Julio Fausto Aguilera (1928)
El poeta de Nuevo Signo alquila un cuarto en la zona 7, está enfermo, solo, y con deseos de publicar
Por : Gustavo Montenegro. Prensa Libre. Guatemala, domingo 23 de diciembre de 2001

“Quiero que diga que estoy enfermo, que estoy solo y que les diga mi dirección a mis amigos para que me vengan a ver”.

Eso me dijo el escritor Julio Fausto Aguilera (73 años). Vive en un cuarto de alquiler en la colonia Quinta Samayoa, zona 7 (Q350 al mes).

Sus vecinos lo aprecian y su hermana lo visita. Él padece desde hace varios años una enfermedad nerviosa que no le permite concentrarse para escribir o leer. Fausto dice que no puede escuchar radio porque lo aturden los locutores y no le gusta buscar de emisora en emisora.

“Pase adelante”, me dice y entro a su pieza en la que sólo hay una cama, dos sillas, un ropero (con una TV dentro y una mandolina con las cuerdas reventadas, encima). Sólo hay una ventana y todo se parece a la pintura de la habitación de Van Gogh.

Hay además un gavetero pero una de las gavetas se ha desfundado por obra y gracia de la polilla.

Julio Fausto, ¿qué lo llevó a entrar en el mundo de la poesía?

“Las cosas de la vida, los sucesos (silencio largo)... Mi primera estrofa la escribí a los 10 años. Pero la poesía en forma, como cuando tenía 25 años. Fueron mis primeros poemas ya logrados”.

¿Qué autores le gustan?

“Usted dice, ¿mis influencias?”

Sí...

“Ah, Pablo Neruda, César Vallejo y Walt Whitman”.

Aparte de su trabajo literario ¿a qué se ha dedicado?

“Trabajé en tribunales, manejaba documentos de procesos. Era un trabajo serio. Después trabajé en el IGSS, en oficina. Vivo de la jubilación que me dieron”.

¿Qué significa la poesía en su vida?

“De eso que me gustaría hablar tanto... no estoy para hablarlo (Se pasa la mano por la cabeza). Pero ha sido un privilegio y una responsabilidad. Mi poesía tiene mensaje. He tratado de hacerla lo mejor posible”.

¿Privilegio y responsabilidad...?

“Una grave responsabilidad. La poesía no es juguete. No es para lograr palmas (aplaude). La tarea del poeta es encontrar su mensaje y transmitirlo. El poeta es un vidente, una especie de médium, un receptor que también es transmisor”.

¿Ha escrito nuevos poemas?

“Unos cuatro o cinco, porque mi hermana es quien me escribe lo que voy dictándole, pero con este mal, como es del cerebro, siento que me da vueltas todo, me pongo peor. Sólo porque estoy enfermo ya no he escrito porque siempre fuí constante. En (el diario vespertino) La Hora me han publicado varios. Tengo unos que me gustaría sacar en un libro”.

Julio Fausto me pidió que buscara un par de poemas. “Tenía las hojas en un fólder pero no sé qué se hicieron. Mire en esa gaveta”, dijo.

La tal gaveta no se abrió porque estaba desfundada, pero alcancé a sacar un legajo de hojas amarillas, mecanografiadas, metidas en un folder descolorido.

“¡Esas son!... creí que se habían perdido qué tiempos!. Ahí estaban mis poemas”. Después saqué otras hojas sueltas. Me preguntó:

“¿Qué dice el título de esa?” Yo le digo “Sexta avenida”... “Ese... ése llévese para publicar. A ver léalo en voz alta por favor, porque a mí me cuesta leer”. Se lo leí.

La pieza donde Julio Fausto vive es reducida, con techo de lámina y cielo falso de machihembre que tiene un agujero viejo, como ojo triste. La puerta de entrada arrastra una esquina al cerrar o abrir.

En la mesa hay unos bananos y unos chocolates.

Julio Fausto fue miembro del grupo literario Nuevo Signo, fundado en 1968, al cual pertenecieron Francisco Morales Santos, Luis Alfredo Arango y Roberto Obregón, entre otros. Julio Fausto dice que se acuerda de todos ellos. Dice que se enteró de la muerte de Luis Alfredo. Que le hubiera gustado escribir algo pero la enfermedad no se lo permite...

“Lo más serio de este mal ha sido desde el 98. Mire cómo me tiembla el pulso... (Acerca su muñeca a mi mano. Se siente el pulso tan alto como si hubiera venido corriendo).

Me contó que lo está tratando un medico naturista y que también lo ve un doctor de apellido Aguilar.

Sexta avenida

Sólo sos un recuerdo con su nombre y su sitio.

Eras aquella principal, aquella lujosa de los provincianos de la metrópoli. Cuidada y limpia como una alhaja de familia pobre.

Eras ideal para lucir el traje. Para escuchar silbidos y requiebros baratos. Para lucir la candidez y la inocencia y hasta para soñar a Guatemala si no la encontrábamos allí.

Tus domingos olían a bouquet de novia. Eras una fiesta cada tarde. Fiestosa, pero apacible. Yo caminaba tranquilo por tus aceras con todo lo que soy, con mis dolores y alguna gana de ser alegre.

¿Te acordás? Los gringueros te llamaban “el Broadway guatemalteco”. Pero aún no eras esa bazofia estruendosa en /inglés, ruido que me ahuyenta y me da náuseas.

Ruido. Mugre. Desfile de abandono.

...Sólo sos un recuerdo con su nom/bre y su sitio.

 


 

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Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.