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Muerte de un Guerrillero
(texto de una entrevista hecha a César Montes por "El Periodico")
César Montes, uno de los comandantes guerrilleros más antiguos
está a punto de morir. Fue uno de los fundadores de las FAR en
los años 60; integró, durante la segunda ola de la guerrilla,
el EGP, y cuando quebró con Rolando Morán, se fue a El Salvador
y a Nicaragua, a proseguir su lucha revolucionaria. César Montes
quiere hacer renacer a Julio César Macías, su verdadera
identidad, y para ello ha escrito un libro de memorias, 'La guerrilla
fue mi camino', que ha editado Piedra Santa y que le [fué] entregado
al autor el viernes 14 de Noviembre de 1997.
¿Cómo se convirtió en un guerrillero?
Como muchos jóvenes: porque había una revolución
en Guatemala. Mi primer participación política, según
me acusaba mi mamá, fue a los cuatro o cinco años. Iban
a enterrar a mi abuelita y como vi un tumulto pensé que era una
manifestación; entonces grité: '¡Viva Arévalo!'
¿Cómo fue su niñez, su juventud?
Había sido formado muy religiosamente; incluso iba a entrar al
Seminario San José de la Montaña, de El Salvador, pero un
sacerdote me invitó a verlo ordenarse. Había sido una especie
de mentor, de padrino, de consejero. Cuando lo vi tendido en cruz en el
piso, en una actitud penitente muy dramática, me dije 'eso no es
conmigo'. Además, me habían prohibido leer la Biblia.
Y cuando me alejé de la Iglesia Católica coincidentemente
llegaron a Mazatenango los mormones y me vinculé con ellos para
aprender a hablar inglés. Además hacían muchas fiestas
y yo era muy bailador.
Pero ni el inglés ni el baile lo volvieron revolucionario.
¿O sí?
Tenía una formación muy religiosa que me apartaba de todo
tipo de violencia y también una formación revolucionaria,
que me la daba la sociedad, el entorno social en que me movía,
porque Mazatenango era un fermento revolucionario.. Cuando yo tenía
13 años y estaba practicando mecanografía, un campesino
que había sufrido despojo de sus tierras llegó y solicitó
que le hicieran una carta de queja. Yo utilicé la máquina
de la práctica para auxiliarlo, y entonces la presidenta y la vicepresidenta
de las Hijas de María me sacaron a empellones acusándome
de comunista. Era 1954, ya MacCarthy había hecho sonar aquí
sus tambores. A mí me parecía que era que dos y dos son
cuatro, pero a los que ayudan a la gente pobre, a los que tienen motivaciones
sociales, pues, les dicen comunistas. Creo que en ese momento fue cuando,
con los mormones, parece que reencarné en alguien de no sé
de qué época, pero que tenía autoridad. En la iglesia
mormona recibí el sacerdocio de los mormones que no se pierde,
aunque pase mucho tiempo sin ejercerse.
Pero eso no explica su adhesión a la guerrilla
Por los mormones conocí a un funcionario de la embajada norteamericana
que también era mormón y que nos invitó a mí,
a mi hermana y a su esposo a visitar Tikal, Copán y otras ruinas.
Me di cuenta que al ir en una avioneta norteamericana no había
fronteras en Centroamérica. El aterrizaba en cualquier país
y no necesitaba visa. Y este señor, cuando no había guerrilla,
-estamos hablando de 1956 o 57- cuando ni soñaban los militares
del 13 de noviembre en sublevarse, ya estaba reclutando jóvenes
para la CIA, para actividades anticomunistas.
Fue el triunfo del 54 lo que dividió a los guatemaltecos en buenos
y malos. Antes había gentes de diferentes partidos, de diferentes
tendencias. Pero en el 54, que es donde empieza el ciclo del silencio
del país, se inicia la violencia con la intervención norteamericana
en Guatemala.
Tuvimos que venirnos de Mazatenango por los ataques constantes a la casa
de mi familia. Nos cateaban cada 15 días, nos gritaban comunistas
en la calle.
¿Sus hermanos militaban en algún partido?
Uno fue del Partido Guatemalteco del Trabajo y el otro, de Alianza de
la Juventud Democrática, antes de la caída de Arbenz, y
se fueron al exilio. Pero yo no tenía mucho que ver con ellos.
A mí me afectaba la relación con los norteamericanos, y
al llegar a Guatemala, me vinculé en el Aqueche con los estudiantes
de izquierda preocupados de los problemas sociales. Comenzamos a manifestar
en contra de toda una serie de fenómenos negativos del país.
Eso nos llevó a constituir, con el estudiantado de secundaria,
un organismo que nos articulaba a todos.
¿Cómo se llamaba ese grupo estudiantil?
FUEGO: Frente Unido del Estudiantado Guatemalteco Organizado. Ibamos desarmados
a todas las manifestaciones, confiando plenamente en un juego democrático.
Inicialmente éramos reprimidos con garrotes, luego con lacrimógenas;
después empezaron los disparos esporádicos y finalmente,
nos empezaron a ametrallar. Nosotros tomamos unas pistolitas para defendernos.
¿De qué año estamos hablando?
Del 58 o 59. Cuando triunfó la Revolución Cubana se hizo
una manifestación en la 6a. avenida y fueron asesinados estudiantes
universitarios absolutamente desarmados. Entonces fui uno de los primeros
que, en contra de mis convicciones religiosas, consideré necesario
tener un arma para poder defenderme.
¿Cómo se articuló la guerrilla?
Ya después del 13 de noviembre, los militares encabezados por Alejandro
de León hicieron acciones como la toma de Bananera y Quiriguá.
Pretendieron vincularse con partidos políticos y comenzaron con
el MLN, que estaba dispuesto, siempre que mataran comunistas, a convertirlos
en escuadrones de la muerte. Asqueados, comenzaron un recorrido a través
de la DC, de De León Schlotter, que planteó cosas menos
graves, pero siempre manipulaciones. Hablaron hasta con el PR y finalmente,
los que les tuvieron más aprecio y los financiaron durante algún
tiempo fue el FUR, un partido donde estaban Villagrán Kramer y
Meme Colom. Villagrán Kramer, que tenía muchos recursos,
los estuvo financiando durante mucho tiempo con ayudas mensuales o trimestrales.
¿Quiénes constituyeron las primeras FAR?
Los militares del 13 de noviembre, el movimiento estudiantil '12 de abril'
y el movimiento '20 de Octubre' que realmente era el PGT.
¿Dónde estaba usted en ese tiempo?
En 1961 entré a la Universidad de San Carlos. Allí conocí
a muchos de los revolucionarios: Tono Móbil y José Luis
Balcárcel, Piki Díaz, Edelberto Torres. Ahí fui reclutado
por la Juventud.
Compartí el aula con Raquel Blandón, quien debió
haber sido la Presidenta; estoy absolutamente seguro que su matrimonio
le impidió desarrollarse más. También estuvo otro
conocido, Ramiro de León Carpio, que era nuestro compañero
de aula y que estaba también conmigo militando en una célula
de la Juventud. Recorrió mucho del prisma político del país,
pero esas son cosas que están en la historia y no se pueden borrar,
aunque se nieguen.
¿Y qué los motivaba a usted y a sus compañeros?
Peleábamos quién iba con la manta en la primera línea
de fuego, quién iba con la bandera, quién llevaba el garrote
para pegarle a los policías cuando nos lanzaban las lacrimógenas.
Entre ellos estaba Rodolfo Payeras, que fue como mi hermano y editaba
un periódico llamado 'El Estudiante'. Ahí me vinculé
con otros revolucionarios -el Kropotkin guatemalteco- que se llamaban
Edmundo Guerra Teilheimer y Fernando Arce Behrens, los radicales, y a
quienes admirábamos por valientes, por irreverentes, porque no
pertenecían a ninguna estructura: ni al PTG, ni a la JPT. Eran
revolucionarios heroicos y eran románticos y nosotros lo seguimos
siendo.
¿Quiénes sobreviven, de sus compañeros en el
inicio de la guerrilla?
Algunos pocos sobreviven. Edgar Ibarra fue muerto y fue su nombre el que
usamos con Turcios Lima para identificar el frente guerrillero en que
participamos.
Oscar Arturo Pérez vive en Finlandia; hay otros también
que están alejados y algunos de ellos que participaron, como Factor
Méndez, sostienen con otros el esfuerzo de mantenerse sin armas
en las luchas civiles y patrióticas. Nosotros entendimos que el
camino era cambiar el régimen por la vía armada, porque
nos cerraron los espacios políticos.
¿Y quiénes que hayan pertenecido a la guerrilla, -ya
en la línea de fuego, ya en lo intelectual- están ahora
en el Gobierno?
Bueno, Gustavo Porras, a quien yo mismo recluté e invité
para que fuera a Cuba. Un muchacho brillante, de carácter absolutamente
religioso, con convicciones muy fuertes, que estudió seriamente
el marxismo. En Guatemala sólo existen dos resúmenes de
El Capital y uno de ellos es de Gustavo Porras. No hay otros en
el resto de América Latina. El se vinculó a la lucha a través
del Cráter de los Maryknoll. Fueron reprimidos y fueron tratados
como guerrilleros cuando no lo eran. El Ejército y la represión
los obligaron a tomar el camino de las armas. Ahorita, entre las personas
que estuvieron vinculados a la izquierda, pero siempre en un plano ideológico,
intelectual y analítico, está Gabriel Aguilera. También
se ha señalado a Stein, pero no lo sé. No lo conocí,
porque yo siempre andaba en la onda gruesa.
¿Cómo murió Alejandro de León, el primer
líder del 13 de noviembre?
Alejandro de León fue reprimido como comunista cuando nunca lo
fue. Hasta el último de los días de su vida fue un militar
consecuente con su país, con su institución y lo que quería
era crear un Ejército digno, nacional, moderno, libre de la corrupción.
Murió por esos ideales, asesinado cobardemente por Ranulfo González
Ovalle, después de que a él se le acabaron los cartuchos
de su pistola enfrentado a cinco o seis ametralladoras.
Como consecuencia de ese asesinato, los militares introdujeron el ajusticiamiento
revolucionario: Ranulfo González Ovalle murió bajo las balas
de Marco Antonio Yon Sosa, Luis Trejo Esquivel y Luis Turcios Lima. Lo
mataron frente a la iglesia de Santa Rosa.
¿Cuál era el apodo de González Ovalle?
Siete Litros. Ahí los militares nos enseñaron que había
que devolver golpe por golpe. Por entonces se conformaba otro movimiento
insurgente en Guatemala, 'La guerrilla de Concuá' y quien lo encabezaba
era otro militar, el coronel Carlos Paz Tejada, con el patojo Cáceres,
el Choco Rodríguez, Rodrigo Asturias y otro. Un esfuerzo guerrillero
que se llamó, que fracasó, pero dejó lecciones que
sirvieron más adelante a las FAR
Y desde el principio usted...
Sí, desde el principio, para que quede constancia histórica
y que no se digan cosas que no son ciertas, en la reunión de diciembre
de 1962 los constituyentes de las FAR fueron, por el 13 de noviembre:
el coronel Loarca, Marco Antonio Yon Sosa, Luis Augusto Turcios Lima,
y Luis Trejo Esquivel, nadie más. Por el 12 de abril estuvieron:
el doctor Carlos Estrada, Roberto Taracena, Roberto Lobo Dubón,
Nacho Flores y otro que está vivo pero que me ha pedido que no
mencione su nombre. Por el PTG estuvieron: Silva Jonama, el Gato Valle,
Nayo Lemus y Joaquín Noval. Ninguno más de los que se atribuyen
el ser fundadores de las FAR lo fueron.
¿Y usted, dónde estaba? ¿En las FAR?
Sí, junto a Turcios Lima desde noviembre del 62. Había estado
en Cuba estudiando medicina. Pero luego de la segunda declaración
de la Habana y de vivir la crisis de los misiles de octubre decidí
regresar. En ese momento no había guerrilla en el país,
pero fui capturado y secuestrado junto con José María Ortiz
Vides. La industria y la táctica del secuestro la instituyó
el Ejército Nacional de Guatemala y unos de los primeros secuestrados
fueron José María Ortiz Vides y Julio César Macías.
Ya no pude seguir usando mi nombre, ese día nació otro personaje;
yo le di vida y él me dio muerte: César Montes. El 10 de
noviembre del 62 salí de la cárcel después de haber
sido torturado e interrogado por un cubano gusano en el edificio donde
está la editorial del Ejército, que ya era del Ejército.
Me robaron la cédula, me robaron el pasaporte, me robaron todo
y me condenaron al camino del uso de las armas.
Ya en ese mismo mes, cuando se sublevó la Fuerza Aérea el
día 25, participé en la primera acción armada. Junto
con Edmundo Guerra Teilheimer, con el Chino Rivera y otros desarmamos
como a 17 policías en la calle. Nos dimos cuenta que no sólo
los militares podían hacerlo. A raíz de eso, la Juventud
Patriota del Trabajo me promovió a la comisión militar del
partido y Joaquín Noval me presentó a Turcios Lima. En diciembre
yo ya estaba en lo que fue el germen inicial de coordinación entre
los tres movimientos.
¿Y cuál es esa historia de los trotskistas y los maoístas,
que el público no termina de entender?
Hubo tres frentes guerrilleros: el primero, en Izabal, lo dirigía
Yon Sosa; el segundo lo dirigía Trejo Esquivel, en Zacapa, y el
tercero, de Turcios Lima, en la Sierra de las Minas.
¿De dónde sacaban el apoyo financiero?
Compramos armas; recuperamos dinero. Uno de los primeros secuestrados
fue un ganadero Samayoa. De ahí obtuvimos recursos. Yo compré
como seis ametralladoras Thompson a gente del Ejército de Liberación
Nacional. Es más, las usamos Turcios Lima y yo contra la casa de
Mario Sandoval Alarcón. Le lanzamos una granada y varias ráfagas.
Y si las primeras armas las conseguimos con los de la liberación,
ya en el frente guerrillero conseguimos un vínculo con un pariente
del ex presidente Luis Echeverría en México, porque no éramos
sostenidos ni por los rusos ni por los chinos ni por los cubanos.
¿Y vinieron armas de México?
Y con las armas vinieron unos mexicanos y unos argentinos que se introdujeron
al movimiento sin confesar su orientación ideológica; y
debido a su eficiencia para conseguir armas, municiones, dinero y todo
eso, exigieron una cuota de influencia muy grande de Yon Sosa. Cuando
la tuvieron empezaron a descubrir sus postulados: eran trotskistas. Eso
fue producto de la inconsistencia del PGT. Habían sido nuestros
dirigentes, nos lanzaron a la lucha y que no estaban cumpliendo su papel
político.
¿Qué querían los trotskistas?
Planteaban que, en lugar de guerrilla, se promovieran insurrecciones de
los obreros y de los barrios. Incluso querían que la AEU publicara
un comunicado convocando al camino de las armas, querían cerrar
la universidad y que todos los estudiantes universitarios se fueran a
los barrios a reeditar lo de marzo y abril. Sobre todo, querían
reeditar la insurrección de Petrogrado. Nosotros ni éramos
soviéticos ni éramos la Unión Soviética, ni
en Guatemala había clase obrera para hacer esas cosas. Plantearon
otra serie de tesis absurdas y acusaron a Fidel de haber asesinado al
Che en Cuba. Lo peor fue que usaron el nombre de Yon Sosa.
Pero, Yon Sosa ¿no estaba con ellos?
No; Yon Sosa siempre le daba poca importancia a los aspectos políticos.
Hay una frase célebre que le dijo al partido comunista: 'Ustedes
dirijan la política, yo dirijo la guerra'.
¿Y los maoístas quiénes fueron?
Hubo algunas gentes que simpatizaron con Mao, como Camilo Sánchez.
Había gente que quería copiar mecánicamente la experiencia
de la Larga Marcha de Yunán y de todas esas cosas. Trataron de
hacerlo Camilo Sánchez y Monsanto Manzana cuando se fueron a Petén,
abandonando todas sus bases sociales y la importancia estratégica
que tenía estar junto a la ruta del Atlántico y la Sierra
de las Minas.
¿Ahora estamos en el año?
Era 1967, el año que murió el Che. Los compañeros
dejaron librados a su suerte a los orientales y se fueron a Petén
en un movimiento de repliegue que sirvió a las fuerzas de Arana,
quien realizó las masacres de Río Hondo, Teculután,
Usulután.
En ese tiempo lo acusaron de andar haciendo turismo por Vietnam y
Corea.
Sí, esas son un poco de las inmadureces del movimiento, porque
mal se podía hacer turismo donde se peleaba la guerra más
atroz de la época contemporánea. Yo estaba en Hanoi en el
momento en que era bombardeada por los B-52, y decir eso es una estupidez
insostenible. No se puede hacer turismo guerrillero en una de las zonas
en donde el conflicto revolucionario era más agudo en el mundo
¿No se necesita un poco de aventurerismo para ser combatiente?
Creo que no. Soy una persona de lo más natural y sencilla y de
lo más pacífica. Es irónico que me haya tocado vivir
todo eso. Una tía que era espiritista me dijo que el espíritu
que me protegía era el de San Jorge, que andaba a caballo con una
espada y era un guerrero. Y una gitana que estuvo en Mazatenango me leyó
las cartas y las líneas de la mano y me dijo: 'No vas a morir violentamente,
vas a morir en la cama'.
Sin embargo, parece que el campo de batalla hubiera ejercido cierta
seducción en usted.
Pues yo creo que lo que produjo seducción en mí, además
de las mujeres, fue indudablemente la revolución social, yo hubiera
querido participar en fenómenos sociales pacíficos. Pero
cuando empezamos la lucha armada había sólo regímenes
militares en Centroamérica. Creo que en algo ha contribuido nuestra
lucha para que ahora haya sólo regímenes civiles y que el
proceso conduzca a la reducción de los ejércitos y la revisión
de su papel.
Usted fue fundador del EGP. ¿Cómo fue esa segunda etapa
de la guerrilla?
Se fundó, sobre todo, por los que habíamos generado la primera;
se incorporaron algunos que habían estudiado en Alemania, como
Mario Payeras; Nora Paiz, combatiente de las FAR. Durante el período
de la Nueva Organización Revolucionaria de Combate, NORC, se integró
Roque Dalton. También con gente del Cráter: Juan Luis Molina
Loza y otros. Nos juntamos en México, compramos dos terrenos, uno
junto al río Ixcán, donde había mejores condiciones
para instalarnos. Se nos unió Antonio Fernández Izaguirre
y algunos campesinos. Fuimos 15 hombres los que entramos. Después
se unió Rolando Morán, y había un grupo, en la ciudad,
que nos apoyaba.
¿Y por qué hubo otras organizaciones como ORPA, por
ejemplo?
Creo después de la muerte de Turcios y de nuestra salida del país,
se formó una especie de lucha de poder en las FAR. Luchas entre
quienes estaban en la ciudad y quienes se había ido a refugiar
a Petén. Los gérmenes de la ORPA se sitúan más
o menos en el 70. Pero mientras las FAR se retiran, nosotros estábamos
entrando por la selva de Ixcán. Yo tenía mayor identificación
con los esfuerzos de ORPA, enraizada en el Tajumulco, en Quetzaltenango,
Totonicapán y Sololá.
¿Cuál fue la razón de su discordia con Morán,
en el EGP?
La lucha por el poder. Yo aprendí a luchar contra el poder de las
clases dominantes y contra el Ejército de Guatemala. Lo que nunca
aprendí fue a acumular fuerzas en el interior de una organización
para aserruchar el piso de un compañero.
¿Entonces no fue en competencia por una mujer?
No. Ese argumento banaliza las cosas. Era claro que había dos ejes
de poder en el EGP. Uno en la montaña, que dirigía César
Montes con el nombre de Víctor Guerra. El otro, lo dirigía
Morán en la ciudad.
De la lectura de su libro saco la conclusión de que las mujeres
aparecen siempre como compañeras, objetos eróticos, el reposo
del guerrero, pues. Pero si las mujeres cumplieron como combatientes,
vivían en casas de seguridad, en la clandestinidad, se dejaron
la piel igual que los hombres, ¿por qué es tan poco relevante
el papel de la mujer en la historia oficial de la guerrilla?
En uno de los capítulos de mi libro apunto que había una
compañera que tenía un gran valor por sí misma, no
porque fuera la esposa, la amante de nadie. Ya Turcios y yo habíamos
tenido reflexiones autocríticas sobre el atraso en las cuestiones
de género. Para mí las compañeras son valiosas, como
el caso de Rogelia Cruz, por ejemplo. No se puede pensar en ella sin pensar
en alguien de mucho prestigio, mucho valor, mucha entrega. Y el hecho
de que las mujeres tengan relaciones no las empobrece, sino que en determinados
casos las enriquece, porque no buscaron reafirmarse en la organización
por ser la esposa de un comandante.
Texto: Ana María Rodas - Fotos:
Rolando González -Diseño: Alexander Mérida
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