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Entrevista con Mario Roberto Morales
El juego con el espejo
Marcela Gereda
La Insignia. España, junio del 2007.
Marcela Gereda y Mario Roberto Morales
Antisolemne y original. Lúcido y valiente, amante de los juegos
con el lenguaje, Mario Roberto Morales se dispone a recibir el Premio
Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias, 2007.
Mario Roberto Morales es escritor, académico y periodista. Entre
sus publicaciones se encuentran cinco novelas, dos libros de ensayo académico,
uno de cuentos y uno de poesía. En Los demonios salvajes, el autor
aborda un cúmulo de contrastes entre el idealismo y el egoísmo
de revolucionarios y burgueses; un recorrido junto a los jóvenes
en su laberinto ideológico. El ángel de la retaguardia traza
un periplo virtual para un lector interactivo, un viaje que el autor hace
junto al lector y que tiene como protagonistas a los irreverentes jóvenes
sesenteros. El rock, las utopías, los hippies y la guerrilla.
Desde su ritmo y movimiento, donde lo "más serio" se
nos presenta con un ropaje humorístico, Morales nos habla a continuación
sobre su vida y obra. Sobre la relación texto-contexto. Sobre la
vitalidad y los ideales que inspiraron e incendiaron a toda una generación.
Nos relata lo que ha captado su pluma en la construcción de una
literatura que exprese nuestra identidad como "una práctica
estética que nos da sentido cuando nosotros la construimos hermosa
y libre". En esta entrevista, Morales desgrana su relación
con la escritura y la política en Guatemala, esta actividad de
escribir y narrar que según el escritor es un "juego con el
espejo".
MG: ¿Qué caminos te llevaron a escribir?
MRM: Empecé a escribir jugando, porque la verdad, a mi los escritores
y los poetas me daban lástima, jamás soñé
con ser escritor ni valoré eso de escribir, pero ocurrió
que el año 1967 estaba leyendo a Asturias y a Sartre, y mi padre
murió en un accidente automovilístico; yo tenía 19
años y eso me sensibilizó, me puso en contacto con la brutalidad
de la vida, y yo seguía leyendo a esos dos autores. Viajaba a la
costa, a Santa Lucía Cotzumalguapa, con el chofer de mi papá,
y ahí comencé a jugar con las palabras, un poco alentado
por los juegos verbales de Asturias y otro poco por las frases cortas
de Camus en El extranjero, porque yo estudiaba el existencialismo francés
y leía a Asturias, y entonces esos dos estímulos: la frase
corta y los juegos verbales sobre una realidad que estaba viendo, me llevaron
a hacer textitos de media página, y así fue como junté
una colección de textos brevísimos, y surgió La debacle,
que no había pensado publicar, pero me lo propuso Mélinton
Salazar, quien tenía una editorial que se llamaba "El taller
de poesía". Ahí fue donde se publicó la primera
edición de La debacle, la cual es una colección de cuentos
existencialistas.
MG: ¿Por dónde entró la influencia del existencialismo
francés?
MRM: Pues eso fue en la universidad. Empecé a leer verdaderamente,
porque en la secundaria había sido un estudiante pésimo.
Ahí se me despertó el interés de conocer el mundo
a través de los libros. Desde primer año, todo el asunto
de las humanidades y las ciencias sociales me capturó la imaginación.
Aunque nunca he sido un ratón de biblioteca. Soy más bien
un individuo audiovisual; no leo lo que debería de leer, me gusta
más ver películas que leer libros.
MG: ¿Cómo fue recibida La debacle en el mundo literario?
MRM: Fue bien recibida, pero mis amigos de izquierda me reprocharon por
qué no escribía sobre la realidad guatemalteca, y me decían
que aquellos cuentos eran abstracciones pequeño-burguesas. Por
eso, ya en La debacle hay dos cuentos al final que rompen con la unidad
de ese libro y que responden a este reclamo de mis amigos de izquierda,
que me decían que había que escribir sobre la realidad rural,
así que me metí a eso, empecé a escribir cuentos
más largos, como "El mudo de la estación", "El
jardín de Italia", que se publicaron en la revista Alero.
Mis relatos se han publicado en varias revistas, pero el volumen entero
que se llamaría Bolero para el olvido (porque termina con un cuento
de un individuo que está en la cantina El Olvido), permanece inédito,
es una colección de todos mis relatos, que son muchos.
MG: ¿Cómo comenzaste a escribir Obraje?
MRM: Al mismo tiempo que todo eso que te cuento, porque yo era amigo de
Luis de Lión, y nos juntábamos a conversar sobre literatura,
y a los dos se nos ocurrió hace una novela que se pudiera leer
de atrás para adelante, del medio para los lados, y Luis hizo una
novela que según él involucionaba, porque iba de atrás
para adelante, y que fue El tiempo principia en Xibalbá, y yo hice
Obraje, la cual ganó el Premio Centroamericano de Novela en Quetzaltenango,
1971, y Luís lo ganó con su novela en 1972.
MG: ¿Cómo y de dónde les llegó este impulso
de escribir de atrás para adelante?
MRM: Nos venía de las lecturas con las que teníamos contacto
en ese momento, el boom, Cortázar, Rayuela, y por supuesto, 62
Modelo para armar. En esa época no sabíamos que Cortázar
venía de autores como Lawrence Durrel, a quien leímos años
después, o de Edgar Alan Poe. Para nosotros Cortázar era
como surgido de la nada, era un tipo con ocurrencias geniales, a pesar
de ser argentino (risas), y nos cautivó la estructura centrífuga
de Rayuela, bajo la convicción de que las únicas historias
que terminan son las de las novelas, porque las demás no, siguen
de diversas maneras, y fue por eso que quisimos hacer una novela así,
"abierta". Siempre me he imaginado Obraje como una pelota de
fútbol, los capítulos son como los gajos que componen la
pelota. Esa novela desapareció en una casa de seguridad a la que
le cayó el ejército, y ese manuscrito estuvo perdido durante
más de 20 años, hasta el año antepasado que recobré
el original y por ello es que a la fecha sigue inédita. Quizás
el año entrante ya esté circulando.
MG: ¿Sobre qué más salpicaba esta manera de jugar
con el lenguaje y construir estructuras abiertas?
MRM: En 1970 conocimos a Marco Antonio Flores, el Bolo, que estaba casi
terminando su novela Los compañeros , la cual tenia una estructura
abierta, y nos hicimos muy amigos e iniciamos una tertulia, porque a los
tres nos interesaba la novela, y luego se nos pegaron Luís Eduardo
Rivera, a quien no le interesaba la novela porque era poeta, y después
Enrique Noriega. El grupo literario de los setenta que rompió con
la narrativa anterior estuvo constituido por Luis, el Bolo y yo, cada
uno por su lado; entonces, cronológicamente, las novelas de ruptura
de época son, en orden de publicación: Los compañeros,
Los demonios salvajes (porque Obraje sigue inédita) y El tiempo
principia en Xibalbá , la cual tampoco salió a la luz, porque
tanto Luís como yo no quisimos publicar aquellas novelas, las considerábamos
abortos. Los compañeros sale en 1976, y mi novela gana el Premio
Centroamericano de Bellas Artes en 1977 y se publica en 1978.
MG: ¿Qué efecto local tuvieron estas dos novelas?
MRM: Tuvieron un efecto local en los narradores que vinieron después,
porque El tiempo principia en Xibalbá se publica tardíamente
y Obraje no aparece tampoco. Y, después empiezan a haber otras
novelas con estructura abierta, y que hacían uso de las técnicas
del boom.
MG: De tu trabajo crítico se desprende la necesidad de analizar
y ver la producción literaria en relación con los contextos
en los que surgen tales producciones. ¿Qué me puedes contar
de la relación texto-contexto en Los demonios salvajes?
MRM: Creo que cuando uno explica una obra literaria, especialmente una
novela, es imprescindible explicarla en razón del contexto que
la produce, por ejemplo Los demonios salvajes, es una novela juvenilista,
escrita por un escritor joven, y es totalmente diferente a la experiencia
de Los compañeros, que es la novela de un escritor maduro, al extremo
de que Flores ha declarado recientemente que nunca pudo llegar a igualar
la frescura narrativa de su primera novela. En cambio, Los demonios era
una novela juvenil, de un joven, como por ejemplo, La tumba, de Jose Agustín,
en la que se nota un narrador que quiere ser narrador.
Esta novela captura sin querer el despegue de la cultura urbana en Guatemala,
es decir el paso de un "pueblón" a una ciudad, cosa que
en Centroamérica, en algunos lugares, todavía no ocurre.
En Guatemala despega la cultura urbana en los setenta; por supuesto, agringada,
porque con la instauración del mercado común centroamericano,
alrededor de la ciudad se colocan una serie de plantas industriales, y
eso implicó un flujo de trabajadores, tanto obreros como burócratas,
y eso a su vez supuso consumos locales al estilo estadounidense, los drive-ins,
por ejemplo (Cafesa, Carabanchel, Pecos Hill), eran los lugares en los
que la juventud de clase media o de clase alta, imitábamos las
culturas urbanas gringas tomando milk shakes o lo que fuera. La ciudad
también comienza a atomizarse, la moda del rock and roll, la realidad
guerrillera, se apoderaron de la vida urbana, y esta novela expresa desde
la historia de sus personajes todo este mundo naciente. Es una novela
de época, la única novela juvenilista de esa época.
Si en Los compañeros el personaje ya viene de regreso de la decepción
de la izquierda local, en Los demonios, el personaje es idealista. Digo
esto porque a menudo estas novelas se las menciona juntas y quizás
no deban estarlo.
MG: Ayer en tu conferencia en la OEI, mencionaste que El ángel
de la retaguardia es gemelo de La ideología de la lírica
de la lucha armada. ¿Me podrías contar sobre esto?
MRM: Lo que me pasó a mi fue que cuando yo estaba en Nicaragua
en los ochenta, advertí que en Los demonios salvajes me había
autocensurado mucho en el sentido de no contar, de no deshacerme de un
anecdotario de la guerrilla urbana que en parte había vivido yo,
y en parte me lo habían contado, por autocensura de izquierda y
supuestas medidas de seguridad; también me topé en Nicaragua
con muchos documentos que me sirvieron para hacer el libro La ideología
y la lírica…, y no pude resistir el ímpetu de incluir
fragmentos de ellos en El ángel de la retaguardia, que es también
una novela abierta, y creo que es lo que el joven escritor no pudo hacer
años atrás, está construida sobre una estructura
más complicada, es un rompecabezas jocoso en el que el escritor
está jugando constantemente con el lector, poniéndole acertijos
de inteligencia, de ingenio verbal, y al mismo tiempo dibujando un mural
cultural de la izquierda, sin idealizarla.
En esa novela yo agoté todas las inquietudes experimentales técnicas
que yo tenía con el género de la novela. En medio de su
hechura me salió El esplendor de la pirámide, que brotó
en un mes, y fue una historia que viví de principio a fin.
La ideología y lírica de la luchara armada es gemelo de
El Ángel de la retaguardia en el sentido de que quieren mostrarle
al lector el bagaje teórico en el que se apoyaban las guerrillas
en los años sesenta, y también descargar la experiencia
vivida de esa época. Son dos libros que yo considero gemelos. El
ensayo lo escribí en 1989, cuando cayó el muro de Berlín,
hice el libro intentando encontrarle un sentido a todos los años
que yo había invertido en la izquierda, entré a la izquierda
en 1966 y salí en 1991 en Nicaragua, por ello ese ensayo fue para
mi terapéutico.
MG: ¿Cómo fueron recibidas esas inquietudes y técnicas
experimentales expresadas en El ángel de la retaguardia por una
sociedad que no lee?
MRM: El libro se tardó en salir, lo publicó el Ministerio
de Cultura, y pasó bastante desapercibido, sin embargo algunos
de los escritores jóvenes de ahora me han dicho que les sorprende
el alcance de ese libro porque ellos suponían que no existía
en Guatemala ninguna novela con ese alcance experimental y con ese enfoque
a cerca de la izquierda. A mi se me ha encasillado como "novelista
de la guerrilla", como si yo alabara a la guerrilla. Si bien en todas
mis novelas aparece la guerrilla, no aparece como eje central, sino como
trasfondo de conflictos internos de los personajes, no se trata de libros
programáticos de la guerrilla, y por eso no creo que mis libros
quepan en la categoría de "literatura guerrillera". Además,
con ese epíteto algunos jóvenes los descalifican sin leerlos.
Este libro, El ángel de la retaguardia, fue confiscado de las librerías
por la ministra de Cultura del gobierno pasado, porque había sido
publicado por ese ministerio. No voy a decir su nombre pero se llama Otilia
Lux. (Risas)
MG: ¿Qué camino te llevó a dar el salto de El ángel
de la retaguardia a Señores bajo los árboles? MRM: Yo leía
muchas novelas durante la hechura de El ángel, así que tenía
más de quinientas páginas escritas, y un buen día
no sabía qué hacer y quemé más de la mitad,
fue un ejercicio terapéutico de desapego ante lo que uno hace.
Me quedaron como 270 páginas. Y, como te decía, con ese
libro satisfice mis inquietudes respecto del género de la novela.
Ya quería hacer otra cosa.
Pues bien, estando en Nicaragua y Costa Rica, comenzamos a enterarnos
de las masacres de población civil indígena en Guatemala,
y me pareció necesario dar a conocer las voces de los sobrevivientes
y el testimonio de lo que había ocurrido. Justo en esta época,
yo traduje un libro de Robert Carmack, Cosecha de violencia, el cual está
hecho por diez o doce antropólogos, a partir de testimonios indígenas.
Ahí fue que entré en contacto por primera vez con las voces
de sobrevivientes, y, luego, en la Comisión de Derechos Humanos
de Centroamérica, con sede en Costa Rica, hallé varios testimonios.
Luego, obtuve una beca del Internacional Writing Program, de la Universidad
de Iowa, y allá hice Señores bajo los árboles, usando
esos testimonios y algunas historias aparecidas en el libro de Carmack
que había traducido.
Vi que esos testimonios a veces se repetían, y entonces realicé
un trabajo literario para viabilizar la manera de hablar español
de los indígenas, tratando de comunicar su visión del mundo.
Hice un muestreo de las formas de violencia que utilizó el ejército,
y para hilvanar aquellas voces construí un personaje ficticio,
el soldado Toribio, quien tiene problemas de conciencia por las masacres
en las que participa. Él es un hilo conductor que lleva de una
voz a otra, porque las voces vienen totalmente dispersas, por eso no le
puse novela, sino testinovela.
MG: Es cosa sabida que esta "testinovela" no fue bien recibida
entre los intelectuales "mayas", ¿a qué crees
que responde esto?
MRM: Si, hubo gente que dijo que yo no tenía derecho de hablar
de los indígenas porque yo no era indígena, también
que no tenía derecho de hablar de los "mayas" porque
no era "maya", y en la presentación del libro, un folklórico
poeta "maya", Humberto Akabal, levantó la mano y dijo:
"el libro de Mario Roberto me cae mal -lo dijo a gritos porque estaba
borracho- porque eso yo no lo escribo, yo lo lloro". Entonces yo
pensé: pues que lo llore. Unos lloran y otros escribimos.
En este libro no hay ficción, si lo que dicen las voces es ficción,
eso no es problema mío sino de los que dieron el testimonio. Lo
cierto, y eso se lo he dicho varias veces a los "mayas" mas
radicales y gritones, es que ni un solo "maya" ha escrito un
libro que se le acerque en los niveles de denuncia ante las atrocidades
cometidas por el ejército a Señores bajo los árboles.
Un libro que además denuncia a la guerrilla por los crímenes
que también cometió contra la población civil indígena.
Y esto me valió a mi las consabidas críticas y calumnias
del la URNG, porque este libro se publicó en 1994, mucho antes
de la Comisión de Esclarecimiento Histórico, y por ello
se me acusó de señalar a la guerrilla de crímenes
que no había cometido. Yo narro un episodio de un comando del EGP
que fusila a varios compañeros nuestros, del grupo guerrillero
al que yo pertenecía, porque no se quieren pasar a esa organización,
y eso fue así, es un hecho histórico. Después, la
Comisión de Esclarecimiento Histórico me dio la razón.
Pero mientras tanto, la calumnia por parte de la URNG sobre que yo trabajaba
para el enemigo campeó libremente.
Ese libro lo que buscar es retratar y dar una panorámica de la
convulsión que las comunidades indígenas sufrieron en el
altiplano en los años ochenta, porque fue una convulsión
mas fuerte que la provocó la conquista española: las etnias
se mezclaron, el rostro étnico se modificó, la ciudad de
Guatemala triplicó su población, desde entonces Guatemala
es una ciudad sobrepoblada y caótica, hubo un desplazamiento de
población culturalmente traumático para mucha gente, porque
la contrainsurgencia significaba matar ancianos, mujeres, niños…
fue una campaña traumática en la que los sobrevivientes
quedaron muy dañados.
MG: ¿Crees que en Guatemala es necesario un período de duelo?
MRM: Si, porque los traumatismos dejados por la guerra están muy
vivos, no sólo en quienes protagonizaron la guerra, sino en los
hijos de ellos, especialmente en comunidades indígenas, las que
emigraron a la capital, y para ellos esa experiencia sigue constituyendo
un secreto enorme. Hay necesidad de sacar ese dolor a flote, hay también
un debate pendiente sobre la responsabilidad de la izquierda, yo por eso
he escrito sobre eso: sobre la pésima conducción de la guerra
que la izquierda llevó a cabo y que facilitó la contrainsurgencia,
el plan de la contra insurgencia, hace falta institucionalizar una memoria
histórica a la cual poder ir, no para (como dice la derecha) mantener
abiertas las heridas, sino para convertir la memoria en una reflexión
crítica. Creo que las secuelas del conflicto están a la
vista, sobretodo las del segundo ciclo armado, porque el concepto contrainsurgente
de aplicación del terror fue nacional, estuvo focalizado en ciertos
lugares, pero llevó a que el guatemalteco en general se tornara
más silencioso, al punto que se llegó a decir cuando mataban
a alguien: "en algo debió andar metido", es decir, se
llegó a justificar la muerte, el asesinato, y esto implica una
interiorización del terror, patológica.
En fin, lo que busqué hacer con ese libro fue una estética
del terror, desde esa candidez con la que los indígenas narran
hechos terroríficos. También ese libro expresa la necesidad
de explicar Guatemala desde una perspectiva interétnica. Fue un
libro que se vendió y se agotó su edición pero que
no se comentó, como les ha ocurrido a muchos de mis libros.
MG: ¿A qué se debe ese silencio a tu obra?
MRM: A que la izquierda, por un lado, le echa un velo, a que a mi se me
ha satanizado por mis posiciones críticas hacia la izquierda. Y
a que la derecha no lee. De tal manera que a mí, en Guatemala,
la derecha me considera comunista y la izquierda me considera de derecha.
MG: Luego de Señores bajo los árboles, escribiste Los que
se fueron por la libre, ¿cómo nace esa narración?
MRM: Fue cuando yo estaba en Pittsburgh, y en ese entonces el director
de Siglo XXI, me pidió que escribiera mi experiencia en la guerrilla,
pues se iba a firmar la paz, y pensé hacerlo en capítulos
cortos para que se publicaran semanalmente, pero como se publicaban dos
capítulos por semana, tuve que correr. Tuve que terminarla corriendo
en cuatro meses porque ya estaba siendo publicada por entregas y yo no
llegaba ni a la mitad de su redacción.
MG: Es una narración bastante catártica, ¿cómo
te sentiste al escribirlo?
MRM: Me sirvió mucho porque fue un resumen de toda una experiencia
que yo ya en ese momento empezaba a tratarla mediante la psicoterapia,
porque a mi me dio estrés postraumático debido a las torturas
y los encarcelamientos que sufrí. Es un resumen directo y corto.
Que busca no caer ni en la victimización ni en los falsos heroísmos.
Esto me ayudó a mí a poner en perspectiva las cosas que
había hecho en 25 años de militancia, sin satanizarlas ni
idealizarlas. Creo que para mí la escritura ha sido salvadora.
Escribir ha sido altamente terapéutico. Desde entonces no he escrito
narrativa, sino ensayos académicos y periodismos, que ha sido el
medio que me ha permitido llegar a mas gente en Guatemala y llevar el
debate sobre la izquierda, sobre la cuestión étnica y el
neoliberalismo a la esfera pública, en vista de que las universidades
no asumen esos debates, y digo que los llevé porque así
fue, vamos a dejar a un lado la falsa modestia.
MG: ¿Cómo surgió el debate interétnico, al
punto de que te pareció necesario librarlo a la opinión
pública desde la prensa?
MRM: Pues eso surgió estando yo en Pittsburgh, con mi contacto
con la teoría culturalista y lo que yo veía en Guatemala,
el discurso esencialista de los "mayas" a mediados de los noventa.
Empecé a lanzar ideas en el periódico cuando la crítica
de la izquierda se había agotado. Atacar el fundamentalismo, el
esencialismo y el culturalismo me pareció una tarea necesaria,
y fue así como comencé el ataque. Los artículos fueron
el germen de La articulación de las diferencias o síndrome
de Maximón. Algunos "mayas" respondieron fugazmente y
luego se rajaron. Pero yo seguí a pesar del silencio de los "mayas"
y a veces los indignaba con mi sentido del humor, por ejemplo, con el
título de un artículo llamado "Mayasic park".
Luego, di por culminada una fase del debate cuando la cooperación
internacional dejó de hablar de multiculturalidad y empezó
a hablar de interculturaldiad. Ahora había que hablar de cómo
se iba a democratizar la interculturalidad, pero en eso llegó Portillo
a la presidencia y el movimiento "maya" se desarticuló
porque el gobierno cooptó a sus miembros prominentes para puestos
oficiales, y no dejó nunca de ser un montón de grupos financiados
por la cooperación internacional. Todo esto ha hecho que el fundamentalismo
haya vuelto ahora a las ideas de hace diez años. Tanto el debate
de la izquierda como el debate interétnico, yo lo comencé,
haciéndome valer del humor negro para sacudir a la gente. Nadie
se atrevía a decir las verdades sobre los "mayas" solo
porque eran indígenas y el paternalismo de los culposos era demasiado.
Se trató de un debate con la academia gringa "políticamente
correcta" y con el esencialismo local.
MG: En esa línea de no esencializar, ¿ cómo crees
que influyó en ti tu relación con Luis de Lión?
MRM: Yo creo que mucho, porque Luís y yo fuimos amigos de parranda
y de tertulia literaria, llegamos a ser verdaderamente entrañables
amigos, a el le gustaba decir que era indio, tenia mucho humor para reírse
de la cuestión indígena y de los indios también.
Esa relación con Luís... él me dio la dimensión
humana de los indígenas cuando tuve a mi cargo organizar indígenas
en la guerrilla.
Luís decía que la frase de Cardoza "el perro es el
indio del indio", la decía Cardoza porque no era indio. Luis
decía: "la mujer es el indio del indio". También
decía, "yo descubrí que era indio hasta que bajé
a la Antigua, antes yo era gente, persona, allí entendí
que era diferente". El se identificana como indio. Si supiera que
se le dice "maya", revive de la pura ira. Ahora se le juzga
como intelectual "maya", y también se dice que el escribió
en español porque el sistema le impedía escribir en cakchiquel,
pero lo cierto es que su mama no le quiso enseñar ese idioma para
que se desenvolviera en el mundo ladino, así que eso no es cierto.
Es un uso que se le da ahora a Luís, que tiende a idealizarlo,
y la idealización deshumaniza completamente. Pero la dimensión
humana de Luís estaba por encima de esas tonterías etnocentristas,
cualquiera que lo haya conocido puede dar testimonio de eso.
El anecdotario parrandero que tengo con Luís es enorme, pero ahora
no viene al caso.
MG: ¿En dónde crees que se ubica hoy el debate interétnico
en Guatemala?
MRM: Creo que sigue girando sobre sí mismo, porque la cooperación
internacional sigue financiando a estos grupos. En el momento en que deje
de financiar al movimiento "maya", éste deja de existir.
El debate interétnico debiera estar centrado en un programa interculturalista
extensivo a la educación, que explicara el país en clave
intercultural, eso debiera ser el contenido del debate. No estar inventando
tradiciones culturales puristas que lejos de ser puras son mestizadas
como es toda la cultura indígena en Guatemala, que en realidad
es un resultado del despojo colonial. Es necesario diseñar, por
un lado, el interculturalismo nuestro, y por otro, políticas interculturales
del Estado, y por ahí debiera ir el debate interétnico.
Pero tanto el gobierno de Portillo como el actual tiraron todo el programa
educativo por la borda. El problema más engorroso son los fundamentalistas,
aunque sé que muchos intelectuales "mayas" han cambiado,
se han flexibilizado. Se han dado cuenta de que en Guatemala tanto indígenas
y ladinos como criollos tenemos que convivir; no nos podemos exterminar
unos a otros, eso es suicida. Pero muchos todavía vive con la ilusión
de hacer valer esencialistamente las diferencias. La debilidad mayor de
esto es que se trata de posiciones y movimientos financiados externamente,
y que se acabarán en cuanto se acaben los financiamientos. Esa
es una de las tragedias de los "nuevos movimientos sociales".
Y, también de los programas gubernamentales con financiamiento
externo.
MG: ¿Cómo crees que se puede plantear otro sujeto fuera
de purismos y fundamentalismos? MRM: El planteamiento que he hecho es
el del sujeto popular interétnico, que se trata de un sujeto de
consciencia, porque lo que afirmo es que este sujeto popular interétnico
existe como un sujeto actuante que no es consciente de su interetnicidad,
es decir de su capacidad de transitar entre los códigos culturales
que lo constituyen.
El sujeto popular interétnico como sujeto de consciencia es un
individuo enterado de los orígenes de los mestizajes que configuran
su país. Enterado de su posición étnica en el ensamble
cultual. Es un individuo que sabe de dónde viene y sabe hacia dónde
va. Este sujeto ya es consciente en-sí, pero es necesario que sea
consciente para-sí. Es decir, un individuo capaz de pensarse a
si mismo como protagonista de la historia y de las transformaciones sociales.
Este sujeto es popular no por extracción de clase, sino por posición
ideológica. No tiene que ser pobre, puede venir de lo popular o
no, pero tiene una postura popular en el sentido de que ésta es
una posición de masas y no de elite. Es un sujeto popular, interétnico
e interclasista como resultado de su conciencia acerca de un interés
nacional del mismo tipo. Un sujeto popular interétnico sólo
puede formarse transitando hacia las metas de un interés nacional;
la tarea de diseñar este interés es de los intelectuales,
porque los políticos no pueden; por ello insisto en crear una vanguardia
intelectual que haga esto y que luego se convierta en política;
así, el sujeto popular se vuelve orgulloso de ser quien es, y se
sitúa más allá de la esencialización de las
diferencias.
MG: ¿Qué papel debe jugar tanto el Estado como la sociedad
civil en la toma de consciencia para-sí de este sujeto popular
interétnico?
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MRM: Se necesita una sociedad civil convergente. Sin
la contribución de un Estado que impulse desde esferas oficiales
en forma de política económica y cultural todo esto no se
puede hacer. Por eso he criticado a la cooperación internacional,
que mantiene atomizada y desunida a la sociedad civil, y no le da tiempo
de ponerse a pensar como totalidad, sino que obliga a que cada cual piense
sólo en su ONG. La cooperación internacional está
teniendo efectos negativos para una de las necesidades clave del país,
que es el diseño de un interés nacional, un diseño
de nación y la formación de un sujeto popular que protagonice
esa nación.
MG: Por otro lado, ya que mencionaste que para ti escribir ha sido terapéutico,
me podrías describir qué es para ti escribir…
MRM: Primero, todo comenzó siendo un juego, luego pasó a
ser una necedad, cuando tuve una etapa en la que abrigaba la esperanza
de ser reconocido como escritor; luego superé eso. Me di cuenta
de que escribir para mi era una adicción, que yo era grafómano,
y que me hace falta escribir todos los días.
Escribir para mí ha sido un diálogo con el espejo. Como
alguna vez te he dicho, no soy de los escritores que dicen: "desde
muy niño descubrí mi vocación literaria y cuando
tenia ocho años escribía sonetos", no, a mi me daban
lastima los poetas, bueno algunos todavía me la dan, sobretodo
en el tercer mundo y en el cuarto que es de donde yo vengo. (Risas)
Escribir es jugar con el espejo, la literatura es una forma de conocimiento,
básicamente de auto-conocimiento, por eso es efectivo practicar
las técnicas del surrealismo y hacer fluir el inconciente, así,
el espejo lo acaba viendo a uno, no uno a la imagen del espejo, es un
dialogo con un "yo" que está mas allá del que
yo imagino y que sale en la escritura, porque la escritura es un acto
de catarsis. De absoluta sinceridad y desnudez. El juego del espejo es
peligroso porque entras en contacto con la propia verdad. El espejo a
menudo para siendo el que le habla a uno, el que lo ve a uno.
MG: ¿Cómo se articula tu obra literaria con tu obra periodística
y académica?
MRM: Desde que volví a Guatemala en 1992, me vinculé a la
prensa, siempre concebí mi columna periodística literariamente,
aunque a menudo hay temas que no permiten el ejercicio pleno de la literatura.
A pesar de eso, yo siempre he visto mi periodismo como un ejercicio literario.
En la mediad en que la prisa y el plazo, que caracterizan al periodismo,
lo permitan, porque en el periodismo hay limitación de caracteres
y necesidad de captar la atención de un lector que no lee, además
de la rabiosa actualidad del tema. Por todo, yo siempre he visto mis columnas
como piezas ensayísticas, y en algunas me sale una prosa que incluso
a mi llega a gustarme. Cuando publique los libros que recogen mis columnas
me voy a permitir hacer correcciones mínimas para hacer fluir mejor
la prosa.
MG: ¿Cómo crees que ha sido recibida tu obra periodista
en el medio guatemalteco?
MRM: Algunas gentes decían que yo escribía "babosadas"
cuando me ponía escribir sobre los posmodernismos con los que los
estadounidenses nos ven a los latinoamericanos. En esa época no
había blogs; ahora que los hay, mis piezas provocan alergias o
adhesiones, lo cual me indica que el estado de la conciencia nacional
sigue tan quieta como las aguas del lago de Atitlán por la noche.
(Risas)
Sé que mis columnas son leídas por los sectores de poder.
Desde que empecé a escribir me he dedicado a la provocación
sistemáticamente, a la agradable tarea de andar pisando callos
para provocar debates. Mi periodismo tiene una intencionalidad y una secuencia
ideológica y lógica. Muy pocos le dan seguimiento, pero
quienes lo hacen me escriben a menudo y mantengo con ellos un diálogo
fructífero.
MG: El periodismo esta muy desprestigiado en Guatemala, ¿cómo
crees que se puede reivindicar?
MRM: Si, el periodismo de opinión es necesario dignificarlo en
el sentido de escribir mejor formalmente en forma y fondo. Hay muchas
columnas inocuas o lúdicas. En vista de que las universidades no
asumen el debate nacional, pues la prensa ha resultado ser un espacio
necesario y adecuado para librar estos debates nacionales. Es necesario
dotar al columnismo de contenidos respetables y de una prosa mínimamente
elegante.
MG: ¿Por qué crees que las universidades guatemaltecas no
han asumido estos debates?
MRM: Creo que se debe a que las universidades tienen una agenda política
e ideológica propia: En el caso de San Carlos, esto se debe a la
desarticulación contrainsurgente que sufrió en los años
ochenta, por eso San Carlos en este momento, políticamente e ideológicamente,
es tierra de nadie. La Landívar tiene agenda católica, la
Francisco Marroquín tiene su tozuda agenda neoliberal… en
fin. No se perciben como casas de conocimiento que están ahí
prestando sus espacios para elucidar y solucionar problemas nacionales,
y por eso los debates académicos no tiene incidencia en la vida
nacional.
Al periodismo se le critica mucho de superficial, lo que algunos oponen
a la superficialidad del periodismo es el tonto principio de autoridad,
es decir, que un artículo tenga citas, referencias bibliográficas,
y a eso le llaman "objetividad científica", pero eso
a menudo es un escamoteo de la capacidad que tiene alguien de decir: "yo
opino esto porque me consta esto y lo otro". Supuestamente, la objetividad
académica es la anulación del "yo", en aras de
un principio de autoridad. Nada más lejano de la verdad. En cambio,
el periodismo puede ser un vehículo extraordinario para difundir
ideas complejas a un tipo de personas que no se acerca a esos libros aburridos
de la academia. (Risas)
MG. Hoy día se le llama "escritor" a cualquier individuo
que publica un libro, o a quien realiza el acto mecánico de redactar.
¿Quién es para ti un escritor?
MRM: Un escritor es un individuo que se dedica a una vida del intelecto
en la que piensa el mundo, piensa su generación, piensa su país,
se piensa a si mismo como parte de un problemática social Hoy día
está muy de moda producir literatura como una mercancía:
hay una eclosión de escritores (y escritoras) espontáneos
que escriben desde la "corrección política", el
feminismo, la homosexualidad, el conflicto étnico o sobre las minorías.
MG: ¿A qué crees que responden las modas de los mandarines
de la cultura?
MRM: A la hegemonía de la lógica cultural del mercado como
rectora de la subjetividad humana. A este desbordamiento del mercado se
debe la canalización del arte y la literatura, de la educación
y las religiones.
MG: ¿Cómo crees que en medio de esa ola banalizadora de
lo cultural y lo literario se pueda construir un estamento intelectual
responsable?
MRM: Creo que tomando conciencia radical y critica, es decir, yendo a
la raíz de los problemas, siendo capaz de abordarlos desde ahí,
dándose cuenta de que el consumismo hedonista del mercado a lo
que lleva es a estados de depresión y desesperación que
desembocan en casos como los de las masacres de Colombine y Virginia Tech.
Las propuestas neoliberales para países como el nuestro, son hechas
por gente insensata que le esgrime a uno sus apuntes de pre-grado sobre
las entelequias teóricas que sobre el mercado les enseñan
profesores neoliberales clasemedieros que son sirvientes de la oligarquía.
Si hay jóvenes que se preguntan quiénes somos y a dónde
vamos, y no caen en la tontería de decir que este es el mundo que
nos heredaron nuestros padres y no hay nada qué hacer, si hay jóvenes
que no escojan esa salida facilona, en ellos está el germen de
la humanización del mercado y de la política, de la cultura
y el arte. Si la guerrilla hubiera ganado la guerra, el grupo juveinl
de descalificadores de la izquierda estaría con la izquierda.
MG: ¿Cómo has establecido el diálogo intergeneracional
con un nuevo grupo de chavos?
MRM: Pues, yo creí que estaba satanizado por toda la izquierda,
pero no fue así, encontré interlocutores, el primero que
se me acercó fue Mario Palomo, yo un poco renuente porque no estaba
acostumbrado a eso, el hecho es que se ha formado un grupo de gente jóvenes
que tiene el denominador común de un genuino interés de
conocimiento para explicarse su país, y se ven capaces de contribuir
con algo, no se ven como gente para la que el mundo ya esta hecho y solo
hay que adaptarse a él y consumirlo hedonistamente. Son jóvenes
inquietos que están viendo que el barco del mundo se hunde, que
la lanchita de su país se hunde más. Es con ellos que he
estado dialogando y hemos hecho seminarios de literatura, filosofía,
historia de Guatemala, y ahora vamos a estudiar economía, vamos
a estudiar a Marx,e Hayek y Mises, porque es una inquietud de ellos, es
un grupo que también es de tertulia. En el grupo hay sin duda un
autentico interés cognoscitivo. Los pilares que compartimos es
ser radicales, es decir, la necesidad de ir a la raíz de los problemas,
y ser críticos, es decir, la necesidad de ejercer nuestro criterio
a la hora de analizar y proponer.
MG: En el actual contexto de globalización neoliberal en el que
la literatura está tan desprestigiada, ¿cómo crees
que los jóvenes podemos reivindicar la literatura?
MRM: Creo que, primero, escribiendo no para el mercado, sino jugando con
él. No se trata de escribir cosas aburridas, sino quizás
de parodiar los temas del mercado. La literatura extrae su fuerza de la
sinceridad, de la ausencia de autocensura y obediencia a reglas. Ejercer
la fuerza de esa sinceridad sirve para forjar a un escritor. Creo que
la juventud que se atreva a acercarse a una cultura letrada y no tanto
al espejismo audiovisual, desembocará en la escritura. Y, ojalá,
en la literatura.
MG: ¿Cuál crees que debe ser el papel del Estado para la
promoción de la literatura nacional para forjar identidad nacional?
MRM: El Estado debiera regular muchas cosas que no regula, la educación
es sin duda una de ellas. La educación debe reforzar el carácter
letrado de la cultura, y no el audiovisual. El Estado tiene la necesidad
de formar educandos que sepan en qué país viven. Hace falta
que el estado imprima libros y abra bibliotecas, y que recoja la extraordinaria
producción literaria que tiene Guatemala, para ayudar a que se
cumpla la función de la literatura, que es dar cohesión,
legitimación e identidad a un pueblo. Lo mismo puede cumplir un
cine nacional, la música, el arte, etcétera. Pero los ministerios
son un desastre, sobre todo si están en en manos de irresponsables
fundamentalistas "mayas" o ingenieros en sistemas, hazme tu,
el canijo favor. (Risas)
MG: ¿Cómo y con qué mensaje recibes el Premio Nacional
de Literatura 2007?
MRM: Este premio es lo que el país es capaz de darle a un escritor.
No es un premio francés ni alemán. No. Es guatemalteco.
Lo bueno es que no es del Congo o de Angola, sino que es de Guatemala.
Algo es algo. En este sentido, la exigua cantidad de cincuenta mil quetzales
(unos seis mil dólares) expresa lo que para la clase política
nuestra vale un escritor; eso es lo que vale una vida dedicada a la literatura
para el establishment, no se eroga más porque la clase dominante
no ve que valga más. Yo le agradezco a los jurados por darme el
premio; lo acepto pero no lo idealizo porque sé que es el máximo
premio que un país iletrado es capaz de darle a un escritor. En
otras palabras, ser escritor en Guatemala es como ser astronauta en la
aldea El Rincón.
MG: o torero en El Jícaro.
(Risas)
MRM: O físico-nuclear en Sumpango.
Madrid, 12 de junio.
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