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NOCTURNO
Esta noche es Noche Buena, noche víspera de Pascua;
en la tierra, ya muy lejos, centelleante como un ascua,
derrochando la ventura y el placer, quedó París;
en sus calles se atropella muchedumbre bulliciosa,
y mi nave en el silencio, solitaria y cadenciosa,
va cortando un mar undoso de arrugada seda gris.
La faz grave de la luna me ve pálida y serena,
como el alma de la noche que buscara mi alma en pena,
como el alma de una amiga dolorosamente fiel;
por doquiera me circundan horizontes invariables,
soledades infinitas, precipicios insondables,
aguas pérfidas que azotan o acarician mi bajel.
Mas, si extraña a la alegría, su sonido te lacera,
si el fulgor del regocijo te deslumbra y te exaspera,
alma errante entre las sombras, sin amparo y sin hogar,
¿Dónde estás mejor que lejos, con el mar inmenso
a solas?
¡Es tan dulce la tristeza arrullada por las olas!
¡Y a los rayos de la luna es tan lánguido el pesar!
Que se pierdan las visiones en las brumas de la ausencia,
que tus olas, Oceano, desparecen mi demencia,
que otra vez me vuelva adusta e inflexible la razón,
que el ayer ruede al olvido de las épocas remotas,
y que expiren prontamente las quimeras alirrotas,
cuyo grito de agonía me desgarra el corazón.
Y después, sin que me abrume ni lastime ya los hombros
esa carga de mis sueños que, trocándose en escombros,
han marcado las etapas de mi triste juventud;
sin espera que me burlen los sarcasmos del mañana,
bajaré con paso firme la tediosa ruta llana;
no soñar, esa es la dicha: no soñar es la quietud.
¡No soñar! Pero al instante, ¿no has soñado
hallar sosiego
en la senda de la vida que recorre el hombre ciego,
debatiéndose en la angustia del tal vez y del quizás,
pobre espíritu que ignoras si torciendo tu camino
vas huyendo de los males, o si esclavo del destino,
cada paso te aproxima a su encuentro más y más?
¡No soñar! ¿Y no es un sueño el más
loco devaneo
pretender que se aniquilen los arranques del deseo?
¿Caminar con pie seguro en la inmensa obscuridad?
¿Impedir que degenere la ilusión en añoranza?
¡Corazón desesperado de correr tras la esperanza,
que no sabes si eres libre, ni si tienes voluntad!
En el mar, diciembre de 1906 |