segundo libro
FIESTA

 
 
FIESTA

 

 

Aunque no seas recibido con trompetas:
BIENVENIDO.
Bienvenido paisaje de día soleado,
marco divergente, limbo que no se sospecha:
días recién bañados en tina de aluminio.
(La calle entró tras la cola de los perros
y la humedad se escurrió por los hoyitos),
cada ventana tiene su propio sol.
Bienvenido tiempo mejor.

 

 

POEMA
 
 

El trabajo me fatiga rápidamente
y la frustración me persigue como un disco rayado.
Han dejado de preocuparme las horas
y los círculos rojos pintados en las paredes.
Como sonámbulo me levanto cada mañana
y le arrebato la existencia al tedio:
sostengo con muletas los párpados muertos
o escucho la radio.
La tranquilidad de los cines vacíos,
donde escribo mis poemas,
ya no me satisface.
Veo en todas las cosas un símbolo fálico
y la miseria del mundo no me apena.
¿Qué fruto endulzará mi boca?

 

 

PREDICCION
 
 

Una mañana me tocará salir de un hotel
luego de haber visto el boulevard por la ventana,
envuelto en un grueso abrigo,
dispuesto a respirar hondamente y pisar hojas caídas
              de las ramas;
iré pensando en trenes o en mi heráldica y
consumida vida solitaria;
respiraré profundamente por última vez
y descubriré la sombra de quien me mata,
nada habrá pasado
(gentes alejándose a mis costados)
y hasta creo que me sobrará una sonrisa en la cara.

 

 

LO QUE VIENE
 
 

Acabaría de paso,
empapado,
sólo una figura;
colgado en el eco de los retratos
y tachado claramente por el tiempo.
Pleno y
roto:
Travesura del viento.
Acabaría el pie
por subir hasta el pecho,
y todo hueso
hasta el cielo.
La voz volaría queda
y estaría
apenas
en la vida.
Sí, acabaría,
es una pena.


LA NUEVA RUTINA
 
 

Los sábados por la noche
me gustaba salir con mis amigos,
íbamos al cine,
a fiestas
o sólo a caminar;
pero últimamente no los he visto
y me cansa el ritual;
así que mejor me quedo en casa,
veo la TV, paso las páginas del periódico
y acabo la semana escuchando un poco
de música.
Visto en el papel parece triste o cansado
pero creo que no hay nada de eso.


POEMA
 
 

Se halla prendido a las ramas de los ceibos,
de ensueño...
Y las voces:
agudas y mortuorias del tiempo muerto.
Y está meditando
sobre la lápida blanca de un poema:
viejo ferrocarril llevado por el viento.
Y recuerda fiel
aquel sabor a pensamiento,
y recuerda...
Mas no hay cabeza en su idea,
es cosa muerta;
aún el mundo no es,
aún ve que el mundo sea.


MAÑANA EL SOL
 
 

Hay quienes piensan cosas malas de mí,
otros no me acusan de nada.
Los periódicos se han negado a imprimir mi fotografía
y eso no me apena.
A veces tengo vacaciones
y salgo a respirar por las calles
sin ninguna prisa.
A veces me quedo dormido en casa.
Frecuentemente releo por las tardes los poemas que
        escribí en las mañanas
y suspiro largo rato.
Es agradable saber que se es prescindible en el mundo,
que se puede desaparecer un fin de semana
sin causar daño,
que no se tiene culpa de lo que pasa;
algo así como una pieza extraña.
En fin, aunque cuando pienso y escribo
se me nubla la cabeza,
soy como la población media del mundo
un sujeto conforme y bastante saludable.


SOBRE LA DESESPERACION QUE SIENTE EL

ESCRITOR CONDENADO A LA ENSEÑANZA
 
 

Cuando vas a dar tu clase de literatura
no volteas a ver a nadie,
no interrumpes tu desesperación.
Cruzas la ciudad con tus libros guardados
tirando de vez en cuando una piedra
al camino,
como que si rompieses el espejo de algún río.
Un día te quedarás bebiendo un café
en alguna tienda de esquina
y te regresarás a casa,
el peso en el alma seguirá el mismo.

 

 

PARA DESEAR
 
 

Si tan solo me sobreviniera un diminuto rayo de
      placer
o algo más significativo,
algo distinto de lo que provocan mis pensamientos.
No es que admita tener un hondo vacío en el alma
(es lo más falso que he oído decir)
sino que desconozco todo tipo de perpetuidad
      concreta.
Tal vez yo aún no he nacido
o quizá ya voy a morir.

 

 

SOBRE CUADRAS Y EXISTENCIA
 
 

Si no estás a cinco cuadras no existes.
Me gustaría que no fuera así,
que me recordaras de vez en cuando
(por ejemplo, que rezaras por mi alma cuando
en una ciudad lejana te atrapase la lluvia
en una venta de concentrados),
el resto sería inventar.
Mi vida se va en naderías
obviamente inútiles.


LA DIVINA ELEGIA
 
 

Ya una vez se dejó ver el fantasma del descontento
y no era más que un pretexto:
el hombre no quería vivir creyendo,
su sonrisa era un proyecto para ignorar.
No estaba seguro del silencio
ni del abrazo cariñoso
ni de las manos en el espejo.
Su trabajo era burla
y sus mimos defecto.
Durante las vacaciones se marchó
y no se supo más.


RETRATO DE UN AMANECER POSTERIOR A UN

DIA DE LLUVIA EN LA ANTIGUA GUATEMALA
 
 

Yo vivo en una ciudad pequeña
y cuando llega mayo la lluvia limpia la
atmósfera y humedece el adobe de las
casas.
En la mañana salgo a la ventana
para ver la calle y las piedras mojadas,
hay algunos charcos mantenidos por la tenue
llovizna;
algunos transeúntes con prisa,
algunos ciclistas.

 

 

UNA PREGUNTA
 
 

Yo también me inquieto e impresiono con los rostros
      de los demás,
quisiera saber qué proponen los mendigos
para el futuro,
cuál es su porvenir,
porque hay muchos robando los últimos rayos de
      sol a la ciudad:
¿Existe la posteridad?

 

 
 

LO QUE NO DEBE PASAR
 
 

Sería fatal no irme pronto un día.
No saber cómo marcharme.
Quedarme quieto en un pequeño parque a las 6.
Djar de madurar
cuando aún hay ramas cargadas de nidos.
Perder mi matiz pálido:
Tocar ciego a las personas que acaban de pasar.
No alcanzaría la tristeza para olvidar los caminos.

 

 

SENTADO EN UN PARQUE
 
 

Aún no termino mi primer año de catedrático
y ya me he quedado sin voz,
lo atestigua mi garganta reseca.
¿Qué voy a hacer cuando me muera?
Se me está acabando la vida en las aulas
y no tengo tiempo para escribir,
por esa razón mis poemas son cortos.
Aunque a pesar de todo
supongo que habré ganado algo,
por ahora sólo sé que cada fin de mes recibo mi paga
y que eso me satisface:
una manera prosaica de ser feliz.


QUIMERAS DE ESCRITOR
 
 

La semana pasada salió mi primer libro a las vitrinas,
los primeros comentarios por la radio.
Yo corrí en la noche iluminada
a convencerme,
yo quería ver mi nombre plasmado en offset
sobre cartón amarillo,
pero no sentí nada. Como que si yo no lo
hubiera escrito.
Era lo mismo que gastar el dinero del primer pago,
la comida tenía el gusto y el sabor que siempre le
había sentido. Nada especial.

 

 

CARIÑOSO
 
 

En aquellos días las horas elásticas
se estiraron por la duda y la aflicción,
estaba por dejar una idea y un hábito;
cansado de tanto pensar,
de tanto fortalecer.
(La hora es importante,
por eso le proporciono la hora exacta:
son las 12:02 a.m.).
En aquel entonces existía una razón para
sentirse perdido.


LUEGO DE UNA FIESTA LLEGO A CASA
 
 

De hinojos he rezado
(lo mismo hubiera hecho de regresar
manchado por el pecado, no prorrumpir'a en celosa
oración de perdón),
Hasta que di por acostarme:
escuchando música a las doce de la noche,
leyendo versos,
abandonado...
Alguna vez vi a Dios,
ya no me acuerdo.


ES TERRIBLE
 
 

Es terrible, ¿por que había de poseer un cuerpo?
Los niños pasan corriendo, gritando,
mofándose de lo viejos:
como muebles ahogados.
Yo me habría conformado con ser una soga
    pendiente del cielo.
Las abuelas lavan con cubos vacíos
las baldosas de esquinas difusas,
mientras se desvanecen los pájaros.
¿Qué hay además de lo que soy?:
Una noche de sábado,
un cúmulo de poemas estropeados en largas galerías
y un torcido desconcierto en el márgen.
¿Qué más?

 
ATARDECER

 

 

El día va pronto a desvanecerse detrás del Cerro Pablo
pero no importa porque mañana se repetirá la escena
y yo poseo cientos de tardes para contemplar el valle:
desde la casa,
desde los viejos bancos de los parques,
desde la mirada de los que me lean más tarde.
Demasiado tiempo para tan corta jornada.
La existencia se convierte ininteligible
entre paseantes,
personas extrañas
y catedrales desmayadas por la insolación de cada tarde.
¿Tengo que vivir más?


1 PM, HORA DE LA SIESTA
 
 

Qué alto me veo desde abajo,
qué chiquito desde el cielo.
Hoy me agaché a recoger una planta.
Está tupida de madreselvas
(ni las conozco y las meto en mis canciones),
y eres amazónica
como el tucán que lee el periódico
en el sofá de la acera.
Ingrato el viento:
se llevó la bolsa de papel
y me he quedado solo.

 
UN REGRESO

 

 

Hoy estoy completo de felicidad,
hasta los bordes de la vida.
Más alto que el arco de Santa Catarina,
más gigante que el volcán de Hunapú.
Mi mano derecha se remoja en el océano Atlántico,
mi mano izquierda se humedece en el océano Pacífico.
Completamente completo:
pintura pintada para siempre.

 
DOMINGO POR LA TARDE

 

 

El jardín ha entrado por la puerta del cuarto
y un sol jamás verano calienta dos manos
llenas de rayas borradas por sueños.
Domingo por la tarde lleno de día.
Rayos horizontales de un sol artificial extinguido
alumbrando en plena multitud de jardín.
Deseoso de no entrar a la calle por esa puerta.
Verde nostalgia de casa grande
hundida en las naves de la bañera.
Bajo el sol.
Antigua,
domingo:
muchas cosas no ajenas sin felicidad.

 
A STELLA VIDES

 

 

Stella Vides bajo la lluvia:
¿Quién evitará que se moje?
Nació en la Antigua Guatemala húmeda
y lleva en los huesos las noches en vela,
caminando con una vela por los corredores.
Nunca le gustó el invierno sobre la teja.
Relámpagos tremendos escurridos por las bóvedas calizas
le llenaron el alma de aves muertas
y sepulturarias sospechas.
Se hizo pequeñita entre más pequeñas
y heredó el musgo junto al último filtro de piedra.
Stella Vides se internó en la iglesia para no mojarse
y esperó que los hijos crecieran:
se ancharon las cúpulas
y se estiraron los campanarios.
Stella Vides marca silencio con un dedo sobre la boca,
es inútil que se moje:
será eterna.

 

 

LA IMPASIBILIDAD DE LA VIDA

Tú querías que te quisieran
y llegaste hasta el tocador de todas las puertas,
pero nadie salió a besarte
ni iluminaron tu rostro con una lámpara de mano;
te tuviste que marchar abrigado por la avenida
que lleva a tu casa,
respirando el fresco aroma de esporádicos parques
y escuchando el tintinear de tu mano en las ventanas.
Al entrar a tu cuarto te sentías tan mal
que te acostaste de una vez,
sin haber rezado,
pensando en alguna cosa extraña.

 
SOBRE TAMBORES Y LLAMAS

Curvatura catarata de sedalina roja,
sangre de sombra,
figura de mujer vertida sobre la luz,
cruz,
caliente amanecer
entre montañas y volcanes
arañados.
Cada vez:
ciudad de periódico de papel
con letra de imprenta acerada,
calles trazadas con regla,
estucos moldeados con gillette.
Ella no era de aquí
y el mirador brumoso no deja ver nada,
es lejos seguir:
en un patio, tendida, ropa abandonada.
Yo era muy pequeño entre el cuerpo de traje grande.
Garganta.
Su voz se oía con tinta clara
repitiéndose en todos los tímpanos.
Estuvo guardada:
salió pálida de muerta,
tanta, tanta, tanta.
Hoy supongo su retrato en esmeralda,
la bebo en un vaso,
la voy destiñendo en todos los almanaques.
No duerme bajo las mismas torres:
tiene su propia niebla para soñar.
 

 

 
ELEGIA
 
Una de mis alumnas se puso de pie antes que yo iniciase la lección, pasó al frente y cuestionó a sus compañeras:
-¿Quién soy yo?
Una de ellas le contestó seriamente mientras se frotaba las rodillas:
-Un gato.
Los demás nos echamos a llorar.

 

YO YA TENGO LOS PIES LARGOS

Yo ya tengo los pies largos,
ya puedo caminar solo por las montañas
sin perderme
y las ciudades ya no me parecen grandes.
Ya puedo irme, sin importarme las quejas,
por todos los nocturnos tejados
que como la luna
se ocultan bajo las antenas de televisión.
Pero tengo un hoyo en la nuca
por donde se me va el deseo
y me nace el odio.
Cuestión de intereses y razas,
inútil encierro que me queda
y aprieta a esta tierra y casa.

 

 

PRIMER ENCUENTRO AL REGRESO DE UN CORTO VIAJE

Su cara era un fantasma.
Fue necesario reacostumbrarme al envejecimiento
paulatino,
ignorar la necesidad de mirar el reloj
alguna cosa pasada.
A ella le gusta mirarme
(He regresado a las ocho de la mañana
con mi fatiga
y mis sueños irrealizados,
lleno de frustraciones,
lleno de sueño),
y me asusta lo que pueda ver en mí.
Su pelo anciano no lo tengo entre los dedos,
no la he besado,
ni siquiera he contado algo de mi viaje
pero supongo que no era necesario.

 

A ROBERTO ROJAS

Horas en La Reforma
esperando que alguien tenga que irse.
Rayos de oscuridad entrando por los árboles,
alamedas de noche
cuando aún atardece.
Siempre íbamos al teatro:
en la misma fila de fin de semana.
Mirando a hurtadillas a las mujeres
con todo ese olor profano de convento sacro,
entre las manzanas llenas de campo.
Rostros de virgen:
tardes de deseo en la calle
cuando las luces iluminan las vitrinas clausuradas.
Entonces todas las personas eran juguetes.
Después de la misa en el Don Bosco,
cuando no la concupiscente Charca;
y el regreso de oscuro por la carretera.
A veces el único guatemalteco.
Lleno de fuego.
Con la mirada seca, llena.
Diminuta vida de santo.
Y Roberto repartiendo la cena,
reflexionando sobre el rutinario
nuevo encuentro con la vida.
Todo se presentaba lejano.
Mis tesoros guardados
salían a la esquina de puntillas
y no veían bien sus propios destellos:
acostado en los ladrillos,
rezando nuevas aves marías,
era cosa de los domingos.
Fue una tierna bahía llena de
ratos hermosos,
queridas personas
y corredores largos, de cristal.
Hoy todo es igual
pero menos acompañado,
entonces entraba vacío a mi cuarto
y la sonrisa divina rondaba el lecho.
¿Dónde estás?
Más allá los corredores siguen extendiéndose en el vacío
y es como que nadie hubiera muerto
dentro de aquel convento.

 

 

NO EXISTE ESTA ABERTURA

 

 

No tienen nombre los rostros hermosos que palpo en
          la penumbra,
y no es porque ya no los quiera
ni porque los quiera menos.
Siempre apagaba el televisor
y al despertar a la mañana siguiente
me sorprendían sus cuerpos acabados de lavar.
Abría abúlico las persianas
y regaba los geranios,
nunca dije nada.

 
UNA FORMA CORRIENTE

 

 

Maravillosamente crees en todo,
no te preocupan los patios
ni las sábanas tendidas sin niños.
Toda la vida has creído que entiendes suficiente
y en el mensaje de los sueños.
No te excitan los transplantes de corazón,
el dinero,
ni las fábricas grandes.
Tienes confianza en el Dios que se acomoda junto a ti
cuando estás solo en las iglesias.
Digamos que eres dichoso a tu modo,
igual que todos.

 

RECUENTO

Todos los domingos pienso,
y hoy, 10 de julio de 1977,
no es diferente.
Creo que mi vida es realmente interesante,
he pasado cosas que no todos pasan
y al dejar la niñez no quise quitarme la vida;
es más, me da la impresión de que los años
no han transcurrido,
y puedo respirar.

 

A LA SOMBRA DE UNA CUPULA

Produce náusea observar la belleza de los frontispicios
cuando urdimbres alámbricas convergen testarudas
hacia maderas flojas
de postes carcomidos
en que se recuestan las mujeres
siguiendo sus sueños de prostitutas.
De nada sirvieron los rezos y los ademanes entre comillas,
todas las riquezas de procesiones e iglesias
no pueden ocultar la pobredumbre que guardan
los rostros cubiertos de ceniza.
En esta ciudad no hay más virtud que en cualquier
otra ciudad vecina.

 

REQUIEM POR LA ACCIDENTADA MUERTE DE UNA PERSONA QUE NO SALIO EN LOS PERIODICOS

Acaban de anunciarme otra muerte más
en las mismas horas que llegó la primer noticia,
no he sabido llorar:
No veo por qué habría de entristecerme la
desaparición de alquien que nunca
representó nada. Es más, me dolió siempre
su vida. Ahora veo que su inexistencia
no mejoró las cosas: yo sigo separado de aquéllos
que dejó.

 

A BAUDELAIRE

La lámpara aún arde en el rincón.
Algunas arañas.
Las tablas del piso y las rameras
paseándose por las calles.
El tedio benigno encarcelando las almas
y estos estercoleros de sedas finas.
Debiste matarte ángel deformado:
yo no he sido menos cobarde.

 

SABADO, 18 DE FEBRERO

 

Las noches de sábado y los viejos tangos son una
    misma rutina respetable.
Pasada la semana sólo me queda detenerme en casa:
la ciudad no beneficia con sus encantos de vitrina.
La inmanencia de los focos, los parques,
nada significa mayor cosa, da lo mismo acostarse
    temprano:
la pasividad es menos dolorosa que el desencanto de
    la existencia nocturna de las calles:
la providad y las dádivas divinas requieren de la soledad,
del alejamiento de lo promiscuo,
de la ignorancia de tiempos ineludibles.
¿Qué queda, pues, para las noches de ocio, sino la

    desesperanza y la melancólica agonía?

     

VIERNES, 10 DE MARZO

 

He regresado, ya tarde, a casa;
guardando entre los ecos de la memoria
la pluralidad diversa de ciertas voces extrañas.
¡Qué incomodidad!
Amigos e intereses, tan cambiados;
irónicas muecas,
diversidad de plazas gozosas y reiterativas
hasta el consumo de su propia esencia:
los inagotables rompecabezas de mezquinas costumbres
    indeseadas e impalpables.
Sin poder soñar tranquilamente.
Los siglos alternándose con las desdichas,
presencias inestimables,
transcurriendo sin otras personas que antaño fueron
    importantes,
sin aquellas juveniles sonrisas femeninas que existieron o
    debieron existir,
únicamente.
Y sin poder agradecer realmente he venido a desnudarme,
a vestir el usado ropaje del cansado
mientras, atrás, en una calle desandada muere la luna
u otro planeta similar.
Esta parecería una noche de sábado.

 

 

DE VIAJE
A Víctor Toledo,
amigo hospitalario.
 
Todo lo que he convertido estaba primeramente en ti.
Mañanas escandalosas de dolor y rostros alegres,
en su prolongación hasta la esquina difusa.
Contando mentiras a los vagabundos que atraviesan
    la ciudad
buscando una ruta corta para llegar al mediodía a París.
Mordiendo una fruta permitida.
Haciendo gárgaras antes de decidirse a ir a trabajar.
Porque el cielo está colgando de una nube corriente
y de nada sirvieron mis zapatos limpios si no los llevé puestos,
de nada sirvió el sol si era de noche aún en Europa.
(Como dos espejos que se reflejan uno en el otro).
Por todas esas manifestaciones de barro y musgo húmedo
    de una ciudad,
posiblemente llamada Antigua Guatemala,
por la vida que se pasa en el extranjero durante las noches
    de encierro
y durante las tardes de lluvia,
es que escribo este poema.
Mañana la vida será exactamente igual,
aunque la geografía haya cambiado y tenga que hablar
    en otro idioma
para comprar de madrugada el pan del desayuno;
la misma cosa que todos conocemos por accidentalidad,
porque de vez en cuando se corta un pájaro que parece fruta
y se queda uno un poco curioso sobre su corteza y su alma.
Es la nada oculta en el infinito,
son vagas presencias de los seres queridos que no están
    muertos
pero con quienes no puedes hablar debido a las distancias
y a otros compromisos.
(Una noche de esas en que habitabas lugares desconocidos
tu amigo de viaje te contó que creía en los gigantes,
y tú le creíste;
aunque por la tarde tu aliento invada, solo, el golfo
e inunde la grande inconsecuencia de palmeras que
    conforman el Caribe).
La luz te invade y ciega,
desencadena la tormenta:
nadie te ha escrito una carta y tú tampoco has escrito.
Se diría que tienes como intención inundarte de poder y
    fuerza,
débil, como siempre, entre ninguno de los que te quieren:
como pertrecho,
como saliva,
como carga inútil que los hombres esconden en los báules
    llenos de telarañas
y en los rincones donde hay lunas u otros planetas.
Para matar a los enemigos y poseer a las mujeres
    desconocidas.
Endiablado tiempo que transcurre en talleres coreográficos,
o en desplazados espacios lluviosos sin sombrillas ni dirección;
estando únicamente en los afiches pegados con engrudo a las
    paredes,
estando únicamente en lo que no ha pasado todavía:
porque todo pasa,
pero el tiempo sobra para todo el devenir irreductible.
Leí en el Antiguo Testamento que todo es apacentar.
El incosciente no tiene la culpa de que los ríos se desborden
    de anchos,
así que hay que cambiar de estación y escuchar otra emisora
    menos oscura,
hay que fingirle a la duermevela,
hay que escapar del continuo fracaso que emana la vida diaria.
No veo razón pero podría seguir escribiendo toda la mañana,
sólo que ya es medianoche y no sería bueno confundir
    la vida de México,
por nada por nada por nada.
 

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Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.