tercer libro
TRATADO DE LA DESESPERACION

 
 
ESTA ENFERMEDAD NO ES DE MUERTE

Cierro los ojos a la temperatura
y pienso en los tiempos que han quedado:
Todos esos cuerpos ahogados,
sin estatura,
medidos con compases para siempre,
con las solapas podridas,
endebles tonalidades marinas
que yo llamo de bárbaros:
Esta enfermedad no es de muerte.
Sé que me vigilan los tamaños
de las cosas,
que he leído sus ecos en periódicos
y no me agota ningún ruido popular
desde las camionetas urbanas.
A las salidas de los empleos nos matan
y hoy ya a nadie le importa.
Creo que a mis demonios no les perturban
opiniones ni conceptos,
porque siempre amanece como que si nada
y a las paredes les sobra la virtud,
busco el engaño que explota
y desquicio en grandes mapas
por la muerte de las constelaciones.
Esta enfermedad no es de muerte.
Los edificios mantienen sus perfiles,
se aprietan a las nubes y las banquetas,
como memoria de cuerpos derribados,
prendidos al juicio mundano
de las corbatas y los zapatos de domingo.
La atmósfera está enrarecida
por las épocas ingenuas
cuando era válidas las promesas,
y porque no perdono tus ojos
que se lo perdieron todo.
A todos nor urge la pena,
nos arrastran los pesos mecánicos,
amortiguamos atrapados los vacíos
pero no terminamos de enterrar,
nada más.
Esta enfermedad no es de muerte,
es sólo de los demás.
Espaldas que amenazan la vergüenza,
hacen falta los parques
y las morales centenarias,
porque nos hemos convertido en arañas,
nos mordemos con venenos
que lo abandonan todo,
para que de repente los compromisos
nos rompan los dedos,
ahoguen la gargantas infectas
y se revuelvan las guerras,
porque esta enfermedad no es de muerte.

 
A VECES ME ENTRA LA PREOCUPACION

 

 

A veces me entra la preocupación por las calles,
por la ciega noticia de ciudades que no conozco.
El humo de los cigarrillos lo borra todo
y las comunicaciones por carta pierden significado.
Pienso en el tráfico y las aglomeraciones,
en las mujeres que visitan a los soldados rasos
por encontrar en sus cuerpos el baño y el fuego.
Me imagino que la náusea es un hallazgo erróneo,
me imagino que la música es un invento erróneo,
me imagino que la muerte es una tradición infame.
Por épocas la nostalgia me conduce al desencanto,
a la religiosa obsesión de la tumba que no me queda,
que mis crueles enemigos persisten innobles en negarme.
A veces me entran preocupaciones por las calles,
por cualquier promesa enredada así en la memoria,
como aterido para siempre a figuras y sus ademanes.

 
SUEÑO CON LA PLAZA ROJA

 

 

Sueño con la Plaza Roja
y creo que es una relación ilícita.
Desde algún hotel he visto neblina y cúpulas.
Los años me exigen el sueño o el insomnio,
los muertos ya no pertenecen a sus fechas.
Recién he escrito en un último transtorno este poema.
Sueño con la Plaza Roja
y me amarga esta ausencia ilícita.

 

TIEMPOS DUROS

 

Tiempos duros en que duelen los pies,
donde la columna vertebral pesa
y la humedad del cuello estrangula su curvatura.
Tiempos de dormir hasta que hostiga,
con reloj marcado cada hora,
precipitado en las inercias del sueño.
¿Cuántas rodillas todavía tiemblan?
Tirados en lenguas de lava volcánica,
se palpan los latidos de los huesos,
la humillación imaginaria de los poemas.
Tiempos duros en que la sangre es sólida,
puestos de pie, en vahídos de piedra:
jurando charcos de sangre ante la alfombra.

 

FRAGMENTOS DE EXILIO

 

(Le he escrito a ella un poema de lejos
porque es domingo y en México estoy solo,
nunca para que lo aprenda de memoria,
jamás para que lo deposite en su banco,
menos tal vez para que me recuerde;
le he escrito porque tengo la desdicha revuelta.)

 

RECUENTO

 

11:14 p.m. y no he rezado.
Afuera está el lago
y muy próximo su cuerpo.
¿Qué más deseaba antes?
La fama y escribir poemas.
A veces siento que todo me falta
y otras son apenas un recuento.
El sol del día me calienta,
el frío de la madrugada pasa,
luego de los descansos
el mismo asunto del trabajo.
Si no estuviera ella a mi lado
diría que mi soledad es absoluta.
Cuando tengo dinero en las manos
siento que eso ha sido todo,
y me duele algo muy hondo.
Después de las masacres
y el miedo a la palabra,
me he convertido en ésto.

 

CADA MAÑANA

 

Creo que no vale la pena levantarse.
El agua no recompensa nada ni limpia
(en otra época significaba plegaria),
y luego viene la corbata como crimen,
las hormas de los zapatos apretados,
los elásticos que nos trituran,
la cárcel de gavetas y persianas.
Me temo que para qué todo o apenas...
cuando afuera están vidrios y armas,
la enorme abundancia del sol de voces,
los libros con su ingenuas manifestaciones,
el ardiente respeto de las palabras.
Creo que no vale la pena levantarse,
entrar en la ducha y volver a la trampa.

 

LLAGAS

Quiera que no, me miro
y las llagas en el cuello me avergüenzan.
Puedo contar de noche las corbatas,
empujar despacio de muertos los zapatos,
leer de nuevo la amistad de las medias cartas.
Digo que aún escribo poemas
y las llagas en el cuerpo me atormentan.
A dos metros de la almohada cuando duermo,
están los cadáveres de las camisas almidonadas,
las profundas manchas de sangre son sueños.
A veces me da por la risa
y entonces las llagas más grandes se ensanchan.

 
DIGAMOS QUE EL DINERO ES UNA PREOCUPACION AJENA

Digamos que el dinero es una preocupación ajena
que me quiebra las manos y retuerce el sueño.
De repente he dado nada a la literatura.
En la madrugada orino las sábanas de página,
me enojo con el zumbido acordoneado de la fatiga
y tiendo a romperme por entero en equilibrio.
No encuentro el cuerpo que me falta al lado.
Los zapatos en desorden sobre el suelo,
en geometrías accidentales y confusas, negras.
Pienso que la puerta de calle está sellada,
que se vive el raro traslape de las dimensiones,
y en fin, que el alcohol no remedia el insomnio.
La literatura ya no es un billete de lotería.
Los relojes me sugieren lo económico.
A veces me levanto y siento la medida del precio:
Es una aridez vertebral en la boca.
Las corbatas por sí mismas me aprietan el cuello,
trasladan el cansancio a las venas de los ojos.
Cuando leo el pasado, todo me hace falta.
A la literatura ya le importa poco mi existencia.

 

RECUENTO

Varios años después y no ha cambiado el pasado.
Después del cine está el viaje del día siguiente,
el asfalto en volcanes,
el paisaje de carros y mendigos en la sombra de las aceras,
y la mano que me aprieta como a lo lejos.
Abro los ojos y casi es el mismo cuarto,
la horrible dimensión de los regresos,
el alcance imaginario de menos de los falsos éxitos.
He escrito sobre mí mismo toda la vida.
Hay veces que se terminan los planes,
se escucha radio como en medianoche,
escribiendo los poemas en cuadernos de líneas con tachones,
sin la pasión de las horas enteras,
del llavín enterrado en la chapa desfigurada,
entrando de la lluvia que no ha dejado a los otros.
Me viene la pena por alzar la voz y que me contesten.
Los remordimientos me sobran por dondequiera.
Es esto de que se despierta uno con insomnio y ve claro,
se ha gastado todo por no alcanzar de veras nada.

 

MID-APRIL 

 

Esta tarde estoy escondido de los compromisos,
me niego a creer en la existencia de los teléfonos,
me preocupo hasta el hastío por mi oscuro presente.
Creo que la vejez no es lo que augura la muerte.
Estoy candente de genio, de libros y poemas,
y la vida no me explica más que remordimientos.
En este rincón del mundo estoy como muerto.
Los desvelos podridos se desprenden de mi espalda,
tengo algo de tierra, restos de ideas obsesivas
y quien que piensa en mi mientras duerme.
Supongo que es ser algo semejante a una pesadilla.
En realidad ignoro si valen la pena los s'mbolos,
porque quizá escribir poemas es como destilar tristezas
para que en las universidades analicen las palabras.
No he encontrado realmente nada:
y todavía me persigue ese tormentoso dolor de cabeza.

 

FRUSTRACION SIGNIFICA NADA

Frustración significa nada:
quizá la soledad de siempre,
el cúmulo de mentiras reales,
el cuerpo que nunca será mío...
He dado todo
(incluso la poesía que no doy nunca)
por el engaño cruel:
la misma incongruencia de siempre,
el cuerpo que se escapa,
que va perdiendo su pensamiento,
que se queda en el pasado
como avenida...
Lo he dado todo:
malos sueños frustrantes
y es nada...

 
A VECES PASA LA SOMBRA Y NADA

A veces pasa la sombra y nada,
como que nos retorcemos
atrapados dentro de alguna ausencia,
envueltos en el deseo final,
en el corazón que falla,
en la gana de vivir, muerta.
A veces como que se extraña.

 

ME VIENES A LAS PALABRAS

No entiendo si tú me vienes a las palabras
o es sólo tu cuerpo que me toca imposible.
Hay ruidos que provocan afanes suspendidos,
trompetas que derrumban las peores mañanas.
Quisiera agarrarte del pelo y morirme como sal,
trepando en tus esquinas y parques, más humano.
Y a veces todo depende del tamaño de mis ojos.

 

ES DOMINGO

 

Es domingo,
pienso que debería tener a alguien
o dormirme sin pensar;
pero no es importante.
Veo pasar carros por la calle,
sé que soy el único poeta vivo
y recuerdo alguna obligación;
pero no es importante.
Las equivocaciones se repiten,
los edificios son continuamente fríos,
y yo conozco a varias mujeres;
pero no es importante.
Hoy es domingo,
y nada más.
 
 

 

 

 
EL RIO

Paso sobre el puente
y me detengo en la dirección del río,
sé que existen otros lugares.
Pienso en alguien que me espera
y no es cierto.
Todos los días me dirijo al trabajo,
menos sábado y domingo
que me quedo en casa.
Me gusta leer poemas
y pienso que en el río existe algo enigmático.
Mañana moriré
y estoy seguro que no haré falta.

 

ELEGIA

A veces quiero más a las personas que a la música clásica
y entro en otros delirios.
Digamos que mi memoria me miente
y que las mujeres que recuerdo son ciertas,
no logro enlazar el pesimismo con la realidad de las
costumbres.
Tengo alguna preocupación por el continuo movimiento
y quisiera pensar en ella.
Es tarde y considero incorrecto despertar a todas las gentes,
como es inoportuno pensar en escribir cartas.
De otros lugares no dejan de llegarme noticias sobre muertos
y yo confundo las clases de sangre:
me da igual el orgullo o su contrario.
En ocasiones, está ella.
Diría que me siento un poco viejo y quebrado,
que leo retratos como quizá
—y aborrezco en los poemas las comparaciones—
me aproximo a playas repletas de rostros idénticos.
Mi vida es la misma de antes,
y yo diría que he olvidado su nombre,
pero todavía la recuerdo.

 

POEMA

¿Qué hago aquí?
Esto no es durable
y lo anterior ya es imposible.
En las noches escucho rock,
justifico la necesidad de la masturbación
y me hago preguntas sobre la muerte.
Casi nunca termino mis poemas
porque me levanto o me quedo dormido.
Quizá no hay nada más estúpido que la fama.
Vivo sólo y me preocupo.
¿Existe Dios?
No encuentro el sentido del futuro
y creo que he perdido algo.
He olvidado los sueños
y permanezco sin razón.
Estoy aquí
y me cuesta comprenderlo.

 

DE MAÑANA

De mañana pienso que mayo puede quererme,
como palabras insistentes sobre el zinc.
Si no tuviera apenas que levantarme.
Mi desnudez se resume en todo,
ahora está la calle ahogada en tiempo
y pienso que mayo debería quererme.

 

LAS COMODIDADES ME ENJAULAN

 

Las comodidades me enjaulan:
llegan como traiciones
sonando trompetas frente a los muros,
debilitando infancias y sueños,
carcomiendo piedras y pulso
y tirándole piedras a mi libido:
como sorpresas derramadas.
El lujo, siempre,
trae arrastrando las camisas
manchadas de sangre
de mis amigos.
Las comodidades me aprisionan:
las veo juntas en escaparates,
intocables en sus ramas,
de maderas o yesos indescifrables,
y ahorcándose en las noches:
como futuros infames.
El papel del dinero
me llega como hojas secas,
a tapar sus horrendos
rostros muertos.
Las camas suaves me desvelan:
mis células se piensan gratuitas,
el sol se mete por el desprecio,
la cara se me muere en los espejos
y siempre hay baños:
nunca lavan todo totalmente.
Las cartas importantes
saben a sellos criminales
o a órdenes
de sus muertes.
Los mismos viajes me condenan:
se ven las cosas figuradas,
los hoteles y las calles no me quedan,
las alegrías de la mujer y el fracaso,
y a veces una fotografía completa:
de las gentes no hallo nada.
La abundancia de cosas
en afiches culpables,
y son sus cuerpos
los ruidos que caen.
Las comodidades me desprecian:
gritan como ojos grandes,
me arrancan la gana de la cólera,
son luces del soborno,
y me caen asquerosas por todas partes:
como mierdas de ángel.

 

ESCALERA DE HUMO VA PRECIPITADA

 

Escalera de humo va precipitada
a mis espaldas las cúpulas
el agua fría de mi propia temperatura
el oprobioso sueño de media-tarde
es un intermedio
de la iglesia matamos el cadáver de mi amigo
una extranjera llora impedida en un mueble
las drogas no me dicen nada
quizá un pájaro que explota en mi camisa
donde están los remordimientos de cerros
nosotros no hemos muerto todavía

 

EL AGUA CORRE

 

Preguntan sus nombres y apellidos
como objetos portátiles que flotan,
que nadan fuera de libros y presidentes:
en un largo río de sangre.
Las llaves y los ríos ladran.
Las caras indescriptibles se repiten,
sus hijos crecen deshilvanados,
rastrean cuerpos y sexo
y maltratan rectos, ropas
y molestas esquelas.
Como ruidosos objetos sin rumbo detenidos,
que chillan empantandos en miseria:
en largos recorridos de sangre.
Y los cuerpos se desintegran.
Las carnes se pudren en gusanos,
sus rostros se conducen alcohólicos,
se deshacen dondequiera los muerden,
preguntan sus nombres y apellidos
para atormentarlos por nada.

 

A CADA RATO LAS PLACAS

A cada rato las placas
a menos distancia que a cada diez años
los puños de revistas americanas
los precios tapan los sexos
miles de ciegos atascados de números de lotería
jamás para ellos
la suerte
y unos que piensan que salen de las placas
que ya les toca
que algun soldado se ha meado en ellas
y la sexta llena de abogados tramitadores serviles
diputados comerciantes enfermos putas señoras
gringos apuntando direcciones
acostándose gratis
probando pesos de frascos
entre filas enormes a la entrada de los cines
los alambres públicos tapan
imaginarios
propiedad privada
como techos eléctricos

 

 
EL PRIMERO DE MAYO

Recogen a una mujer, la tiran
la publicidad
detergentes
cigarrillos
teatro
la tristeza conservadora de la vieja arquitectura
¿quién reza en los anchos parqueos?
en cada pared un viejo solitario de diferente edad
chicleros adornados con titulares llamativos
fotos de imágenes de artistas
canciones populares pan
pantalones exclusivos a 32.99
los poetas se pasean como seres humanos
el aire choca con los espejos
igual que las líricas en inglés
en los radios de transistores
amarillos o naranja
el primero de mayo

 

MAYO

 

Hoy en la calle
frente al asunto personal,
mañana debajo del mármol y piedras:
triste cromo de enciclopedia
y sin pensamientos.
Un arma lista,
un suicidio premeditado:
alguien que no dispara sobre él.
Hoy en la calle,
mañana debajo de las pisadas.

 

RECUENTO

Los cantos de las sirenas
y las voces de los inmortales
me saludan por debajo de la mesa.
Algunos adolescentes mueren de madrugada
y pintan poemas que son letreros.
Mis raíces se confunden con los ruidos
y la mitología sobre mi origen.
Hay quienes se consumen
junto a la propiedad privada,
pero todavía hay bocas que lo valen.
No hay que creer en la gloria
porque asusta de cerca.

 

EL PASADO Y LOS VOLCANES ME ARREPIENTEN

 

El pasado y los volcanes me arrepienten:
niebla que ha faltado a las nubes
y sueños que apenas a veces me quedan.
La voz que me toca no suena,
a veces llueve toda la tarde
y mi memoria como que se muriera.
El pasado y las mujeres me encierran:
tabaco encantado en magias negras
y vecindades de otros cuartos con velos.
La noche o los viernes saben todo,
pienso en la estatura de las botas
y en todas esas distancias de los muertos.
El pasado y el favor que trajo el vino:
tentáculos que como en iglesias aprisionan,
lo ahogaron poco benignos, todo, por fin.

 

ABRIL
No tengo ninguna prisa esta tarde.
Estoy tranquilo en la esperanza
de saber que nadie me espera en casa.
Recién he leído un boletín en contra del gobierno
y he sido el primero en pronunciar el grito de huelga:
no tengo prisa por regresar a casa.
Por la radio acaban de transmitir
que una mujer se cortó las venas,
y que un grupo de estudiantes fue masacrado:
ignoraba que todo eso cupiera en mi.

 

FRAGMENTO

El frío no es objeto del desvelo
y los muertos están olvidados.
Ahora el dinero adquiere sentido
y de donde dejé tu cuerpo
me alcanzan los silencios.
Las determinaciones van perdiendo el nombre
y en los ojos crecen rupturas
y esperas.
Pienso que mi soledad es asquerosa.
Otras ciudades me confunden
y temo los mismos principios
equivocados.
Ningún sacrificio vale la pena.
Esta noche busco en las señales
pero no interpreto el frío
y los paseantes son despreciables.
Creo que escribo poemas
como quien cierra los ojos.

 

ELEGIA

Su pequeña voz y un jardín.
Están llamando las flores, la fiesta
y las risas.
Yo pierdo el tiempo y desespero.
Ayer un cuadro y un destino,
mañana lo inmaduro de lo nuevo.
Una palabra en la madrugada.
Con los ojos cerrados, no hay sol,
nunca ocurrió nada.
Me quedo viejo y repetido.
A veces escribo y viene la tortura
de lo malo.
Gracias a Dios el cielo se acaba.
Ella se baña bajo la luz
y un volcán me señala:
Todo se terminó.

 

ARS MADAME BLUE

 

Siempre he tenido la intención
de no hacer otra cosa más que
escribir poemas.
Creo que el rock podría ser un espíritu:
«Los árboles tendrán sonido de guitarra
y en la acústica de las calles
creo que podré tirarme a descansar».
Mis poemas,
supongo que ya he escrito bastantes,
no tienen nada que ver con la luz eléctrica,
y yo quisiera que no tuvieran percepciones.
Siempre escribo contra la gente
o para inventar instrumentos, animales y vacíos
que a veces tampoco son totalmente falsos.
lo que no podré evitar es el odio.
Definitivamente todos nos incorporamos
y lo que va siendo real son las tiendas
y los supermercados.
Algún parque me extraña.
Mi reloj de pulsera es un símbolo sublime
y tirado en la cama los domingos
pienso en cines o telescopios.
(Me pregunto si alguien pagará algún día por esto).
Tal vez el defecto de la poesíia
lo tienen los radios, anuncios y religiones:
creo que escribo como quien sigue durmiendo.
Es domingo, Madame Blue.

 

SIN RECORD PLAYER

 

Cuando se duerme solo
el rock es de primera necesidad.
Hay alguien que toca a la puerta y
el teléfono suena en otra habitación.
Puedo ser extranjero sin entender
y las luces no decirme nada.
Creo que escribir poemas es otro acto inútil,
probablemente un tomo de la filosofía.
Pero el frío no llega hasta los restaurantes,
donde a veces nadie puede platicar.
La radio ilumina al cansado
y la presencia del rock depende del volumen.

 

NOCTURNO

Esta noche es desconocida.
Me temo que alguna mujer me está buscando
en la calle,
y a pesar de los autos y los cigarrillos,
aquí no llueve.
Estoy seguro de los espejos.
Las cartas se ven y vuelven
como anuncios de prensa,
y en las oficinas del correo
las leen en voz alta.
Prefiero esconderme todo el tiempo
para evitar el sexo.
Pienso con frecuencia en mis amigos muertos,
y se parecen a mis antepasados.
Cuando me muera al menos me llorarán
mis cuadernos de poemas.

 

POR EJEMPLO

 

Estar una tarde de martes en un cine,
quizá caminar por un centro comercial,
no reconocer a nadie en los carros,
leer los anuncios de cada almacén.
Ir despacio a los parqueos grises,
sintonizar la radio buscando voces,
mirar alguna niña que pasa corriendo,
conforme con la vista puesta en los vidrios.
Y quedarme quieto, por ejemplo.

 

POEMA DE JUNIO  

 

La pobreza de los barrios marginales
me sale por la piel.
Muchas veces me he sentado tranquilamente
frente a comunes pantallas de televisión.
La desgracia de los otros es algo irreparable
cuando por las noches se desnudan para acostarse.
Las iglesias permanecen cerradas durante las noches
y la iluminación de las vitrinas es más débil
en las madrugadas.
El dolor existe y la ropa se lava alguna vez,
pero eso no es significativo si se lo piensa
desde la cama.
Se duerme a veces
y frecuentemente se descansa,
se necesita una mano de mujer
para apoyar la espalda.
No me interesa que me comprendan.
He evitado hablar esta vez
porque está cerrada la miseria,
mañana será otra la garganta
por cualquier razón.

 

A MARIA ELENA SCHLESINGER

La ciudad de Guatemala y sus viejas luces encendidas,
su centro, un balcón para que se ponga la luna en mi odio,
las calles que conducen, al final, a alguna carretera:
el implacentero adiós de dos ojos claros aturdidos por el
                    dolor.
Una noche cualquiera, una conversación, una flor, jamás.
La ciudad, como un vicio, entrando en mis pasos;
la sangre ajena que reververa en la hora y en la fuga,
el tiempo concentrado en un giro rápido de voz
y algún viejo planeta abrazado a las más oscuras risas.
Desde los altos puentes, en la soledad de medianoche, la
                    ciudad.
Encadenado a los más absurdos pensamientos,
con la memoria perdida en la imagen de alguna reunión
                  o fiesta,
de un rostro, quizá, preñado por fantásticas y dolorosas
            alegrías presentidas,
sabiéndose tan cadáver como las pistas, el verde, y los
            recuerdos.
Detenido un cuerpo, recostado el rostro, iluminadas
            vitrinas.
Soñando para mucho tiempo después, la alegría;
porque se habrá renunciado a la prosa para tener más
            hambre,
porque se ha perdido la música y adquirido, de nuevo,
            el vacío:
Siempre se habrá sido de esa manera: mucha soledad,
            muchos castillos.
La vida siguiendo su recorrido, sin poder ser jamás
lo hermoso, o siéndolo todavía.
Las gentes en sus casas, con las luces prendidas, o fuera,
entre encantos, fiestas, encajes o pobrezas de noches
            iluminadas,
donde deben estar y siempre estarán, contentas:
mientras el poeta vaga por las calles, un poco enamorado
        de la nada, un tanto solitario.
El mundo, los recuerdos, la vida intensa y la agradecida
            muerte.
Fatalidad de cosas hermosas, deliciosamente pasadas,
vicios de contranoche, pasajes de magníficos sueños,
vida dichosa de poeta rodeado de magníficas personas
            muertas,
cielo nublado, de tarde, para gritar hasta las felices
          lágrimas, por la calle
 

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Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.