1968): 6-8. Este coloquio se llevó a cabo en la Rectoría de
la Universidad de San Carlos de Guatemala en septiembre de 1966, con los
profesores de literatura: Hugo Cerezo Dardón, Ricardo Estrada, Salvador
Aguado Andreut, Guillermo Putzeys Alvarez y Francisco Albizúres Palma.
Asturias había recibido hacía poco el Premio Lenin de la Paz
y recibiría al año siguiente el Premio Nobel de Literatura.
Fue su última visita a Guatemala. 7.
Si bien el término ladino se usa en Guatemala para designar y diferenciar
a cualquier guatemalteco que acuse énfasis culturales más
remitidos a las costumbres occidentales que a las indígenas, es de
notar que las transculturaciones e hibridaciones culturales e identitarias
han relegado los conceptos excluyentes indio-ladino a un plano de abstracción
referencial que en la práctica difumina y hace porosas sus diferencias
y fronteras. Sin embargo, en tiempos de la fundación de la nación
cafetalera, las diferencias eran mucho más marcadas y se intersectaban
más fuertemente con las diferencias de clase terrateniente-campesino,
las cuales persisten hoy día pero acompañadas de una gama
enorme de variedades y variaciones de la contradicción étnico-cultural.
8. Si queremos situar a Asturias y a todo el operativo
vanguardista latinoamericano de inclusión de las culturas populares
al discurso letrado, en relación con el momento político y
económico que vivía entonces la América Latina, se
puede enmarcar todo en la llamada crisis de la dominación oligárquica
y, sobre todo, en la transición de la via junker a la via farmer
del capitalismo (para usar el esquema leninista de El desarrollo del capitalismo
en Rusia). Basándose sobre todo en El desarrollo del
capitalismo en América Latina, de Agustín Cueva, Françoise
Pèrus analizó la narrativa del realismo social en este marco,
en Historia y crítica literaria. Este es el trasfondo socioeconómico
latinoamericano de las vanguardias también, y aunque en el caso de
Guatemala la transición no se realizó plenamente hasta la
revolución de 1944, que luego fue truncada en 1954, ya el operativo
de inclusión cultural popular de Asturias implicaba, en los años
veinte, una mentalidad modernizante y ampliada respecto de la posible nación
“moderna” guatemalteca, más soñada que real, imaginada con
frenética libertad en la bohemia parisina. 9.“Asturias
also tells López Alvarez that one of the first subjects he studies
in the institute is logical positivism, a fact that explains his own attitude
towards minorities when the time comes to write his dissertation.” (Prieto
19). 10. En una mesa redonda que coordiné
en el congreso LASA97, en Guadalajara, Liano presentó una ponencia
al respecto. 11.“Desde que escribió
su tesis, ha entendido que no es necesario traer europeos para ‘mejorar
la raza;’ la raza es híbrida y heteorgénea. En esto consiste
su carácter único y, si se lo usa bien, su pasaporte al futuro”
(Prieto 49, traducción mía). 12.
“While there is undoubtedly true that Carpentier’s novel [Ecue-Yamba-O]
on the culture of Cuba’s Black population was more interesting for what
it promised than for what it achieved, its project was similar to that of
Macunaíma and to Asturias’s ‘Legends of Guatemala’. Both he and Asturias
were from small countries with large ethnic populations which made the question
of a unified national identity more than usually problematical. Both were
closely associated with the Surrealists in Paris in the 1920s; both knew
of Joyce, both believed in the power of mith, metaphor, language and symbol,
both were Freudian in orientation, Marxisant and revolutionary by instinct.
They would each, from that moment, through the dark hibernatory age of the
1930s and 1940s -a fertile, global unconscious for both of them- gestate
these ideas and in due course, around 1948, each would start to talk of
‘magical realism’ (Asturias) or ‘the marvellous real’ (Carpentier), whenever
given the opportunity to do so. It was fitting that The Kingdom of this
World and Men of Maize should have appeared in the same year, 1949” (Martin,
Journeys 144-45). 13. Citado del ensayo “Arte,
revolución y decandencia” (Fernández Retamar 83). El ensayo
de Mariátegui está completo en Osorio. 14.
En su artículo “El surrealismo y su vinculación con
el realismo mágico y lo real maravilloso” (Burgos, Prosa 77-86),
Alexis Márquez Rodríguez explica que fue Franz Roh, critico
alemán, quien usó por primera vez el término en 1925
para referirse “a cierta pintura posexpresionista que de algún modo
se emparentaba con la pintura surrealista”, y explica también que
fue Uslar-Pietri quien primero empleó el término aplicándolo
a cierta cuentística latinoamericana. Aclara asímismo que
cuando Carpentier habla de lo real maravilloso no se refiere “a fenómeno
alguno vinculado con la creación artística o literaria” sino
a “la existencia de una realidad que es per se, maravillosa, y que él
opone a lo maravilloso artificial...” Luego habla de Carlos Fuentes, García
Márquez y Roa Bastos como exponentes del realismo mágico y
no menciona para nada a Asturias. Obviamente, resulta mucho más loable,
para la dignidad de este crítico, pensar en mala intención
que en ignorancia. En efecto, la expulsión de Asturias de los lugares
en los que debe estar es meticulosa: “Y no es difícil trazar una
línea que va desde figuras como Espinosa Medrano o Sor Juana a las
silvas americanas; a Darío y ciertos aspectos del modernismo; al
barroquismo vanguardista de Borges, Paz, Lezama Lima o Carpentier; o a esos
creadores de soledades modernas que son los novelistas del boom” (Beverley,
Nuevas 217). Evito ahora hablar de la omisión o minimización
de Asturias en críticos como Rama y Rodríguez Monegal.
15. “Dissemi-Nation” (Bhabha, ed. Nation 312-313).
16. El operativo de Rigoberta Menchú es
inverso: es la apropiación del código dominante y central
para expresar una identidad híbrida y mestiza desde una posicionalidad
indígena (o “maya”) y subalterna. Este asuento lo abordaremos adelante.
17. “Les Légendes auraient done été
comencées des 1925, peu des temps apres l’arrivée d’Asturias
a Paris. Certaines étaient en tout cas écrites en 1928, puisque
lors de sa tournée de conférences au Guatemala, apres le congres
de Presse Latine a Cuba, l’auteur en présenta quelques-unes:
‘Un soir, il réunit les intellectuels qui écouterént
religieusement la lecture de quelques légendes du Guatemala, qui
font partie d’un volume qu’Asturias publiera prochainement en Europe.’ Alfredo
Balsells Rivera, “Una figura nuestra: la barba de Miguel Angel”, El Imparcial,
30 juin 1928” (Cheymol 165). 18. “Asturias’s
deceptively titled ‘Legends of Guatemala’ (1930), still virtually unstudied
to the present day, is the first major anthropological contribution to Spanish
American Literature” (Martin, Journeys 146). Cuando hube terminado
de escribir este libro, René Prieto me envió su lúcido
ensayo “Las Leyendas de Guatemala de Miguel Asturias” (Enrique Pupo-Walker,
coord. El cuento hispanoamericano. Madrid: Castalia, 1995: 235-59), en el
que desmonta las leyendas para mostrar su andamiaje retórico surrealista,
así como su ideología contrahegemónica en favor de
los indígenas y su cultura. 19. “What
has not been sufficiently emphasized, however, is that Asturias goes much
further than Breton, Eluard, or Aragon in transcending the structures of
the Western mind and grasping the thought patterns of preindustrial culture.
(...) Asturias is well aware of this distinction when he declares to Guillermo
Yepes Boscán: ‘The surrealism of my books mirrors somewhat the magical
and primitive mentality of the Indians... I believe this is, in fact, the
foundation of my purported surrealism” (Prieto 34-35). 20.
“Writing in Spanish, Asturias will be the first modern author to portray
a worldview and a system of values that are inherently indigenous.”
(...) But ulike most anthropologists, the author of the Leyendas will not
suggest that the Indian way of life must be preciuosly preserved under a
bell jar. He simply underscores the worth --and even the moral supremacy--
of Indian culture and makes amply clear that the answer to the Indian problem
lies in coexistence, not coalescence. The focus of his fiction will be the
autochtonous culture of Mesoamerica and the popular myths and legends still
current in his homeland, not the process that must take place in order to
become adapted to ladino society.” (...) “Rather than amalgamating
Indian and Western elements into a mestizo culture (like the one Arguedas
proposes), Asturias goes to great lenghts to portray the former as a wholly
separate, but no less integral, part of his country’s cultural patrimony”
(Prieto 39). A esta separatidad inseparable, a esta totalidad diversa es
a lo que se ha llamado heterogeneidad cultural, transculturación,
y que yo quiero llamar mestizaje intercultural democrático. No tiene
que ver con el mesticismo de que habla Rama (Transculturación 82),
es decir que no se trata de proponer la fusión cultural equilibrada
y perfecta. Al contrario, el mestizaje intercultural como sinónimo
de diversidad cultural viva se opone a la fusión. El mestizaje intercultural
es resultado de uno o varios procesos de transculturación, los cuales
a su vez se transculturizan articulando sus diferencias en culturas mestizas.
21. “Ahora estamos al corriente de que Asturias
no tradujo el Popol Vuh. Lo tradujo José María González
de Mendoza (1893-1967), Abate de Mendoza. (...) Si recojo esta información,
que conocí sorprendido, se debe a que se trata de una aclaración
pertinente, dada la categoría de los protagonistas: tanto González
de Mendoza como Francisco Monterde fueron muy respetados por su responsabilidad
intelectual y honradez absolutas” (Cardoza, Miguel Angel 15-16). A propósito
de este conflicto, ver, de Luis Cardoza y Aragón, El Río novelas
de caballería (207-208); también, Prieto (31-32), quien dice:
“It is difficult to ascertain whether a declaration made [by Monterde] many
years after the translations were completed [1927] is truthfull or prompted
by a soured friendship”. Antes, Prieto informa que González de Mendoza
y Asturias tradujeron en 1928 los Anales de los Xahil. 22.
No hay que olvidar nunca que Asturias leyó el Popol Vuh y otros documentos
mayas por primera vez en francés, y que igualmente Cardoza leyó
el Rabinal Achí por primera vez en francés, pues no existían
traducciones al español de esos textos, anteriores a las que hicieron
ellos. 23. “The originality of his innovation
cannot be ignored: He is not merely defending the Indians, he is writing
about them from their own perspective. [Claro que esta “perspectiva de ellos”
implica un travestimiento literario y, por tanto, una apropiación
e invención artísticas de Asturias]. As Carlos Fuentes once
declared, ‘Asturias deja de tratar al indio... de una manera documental,
para penetrar la raíz mítica, la raíz mágica,
a través del lenguaje que hablan estos seres [De nuevo, esta forma
de “hablar” es un artificio mimético y ficcional de Asturias y no
es que sea propio de “estos seres”]. A través de su lenguaje, Asturias
los salva de la anonimia impuesta por la historia’” (Prieto 41). [Aunque
la visión de Fuentes es paternalista porque todavía ve en
el operativo asturianista un salvamento del indio, y aunque todavía
confunde literatura con “realidad,” es rescatable el criterio de que Asturias
“deja de tratar al indio... de una manera documental,” y lo trata lingüísticamente].
Pero Prieto va má allá y dice: “Asturias does not suggest
(as do Ciro Alegría and José María Arguedas) that Indians
have to understand and absorb the beliefs and thougth structures of the
dominant class. Instead, his aim is to show the wealth and validity of the
Indian’s owns beliefs and thought structures” (41). Pero, agreguemos, no
para proponerlos como alternativas a las estructuras de pensamiento occidentales,
ladinas, sino como componentes de una identidad mestiza, transculturada.
24. “Así, el uso que hace Mario de Andrade
de lo primitivo (es decir, del material tribal) ocurre dentro de un contexto
de fluidez y migración de formas estéticas y, en este sentido,
no es una continuación del folclor por otros medios. Más bien,
corresponde al interés hacia el arte tribal, característico
de las vanguardias de principios del siglo XX” (Rowe y Schelling 242). Este
juicio es perfectamente aplicable a Asturias pues sin duda Leyendas de Guatemala
es uno de los textos en los que “las culturas populares cumplen una función
estructuradora, al alterar formas heredadas de cultura elevada, como la
novela, mediante el uso de formas estéticas populares” (243). En
el caso de Asturias, “su método ha consistido en traer las prácticas
culturales de grupos sociales subalternos al centro de la narrativa... (...)
Los autores más notables en este muy amplio campo incluyen al guatemalteco
Miguel Angel Asturias y al brasileño João Guimaraes Rosa.”
(251-252). 25. “... Miguel Angel Asturias’s
Leyendas de Guatemala and El señor presidente (...) marked the beginnings
of a literary engagement with Indian culture” (Beverley and Zimmermann,
Literature 43). 26. Si por un lado Asturias
inventa a un indio desde la ladinidad y Luis de Lión expresa a un
indio desde la indianidad, los escritores de hoy día expresan
una realidad presuntamente “maya” que tiene que ver más con la posmodernidad
de las artesanías adecuadas al gusto de la demanda internacional,
que con la afirmación de una otredad divorciada de transculturaciones.
Sin embargo, y aquí radica lo curioso de este asunto, los escritores
y los intelectuales “mayas” posmodernos -en la poesía (Humberto Ak’abal)
y en la teorización activista (Demetrio Cojtí)- reclaman para
sus versiones y planteamientos la completa otredad, aun cuando su producción
está mediada no sólo por la cultura occidental (el poeta ladino
Luis Alfredo Arango, en el caso de Ak’abal; y el sociólogo ladino
Carlos Guzmán Böckler, en el caso de Cojtí), sino por
el mercado y la cooperación internacional, así como por sus
justas ambiciones dirigidas hacia su ingreso en la posmodernidad globalizada.
Apelando pues, a una pureza a la que ni por asomo apeló Asturias,
estos “mayas” posmodernos enarbolan su discurso en un mar de trasnculturaciones
imposible de evadir. Luis de Lión se asumió como indio, no
como “maya.” 27. “Para que la voz de
una cultura pueda ser ‘escuchada’ por otra, hay dos métodos posibles.
O se necesita un autor étnico imaginario, proveniente del ‘interior’
de la cultura étnica, como sucede en lo que se ha dado en llamar
etnoficción, o se precisa efectuar alteraciones en los modelos de
comunicación de la cultura receptora” (Rowe y Schelling 261). Sin
duda, tanto Asturias como Menchú han contribuido a que los indígenas
de ascendencia maya y su cultura fueran escuchados por el mundo central
y dominante, introduciendo alteraciones en los modelos de comunicación
de la cultura receptora, uno desde una posicionalidad ladina y letrada,
y la otra desde una posicionalidad indígena y oral.
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