Más antes aquí la gente vivía contenta. No teníamos nada pero la gente vivía tranquila... Hasta que vinieron los de Acción Católica y nos hicieron ver que aquí había cosas que no nos convenían a nosotros los indios: cosas como la discriminación y la injusticia y todo eso, porque el Cristianismo quiere que todos seamos iguales, eso dicen... Nosotros no sabíamos nada, y yo noté que cuando los hombres de mi familia empezaron a hablar de que los indios éramos iguales a los ladinos fue que poco a poco se nos fue viniendo la represión... Por eso ahora ya no se puede andar por ahí, por los caminos, porque salen los del ejército y ya no lo dejan a uno reunirse, ya no se puede hacer nada, ni practicar la Costumbre siquiera: ya no puede uno vivir porque salen por ahí los del ejército que andan secuestrando y matando gente... Se ponen máscaras, y así enmascarados fue que llegaron a secuestrar a un señor de por acá y se lo llevaron torturándolo delante de su esposa y sus hijos... También a otro se lo llevaron ese mismo día y después aparecieron los dos muertos. Entonces los del ejército llegaron también donde sus hijos, y ahí los dejaron matados a los cuatro muchachos delante de sus esposas...
Mi familia ha sido afectada también por la represión, porque el 15 de junio mataron a mi papá. Mi papá se había ido para El Quiché, y qué iba yo a pensar que lo iban a matar. Ese día yo, creyendo que él andaba ya de viaje, venía de regreso para el rancho como a las tres y ví que estaba ahí tirado un señor casí entre el río, pero yo no pensé que era mi papá, y cuando me acerqué a él así entre el río -quién será este señor, pensaba yo-, ví que era mi papá; pero no pensaba yo todavía que lo habían matado, y cuando me acerqué más a él, cuando lo pude ver !era mi papá que estaba muerto!: lo habían baleado en los oídos, en el corazón, en la espalda; estaba tirado así en el río: entonces a mí se me salió un grito, porque qué iba yo a pensar que era mi papá... La cosa es que al día siguiente lo enterramos. Pero con mucho pesar porque nos quedamos sin papá... Ese mismo día nos dijeron unas gentes que los del ejército pensaban matar a todos los de mi familia, y entonces mi hermano se estuvo escondido, y ya después sólo así estuvimos, ya no pudimos dormir tranquilos, mi hermano ya no estaba nunca en la casa y nosotros nos manteníamos con mucha tristeza por mi papá: y por el miedo también porque la gente andaba diciendo: "Ya nos van a matar", decían.
Hasta que un día llegaron pues. Los del ejército. Llegaron enmascarados, y como yo tenía un cuñado, primero llegaron a la casa preguntando por él y por mi hermano, y mi mamá les dijo: "Mi hijo no está", les dijo. Entonces los del ejército empezaron a buscar en los cuartos y cuando vieron que de verdad no estaba mi hermano, comenzaron a disparar adentro de la casa y dijeron que iban a matar a mi cuñada; entonces mi mamá gritó que por favor no la maten a mi nuera les dijo mi mamá, y los del ejército se fueron pero sólo a matar a mi cuñado: al rato nos fueron a avisar que mi cuñado ya estaba muerto: entraron como ocho enmascarados, dicen, y cuando entraron le hablaron al papá de mi cuñado y le mataron a su hijo; también dejaron golpeada a mi hermana, que no quería dejar salir a mi cuñado, y fue cuando el dijo: "Me entrego" dicen que dijo, y de una vez lo dejaron matado allí; también al papá de mi cuñado, a los dos los dejaron matados allí...
Nosotros ya no hallábamos qué hacer porque también lo mataron a un mi primo y a otra mi prima también. Entonces claro que nos ha afectado algo la represión a nosotros...
Hay gentes que dicen: "No nos metamos en nada", dicen. "Mejor nos quedemos en nuestras casitas para que no nos mate el ejército". Pero la mayoría de la gente dice que no vale la pena quedarnos de brazos cruzados porque en otros lados el ejército ha quemado las milpas y los ranchos. "Yo creo", dijo un señor que es de Acción Católica, "que hay que seguir luchando". "Pero cómo", dijo otro. "Hay que irse a la montaña", dijeron unos. "Y qué es luchar", preguntó alguien... Claro que hay mucha gente que tiene miedo y ya no hallan para donde agarrar; no quieren darse cuenta de lo que está pasando, no quieren saber las cosas. Otras gentes siguen trabajando a escondidas con la Acción Católica, tratando de ver la realidad como es: aprendiendo que hay cosas que no nos convienen a nosotros los indios...
Porque por ejemplo el otro día agarraron a un muchacho como de dieciocho años: iba con su novia y con la mamá de su novia, y al salir del pueblo los del ejército lo arrastraron hasta la milpa y lo apalearon todo, las mujeres les pegaron a los del ejército pero qué. No pudieron contra ellos, y se llevaron al muchacho al campamento militar, que está como a un kilómetro del pueblo: en ese campamento tienen unos grandes hoyos con agua donde meten a la gente que agarran y ahí la tienen días y semanas, noche y día ahí amarrados a unos postes entre el agua y el lodo, llevando sol y lluvia, y los mantienen con una tortilla diaria... Pero este muchacho pudo escaparse del hoyo a saber cómo, y cuando lo encontramos tuvimos que llevarlo al hospital porque estaba muy mal: entonces los del ejército fueron y lo sacaron del hospital y lo metieron con otros presos en un helicóptero, y dicen que después los aventaron a uno por uno para abajo cuando el helicóptero iba volando... Así murió. El no era familiar mío. Pero mi familia también ha sido algo afectada por la represión que vino aquí después que vinieron los de Acción Católica para hacernos ver que hay cosas que no nos convienen a nosotros los indios...

 

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Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.