(SIDE B)
 
 

DE COMO SE OFICIA UNA CEREMONIA LITURGICA
TAL CUAL DEBE SER Y DE LO PLACENTERO E INDOLORO
QUE RESULTA DAR LA TAN MENTADA BRAZADA SIDERAL
En la otra orilla del mar, ceñido a la fiera, mi
hermano revuélcase a los pies de la muerte.
Y a mi hermano, quién otro sino yo
tendría que darle una manita?
ROBERTO OBREGON
Y sobre todo, en quién pensaría cuando llegara la hora, cuando sonara esa hora horripilante de morir?
 

OTTO RENE CASTILLO
Esta imagen de pies golpeando escalones, ascendiendo quizás un campanario (pero no se trata de un campanario, creo yo) ha sido recurrente a lo largo de toda mi vidísima, por eso tengo la certeza bestial de que llegó el fin, sé -por intuición sin duda- que voy corriendo hacia la cúspide, que he escalado mi pirámide... y que hay pirámides de pirámides, que cada uno tiene la suya /lo que ocurre es que a veces pensamos que todas las pirámides son grandiosas, monumentales, eternas, y no, hay pirámides modestas, meros montículos, a cada cual nos está asignado escalar la nuestra, ésa y no otra, así que creo que la mía está aquí, su cúspide se acerca a mí, y debo oficiar la ceremonia como debe ser, volando pija parejo, cosa que supe siempre, pero que asumí hasta hace unos segundos cuando se me hizo un túnel en la barriga al ver los ojitos juguetones del Gallo Giro (maldito traidor) en la puerta de Migración: me miró y se rió el hijueputa, cuando se llevó la mano a la cintura yo dije Aquí está tu son chabela, a la verga, y saqué no la escuadra sino una de mis dos granadas, y le boté al carajo la espoleta, ja, todos los malditos judiciales se hicieron para atrás, pienso que pude sacar la chinga en ese momento y fumarme al Gallo Giro, pero para qué más que la verdad, me ahuevé, tuve un miedo del carajo, pensé agarrar la calle, irme, pero de pendejo, al ver el vergo de policías, me dio por meterme a la librería -las chamacas que están de dependientas gritaron, se aterrorizaron al verme entrar con la piña sostenida en alto-, saqué la escuadra y pedí calma, silencio, la policía venía cautamente detrás de mí, ya no vi al Gallo Giro pero sí sé que fue él quien me señaló, él fue, traidor infeliz, así que pregunté por dónde subía al segundo piso, me lo indicaron, y aquí me tenéis vuestras mercedes, maestros que me acompañan en esta hora de luz, listo para asumir aquello que dice que a todo sábado le llega su cerdo, nomás se trata de tomar posición y volar pija hasta que el cerco se haga los suficientemente pequeño como para que me den candela de la gruesa, por eso los pies subiendo peldaños -esa imagen repetida miles de veces, fortalecida por secuencias fílmicas de masacres (la secuencia de las gradas de Odessa)-, esa imagen que ahora se materializa en toda la dimensión creciente de su horror, me da la certeza de que ha llegado el final, que corro hacia la cúspide de la pirámide, que me apresuro a oficiar el sacrificio, y que eso es lo único, el único compromiso que debo ya cumplir como debe ser, me voy a parapetar lo mejor posible y voy a ahorrar parque, voy a dosificar las balas y estas granadas, voy a prolongar este vergueo por los siglos de los siglos para dar tiempo a que vengan los periodistas, quien quita y hasta salgo en la tele, yo que siempre soñé con ser actor de películas /en este país en el que la industria del cine no existe/ esta es la mejor manera de protagonizar un peliculón del carajo, y no hay tales de que vos no sos el mero-mero, huesos, el estrellato es indiscutido, aquí no está presente la estructura orgánica, no están presentes las prioridades de la célula, no hay crítica ni autocrítica, aquí yo soy el actor, nadie puede interrumpirme, nadie puede aconsejarme nada ni criticarme nada, estoy solo, soy dueño absoluto de la situación y puedo encausarla como yo quiera, ya se ve la puertecita que da a la terraza, uf, me quedo sin resuello, la voy a cerrar, la voy a atrancar, pero antes voy a esperar a que suban detrás de mí y en una de ésas voy a abrir la puerta y voy a soltar esta piña con calmita por encima de las cabezas de esos bull-dogs roñosos de modo que queden entre la explosión y la puerta, yo me hago a un ladito para evitar el vergazo y ya, la puerta es metálica y algunas esquirlas van a pegar allí, tal vez le abran hoyos, pero qué importa, ya voy llegando, abriré,
he abierto la puerta y ante mí se despliega como un paraguas eterno el cielo azul de Guatemala, sin una mancha como lo quería Asturias, es una bocanada de infinito envolviéndome, es la certeza de que aquí voy a morir: el cielo me acoge cariñoso, me anima; atranco la puerta y siento que me tranquiliza estar cierto de morir aquí, en esta terraza que, veo, tiene el piso morroñoso y seco, los techos de los negocios se ven descoloridos, por ellos empezarán a llegar los policías, me asomaré,
me he asomado hacia la calle y veo -al tiempo que se oye la gritería cuando la muchedumbre me mira desde allá abajo- a toda la policía uniformada desplegándose estúpidamente por el parque, y es que qué huevos venir a caer aquí, al Parque Concordia (mejor dicho, al Parque Gómez Carrillo), enfrente justo de la policía, en Migración, y ya que me habían dado mi salida y estaba listo para pelarme a México, palabrita que ya me hacía yo caminando por El Zócalo, asomándome a las puertas de las vecindades, pero nada, aquí morí, voy a regresar,
he regresado junto a la puerta que da a la escalera por la que he subido a la cúspide de mi pirámide y espero, espero oír los pasos de los policías para tirarles esta mazorca de fragmentación por encima de sus cabezas de modo que no puedan regresar y tampoco puedan tumbar esta puertecita: quedarán ahí, a medio campanario: eso es: mis pies subiendo gradas: el campanario de mi pueblo, eso es, cómo negarlo, nosotros subiendo a escondidas del sacristán, asomándonos a ver el atrio desde justo debajo de la campana y saludando desde allí al resto de la pandilla que esperaba, eso era el trabajo, y después, cuando el sacristán nos descubría, a correr pues, y el griterío pisado: ¡Chalío matatero viejo bruto! El campanario...: una vez llegué arriba, hasta la punta, vi el parque desde lo alto y sentí miedo porque no lo encontré en su lugar: ahora he subido de nuevo a la pirámide pero a oficiar como debe ser la ceremonia de sacrificio, así que cuando escuche
estoy escuchando las voces y los pasos cautelosos de los policías, voy a abrir de pronto, súbitamente
- lo estoy haciendo- la puerta y tiraré
-tiro-
suavecito la granada en parábola tierna: los hijueputas me disparan una ráfaga que hace mierda la puerta, pero veo que la cerradura encajó perfectamente cuando cerré, la atranco con un pestillo que a saber por qué está colocado de este lado y al comenzar a oír la (¡Whaaaaammmmm!) explosioooooón, descubro un rozoncito de bala en mi brazo izquierdo, me lo estoy viendo cuando esta ooooonda expansiva me mueve, tiembla el puto edificio gracias a la piñita que se abre, se abre, ya escucho los hijueputazos de los policías y los ayes -esquirlas penetrando en la carne- y las carreras de los sabuesos de caras grasientas. Se que esperan que me asome a la orilla de la terraza para ver hacia la calle pero también sé que a estas alturas ya tienen cubierto todo el espacio con su posibilidad de fuego, de modo que hago una prueba, me quito la chumpa, la agito y la tiro al aire por allá, já, lo que decía, la acribillaron los cabrones: pum pum pum pum, pac pac pac, fiu fiu fiu... Lo que más asusta es el silbido pisado de las balas, no tanto el impacto, es como el susurro burlón de la muerte (ya me puse poeta, qué maricón), así que me dispongo a volar la primera andanada de tiros, busco colocación, recorro toda la cornisa de esta librería -La Hispania se llama-, y en una de ésas logro ver de nuevo el panorama antes de que comiencen a disparar los uniformados /se han desparramado por todo el parque, siguen saliendo del edificio de la policía nacional en chorreras locas, como cucarachas, como reses al matadero, algún día se habrá de hacer un operativo que distraiga como ahora a estos pisados y entonces, ya que estén apostaditos, pasará un avión o algo y les dejará caer una carga (sueños) que los vuele a la chingada, por ahora soy yo quien debe oficiar esta misa, debo mantenerlos locos un rato, así que reflexionemos: a estas alturas ya debe haber un grupo que esté operando por la catorce calle, yo estoy más cerca de la quince, pero creo que por ahí no me van a entrar sino por la catorce porque ahí hay menos comercios y en la quince hay un colegio maricón que se llama Guatemala Institute, oh yeah... /ya me estoy distrayendo, siempre esta mente condenada que se pierde, se sumerge en el verde olivo de los uniformes desplegándose por todo el parque, relaciona los gritos de los sargentos y tenientes con el paso de una que otra nube sobre las montañas del sur, sobre el Volcán de Agua que sombrea el dibujo perfecto de La Antigua, y ya estuvo que ese asomón de cabeza me ha valido una ráfaga interminable que está haciendo pedazos los bordes de la cornisa y hasta hizo temblar los alambres de la luz y unas antenas de tele que hay aquí conectadas: imagino que si viniera la televisión a cubrir esta noticia, por esta mismísima antena que tengo enfrente pasaría mi imagen para ser reproducida por el televisor que debe haber en el primer piso, y así pasaría por todos los televisores que hay en el país, sí, mi imagen, y la gente comentaría mientras almuerza, Ve qué cabrón ese patojo... Otros dirían, Está bueno que los maten, para qué se meten en babosadas... Y aún otros, Ojalá que se logre ir a la mierda... Pero eso está cabrón, de aquí ya no salgo, así que un asomoncito y
¡flaca-flaca-flaca!, tres nuevemilimetrazos, y ya se oye la bullona -qué partida de coyones-, les da miedo, estarán sacando a los heridos (o muertos) del piñazo que les piché y por eso gritan también, corro hecho pedo hacia el otro extremo y ¡pungún-pungún!, dos vergazos esta vez, esperarán que me asome en el medio, así que desde aquí mismo ¡fácate!, un solo huevazo pero esta vez dirigido a un hijueputa que me tenía calculado, cabal en el mero pecho, y ahí va de culo hacia el suelo: orita te alcanzo pendejo, no tengás pena, voy a cargar bien la tolva, la voy a poner llenita otra vez para tenerla lista luego que tire la otra granada, que ya me hace cosquillas en la mano. Uf, me cansó esta pijeaderita, voy a recobrar el resuello, esta textura del piso y esta pose de patojo sentado me recuerdan aquella vez cuando por atrapar una flay (el sol me dio en los ojos /movimiento de los árboles) me quebraron el dedo meñique, la bola cayó en la punta de mi dedo y vi mi hueso saliendo por la carne rota: me van a coser a tiros hoy, bueno, la cosa es que esa vez me desmayé y al despertar estaba sentado así como estoy orita que he terminado de cargar la escuadra y me incorporo para seguir vacilando a estos pisados, el ratón juega con el gato aunque al final el gato se lo coma, qué pisados. Así que a seguir volando pija señores, el sumo sacerdote se incorpora y abre los brazos mirando hacia el cielo azul profundo, la multitud bajo sus pies, rodeando la base de la pirámide, está atenta a sus movimientos, dice unas palabras en idioma ritual (sagrado) y la música cesa, los tunes y las chirimías, las flautas y los chinchines se van apagando. Comienza el diálogo:
SUMO SACERDOTE: Inefable es, en verdad, la voluntad de los dioses... (dirigiéndose al prisionero que, atado, permanece firme en el lado izquierdo de la cúspide de la pirámide, sigue:) Pequeña es, ciertamente, la voluntad del hombre...
PRISIONERO: (Mirándolo de soslayo con mucho recelo) Hummm...
SACERDOTE: (A la multitud) ¡Inefable es, en verdad, la voluntad de los dioses! (La multitud en calidad de coro responde:)
CORO: ¡Inefable! ¡Inefable! (Se agitan las banderas de las confederaciones de tribus y también las enseñas de los linajes) ¡Inefable! (Largo silencio. El sacerdote baja la cabeza y cruza las manos sobre su pecho. Se oscurece lentamente el escenario mientras una luz directa (spot) cae sobre la cabeza del prisionero, que se yergue, hincha el pecho, endurece el gesto y se dirige al público:)
PRISIONERO: (Burlonamente) Inefable... inefable... Lo siento en verdad por los dioses, cuya voluntad nunca pudo estar más alejada de estas prácticas absurdas en las que los soberbios han hecho caer al pueblo, a los pueblos mayas... Inefable... (Rompe las amarras en cámara lenta y comienza a recorrer el escenario, a su paso las luces van señalando los rincones y el decorado. Han desaparecido el Sumo Sacerdote y las masas) Inefable... Los dioses no hacen sino ven, y al ver, al contemplar, mueven la Creación, la van haciendo... tal y como es, no tal y como nosotros la percibimos... Si yo estoy en el cadalso no es por voluntad de los dioses. La voluntad de los dioses ES, los adjetivos y las circunstancias los agregan los sacerdotes, son agregados. La sangre que piden los dioses la piden verdaderamente los sacerdotes, los señores de la guerra se ha vuelto fornicadores y eso los atormenta con culpas y remordimientos que pretenden ahogar en sangre de macehuales, han abandonado la magia de la Serpiente-envuelta-en-plumas y ahora se revuelcan con sus cortesanas en el lecho del sexo degradado por la lujuria. Las guerras, la esclavitud, todo expresa esta grave confusión de los poderosos. Me han condenado a la muerte por despeñamiento, y ahora estoy aquí, en la cúspide de la pirámide, aguardando el momento en que, manos atadas, me echen hacia abajo y empiece a deshacerme en la caída... ¡Ved! (Señala hacia el fondo del escenario, donde hay una pantalla) Allí veréis las prácticas antiguas, las reales. Cierto era que los Varones practicaban la magia sexual con sus mujeres y que, antes de las batallas o antes de morir, las gracias del Gran Arcano para poder transmutar la energía vital -¡Ved!- les eran concedidas... (En la pantalla aparecen las imágenes de una pareja maya durante el acto sexual). PAREJA EN PANTALLA. ELLA: Tu miedo debe desaparecer amado mío (Ella se mueve suavemente y acaricia su espalda, él cierra los ojos y ora). EL: Sí amada mía, el miedo desaparecerá con esta plegaria, quedará fulminado por la luz que juntos fabricamos en nuestros vientres y que sube por nuestra columna hasta desintegrar el pecado en nuestras mentes.
PRISIONERO: Y he ahí que de este modo se perfeccionaban los seres humanos que habían sido llamados y escogidos (En la pantalla continúa la proyección, la pareja hace el amor en un acto tierno y prolongado, espiritual, ritual, extático). Pero hoy por hoy nuestros señores de la guerra se han convertido en vulgares fornicadores de esclavas, y la memoria de los viejos tiempos se perdió desde que fueron abandonados los grandes centros ceremoniales, las grandes urbes, hace ya seiscientos años, después de la revolución que fragmentó la unidad. Por eso estamos dispersos en estas hermosas montañas... y yo -por haber dicho todo esto- voy a morir, moriré en la víspera de la vuelta de la tiniebla, del regreso del lado oscuro de nuestros señores Gucumatz, Cuculcán, que vendrá en forma de hombre amarillo, cruel y sanguinario (El escenario se enciende, el Sumo Sacerdote aparece a las espaldas del prisionero y lo empuja sorpresivamente al vacío. En la pantalla se proyecta la caída a la vez que se muestra una sobreimposición de carabelas en alta mar).
VOCES EN EL CORO (MULTITUD): Los dioses lo acojan. /Quién era ese hombre. /Un macehual. (El cuerpo cae, casi flota en la pantalla) /No, era un sacerdote. /Era un sirviente de las Casas Grandes del sur. /Un escriba. /Un atrevido: leyó los códices a escondidas, valiéndose de la confianza de sus amos. /Predicó la magia sexual. /Denunció el pecado en el seno de los poderosos. /Era un profeta. /Como él ha habido muchos. /Todos han sido sacrificados a los dioses. /Esos dioses son dioses extranjeros. /También dijo que el lado oscuro de la Serpiente-Pájaro vendrá del mar en muchas naves llenas de hombres de rubicundas barbas. (Sobre el movimiento de las velas de los barcos, el cuerpo cae, se estrella suavemente contra las graderías de la pirámide, rebota, se deshace poco a poco). /Dijo que la revuelta campesina fue la causa del abandono de las grandes ciudades, de las viejas ciudades sagradas. /Que los sacerdotes se habían corrompido. /Que necesitaron acudir a dioses crueles. /Que aumentaron el tributo a los macehuales. /Que la tierra se empobreció y escaseaba. /Que por eso las masas se sublevaron y rompieron la unidad de los mayas. /Que por eso abandonaron todos las ciudades y que por eso nuestros reinos están marcados por el pecado. /Predicó la doctrina secreta de los ancestros. /Los secretos de la Serpiente Emplumada. /Predijo el inicio de nuestras desgracias, que durarán varios siglos. /Por eso lo ejecutaron. /Por eso viene despeñándose. (El cuerpo llega deshecho a los pies de la pirámide). /Tú niño, incorpórate, álzate del suelo y rinde homenaje al difunto, /así que me he puesto de pie pero con las rodillas flexionadas para que no me vuelen la cabeza de un plomazo, me muevo rapidito a lo largo de la terraza, hasta llegar al extremo izquierdo, casi puedo verme, un hombre con la pistola en la mano, listo para volar pija sin descanso. Creo que voy a tirar por lo menos dos huevazos, pero quisiera tirarlos por algo. Ahorita no le pegaría a nadie porque no he podido ver los movimientos de la tropa, así que debo pensar qué hacer pronto: por allá, cerca de la antena de televisión hay unos pedazos de cemento, les podría tirar un catapultazo de piedras para distraerlos, para que denuncien sus posiciones, y luego me levanto y rácata, me vuelo a uno por lo menos, o tiro la granada en medio de un buen grupo de cabrones, veamos, me arrastro, llego, agarro las piedras y vuelvo a parapetarme, tiro una piedra hacia la calle... y nada... Tiro las otras... y nada... Entonces -ora sí pisados- ái les va la piña: le quito la espoleta y va p'allá caballero (mira mira mira) /... dos, tres, cuatro y ... ¡Puuuuuummm! se fue... y aprovechando la oscuridad del punto, la humareda, la confusión, me paro, me yergo (soy un titán hijos de su puta madre) y reparto verga para todos lados -pac pac pac pac pac-, no me olvido de las instrucciones: rodillas flexionadas, mano izquierda haciéndole base a la derecha que exprime la pistola, dejar que la patada del arma se realice libremente, ir corrigiendo la posición de tiro con un movimiento elástico, como de resorte y, claro, la respiración: soltar el pijazo cuando se exhala, así que fffff-pum...hhhhh-fffff-pum, uno a uno veo caer a los policías, veo también los estragos que hizo la piñita; justo enfrente de la librería, entre el busto de Gómez Carrillo (que mira indiferente este señor vergueo que estoy armando) y Migración, así en diagonal, allí cayó la fruta fragmentaria, veo, mientras suelto (ya van siete) plomazos, el espacio que abrió el granadazo y puedo percibir también la confusión que causó porque hasta ahorita comienzan a reaccionar los pisados: ya me he quebrado como a catorce con los dos piñazos y este tiroteo que me tengo ahorita, y todavía no comienzan a dispararme: estoy de pie, cualquier cabrón con un poco de calma puede apuntarme y rácata, me trae al suelo: caería como caen los vaqueros en las películas del oeste, media vuelta en el aire y pungún-pisado, al puro suelo, pero he ahí que todavía ninguno reacciona, oh señores y señoras del jurado, así que apunto contra un pendejo que va corriendo, un dedito adelante y pam, se fue, apunto de nuevo y... puta me están queriendo barrer, me están tirando una señora ráfaga con dos metralletas, los tiros están pegando en la cornisa, deshacen la orilla de la, y el polvo se levanta contra mis ojos: ciego, con los ojales cerrados, sigo disparando despacio, pausado, puta por qué no me agacho, de plano ando buscando que me llegue una bala perdida (ni tan perdida), porque cuando se clarea el polvo yo sigo ahí parado, muchos me miran con la boca abierta (soy un titán hijos de su puta madre), miedosos pisados, y ahí les va el resto de la tolva: pac pac pac... De nuevo las ráfagas, pero ahora sí me agacho, púchica, cómo tiembla todo esto, están haciendo mierda el edificio, van a tener que entrarle con tanque (¿exagero?, algún día lo harán, o con helicópteros, o con las dos vainas), aunque les ha de salir muy caro eso, es más rentable que se les mueran veinte policías de tránsito, y ni tan de tránsito porque ya vino el ejército de plano, esas ráfagas no eran de ningún vil policía de tránsito, me van a dar viento en la vela, candela, agua viva dentro de poco tiempo... Oigo ruidos en la escalera, estos pisados son listos, ya saben que me quedé sin granadas, saben que por lo general uno anda con dos, debí haber guardado la última para el puro final, hasta el the end de esta película, pero bueno, ora no hay más que hacerle huevos a la ranchera a este corrido y aplicarle al asunto la filosofía de Gabino Barrera ("no atendía razones andando en la borrachera", ¡ajúa!), así que un asomón y ¡flac!, el tiro que faltaba ("cargaba pistola con seis cargadores, le daba gusto a cualquiera"), me agacho y me siento, las ráfagas hacen temblar todo, ya la cornisa no tiene orilla, le quito la tolva a la chinga y le meto la nueva, la última, se acerca la hora de la verdad: podría meterme un tiro ahorita pero qué aburrido, mejor espero, esto lo tengo que hacer bien, qué raro, sólo una cosa me duele: que vos Conchita me hayas puesto la cornamenta: cornamenta su exacta medida made in Japan enviándosele ah a su señora esposa para que ella la coloque sobre cabeza de usted, que es donde corresponde, pendejo. Ja,
 
y lo hiciste con un hijueputa reaccionario, con un visitador médico, a dónde fuiste a caer. Bueno, es tu problema, lo que me duele un poco ahora que me voy a palmar es todo lo que me hice hacer: Sabés que yo agarraba el carro y me iba por las tardes a esperar que salieras de la oficina, controlaba con quién salías y te seguía, te seguía, muchas veces lo controlé a él y lo seguí, pude meterle un tiro o pude mandármelo a fumar con cualquier cabrón de La Limonada, veinte pesos y "los muertos no chingan don". Así es la cosa. Vos andabas loca, loqueando. Pero comprendí que si andabas así era porque de alguna manera yo te era insuficiente, y por ese camino logré levantarme: así que ahora veo con claridad que sólo me duele el recuerdo del dolor, del autodolor, de la autoherida absurda, y muero satisfecho. Nunca pudimos ser felices juntos: cada cual debió lograrlo por aparte. Tal vez en otra vida lo consigamos, esta ya se me está acabando, así que al carajo con este pensamiento: me concentro en los fragmentos de cemento que están esparcidos por todo el piso y decido algo muy importante: reservaré esta tolva para los que vuelen al carajo la puertecita, para los que me van a matar, así que aquí me voy a afincar y voy a esperarlos, no tardarán, ya no voy a desperdiciar parque tirando para la calle. Orale cabrones, aquí los estoy esperando... Dicen que cuando uno se va a morir,  No vuelvo a tolerar que me interrogués, estoy cansada de que me pisotees, me cansé, yo no tengo por qué dar cuenta de mis actos, y lo que haya hecho con mi cuerpo es cosa mía, sí, me acosté con Juan José, con José Ernesto, con Rolando, con Carlos Ramiro, con César Augusto... y qué, esa es la lista, y espero que hayan más, ojalá estés satisfecho, vos que nunca te ocupaste de lo que me pasaba porque siempre andabas preocupado por tus tareas, tus operativos, tus contactos, tus volanteos... y tus compañeras: decime, por qué a ellas sí les tolerás que tengan relaciones sexuales con quien les dé la gana, por qué a tu esposita no, decime, no somos todas mujeres acaso, por qué esa cosa enfermiza conmigo... Ya que te enteraste, ahora hay que darle cauce a todo esto, seguí con tus compitas, las que admirás tanto, y dejame a mí en paz ya que soy tan despreciable, tan empleadita, tan oficinista, tan comodín de fiestas, de visitadores médicos, de auditores, tan secretaria, tan pendeja, dejame en paz (Pudiste haber hablado, jugar limpio, decir las cosas claras)... No tengo por qué confesarme con vos, yo soy dueña de mí, vos no sabés ni mucho menos comprendés mis necesidades, yo he sido una cosa más en tu vida, en tus reuniones, tus cursos, tus viajes,tus amigos, he sido una cosa más entre un montón de cosas, no he sido nunca yo, YO, me entendés, qué me vas a entender, te obsesionan los operativos, los planes, los tiros, las bombas. Ya que lo descubriste, mi enhorabuena, seamos amigos entonces, tratemos de ser lo que nunca hemos sido. Y comprendé una cosa, mejor dicho, aceptala: no sos el mejor, nunca se es el mejor, siempre hay alguien que nos aventaja, ese es tu problema, que creés que sos lo único que hay en el mundo: si todo esto te hace sufrir, no creás que es por tu amor hacia mí, no hay tales, es por tu amor a tí, a tu falso orgullo, a la imagen distorsionada de tí mismo, a tu narcisismo, a tu dependencia convertida en autoridad, a tu mamitis aguda disfrazada de suficiencia frente a tu mujer, pensá en eso, y perdoná que te lo diga tan de golpe, pero creo que es la única forma de hacerte reflexionar. Así soy yo, nunca te lo pude decir -y ese es un error que asumo y qué-, tuve siempre que fingir para poder ser aceptada por vos, y un día me cansé, me cansaste, me aburrí, ya no me gustaba acostarme con vos, me aburrí de tus rutinas, y me tiré a hacer lo que siempre quise hacer, lo que todas queremos hacer, me tiré a buscar lo que todas buscamos: una sexualidad en la que se nos dé nuestro lugar, un hombre que nos respete como a un igual. No puedo decir que lo he encontrado, pero lo que he vivido me ha servido muchísimo: me siento más yo... más yo misma, me entendés...

toda la vida le pasa a uno frente a los ojos. A mí sólo se me ocurre pensar en vos Conchita, y en oficiar bien esta ceremonia. Pienso que podría distraer a estos cabrones de la manera siguiente: atención: primero me echo un asomón de cabeza, la lluvia de plomo pega contra la cornisa, me llena el pelo de ripio, estoy canoso como María Antonieta antes de que le dieran viento, bien, ahora (que ya vigié a un policía gordo que está mal puesto del lado izquierdo) voy a correr hacia el lado derecho para quedar sesgado, me asomo y pum-pisado: a traerlo, las dos veces que me asomé volví a ver el rostro-indiferente-que-no- deja-reflejar-sobre-su-frente-la-vergüenza-de haber-sido-chapín, exacto, el busto de Gómez Carrillo, desarraigado de mierda, hueco, en cambio el Pepe Batres -Yo pienso en ti, tú vives en mi mente- ese si era de a huevo, pero bueno, cada uno en su tiempo y cada uno con sus cadaunadas... ahora corro hacia el fondo de la terraza, como si quisiera saltar hacia la cuarta avenida, y dejo ir cuatro vergazos: wam wam wam wam: cabal: oigo la tronadera del lado de la quinta sobre la catorce calle: oh-jo-jo, se están volando pija entre ellos mismos, jo-jo, aquí está su Santa Clos cabrones, me los babosée, un baboseón sólo comparable con el que nos metió Méndez Montenegro: la izquierda revolucionaria cayó de un hilo: pendejos, comparsas, eso dije en una reunión, y aquí estoy pisados, a los que les cayó mal lo que dije les dejo mi caída en combate de estandarte... Se está calmando el vergueyo que ellos mismos se tienen, gritan que no, que alto al fuego, que no disparen, pendejos: la farmacia de la catorce y cuarta debe haber quedado como colador, lo mismo la APG, je je je... Y ora sí señores, llegó la hora, ya escucho pasos por la escalera... silencio...: ¡WHAAAAAMMM...!: el estallido tira a la mierda la puertecita; de acuerdo a lo planeado, yo me finco aquí y comienzo a disparar a los sabuesos conforme van apareciendo, me ubican y, rodilla en tierra, ellos también se fincan en el espacio que pueden agarrar y empiezan a tirarme, nos tiramos, olemos todos la pólvora quemada, escuchamos el fragor de los tiros, sentimos su calorcito cuando van pasando por nuestro plexo solar, por nuestros pulmones que revientan como globos, por nuestro hígado, por nuestro rostro... de pronto vemos el cielo azul de Guatemala abierto y cálido como un paraguas cósmico, es un cielo que lentamente empieza a poblarse de rostros mayas, morenos, toscos, perfiles de piedra de rayo (como decía mi hermano), vienen en bandadas a verme, se quitan los quepis, a recogerme, me abrazan inexpresivos como son, siento el calor milenario de sus manos en mis sobacos, en mi espalda, en mis piernas, me cargan, intentan ponerme de pie, es mi pueblo, son mis macehuales de siempre, mis hermanos, mis padres, mis abuelos: los mayas eternos, ellos me han rescatado desde el fondo de mi pirámide, me bajan por las escaleras, mis pies trastumban a cada escalón (te quise mucho Conchita), pasamos por la librería: las dependientas hacen muecas de susto, mis mayas me sacan a la calle donde la multitud -mi pueblo- me espera, todos se ponen de pie al verme, se incorporan, van levantándose del suelo lentamente y me miran, algunos están uniformados, yo sonrío, siento el amor inmenso del pueblo correr por mi cuerpo... y de pronto siento que me alzan en hombros, me elevo por encima de las cabezas de todos, floto casi, y me dirijo hacia el centro de la plaza donde vuelvo a ver hacia atrás y descubro un cuerpo deshecho a pura metralla que se escurre entre los brazos de los judiciales: se parece a mí, pero no soy yo, porque yo estoy acá arriba, tranquilo, eterno y sereno, noble, como el Volcán de Agua que me mira desde lo lejos..

 


 

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Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.