quinto libro
EL LIBRO DE LOS DESEOS

 
 
PEQUEÑOS DESEOS

 
Pequeño deseo,
motín de barcos y mares
mágicos.
Hay una aurora.
De correr
y saltar ríos y venas,
deseo de desear.
Despeinémonos hoy.
De entrar a cuartos alineados
y recostarse junto a las repisas
amando estampas de santos.
Pequeño deseo de jugar,
de evadir la muerte.

 

 

JUSTO PARA NADA

 

 

Lleno de rayas borradas
por sueños.
Domingo por la tarde lleno de día.
Un sol artificial extinguido
alumbra en plena multitud.
Deseoso de cruzar la calle.
Verde nostalgia de casa grande
y naves hundidas en la bañera.
Completamente desnudo.
Tarde de domingo en soledad
gastando dinero para nada.

 

 
 
 

NOCTURNO

 

 

Celofán de noche
con los ojos apagados,
nubes artificiales
con bombillas:
Nada.
Letras que se leen solas,
mudas,
con el sentido inexplicable.
Un barrilete se confunde
en el espacio.
De noche y sin mujer,
ya sin amigos para siempre,
ningún objeto cerca.
Mentiras de noche y de día,
sin que se puedan entender:
exiliado del sol siempre igual.

 

 

PARQUE

 
Cada amanecer con su diadema:
la noche alumbra en todo su Dios.
Todas las bancas se ensucian
y los corredores crecen gastados.
Viernes sin hojas que retoñan.
Miseria de nuestras bocas,
besando pies ajenos de tarde
frente al edificio del Ayuntamiento.
En este parque lleno de pasos
la vida es un verdadero cine.

 

 
 
 

MEMORIAS

 

 

Hoy extraño:
He venido temprano al día
y no he arreglado ropa
ni preparado libros
ni mirado por la ventana
las luciérnagas que abundan en las avenidas.
No he tenido ni ronquido cercano de amigos.
Los corredores siguen extendiéndose
en el vacío.
Creo que estoy ebrio,
aún no muero
ni he besado mi rostro en el espejo:
todavía recurro al ensueño.

 

 
 
 

SOBRE TRENES

 

 

Mi cumpleaños no significa nada.
Creo que el viento sopla desmayado
sin satisfacción,
y me hace falta el color.
Los municipios se me escapan
por los poros corruptos,
independiente del juego.
Ya no tiro piedras
ni me escondo a fumar
y se ha roto mi traje de mago,
cortado con la mano
en la ventana iluminada de luz
de papel china.
Masco la tierra profunda
sin digerir su amenidad.
Pasan los trenes
con gente y sorpresa en sus caras,
desde ventanillas
que no significan nada,
como mi cumpleaños.

 

 
 
 
 

CABEZAS

 

 

Los remordimientos nos enredan por dentro,
escondidos como lunas en el pecho.
Abandoné a Dios esa noche en el cine
y ahora no lo encuentro.
Pequeño ataúd transparente.
"Te doy mi saco
mis costumbres
mi duelo".
Me falta el consuelo para el sueño,
ese crimen de ensueño.
¿Dónde quedó la caridad?

 

 

POEMA DE AMOR

 

 

Descubro sus ojos aruñados
entre montañas y volcanes.
Ciudad de periódico de papel
con letra de imprenta acerada,
calles trazadas con regla,
estucos moldeados con hojas de afeitar.
Ella no era de aquí
y el mirador brumoso me contempla,
es lejos seguir:
en un patio,
      tendida,
        ropa abandonada.
Yo era muy pequeño
entre el cuerpo de traje grande.
Mi garganta se quema.
Su voz llegaba con tinta clara
matándome los tímpanos.
Estuvo guardada:
tanta tanta tanta.

 

 

DE VUELTA

 

 

Vendrá mirando para abajo,
sin monedas ni huellas,
con una maceta marchita de continente.
No habrá visto girasoles en la carretera.
Mudo de caminos:
espinado por rosales silvestres
y manchado de madréporas salvajes.
Entrará pródigo a sus mismas paredes
envidiándose a sí mismo por tanto techo,
nostálgico de cielo.
Más poeta que César Vallejo.
De vuelta coserá todos los hilos
y su vuelo acabará con la tristeza.
Entonces habrá viajado y vivido,
habrá probado entero el sabor de la tierra.

 

 
 
 

ABUNDANCIA

 

 

Tú me das un paso
y yo quiero tomar todos los pasos del mundo.
Me das un camino
y yo me pierdo en las veredas,
inconforme con lo divino.
Me enseñas tu boca llena de agua
de luces propias y guijarros,
de voces misteriosas
perdiéndose en colinas profundas,
y soy ciego:
Me das un beso para que calme la sed
y harto quiero envenenarme
y pudrirme de océano.
La dicha es la soberbia
que me mata de abundancia.

 

 
 
 
 

SIN PALABRAS

 

 
 
 

Cansado dolor de alma,
almacenado.
Día de fiesta jamás,
buscando el azar en una esquina,
con música de fondo,
cualquier invitación.
Epoca suicida.
Ganas de salir
sin palabras,
con todo el luto del cansancio
y el desvelo amortiguado
por tu memoria
en las extensas noches,
y reir como anoche,
sin las prisas dibujadas
en el regreso.
Piernas hilvanadas al suelo:
poemas escritos en voz alta.
Con todos los lugares del mundo
para salir sin nadie en mi pizarra,
con la compañía a cuestas
por todos los postes de la avenida.
Bebiendo los óleos clavados en la pared.
Severa puerta que rechina,
con el alma encerrada en el último sobre aéreo.

 

 
 
 

PROFANACIONES

 

 
 
 

Embarrado en los pies del mundo
y lleno de enjarronados vicios espirituales:
mis deudas como mis huellas permanentes.
Mil veces profanado en silencio,
sin pilares enrraizados en el cuerpo,
hablando hasta los ecos,
calcinado,
rodeado por murallas vecinas.
Me pudro desnudo
siendo mi propio enemigo.
Hasta el último retoño, mortal,
juzgado por todos en negativa,
culpable por la divinidad.
Es justo el desprecio
la imposibilidad para el perdón,
el cariño sin destinatario.
Paisaje hermoso tan cambiante,
ardiente de odio
en toda mi arquitectura.

 

 
 
 

EN RUINA

 

 

En ruina.
Con cada verano sufriendo las lluvias
de su retorno y paso.
Derramado en el copón transparente,
como amanecer redondo,
en venta siempre,
el chasis no se regala.
Con voz agrietada
y mirar de corredor infinito
techado de cielo:
al acecho del ánsia,
sin pies para beber todo
el terreno del mundo.
Anuncio mi resurrección pasajera,
lo escribo en papel,
a mano,
con barcos de vela
en un infinito azul acotado.
Los elementos acaban con cada cúpula,
para la reconstrucción vacía
de planes frustrados por el ocio.
Entonces se acumula todo
el salitre en la piedra,
mi foto de figurín cadavérico
que es sólo pájaro sin celda,
frenético de miedo,
al alcance de los zarpazos,
de diablos y mariposas.
Con todos los enemigos en casa,
disfrazados de cruces:
Grandes filas de peregrinos
entre mis muros deshojados,
que manchan los caminos
y confunden los rasgos de mi huella.
Como los años cubriéndolo todo,
velando mi templo de ensueño.

 

 
EXODOS

 

 
 
 
 

Es hora de marcharme a toda prisa,
escondiendo mis joyas invisibles,
sin espaldas para no tener dirección,
sin pensamientos para no tener meta.
Exodo incalificable de volumen
con todas las manos manchadas,
saliendo de donde nunca se entró,
regalando lo que no fue propio.
Todos los paisajes estarán pegados
con fotos en mi aire.
Subiendo hasta donde se imaginó,
sobre pedestales que no hay cerca,
donde las banderas no tienen color
ni los poetas o jueces condenan,
a morir sobre la imaginación.
Exodo de partida sin velas
a la eterna voz del derecho en desierto.
Al final todos esperan
sin saber que voy preñado de nuevas frentes,
sin saber que les he faltado.
Me marcho,
abandono de todo lo poco vivo,
ruin y solitario,
para que sean muy felices,
amén.

 

 
 
 
 

LEGITIMIDADES

 

 

Oir solamente los gritos destemplados,
frenético egoísta,
sin transformar la propiedad:
No es importante toda la tranquilidad
y da placer ser estoico
ante el sufrimiento ajeno.
Regreso sin linterna a reposar,
respirando ágil la liviana presencia femenina,
de mi ciudad,
de mi ropa naftalinada,
de mi propia imagen incompleta:
¿Quién se recuerda entonces de la calle?
Tengo entera la felicidad.
Hasta bebo a gusto mis horas solo:
Para envidia alada de mis enemigos,
es todo lo que espero de la maldad.
Armado para los tiempos heróicos,
bajo la suave nube inspirada del ensueño:
Entonces sueño.
Lo tengo todo empapelado en el alma,
escribo lo que quiero,
sueño lo que quiero,
y mi mirada triste es inventada.
Nada más de lo que yo quería,
paisaje de boca grande en la ventana,
tejido en casa y hecho comida,
porque desnudo no valgo absolutamente nada.
El mundo de afuera no me inquieta ya.

 

 
 
 

MADRIGAL

 

 

Vertido en el campo una mañana
toda el alma me encendió en la yerba
de la sangre,
acostado sin dormir,
sin sombra,
sin cuervos en las ramas,
muerto de pasión,
de día,
y cargando un cuerpo humano
que sobra,
de huesos y sentimientos raros.
Al abrir los ojos al espectáculo,
al volcán a mis espaldas,
al cielo azul que nada descompone,
me bañé en frivolidad,
como entusiasta escogencia del
sepulcro,
ojalá que para siempre.

 

 
 
 
 

EXTRAÑAMIENTOS

 

 

Con cinco dedos en un río,
todo el mundo viéndolo pasar,
los teatros de la séptima avenida,
los exhibicionistas,
el mural que es un paisaje divino,
y sus cartas llenas de nombres extraños.
Aquí ya todo se vio pasado,
la plaza vieja que nos enreda,
jamás libera y ya no suelta.
El otro que se marchó todavía más lejos,
bajo columnas que amenazan con romperse,
besando enteros los pasos del mundo,
oscuro viejo gitano de la religión.
Y yo aquí permanezco como un rito,
condenado a muro,
a cola de ave grabada en las torres de la Catedral.
Mi mundo está inundado de rejas
y orillas de mar.

 

 

CAUTIVO

 

 

Tengo cautiva en la mano
una larga noche de bastantes años.
Alguien recita en el parque central.
Nada ha cambiado y nada es igual:
Los hombres estamos más débiles
y Dios persiste en no tener edad.
El reloj de Santa Catarina, funciona.
De todos sólo yo estoy lejos:
Mis hermanos se marcharon,
mis amigos buscaron otras latitudes,
todos me dejaron lejos.
Sus pies no saben qué tierra pisan,
su caos remolino no es propio:
Seguro que a veces les hacen falta raíces,
como a mí me quedan estrechas
las nubes.
Como que hoy el cielo está más arriba
que mañana.

 

 
 
 
 

PLATOS

 

 

En la mesa había un plato nada más
y a la hora de la cena surge la multitud,
el plato da para todos,
beben vino,
toman cerveza,
tragan granos con patas de cangrejo
y hablan solos como mudos,
del plato redondo como una rueda.
El reloj es paciente y tiene cara de vieja.

 

 

TIEMPO LENTO

 

 

Sin voz,
poeta derramado en el suelo,
bebido y muy chiquito.
Asfixiado de tanto aire para uno solo,
con la tarde depositada en el campo:
Movimiento quieto,
tiempo lento.
Juventud que se disipa sin prisa.
Pensamientos agotados,
cal, viento y sepultura.
Sombras de cúpulas y muros,
imágenes cruzando el Portal,
fotografiado sin marco en un parque vacío.
Cerradas las puertas,
nidos sin vino,
techos, musgo y flores
pendientes de estatura:
Sin carreteras para gritar.
Nada aquí,
nada en ninguna forma vecina,
totalmente terminado.

 

 
 
 

AL FINAL

 

 

este remate se me ha enredado
los ojos duelen y por las bullas
me refugio en la tarde
¿a dónde vamos a ir a parar?
mirá por la ventana que se hace añicos
las lluvias están esperando
los útiles agobian
la espalda como cruz es una boca
me detengo para escuchar el río sonoro
y la luna no se transparenta
jamás

 

 


 

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Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.