LA GUERRILLA FUE MI CAMINO
(EPITAFIO PARA CÉSAR MONTES)
Autor: Julio César Macías


INTRODUCCIÓN

"Es preciso despertar para poder morir. Es preciso morir para poder nacer", dice Otoniel Martínez.
Creo tener la autoridad para escribir sobre César Montes. De todos modos, yo lo inventé, le di vida y en cierta manera él me dio muerte. Cuando él nació, dejé de existir.
César Montes hizo muchas cosas, recorrió el mundo, combatió en varios países, hizo múltiples declaraciones, le tomaron muchas fotos. Todo a costa de que yo dejara de existir.
Mis hijos no llevan mis apellidos, y durante mucho tiempo no supieron el nombre de su padre, que carecía de documentación alguna. César Montes, en cambio, tuvo muchos pasaportes e identificaciones, varias esposas e hijos, muchas madres adoptivas, por todo el mundo le sobran hermanos, celosos adversarios y hasta enemigos entre sus propios ex compañeros.
César es controvertido. Desde que desapareció, mucha gente que le conoció habla muy bien y muy mal de él. Lo odian y lo aprecian. Es un personaje cuyas únicas pasiones fueron la revolución social y el amor. Un ser humano ficticio y real.
Es como una novela cuyo protagonista ocupa el sitio que le corresponde al autor. Lo desplaza y lo sepulta. Es la imagen que en el espejo se libera del azogue, y se materializa condenando a su dueño a una especie de destierro interior, convirtiéndolo en rehén de sus propios sueños.
El Ejército de Guatemala, la Policía, en algunas esferas de la inteligencia norteamericana, su madre y sus hermanas, lo creían muerto. En los periódicos de Guatemala apareció en grandes titulares de ocho columnas la noticia de su caída en combate. Luego revivía. Reaparecía con otro nombre y en otro país.
También algunos prefirieron actuar como si ya estuviera muerto, así era más cómodo; pero siempre los espantaba el fantasma de César Montes.
Era como "enterrar" un muerto en el agua: siempre volvía a la superficie.
"Tuve un hijo hace 50 años, dijo mi madre de 90; él se llamaba Julio César, y creo que se murió hace muchos años. No conozco a César Montes, ni a Pedro Guerra ni a Víctor Guerra ni a ningún otro nombre con el que se me presente".
Ahora puedo declararlo muerto; aunque lo he decidido, no abrigo muchas esperanzas de que ocurra por decreto. Pero al menos yo volveré a vivir.
De tal manera que hablaré del pasado para liberar el presente. Porque todo ha cambiado. Nosotros también.
Desde que César nació para la militancia revolucionaria, su vida estuvo llena de sobresaltos, giros bruscos y coincidencias inexplicables. Estuvo para la Segunda Declaración de La Habana, conversando en la misma mesa con Roque Dalton, con el senador Salvador Allende, con Francisco Juliao, Jeanet Jaggan y otros.
En la llamada crisis de los misiles en Cuba, estuvo atrincherado, aguardando los cohetes nucleares que amenazaban a la isla. Durante esta época conoció al Che Guevara, y junto a él y a Jacobo Arbenz, entró en contacto con la experiencia vietnamita del general Angel Martínez, héroe de la guerra civil española, que combatió en el Ejército Rojo de la URSS durante la segunda guerra mundial y fue asesor de los vietnamitas durante la batalla de Dien Bien Phu.
Salió en el primer vuelo desde La Habana a México después de esa crisis de los cohetes. En noviembre del 62 llegó a Guatemala. En el aeropuerto lo capturaron y lo secuestró el departamento de Investigaciones Especiales: allí lo interrogó un cubano-norteamericano de la CIA, sobre la situación interna en Cuba durante la crisis. Fue liberado y acusado en la prensa guatemalteca de haber puesto bombas en las mismas fechas en las que estaba prisionero.
Una semana después de su libertad, dirigió dos unidades armadas que recuperaron 17 fusiles y pistolas en la ciudad de Guatemala, el día que se sublevó la Fuerza Aérea contra el general Miguel Ydígoras.
Fue perseguido y se ha librado por obra y gracia del Espíritu Santo; reapareció sentado a la diestra de Augusto Turcios Lima y Marco Antonio Yon Sosa, para fundar los primeros frentes guerrilleros. Hizo las primeras exploraciones en Rabinal, Baja Verapaz, en donde reclutó a Emilio Román López, (Pascual Ixtapó) el primer dirigente guerrillero indígena, y a Fidel Raxcacoj Xitumul, (Socorro Sical) quien fuera asesinado por el Ejército mexicano el año 1970 junto a Yon Sosa en la selva de Chiapas, México.
En 1963 cruzó el Lago de Izabal, una noche sin luna, en un cayuco lleno de armas, con un lanchero anticomunista, contratado comercialmente y que había participado en la contrarrevolución "liberacionista" del año 54 contra Arbenz. Fue junto con un chiclero de nombre Darío, (Daniel Palma) pionero de la Guerrilla Edgar Ibarra en la Sierra de las Minas.
Lo nombraron jefe de la vanguardia de Turcios Lima, luego de la guerrilla en la zona de Zacapa, del frente Guerrillero Edgar Ibarra (FGEI) y más tarde de las Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR) al morir Turcios Lima.
Junto a 4 sandinistas nicaragüenses, a quienes les daba entrenamiento, bajó de las montañas de Monjas, Jalapa, en medio de una represión y ofensiva feroces, para estar presente en el sepelio de Turcios Lima.
A la par de Turcios, se fugó de varias casas en donde los había rodeado la Policía y el Ejército, se salvó de milagro de múltiples emboscadas; los hermanos Del Busto, españoles residentes en Guatemala y admiradores de James Bond, intentaron envenenarlos a ambos, afirmando que por orden de Ricardo Peralta Méndez, jefe del Estado Mayor del Ejército.
César fue a la reunión de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS) en Cuba y se negó a la publicidad, habiendo delegado a Néstor Valle para los actos públicos.
Fue dado por muerto en declaraciones del Ministro de la Defensa durante el gobierno de J. C. Méndez Montenegro, en titulares de primera plana. Aceptó la mentira del Ejército y mantuvo la imagen de su muerte, que perdura en algunos círculos hasta la fecha.
Fue invitado por Kim II Sung, a visitar Corea y, por los vietnamitas, a visitar Hanoi. Estuvo en esa ciudad el día del primer bombardeo aéreo masivo estadounidense, a consecuencia que en el Sur, durante la gran ofensiva del Tet, el "Viet-Cong" se tomó casi todo Saigón, incluyendo la embajada norteamericana. Dicen que interrogó pilotos norteamericanos prisioneros. Vio caer aviones gringos derribados casi sobre su cabeza.
Se cuenta que iba de paso por París para el "mayo francés", en el año 68. Luego, que estuvo en Tlatelolco México, junto a Raúl Alvarez Garín, cuando la gran matanza de civiles desarmados en octubre y que lo enterraron bajo el nombre de Francisco Rivera Torres. Que estuvo en el desierto del Sahara, luego de su paso por Pekín, China, cuando la Revolución Cultural estaba en su auge. En Corea, cuando lo del barco "USS Pueblo".
Lo que sí está comprobado, es que estuvo llorando en silencio en Cuba, durante la velada solemne por la muerte del comandante Che Guevara y entrevistó a Pombo y Benigno, los sobrevivientes de la guerrilla de Bolivia.
Su casa en La Habana estaba situada no muy lejos de la del coronel Caamaño Deñó, el patriota dominicano que muriera en combate casi suicida. Se negó a escuchar las advertencias de Fidel sobre lo inoportuno de intentar, en ese momento, regresar a Guatemala a fundar una nueva organización guerrillera.
Se libró de la orden de "apresar y ajusticiar a César" que dio Camilo Sánchez en esa época.
Fue a México en el año 1970 y trabajó en el Ministerio de Salud (SAA) del Estado de México, en el área fronteriza con el estado de Guerrero, en donde Lucio Cabañas y Genaro Vásquez hacían guerrillas.
Vivió en la casa de un general mexicano que era jefe militar en Sinaloa; se entrevistó con el general Violante Pérez, quien le expuso su plan de ataque contra Lucio Cabañas y Genaro Vásquez, partiendo del Estado de México y en apoyo a las tropas del Estado de Guerrero.
Fue amigo de la esposa del comandante Cuahutémoc Cárdenas Ramírez, un judicial federal homónimo del hijo del general Cárdenas. Compró decenas de armas y municiones a la sombra de las pirámides de Teotihuacán. Se accidentó llevándolas a Chiapas, manejando el vehículo en el que se transportaban. Lo ayudó un policía de caminos que ignoraba el tipo de carga y que por unos cuantos cientos de pesos lo custodió casi hasta la frontera.
Se convirtió en colono de la selva Lacandona, en donde tuvo tierras vírgenes que roturó para sembrar maíz para la guerrilla. Quemó dos avionetas y tres Estaciones de Aforo de la Comisión de límites y aguas entre México y Guatemala; secuestró a varios cazadores mexicanos para obligar a los generales Casillas y Barquera, quienes habían asesinado a Yon Sosa, a perseguirlo, para emboscarlos. Le falló porque éstos nunca salieron de su campamento.
César Montes entró por la selva Lacandona chiapaneca a fundar, junto a 15 combatientes, el Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP). Resistió junto a sus compañeros de guerrilla la ofensiva de dos Ejércitos, los ataques y difamación de sus propios compañeros que lo acusaron de mesianismo y de ánimos de autoinmolación para reivindicar el pasado.
Lo que ocurrió en esa experiencia guerrillera, está relatado en el libro "Los días de la selva", escrito por Mario Payeras, con el cual ganó el Premio Casa de las Américas. Aunque en ese testimonio no se le menciona como jefe de esa guerrilla, sino como eficiente cazador de venados.
Vale decir que César no hizo todas estas cosas solo. Que se relatarán muchas de sus vivencias en las que participaron unos y otros compañeros suyos. Pero casi ninguno participó en todos esos hechos junto a él. Más bien, algunos de los que participaron criticaban la forma como estos hechos se dieron.
Siempre se dijo que hacemos la revolución en las circunstancias que se nos impone y que éstas no son siempre las que ideamos, ni las que hubiéramos deseado.
Es necesario también aclarar que en el EGP nació Víctor Guerra, otra personalidad, ya que César había muerto oficialmente y ese seudónimo no se usó más desde el año 68. En México fue Francisco López Ramírez, una ironía burlesca para poderse llamar "Pancho López".
En la selva del Ixcán, se llamó Víctor Guerra, luego subió hasta las montañas de la zona Ixil, junto al heroico y reducido grupo de combatientes que entraron de México con él, quien alguna habilidad debió tener en la conducción para que no lo mataran, ni a ninguno de sus compañeros, mientras dirigió la guerrilla. Que otros lo callen, lo ignoren o lo quieran negar, no borra los hechos históricos que están avalando lo que ahora diremos sobre Víctor.
Desde el 19 de enero de 1972, hasta finales del año 1978, fue miembro de la Dirección Nacional del EGP. Tuvo diferencias sobre el papel del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) de Nicaragua, vaticinó el triunfo de los sandinistas y propuso enviar combatientes a contribuir al derrocamiento de Somoza. Derrotada su propuesta y como consecuencia de la muerte en combate de su compañera, Clemencia Paiz Cárcamo, acordó con la Dirección del movimiento, salir a México con su hija Elisa, para hacerse cargo del trabajo de propaganda y solidaridad exterior.
Luego de su salida y a sus espaldas, se le declaró fuera del movimiento, sin hacerlo de su conocimiento.
Roto todo vínculo, se dedicó en 1979 a trabajar en la Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos (SARH) de Tlaxcala, en un programa de organización campesina y fue allí donde conoció a Beatriz Paredes, quien en esos años era Diputada Federal del PRI.
Estaba preparándose para ir a Nicaragua, cuando triunfó la Revolución, el 19 de julio de 1979. Se negó a viajar a ese país después de esa fecha, porque le pareció oportunista la actitud de muchos que iban en esos momentos.
Luego de un análisis serio, llegó a la conclusión que el vértice de la Revolución Centroamericana se trasladaría a El Salvador.
Organizó el Comité de Solidaridad de Tlaxcala con el pueblo salvadoreño, que tenía la particularidad de integrar sólo funcionarios del gobierno y profesionales de una gran integridad y dedicación.
Se casó con una dulce y linda mexicana, con quien procreó dos hijos. Cuando ya estaba trabajando con la Coordinación de Proyectos de Desarrollo de la Presidencia de la República de México, fue reclutado por el frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) para regresar a Centroamérica. Renunció a su cargo de funcionario estatal "mexicano", y a los generosos honorarios que percibía, para cambiarlos por una trinchera y un puesto de combate en El Salvador.
Arribó al Cerro de Guazapa en 1982; allí nació como Pedro Guerra (Pedrito el mexicano), cuando se iniciaban los esfuerzos por convertirlo en un frente guerrillero; llegó a ser comandante del mismo.
Después de 3 años ininterrumpidos de combates en el frente, señaló sus diferencias con la organización Resistencia Nacional (RN) a la que pertenecía. Presentó su renuncia y solicitó ingreso a otra organización. Casi le cuesta la vida a manos de sus ex compañeros, quienes señalaron que los había calumniado al calificarlos de socialdemócratas.
Con el apoyo del Partido Revolucionario de los trabajadores (PRTC), el Partido Comunista Salvadoreño (PCS) y las Fuerzas Populares de Liberación (FPL) se evitó un desenlace fatal y salió para Nicaragua, en donde a 15 días de haber llegado, se integró a la Ayudantía de la Jefatura de las Tropas Especiales del Ministerio del Interior, bajo las órdenes del comandante Walter Ferretéi (Chombito) para enfrentar a la "Contra" durante tres años consecutivos.
Luego de la firma de Acuerdos de Paz entre la Resistencia nicaragüense y el gobierno sandinista, se integró a la Coordinadora Regional de Investigaciones Económico Sociales (CRIES); luego tuvo la primera y única empresa de vigilantes privados autorizada por los sandinistas, en donde dio trabajo a refugiados y lisiados de guerra salvadoreños. Después del triunfo de Violeta Chamorro, algunos de los mismos sandinistas se la cerraron para poner una ellos y eliminar así la competencia.
Dicen que en esa época, se dedicó a obtener misiles antiaéreos rusos C-2-M y C-3-M (conocidos como SAM) y que envió algunos por vía aérea a El Salvador para la última ofensiva.
Se dedicó a asesorar desmovilizados del Ejército Popular Sandinista (EPS) y de la Resistencia nicaragüense en proyectos productivos de reconciliación, para lograr la reinserción de excombatientes y ex soldados a la vida civil, contratado por una ONG europea.
Luego de la firma de los Acuerdos de Paz de Chapultepec, viajó a México a ver a su madre y hermanas, después de 25 años que lo daban por muerto. Allí en el aeropuerto la ex comandante salvadoreña Nidia Díaz le dijo: "Debieras viajar a San Salvador para estar con nosotros el día que entremos al país. Te lo has ganado y esta invitación es para que veas que nuestro pueblo no es injusto ni ingrato, sino generoso".
Hizo intentos de viajar, pero prefirió que su madre y familia no sufrieran más angustias por sus actividades revolucionarias. Esperó a su anciana madre y se abrazaron llorando desconsoladamente en el aeropuerto Benito Juárez.
Allí murió César Montes. Era tiempo que yo reviviera.
Julio César Macías

 

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Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.