El ejército llega por oleadas, va apareciendo por el llano, asoma por los cerros más bajos: desde la aldea se mira el puño de puntitos negros confundiéndose con las sombras de las nubes: el ejército asoma cubierto de hojas, con uniformes pintos y caras manchadas: muchas caras tiene el ejército, asoma por el cerro, asoma por el río, va llegando por el camino y de pronto ha rodeado la aldea: bajo el cielo quebrado de la madrugada o con la penumbra del anochecer viene el ejército: son ellos (los del ejército) los que asoman con pintura negra en el rostro, ellos los que aparecen con antorchas en las manos, ellos los que queman los ranchos para que la gente salga y que los niños corran chillando y que los ancianos se tropiecen con las piedras y las mujeres no puedan ni fajarse su niño a la espalda: ellos son los que acorralan a los hombres en el centro de la aldea para matarlos y los que encierran a las mujeres en la iglesia para pasarles encima: ellos despanzurran a los niños, los desfondan, los arrancan de los perrajes en las espaldas de las madres y los aplastan contra las piedras cogidos de los pies: ellos son los que rasgan las barrigas de las mujeres y les sacan a los chiquitos que todavían no han nacido y los echan a los perros después de partirlos en dos desgajándolos por las piernas: ellos vienen asomando por el camino, por el cerro, por el llano, qué querán, qué buscarán ahora, aquí ya no hay guerrilleros, todos se fueron para la montaña desde la primera vez que los ejércitos asomaron por aquí: huyeron todos, se llevaron la comida, el grano y se fueron llevándose también a los muchachos, a nuestros hijos que quisieron irse con ellos: entonces nos dejaron solos aquí, en nuestra aldea, solos y sin armas, y mucha gente huyó también a las montañas pero no con los guerrilleros: cuando vieron que los ejércitos comenzaron a quemar la aldea y a matar a los animalitos, y que les pegaban tiros a los hombres que querían hablarles para hacerlos entrar en razón, cuando la gente miró todo esto muchos huyeron con sus niños y sus ancianos a la montaña para preservarlos porque en los ancianos está la sabiduría y en los niños la continuación de nosotros los indios y por eso el ejército mata ancianos y mata niños y deja vivos a los hombres con sus mujeres violadas y a las mujeres con sus hombres torturados: pero otros se quedaron porque los ejércitos dicen que el indio que huye es porque está con los guerríos y que los guerríos son los subversivos y que son malos porque están contra la patria de los ejércitos: por eso muchos se quedaron, para que los ejércitos no sospecharan...: pero qué, si cuando los pintos llegaron comenzaron a preguntar dónde estaba el resto de la gente, si se habían ido con los guerríos, que nosotros sabíamos donde estaban y que les dábamos comida, y nosotros no señor, nosotros nos quedamos porque no hay guerríos aquí...: pero qué, si los ejércitos comenzaron por colgar a varios hombres de unos árboles: pobrecitos los hombres se sacudían con los lazos en el pescuezo, pataleaban y se llevaban las manos a la cabeza, algunos lograban dominar su cuerpo y quedaban colgando con las manos agarradas al lazo pero como ahí los dejaban toda la mañana y toda la tarde, ya por la noche ellos mismos se soltaban para quedar ahorcados: a todo esto los niños mirando a sus papás cómo se morían y cómo los ejércitos se llevaban a sus mamás y a sus hermanas para la iglesia y cómo ellas gritaban, y si los chiquitos querían ayudar a sus papás a descolgarse los ejércitos les tiraban piedras y los escupían y se reían de ellos o los mataban jugando tiro al blanco y apostando, y sus papás viendo todo esto desde arriba colgados: esto ocurría por oleadas, cada cierto tiempo llegaban los ejércitos a la aldea porque ese es su trabajo de los ejércitos: andar visitando aldeas para preguntar por los guerríos, pero los guerríos nunca están en las aldeas, ellos sólo bajan del monte por comida y luego se van y rehuyen atacar al ejército, así que sólo la gente, las personas son las que sufren con los ejércitos, los ladinos no sufren, sólo nosotros las personas sufrimos con ellos: los niños, los viejos, los hombres y las mujeres que son personas y que viven aquí en estas tierras que son de todos porque nos fueron dadas por los ancestros: la tierra también la queman los ejércitos, cortan los árboles que rodean las aldeas, los que crecen junto a las carreteras y los caminos, y queman las milpas y todas las otras siembras y arrancan las remolachas y las cebollas y los nabos, todo lo queman: echan gasolina a los depósitos de maíz y el ixim agarra fuego, se quema todito igual que el frijol que arde en sus sacos junto con los fertilizantes y la semilla para sembrar: los ejércitos hacen incendios enormes, fogarones que alumbran el cielo como si fuera de día: rojo se pone el cielo y las nubes rosadas iluminan las caritas de los niños que ya ni lloran cuando ven todo aquello porque se les seca el llanto como a las mujeres la leche: y ni hablar de los animalitos: gallos, gallinas, chanchos, perros, vacas, todo, todo lo matan los ejércitos: se comen las vacas y lo que no se comen también lo matan: juegan tiro al blanco con los animalitos del bosque y con los de la aldea y también con los niños que dicen a correr: algunos alcanzan el monte, se meten en el bosque y huyen, pero tarde o temprano tienen que regresar a la aldea y si los ejércitos se quedan ahí varios días esperando a que se muera la gente que cuelga de los árboles sin manos, sin pies, sin pelo, entonces reciben a los niños a balazos y ahí los dejan tiraditos y no permiten que los viejos los recojan para enterrarlos sino que les echan gasolina y los queman: todo lo queman cuando se van: animales, gente, casas, sembrados...: y ahí van los ejércitos, perdiéndose en el camino, en el llano, en el cerro, por el río, son puntitos negros que se confunden con la llamarada negra de la sombra de las nubes que pasan y pasan hacia el mar: atrás han dejado sólo un humo negro que se ve desde todas las montañas, desde donde está la gente huída y los guerríos, porque los ejércitos casi no suben al monte, no les gusta, lo que hacen es mandar helicópteros a tirarle bombas a la gente y a los guerríos para que salgan al descampado, a las carreteras, a los llanos, que bajen de los cerros y las montañas para matarlos..., y por eso las gentes andan ahí toreando al ejército, jugándole la vuelta, sembrando milpita por aquí, milpita por allá, cocinando raíces en la noche porque en el día los delata el humo, así huyendo, a salto de mata, comiendo chile con tortilla o sin tortilla, chile con agua caliente, agua de chile hervido para el frío de las madrugadas que trae escarcha sobre la gente y sobre las hojas cuando las nubes bajan al pico de la montaña y mojan las ropas de las personas: los perrajes, los capixayes, el pelo de la gente llenos de hielo..., y así se vive aquí arriba y por eso algunos quieren irse a seguir resistiendo a la selva, en las tierras bajas, donde hay calor y humedad, y tal vez así lo haremos más adelante, y así lo cuentan las gentes que logran bajar a buscar maíz y frijol, puños de grano para darle a los niños: pero en las aldeas no hay comida porque los ejércitos llegan cada cierto tiempo, por oleadas, y por eso las aldeas están vacías, por eso nosotros también decidimos venirnos para la montaña con nuestros paisanos a ver si aquí, caminando siempre, dando vueltas, toreando al ejército, podemos salvarnos de la muerte...: pero quién sabe porque aquí en la montaña la vida es dura: hay que ver cómo nos llueve en el invierno: día y noche son aquellos aguaceros que no se acaban nunca, y los truenos y los relámpagos que asustan a los recienacidos: lo más desesperante es el agua que cae y cae sin parar todo el día y toda la noche: no se puede ni siquiera prender un fuego para calentarse o para hervir agua con chile: y antonces ahí bajo los árboles nos ponemos todos, los niños bajo los árboles, las mujeres bajo los árboles, los hombres bajo los árboles, todos recibiendo agua tupido y parejo, y cuando deja de llover ahí se nos seca la ropa en el cuerpo, lo que queda de nuestra ropa porque como la gente sale corriendo todos huyen con lo que tienen encima y después en la montaña no hay cómo abrigarse y los papás y las mamás se quitan trapos para envolver a los chiquitos y después ellos se mueren de tos y todo para qué si los chiquitos se van muriendo también poco a poco de disentería porque comen cualquier cosa que se encuentran entre las piedras, y cuando se logra hacer un fogarón no hay trastos para hervir el maíz de las milpitas escondidas: la gente hace tinajas de barro, baja a los ríos por agua evadiendo al ejército y también a los guerríos porque ellos siempre andan buscando comida: no siembran, sólo andan en la guerra y no siembran nada, y la gente logra conseguir botes y agua en las aldeas vecinas y puños de maíz o arroz o frijol y muele el maíz en las piedras y a veces se les puede dar atol a los niños pero no a menudo, por eso es que son escasos ya los niños aquí, sólo quedan algunos jóvenes entre nosotros que se han ido criando aquí arriba, huyendo de un lado a otro con nuestros hermanos los indios de otros lugares: y así la vamos pasando y ya llevamos varios años en este ajetreo que no para nunca: cuando localizamos una cueva tratamos de no alejarnos de ella por si el ejército pasa bombardeándonos, pero tarde o temprano hay que abandonar la cueva porque si el ejército nos localiza bombardea día y noche y eso vuelve locos a los niños y a nosotros también y entonces aprovechando la oscuridad del punto nos movemos a otro lugar: a veces vemos desde otro cerro cómo bombardean día y noche el lugar donde estábamos y cómo tiran napalm y queman los árboles y los monos y los pájaros y con el humo oscurecen el cielo y tapan el sol...: hemos visto cómo a veces algunas familias quedan atrapadas en el cerco y cómo les tiran una pinza los soldados: a veces algunos logran romper el cerco escondiéndose y moviéndose sin parar, pero a otros los acorralan y hemos podido ver desde otro cerro cómo les echan gasolina y los queman a todos y cómo corretean a los niños para degollarlos antes de matar a sus padres: todos vemos aquello en silencio y nos ponemos a orar a Corazón del Cielo: nosotros sentimos su presencia: cuando miramos hacia arriba podemos sentir que está enojado, que por poco y descarga su puño sobre los asesinos, pero también sabemos que nos está haciendo pasar una prueba, que sólo faltan unos pocos años para la liberación total, y que los indios aceptamos el castigo en silencio como siempre desde hace cinco siglos porque sabemos... sabemos que el asesino va a pagar su culpa solito: y es que ¿quién sufre más, el que recibe el machetazo del kaibil, el que lo presencia y luego casi no puede dar testimonio porque le tiembla la voz o queda mudo para siempre o se le atragantan las palabras, o el kaibil que después tiene que estar alguna vez a solas con su conciencia, con su corazón que también es parte de Corazón del Cielo?: todos somos castigados, los vivos y los muertos, aunque sabemos que los que mueren quedan liberados si es que han vivido conociendo su muerte: los cuerpos quedan ahí, botados, sin pierna, sin brazo, sin cabeza, los pelos llenos de sangre ahí botados entre las tripas y los corazones de las familias... y nosotros, los sobrevivientes, nos disponemos a seguir caminando, a dormir si es el caso para continuar después el vaivén de un lado a otro: el viento trae el frío y el hambre: cenicienta se pone la piel de los niños que nos miran extrañados: luego viene la enfermedad -los niños vomitando, panzones, echando lombrices por la boca, por la naríz, por arriba y por abajo-: cuando a uno le toca atender a un niño que se muere o cuando hay que enterrarlo uno no dice nada si oye entre el monte los gemidos de una pareja haciendo más niños, uno abre el hoyo, no importa si está lloviendo o si el sol está pegando duro, y echa al muchachito adentro, lo encomienda a la Madre Tierra y sigue trabajando en los cultivos o guardando agua de lluvia en las cuevas o tratando de curar heridas: hay veces que una familia decide rendirse al ejército: entonces se hace Consejo y se la deja ir: todos nos quedamos rezando por ellos: después nos enteramos de que los mataron, que los torturaron y los mataron, pero aún así muchas familias se han seguido rindiendo...: nosotros somos un grupo que se ha quedado en la montaña pero que tal vez se va a ir más hacia la selva: nos hemos encontrado con otros indios que hablan otras lenguas pero que también adoran a Corazón del Cielo y hemos aprendido las lenguas de todos entre todos y hasta casamientos ha habido entre nosotros: vivimos sin medicinas, y cuando hay brujo entre la gente, el brujo nos cura: así la pasamos, espiando el horizonte para ver cuando asome el ejército, esos puntitos negros que se van haciendo hombres pintos con las caras manchadas, los de machete al cinto y cuerdas de plástico para ahorcar a las gentes: esos que nos hablan desde los helicópteros con unas bocinas muy grandes y nos dicen que nos rindamos, que nos van a dar comida y hospital, y que nos lanzan cobijas desde el aire para que les creamos, y también volantes, muchos volantes lanzan con dibujitos en los que el soldado le da la mano al indio y donde el guerrillero aparece matando indios: pero todos son iguales, los indios estamos solos, por eso agarramos los ponchos que caen y tapamos a los chiquitos: protegemos a los chiquitos para que logren crecer hasta cuando ellos puedan valerse por sí mismos: desde aquí, donde viven las nubes, todo se mira pequeño y nada parece importante: por eso a veces tenemos la sensación de que los ejércitos del helicóptero que bajan del cielo son la otra cara de Kukulkán, de Kukumatz: el reverso del espejo, su lado negro, pero no: los ejércitos vienen de allá abajo, de la base militar donde tienen guardados sus aviones y sus helicópteros los soldados, allí donde viven los kaibiles: los que matan mujeres y niños y ancianos para que todos los secretos de las estirpes se pierdan en el olvido y para que los niños que están naciendo no tengan memoria de lo que son: que se olviden de ellos mismos, que ya no hablen la lengua, que no sepan los secretos ni la historia: que se vuelvan soldados...: y después dicen que son los guerrilleros los que hacen todo eso de matar, quemar y robar, pero no, son ellos, son los ejércitos los que no quieren al pueblo, por eso lo matan: sus jefes son los que no quieren que haya más indios aquí, eso es lo que nosotros creemos: que los jefes ya no quieren que haya más indios en el mundo: en cambio los guerrilleros no son así: los guerrilleros sí matan pero no tanto como los kaibiles: el guerrillero fusila al que no le da comida, eso ha pasado entre nosotros, también amenaza con matar a todos en la aldea que no ponga en alto la bandera del EGP, y como a veces la gente tiene que esconder la bandera porque llega el ejército, entonces asoma después el guerrillero y hay problema...: no se puede quedar bien con ninguno de los dos, algunos indios han preferido al guerrillero porque el guerrillero dice que lucha por el indio: nosotros les decimos que si eso es así que por qué entonces nos quieren obligar a leer en su lengua si nosotros también tenemos lengua: que para qué quieren que aprendamos a leer y a escribir en castellano si nosotros tenemos memoria y podemos transmitir mensajes muy muy largos y además sabemos guardar secretos: pero eso no lo entienden los guerrilleros, sólo hablan de unos señores que se llaman el Marx y el Lénin que nosotros no conocemos: no hablan de Corazón del Cielo, de Corazón de la Tierra, no hablan de Kukulkán La Serpiente Envuelta en Plumas de Quetzal: quieren enseñarnos la "compartimentación" que le llaman, y a nosotros no nos gusta ocultarnos nada, además tenemos la tradición del secreto que es que si usted me dice algo a mí y me lo dice como un secreto, a mí me pueden matar y nunca voy yo a revelarlo..., pero ellos eso no lo entienden: ellos se "compartimentan" las cosas porque no se tienen confianza y quieren que el indio sea igual, y la cosa no es así: también nos han dicho que Dios no existe: seguro se refieren al dios de los ladinos: ése que ellos inventan y que luego niegan: nosotros creemos en Corazón del Cielo y en Kukulkán, su Hijo, que descendió a los infiernos, recuperó los huesos de sus ancestros y luego subió al cielo convertido en la Estrella de la Mañana, y que además está vivo en todas las cosas: en los árboles, en las nubes, debajo de los árboles, arriba de las nubes, en el viento y en la tierra y en el fuego y en el agua, y que nos habla a los indios por medio de todas estas cosas que nosotros aprendemos a leer con los brujos: yo puedo leer nubes y puedo también leer árboles, viento fuerte no mucho ni tierra tampoco, pero sí leo bastante bien ríos y hogueras, arroyos y fogarones de todo tipo: lo que sí no sé leer son libros, por eso los guerrilleros quieren que yo aprenda y que aprendamos todos a leer libros, así que cada vez que nos topamos con alguna patrulla de ellos que andan vuelteando por la montaña, después de preguntarnos si tenemos comida empiezan a hablar de esas cosas: que sí que Marx, que sí que Lénin, que la oligarquía, que el Estado Militar..., y así, uno se queda viéndolos pero no les pone atención: algunos muchachos sí logran captar lo que dicen y se van con ellos a pelear contra el ejército, pero la mayoría de la gente dice que sí a todo y lo que en realidad hace es que se pone a leer nubes o bosques o ríos, o la lluvia o los relámpagos y a hablar con la Madre Tierra o con la luz, que son formas de disfrazarse que tiene Kukulkán y que sólo le está dado saber y entender a los indios porque Kukulkán es indio, es un dios indio de los indios, no un dios español que los indios tienen que adorar por fuerza porque si no se nos viene la desgracia más fuerte todavía: por eso pensamos que si nos acaban todo eso se va a acabar también y entonces ¿quién dialogará con Kukulkán, con Corazón del Cielo, su Padre?, y por eso es que confiamos en que no nos van a acabar y que esta noche negra está por terminarse: que Kukulkán va a volar más alto que el cóndor y el águila real -como dice la canción de los ladinos y de los ejércitos y de los guerríos- y que los indios volveremos a ser felices pegados a nuestras tierras, a nuestras montañas, a nuestros pinares y lagos y ríos, bajo este cielo azul inmenso cuyo corazón llevamos todos los indios guardado aquí en el pecho: y a veces pensamos: ¿y si todo esto sólo fueran sueños de indio abusivo?, porque la verdad es que estamos aguantando aviones, bombas y cañonazos: ya el ejército ha dejado pelones los cerros por tanta bomba: se ha ido el canto de los pájaros y alguna gente se va también: se rinde o huye para la costa, aunque otros se quedan a resistir...: la gente reacciona distinto: porque por ejemplo está doña Concepción Bay: ella es una viejita de casi ochenta años, y con sus cuatro hijos atendía el molino de motor donde se hacía la masa del maíz para unas cuarenta familias: cuando llegó el ejército por primera vez los soldados juntaron a los hombres en el centro de la aldea y le prendieron fuego al depósito de maíz, al ixim: era un ranchón lleno de mazorcas amarillas, negras, blancas, azules, moradas, grises, y entonces comenzaron los ejércitos a matar a los hombres: a los hijos de doña Conce los amarraron con las manos a la espalda y los empujaron al fuego de las mazorcas: murieron con el ixim dice doña Conce, vivieron amasando el ixim para que comiera la gente y murieron con el ixim que iban a amasar y que ya no pudieron amasar: así dice ella cuando recuerda cómo rociaron las mazorcas con gasolina y cómo las lenguas de fuego comenzaron a subir y a derrumbar el techo del rancho...: cuando los ejércitos se fueron, unas seiscientas personas huyeron al monte y así juntas estuvieron caminando por tres meses: allá arriba se encontraron con una columna de guerrilleros que se unieron a ellos, y entonces se organizaron en grupos: unos bajaban a las aldeas a comprar maíz y ocote, azúcar y sal con los billetitos que les quedaban, otros hacían vigilancia y entrenaban a la gente para que aprendiera a lanzar granadas y a abrir hoyos y afilar estacas que se ponían en los hoyos para que en ellos cayeran los ejércitos: y así, cada quién tenía su trabajo, pero a los tres meses, estando todos en un barranco muy hondo en la montaña, llegó el ejército y los bombardeó: entonces todos se dispersaron, huyeron en grupos y las familias quedaron desperdigadas: unos se decepcionaron tanto que buscaron la costa y se perdieron en los pueblos de por allá: otros resistieron aunque hubo más problemas dice doña Conce, porque por ejemplo en el grupo que le tocó a ella quedaron veinticinco guerrilleros, casi toda la columna pues, y los compas se comenzaron a desesperar cuando miraban nacer a los chiquitos entre el monte y miraban que había que envolverlos en trapos rotos y que no había comida: entonces ellos se iban quedando atrás, tenían las armas pero se iban quedando atrás de los demás, hasta que la gente tomó el mando del grupo y los guerrilleros se fueron: una mañana el jefe les dio unos billetes a cada uno de sus hombres y los licenció: "Nos regalaron las armas y se fueron rumbo a la costa cada quién por su lado", dice doña Conce: ella se enorgullece cuando explica que su aldea no se rindió nunca: se dispersó entre el pueblo, que no es lo mismo, cuando ya no pudo resistir en la montaña, dice...: ahora doña Conce está en este grupo con nosotros y se encarga de contarles historias antiguas a los niños cuando la noche está estrellada o cuando nos sentamos alrededor del fuego en los días de sol bajo los árboles...: la gente reacciona distinto...: ahí está la Hortensia Cubux que es maestra de escuela: ella andaba por Rabinal, lejos de su tierra, enseñándoles a leer a los niños, cuando un domingo los ejércitos comenzaron a bombardear los cerros que rodean el pueblo de San Pablo Rabinal: como era domingo muchos habían ido a misa y quedaron atrapados en la plaza del pueblo; otros estaban en las aldeas y en el Diezmo, donde se baila el Rabinal Achí cada año: allí había una reunión entre los dueños del baile, el cofrade, el alcalde y los bailadores: en eso vieron aparecer los helicópteros por entre los cerros y vieron cómo los pintos empezaban a lanzar granadas hacia abajo: todos corrieron: la Hortencia -Tenchita que le dicen- agarró a siete niños y los ocultó entre unos arbustos: desde ahí vieron cómo entraban los kaibiles al Diezmo y cómo un bailador corría hacia el monte llevándose el manuscrito del Rabinal Achí y el dinero recolectado para montar el baile: vieron cómo los soldados mataban a la gente que salía a recibirlos, les volaban las cabezas con los machetes, les volaban los brazos, les macheteaban las rodillas que daba tristeza, y dejaban a la gente ahí revolcándose: luego vieron cómo quemaban los ranchos, cómo rociaban con gasolina la marimba, los trajes del Jefe Cinco-Lluvia Ajaw Jobtoj y el traje del Rabinal Achí -Varón de Rabinal- y el de Quiché Achí -Varón Quiché- y los de los Guerreros Tigres y los Guerreros Aguilas: los trajes ardían bajo el sol, los espejitos cosidos a la tela se ennegrecían, se convertían en espejos humeantes en los que Xibalbá -el ejército- reflejaba su rostro oscuro, sus muchas caras tiznadas, su negra faz ante la faz del Cielo, ante la faz de la Tierra: ahí los niños abrazados por la Tenchita vieron morir a sus padres, vieron cómo Xibalbá rasgaba los vientres de sus madres y cómo sacaba a sus hermanitos que aun no habían nacido y los partía en dos como a cangrejos: vieron arder el ixim..., y la Tenchita se acuerda de un kaibil que se quedó mirando hacia los arbustos donde ellos se escondían cuando un oficial le gritó: "!Qué pasa Tiribio, quemá, dispará, esta no es feria de bombas voladoras!", y entonces recuerda la Tenchita que el tal Toribio comenzó a prenderle fuego a unos ranchos y la Tenchita no sabe si este kaibil los vio o no los vio, sólo se acuerda que desenvainó el machete y que le cortó la cabeza a uno de los Guerreros Tigres y a uno de los Guerreros Aguilas, todos vieron cómo los kaibiles perseguían al Varón Quiché, el que pide permiso para ir a despedirse de sus montañas y luego vuelve a que lo maten: ése ahora corría con dos kaibiles detrás de él: Kaibil Balam -dios de la guerra- convertido en dos kaibiles con los machetes en alto perseguía al Varón Quiché que corría y corría, hasta que uno le disparó y le pegó el tiro en la cintura: ahí mismo se dobló el Varón Quiché mientras el Varón de Rabinal se escondía cerca de donde estaban la Tenchita y los niños: el Varón de Rabinal les hizo una seña con el dedo y los niños seguro se imaginaron un ssshhh, y siguieron viendo cómo los kaibiles violaban a Uchuch Kuk, Uchuch Raxón, la Madre de las Plumas y de los Verdes Pajarillos, esposa del Jefe, del Rey Ajaw Jobtoj, Cinco-Lluvia: dos kaibiles la arrastraron hasta un borde cerca de donde estaba la Tenchita y los niños, y el Rabinal Achí también pudo ver cómo los kaibiles lamían el rostro de la Madre de las Plumas, cómo rasgaban el vestido de la Madre de los Verdes Pajarillos, y cómo uno la montaba y comenzaba a moverse, ella con los ojos cerrados, con el pelo aplastado sobre su rostro que apuntaba al cielo, con los pies aferrándose a la tierra, resbalándose en el polvo, y vieron cómo el segundo kaibil también la montaba y le pasaba un cordel de nylon alrededor del cuello y apretaba, apretaba...: la esposa del Rey Cinco-Lluvia hacía una mueca y trababa los ojos y el kaibil jadeaba, hasta que la Madre de las Plumas estiró los pies sobre la tierra y el kaibil comenzó a disminuir su movimiento y se levantó, se arregló los pantalones y siguió quemando ranchos, disparándole a las gallinas, a los perros y a los niños que caían uno tras otro: los kaibiles se fueron, pero la Tenchita y los niños se quedaron un buen rato escondidos: se oían ayes y lamentos, la gente se arrastraba por el suelo: los Guerreros Aguilas, los Guerreros Jaguares estaban tirados sin brazo, sin pierna, sin ojo..., por eso la Tenchita decidió empezar a caminar, se despidieron de Rabinal Achí con la mano y se alejaron del Diezmo, se internaron en el monte rumbo a la montaña: y cuenta ella que mientras caminaban se oían los bombazos y los gritos allá lejos, y así comenzó a entrarles la noche: dos días después fue que nosotros los encontramos: estaban casi muertos de sed y les dimos un poco de agua y unas tortillas que teníamos, y en cuanto estuvo bien de salud, la Tenchita comenzó a organizar un grupo de gente y propuso que nos coordináramos para usar las tierritas y para cosechar y para bajar por medicinas: por las noches pensaba que tal vez habían matado al bailador que había huido con el manuscrito del Rabinal Achí redactado por Bartolo Sis, donde decía: "A los veintiocho días del mes de octubre del año de 1850 realicé el original Baile del Tún de nuestro pueblo San Pablo Rabinal para que mis hijos mantengan la tradición...": ese bailador ha de andar perdido, decía la Tenchita, ha de andar perdido...: pero luego se olvidaba de eso y les enseñaba a los niños cómo cuidarse de los helicópteros, les decía que había que quedarse quietos boca abajo: los helicópteros surgían de entre los cerros invitando con grandes bocinas a la gente a rendirse, a comer, a dormir bajo techo y sin frío, pero antes de eso los kaibiles controlaban los mercados de los pueblos por si alguno de nosotros bajaba a comprar sal, azúcar, ocote, y por eso hubo gente -viejitos sobre todo- que fueron a comprar cosas y que ya no volvieron: la Tenchita no se ridió al ejército pero un día agarró a los niños y con una provisión de maíz molido se fue camino de la costa y nunca volvimos a saber de ella...: el ejército anuncia en los periódicos que ha soltado a treinta o cuarenta personas que se han entregado, pero no dice que primero las hambreó y que a algunos de sus parientes los mató en la Base Militar: los periódicos sólo dicen que dejan libre a la gente y que les dan comida y casa en las Aldeas Modelo, también dicen que los guerríos son los que hacen todo esto, pero los guerríos no tienen aviones ni helicópteros ni tanques, ellos sólo andan pidiendo comida, y sí matan a veces pero no tanto como los ejércitos que cada poco visitan las aldeas buscando a los guerríos, que soman por oleadas ya sea en el camino, por el río o por el cerro: por eso nosotros nos hemos venido a vivir a la montaña: aquí todos unidos nos calentamos junto al fuego y a veces nos sentimos contentos...: ah sí, la gente reacciona distinto...: porque están también los que han cruzado la frontera y han logrado llegar a México ...México...: de ellos hemos sabido por algunos compas que nos hemos topado aquí arriba en el monte y que han traído a uno que otro periodista o gente de eso que ellos llaman los Derechos Humanos: nos contaron que cuatrocientas familias que huyeron de unas fincas cerca de San Mateo Ixtatán, donde hay una iglesia muy linda que parece de azúcar (amarilla de sus paredes y con los nichos y los santos y los bordillos rosados): ahí llega la indiada desde las montañas, van apareciendo todos en fila de entre la neblina y se sientan a conversar cerca de la canasta de basketbol: ahí ha llegado el ejército a hablar después de atacar las aldeas vecinas, y como los vehículos del ejército se atascan en la montaña cuando es época de lluvias, entonces los ejércitos agarran todos los chunches de la gente, armarios, mesitas, ropa, todo, y se los echan debajo de las llantas a los camiones y a los jeeps para que salgan de los atascaderos: cuando la gente baja de la montaña a buscar sus cosas para abrigarse ya no encuentra nada, ni maíz porque el ixim también lo queman o ponen a las mujeres a hacer masa y a tortear para que coman los kaibiles después de matar una vaca o un chancho, y por eso fue que cuatrocientas familias agarraron camino para México cruzando la montaña, la selva, bajo el agua, bajo el sol, casi sin comer, sin mirarse, sin reírse, con sus niños y sus viejos y uno que otro perro: eran cientos caminando, desenterrando raíces para tener algo que tragar: como a los tres meses lograron llegar a la frontera toreando al ejército que les bloqueaba el paso, los hacía regresar y desviar la ruta, evadiendo los helicópteros que aparecen como arañas en el cielo: en fín, poco a poco, después de haber dejado enterradas a unas seiscientas personas en el camino, llegaron a México donde los hermanos chamulas los recibieron muy bien aunque ellos hablan tzotzil y los de este lado de la frontera hablan kanjobal y chuj: pero no importa porque todos somos mayas, los de este y los de aquél lado: mexicanos y guatemaltecos y hondureños todos somos mayas y todos tenemos sangre de ixim, y por eso cuando iban llegando los grupos de cien familias, los chamulas los iban colocando poco a poco donde pudieran descansar antes de integrarlos al trabajo con ellos: porque en las primeras semanas después de la llegada es cuando se muere más gente: como que al fín logra descansar y entonces se deja morir: llegan enfermos, sin haber comido en mucho tiempo, y lo que más entristece a la gente es estar en otro clima y en otras montañas: y eso que desde los campamentos de Chiapas se pueden ver las montañas de este lado, y dicen que ahí se pasan las últimas horas de la tarde las gentes, viendo para este lado: también vigilan la frontera porque el ejército llega hasta los campamentos dizque buscando a los guerríos, pero no, lo que ellos quieren es seguir matando indios, y entonces los chamulas les hablan a los ejércitos y les dicen que se vayan de ahí si no quieren tener problemas con el Presidente de México y con el ejército de México, pero la verdad es que cuando Xibalbá, el ejército de Guatemala, llega a matar gente a México, el ejército de México nunca aparece...: la gente reacciona diferente...: los kanjobales procuran que las personas de este lado no escuchen la radio allá en los campamentos de Chiapas: ahí sale la voz de los ejércitos invitando a la gente a regresar a Guatemala, a rendirse y acogerse a la amnistía de Ríos Montt, y dicen que el que no regresa es porque algo tiene que ocultar y que de plano es guerrillero..., y así, las gentes se han ido conformando con mirar estas montañas desde aquél lado de la frontera todas las tardes y en las mañanas al levantarse, y por lo menos eso pueden ver los pobres porque a los que les tocó la selva lacandona esos sí que han estado jodidos: los refugiados pasaban la frontera por miles: llegaron por todos trescientos mil: y en la selva lacandona las barracas son chiquitas, la gente duerme una encima de otra, hay que ir a traer la comida en balsa porque allí los finqueros no dejan que los indios de Guatemala siembren maíz como los chamulas: eso hizo que muriera mucha más gente, no había médicos allí y dicen que unas gentes del ACNUR se robaban la comida y las medicinas, y que también algunas gentes del gobierno mexicano lo hacen para que los indios de este lado de la frontera dejen de estar pensando en irse para México: además, como el gobierno nunca se ha preocupado por sus indios, ahora que llegan más indios de Guatemala ¿cómo van a justificar que a ellos sí les den tierra para sembrar?, ese es el problema...: de esos trescientos mil han regresado para entregarse al ejército unos cinco mil, y a esos los tienen bien jodidos en campos de concentración que los ejércitos llaman Aldeas Modelo y Polos de Desarrollo, porque allí la gente tiene que estar oyendo todo el día la voz de Xibalbá que sale por unas bocinas y que les dice a las gentes que han sido muy malas y que los muertos han tenido que pagar la ayuda que los vivos le han dado a la subversión y que mejor los vivos se estén tranquilos y así nada les va a pasar...: la gente extraña sus ranchos, sus casas blancas de adobe y teja rodeadas de milpa que crece más alta que el techo, porque en las Aldeas Modelo todos viven pegaditos en barracas de tabla y lámina que no tienen ni gracia, sin temascal donde darse el baño de vapor ni nada...: ah sí, nuestro pueblo está en el poder de Xibalbá, y todos sabemos que sólo juntos vamos a poder burlar a los ejércitos y a los guerrilleros: solos nosotros, sin el ladino, vamos a salir de Xibalbá hacia el Lucero de la Mañana: la hora se acerca: desde esta montaña, con las nubes a nuestros pies, oímos en nuestro corazón la voz de Corazón del Cielo que nos invita a quedarnos quietos, fríos, sin odio mientras pasa el helicóptero de Xibalbá..., porque el Lucero de la Mañana y el Lucero de la Tarde son el mismo lucero y no son el mismo lucero...: los dos salen con la penumbra, entre el día y la noche y entre la noche y el día, y son el mismo pero no son el mismo: porque el de la tarde es el lado oscuro del de la mañana: su fulgor es el fulgor de la tiniebla: en cambio el esplendor del otro es el esplendor de la luz...: pero los dos son el mismo lucero: así como todos somos buenos y malos, claros y oscuros al mismo tiempo según, así también Kukulkán tiene dos lados, y todo tiene dos lados, y entre esos dos lados, en el espacio entre un lado y otro, hay combinaciones de claridad y oscuridad que no acaban nunca: uno pasa del blanco al negro a veces sin darse cuenta -tan sutiles son los matices-, y uno es bueno y malo al mismo tiempo sin sentirlo: por eso el atardecer y el amanecer son la raja entre dos mundos y por eso la Estrella de la Mañana aparece en esa raja: porque tiene dos lados, el oscuro y el claro: por eso Xibalbá nos cae al pelo aunque nos cause tanto dolor: porque de lo oscuro saldrá la luz cuando la escala musical se haya mordido la cola como el Pájaro Serpiente: del dolor surgirá la dicha como ocurre después de un parto: y de esta larga noche negra saldrá la claridad del día para todas las estirpes, y por fín Corazón del Cielo abrirá su pecho para que la Serpiente Emplumada vuele libre en nosotros y dejemos de ser indios para ser reconocidos como seres humanos que tienen derecho de luchar, y seremos libres en Kukulkán: Kukulkán Señor de la Luz, Kukulkán Señor de la Oscuridad; Kukulkán Hombre, Kukulkán Mujer; Kukulkán Cielo, Kukulkán Tierra; Kukulkán Bueno, Kukulkán Malo; Kukulkán Corazón del Cielo, Kukulán Xibalbá; Kukulkán Pájaro, Kukulkán Serpiente: ay Kukulkán, a vos oramos y pedimos que nos revelés tu voluntad y nos des la fortaleza que necesitamos para ser instrumentos de tu amor y de tu ira, Kukulkán...: y aquí estamos, dando vueltas, yendo de un lugar a otro, sembrando milpita por aquí y milpita por allá, toreando al ejército bajo el sol, toreándolo bajo la lluvia, escondiéndonos, jugándole la vuelta al puñado de puntitos negros que luego se vuelven hombres vestidos de pinto con las caras tiznadas y que son el ejército que asoma por el cerro, que asoma por el llano, viene subiendo el barranco, vadeando el río, bajando la ladera, y se acerca para venir a matar y a violar y a quemar, y se aparece por oleadas aquí en estas tierras de nuestros antepasados que son de nosotros, y nosotros seguimos de pie como nuestros antepasados, llevando agua y sol pero de pie, de pie siempre ya sea en la montaña o en la selva: de pie bajo los árboles...

 


 

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Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.