Cuando se inicia a una persona en los secretos se comienza por someterla a grandes tareas fatigosas: se le hace caminar mucho y cambiar de hábitos, ubicarse al revés de lo que cree que es correcto, para que vaya aprendiendo que nada es correcto ni incorrecto y que lo único que debemos buscar es el conocimiento de Kukulkán, La Serpiente Emplumada. La forma como se logra esto varía y depende de la personalidad de cada brujo. Mi maestro por ejemplo me hizo cosas terribles que no voy a contar aquí no porque sean secreto sino porque para qué. Y luego que el aprendiz ha comprendido que él no es el centro de nada puede comenzar a entender que él puede ser el centro de todo pero no en el mundo que conoce -el cual no tiene sentido en sí mismo- sino en el mundo de la energía de Kukulkán, que le da sentido a todo: ya sea en su lado claro como en su lado oscuro. A todo esto se supone que el aprendiz ya ha logrado un dominio mental sobre las cosas del mundo y ha aprendido a vivir renunciando a él porque de alguna manera lo comprende aunque lo comprenda como un misterio que no llega a explicarse nunca. En esta fase el aprendiz ya ha hecho contacto o logrado sintonizar otras frecuencias de Kukulkán y puede transportarse a ellas cuando lo desee: en esta etapa de su desarrollo es cuando a veces por descuido la gente ve a los brujos volar o transformarse en animales o en mujeres o en jóvenes cuando en realidad son hombres y ya están medio viejos. Hay que decir que también hay brujas, pero son muy raras entre nosotros y por lo general vienen desde desde tiempos remotos. En esta etapa los brujos ya pueden tener su propios aprendices, manteniendo así el linaje y las enseñanzas para no caer en el error de nuestros ancestros, los brujos de la antiguedad, los de las grandes pirámides, los hombres de ojos inyectados en sangre que podían ver a través del humo de los altares y de la piedra de los estadios para el juego de pelota: los hombres del ojo en la frente, de los ojos en las manos, los de la ubicuidad absoluta, los viajeros del espacio, los dobladores del tiempo: los hombres encima de las pirámides en Tikal, la esplendorosa Tikal de los grandes patios y las grandes carreteras: la de los graderíos infintos y los viajes planetarios: esos hombres que hacían del goce una escuela hasta que decidieron investigar la tiniebla y regodearse en Xibalbá haciéndose amigos de sus dioses. Cuando eso ocurrió, las ciudades mayas fueron abandonadas poco a poco porque la armonía entre macehuales y reyes se había roto y el decenso de todas las estirpes a su propio Xibalbá había ya empezado. Por esos días Kukulkán se denigró y descendió a sus infiernos, venció a los Señores de la Oscuridad, recobró el sentido de su identidad y ascendió al cielo convertido en la Estrellla de la Mañana, no sin antes prometer a su pueblo regresar para redimirlo. Después vinieron los hombres del otro lado del mar y mucha gente los confundió con Kukulkán, con el regreso de Kukulkán, y entonces vino la conquista y la colonia y el capitalismo y la contrainsurgencia: los brujos permanecimos clandestinos en nuestras prácticas, transmitiendo en secreto la sabiduría de la inmortalidad a unos cuantos para evitar caer en el error de nuestros ancestros, los brujos de la antiguedad, los que se perdieron en los vericuetos de Xibalbá: por eso la gente protege a sus brujos del ejército, porque la gente sabe que el ejército sabe que el conocimiento de Kukulkán lo tienen los brujos, y el ejército no quiere que ese conocimiento exista más y por eso busca matar ancianos. Pero el ejército no sabe -ni quiere creer- que los brujos desaparecemos cuando llega a matar y a quemar y a violar, y no sabe -ni quiere creer- que así nos preservamos y preservamos a nuestros aprendices para que Kukulkán siga volando y coleteando libre en nosotros: en el cielo y en la tierra, en nuestros corazones que siguen siendo alimentados por esa señal de la aurora que es más fuerte que toda otra señal... Y aquí estamos: jodidos pero contentos...


 

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Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.