CRUCIFIXION

En la cumbre de un Gólgota bravío, 
bajo un cielo cargado de tormenta 
que oculta el horizonte hosco y sombrío; 
sobre la frente lívida y sangrienta 
la corona de espinas del recuerdo; 
afrentada la sed que le atormenta 

con la hiel repugnante de lo cuerdo, 
y por la lanza del dolor herida 
mortal abierta en el costado izquierdo; 
sufriendo de la náusea de la vida 
el terror de la muerte; a cada lado 
el desaliento y la ilusión fallida; 

hasta del mismo Dios abandonado 
y hasta sin fe para esperar remedio, 
agoniza mi espíritu enclavado 
sobre la cruz del Tedio.

Guatemala, octubre de 1905

 

 

 
NOCTURNO

Al Dr. H. Prowe

Esta noche es Noche Buena, noche víspera de Pascua; 
en la tierra, ya muy lejos, centelleante como un ascua, 
derrochando la ventura y el placer, quedó París; 
en sus calles se atropella muchedumbre bulliciosa, 
y mi nave en el silencio, solitaria y cadenciosa, 
va cortando un mar undoso de arrugada seda gris.

La faz grave de la luna me ve pálida y serena, 
como el alma de la noche que buscara mi alma en pena, 
como el alma de una amiga dolorosamente fiel; 
por doquiera me circundan horizontes invariables, 
soledades infinitas, precipicios insondables, 
aguas pérfidas que azotan o acarician mi bajel.

Mas, si extraña a la alegría, su sonido te lacera, 
si el fulgor del regocijo te deslumbra y te exaspera, 
alma errante entre las sombras, sin amparo y sin hogar, 
¿Dónde estás mejor que lejos, con el mar inmenso a solas? 
¡Es tan dulce la tristeza arrullada por las olas! 
¡Y a los rayos de la luna es tan lánguido el pesar!

Que se pierdan las visiones en las brumas de la ausencia, 
que tus olas, Oceano, desparecen mi demencia, 
que otra vez me vuelva adusta e inflexible la razón, 
que el ayer ruede al olvido de las épocas remotas, 
y que expiren prontamente las quimeras alirrotas, 
cuyo grito de agonía me desgarra el corazón.

Y después, sin que me abrume ni lastime ya los hombros 
esa carga de mis sueños que, trocándose en escombros, 
han marcado las etapas de mi triste juventud; 
sin espera que me burlen los sarcasmos del mañana, 
bajaré con paso firme la tediosa ruta llana; 
no soñar, esa es la dicha: no soñar es la quietud.

¡No soñar! Pero al instante, ¿no has soñado hallar sosiego 
en la senda de la vida que recorre el hombre ciego, 
debatiéndose en la angustia del tal vez y del quizás
pobre espíritu que ignoras si torciendo tu camino 
vas huyendo de los males, o si esclavo del destino, 
cada paso te aproxima a su encuentro más y más?
 
 

¡No soñar! ¿Y no es un sueño el más loco devaneo 
pretender que se aniquilen los arranques del deseo? 
¿Caminar con pie seguro en la inmensa obscuridad? 
¿Impedir que degenere la ilusión en añoranza? 
¡Corazón desesperado de correr tras la esperanza, 
que no sabes si eres libre, ni si tienes voluntad!
 

En el mar, diciembre de 1906

 


 

Página de la Literatura Guatemalteca.
Copyright © 1996-2006 Juan Carlos Escobedo. Todos los derechos reservados.
Copyright © 1996-2006 Juan Carlos Escobedo. Worldwide Copyrights.
Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.