cuarto libro
ULTIMAS RUTINAS

 
 
 
 
MAITINES

 

 

Me complico
      la vida
        tratando
          de escribir
            poemas,
pero a veces es necesario.
Hoy,
por ejemplo.

 

 
 
 

EN LOS ANGELES

 

 

Podría perderme y nadie se daría cuenta,
quizá como un tabaco Delta en una plaza de San Salvador.
¿Qué sentido tiene esperar en un país desconocido,
cuidar una maleta y confiar en el teléfono?
Ese hotel lo tengo presente como otra fantasía,
de noche estuvo lloviendo como ocurre en todo el mundo.
Y si miro hacia mí no encuentro nada:
Estoy solo entre edificios y sin boleto de regreso.

 

 

ABRIL

 

 

Yo ya no ando, creo, en la historia;
mis amigos seguirán platicando sobre la fama
y los ojos o las flores no han sufrido modificación.
Hoy es domingo
y en el sur del Atlántico hay una guerra.
(Artoud no vio en nosotros más que la sombra de los animales, creo).
Y al final de cuentas son tantos los idiomas en el mundo
que yo tengo el derecho de burlarme de Rubén Darío.

 

 

BLUES

 

 

Si piensas esperarme
debes saber que un baño puede ser un poema,
y que esa banda de jazz, afuera,
se repite más tarde en mis películas.
Este es un poema de amor.
Hemos vivido juntos y yo ya no puedo prescindir
de esas horas que permite la televisión.
Nos hemos vuelto vulgares
con el asunto de las fotografías,
y no hay limitación ni espacio
que pague mis regalos.
Me da vergüenza estar solo.

 
OTRA VEZ LOS ANGELES

 

 

Tengo que ir a Los Angeles.
Estoy buscando un pretexto para esas luces,
y temo que sólo sea edificios
y ella no esté tan sola.
Necesito vender mis poemas.
Pienso esta noche en alguna película
o hago como que llueve,
para que la TV sea mística,
pero la ciudad es tan diferente
a mi nacimiento.
Siempre cabe la posibilidad del teléfono.
Estoy esperando una ocasión,
a millas o un avión se supone que me esperan,
pero temo que para mi espalda
eso sea demasiado lejos.

 

 
 
 

SOLEDADES

 

 

Sólo comemos
Sólo nos encerramos en cines
Sólo trabajamos
Sólo bebemos
Sólo queremos huir del dolor
Sólo bailamos
Sólo reímos vacíos
Sólo creemos algunos en Marx
Sólo es la rutina
Sólo caminamos
Sólo perseguimos buses y vitrinas
Sólo dormimos
Sólo pensamos
Sólo nos falta el sentido
Sólo ignoramos
 

 

 

 
RECUENTO

 

 

Creo que mi tristeza es inventada,
demasiado artificial,
para poder escribir poemas que den lástima.
Otros lloran en público,
se bajan los pantalones en las oficinas,
se meten los lápices sin pena.
Yo no tengo motivos para ser desgraciado,
todo es la pose feliz del inquilino,
la excusa para los versos más infames.
Finjo malos sentimientos
que encantan a todos mis amigos,
para que me miren con lástima.
Pero a veces de veras sufro
por esa mujer amada en Guatemala,
de quien me separa una enorme distancia.

 

 
 
 

ROSAS ARTIFICIALES

 

 

Las flores plásticas
son un edificio que se derrumba,
son raíces podridas de cielo
y el oxígeno fingido.
Me duelen sus corolas
que no paran los destinos,
alguna magia que perdura
en sus dimensiones de melancolía,
y el inevitable descenso al infierno
de sus sexos reprimidos.
Me confunden sus labios
que son como espejos en las rosas,
la modestia empobrecida de sus senos,
y el sonido divino cuando revientan
plásticas y falsas en mis manos.
Sus cuerpos irreales son el exceso,
los tobillos maniatados al suelo,
como piedras que son agua,
en origen y renovación de lo falso.
Me angustian las flores artificiales,
esa relación irreal con nuestros cuerpos,
esa divinidad que se presume
y ahoga cuando es tarde.

 

 
 
 

MIS PROMESAS

 

 

Las promesas ya no cuentan,
creo que a los delirios
me une sólo la historia,
que nadie ha tenido el derecho
de completarme.
No es ceguera parcial
la que a dichas me sueña,
lo que me arrebata
los rincones de las lámparas:
esas conciencias destruidas
en las ramas.
Quedan apenas
placeres humanos violados,
la maravillosa experiencia
de las nubes,
y el mismo rostro de mujer
que atrasa el cielo.

 

 

TRAJES NEGROS

 

 

Hay veces que me pongo el traje negro
y me ataca el zarpazo de la rutina,
el día entero me palpa la tela regalada
y no es como sentarse al final de un cine.
A veces me pongo el traje negro
y no hay manera.
Me palpo los bolsillos retorcidos de prisión
y calculo el equilibrio de la corbata,
mientras medito camino la rutina,
el oficio inútil de todos los antes.

 

 

LO QUE ESTA DE MODA

 

 

En el puente de Perú
no pueden ser verdad los aretes,
si aún esperas...
Las piernas de las mujeres
me atropellan.
La ciudad no tiene nombre
por las mañanas,
y menos a la hora del café.
Yo últimamente no salgo de aquí,
para nada, para nada,
no tengo prisa.
Me dicen que estoy de moda.
¡Qué risa tiene, qué caso!
La vida y sus carreras.

 


 

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Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.