LA RUEDA

Maya Cu

No hubiera querido guardar silencio;
hubiera querido saber qué decir.

W. Rodríguez

Prólogo

La rueda

La poesía es una senda circular que parte de y llega a la intuición. El camino es largo. El devenir, cíclico. El afán, desentrañador. La ilusión, la magia de conjurar el tiempo. En ningún momento se vislumbra el final de la jornada porque éste no existe. Al menos en poesía. La búsqueda de la verdad propia, del sentido primordial o de la esencia universal se diluye en la percepción de su trayecto. La soledad es la única testigo fiel del recorrido que se emprende, no obstante vacilaciones y temores, porque se coloca siempre en el centro del circuito, guardando la misma prudente distancia, tensando aparejos cual noble domador implacable. Esta tensión se instala en el espíritu y crea una disposición de la imaginación de la cual la imagen y la metáfora son huellas.

Señal de ese progresivo ejercicio orbital de Maya Cú es la que traza hoy en este poemario conformado alrededor de una rueda. Una aparentemente sencilla rueda que contiene en sí misma todos las fuerzas que en ella se armonizan al establecerse una relación dialéctica por los radios, del centro hacia la circunferencia y de ésta hacia el centro.

Esta rueda personal circula en su conciencia descomponiéndose en partes de la vida de una mujer mitificada por la sociedad y desmitificada por su poesía. Resulta significativo que el nombre de Maya está siempre adosado a conceptos inventados, a alucinaciones intelectuales como la poesía indígena.

Este marco referencial se presenta como un inocente recurso para ubicarla en su tiempo y espacio, que no es más que un insustancial lugar común del que Maya no participa. El mito de Maya y la Maya del mito no son tales y al entendido por señas. Lo que hay es poesía. Expresión de un ser humano marcado por sus recuerdos, vivencias y sensaciones. Ajena a determinismos externos, Maya es una mujer que se conduce por su propia rueda guiada tan sólo por su mandato interno y su vocación de poeta. La tentación permanece pero su compromiso es --hasta ahora-- consigo misma.

Maya va de las partes al todo. Inicia en la sección de la rueda que da hacia el exterior: la cara. Allí contenido, está lo que se sufre a flor de piel, aquello por lo que se le identifica y que ella desea compartir: pedazos de una historia vuelta a armar alrededor de un círculo vicioso social, ajeno e insensible, una pena de amor no conjurada, un susurro apenas que ha escarbado la corteza para mostrar lo que va del otro lado de la rueda.

El canto, un anverso condenado a la sombra y por ello, encubridor de sentimientos recónditos como la batalla por asumir plenamente su postura de mujer y paulatinamente, la victoria sobre ese temor. Un verso revelador, en este sentido, dice, en el primer poema de esta sección, “dejo pendiente escapar del estigma de ser mujer”. Poco a poco, el yo poético va conformando dentro de sí una “revolución llena de paz” que no está exenta del peligro en sus ojos y el fuego de sus manos. La voz femenina se considera “nacida a los treinta años” por el hecho de haber descubierto entonces “sus otras magnitudes”, su capacidad de “crecer en tantos grados, en tantas vías”, como su voluntad le guíe. Asimismo, se sabe inspiradora de sentimientos adversos como “miradas obscenas”, “rencores femeninos” y “envidias” contrarrestados en la balanza por los hallazgos de sí misma, un amor y la amistad certera. Esta transformación callada, a la sombra, madura a la mujer que “abre sus poros” y que devuelve a la vida incertidumbres “transformadas en sonrisa”. “La niña que buscaba un reino más cercano que el cuento de hadas” conjura la utopía y fertiliza el aire con su “aroma de baile y canto”.

Más dentro, del centro mismo de su universo, brota otra sección del poemario: el eje hacia donde convergen puntuales los radios del círculo exterior. Por diferentes caminos, la maternidad, los anhelos rotos, los sueños por quebrar, la búsqueda de identidad, llega por fin a un pequeño círculo en donde se reconoce: eslabón de una estirpe de héroes cotidianos cuya única herencia es la tenacidad y la obstinación por no darse por vencidos. Un círculo vital que empieza con una bisabuela mítica y se cierra con una Flor de Estrella, fruto de la esperanza que insufla fragilidad y fortaleza en partes iguales a un yo poético robustecido que declara haber descubierto la verdad: que “dios es mujer, curandera y madre”.

Una rueda lleva, necesariamente, un lado que se desgasta, el que pisa el suelo, el que duele: se le conoce como la labor igual que la última sección en este poemario. La rueda se desgarra aquí en temas de los que se duele el yo poético: la dignidad, la memoria, la historia, la guerra, su Guatemala inconclusa y desgarrada a quien ama y odia.

La rueda permanece como elemento indispensable en el devenir del ser humano. Facilitadora de movimiento y de esfuerzo, en una carreta para conducirlo, en la fortuna para jugar al destino. Inmensa, como la rueda de molino que lo nutre y diminuta, como la rueda catalina que lo esclaviza en el reloj, así es la multifacética jornada poética de Maya. La rueda se presenta, entonces, como un símbolo del ciclo vital y de la evolución estética de Maya Cú expresado en la manifestación y la retribución de su poesía, porque ella vislumbra que la imaginación es, acaso, la única percepción por la cual puede acceder a la libertad.


Gloria Hernández Montes
Guatemala, marzo de 2002

 

 

 

La cara


Se sorprende
navegando en los subterfugios
de la soledad

su buceo
coincide con el silencio
recurre al escape
obviando sus vacíos

le abandona la palabra

de lejos
le pide que regrese

se hace acompañar
de la dulce voz de aquel
quien no sabe
que lo acorrala
en el círculo de
su sonido acústico

se le desmorona el espíritu
también el cuerpo

la podredumbre
está a punto de cercarlo

 

 


Maldita la soledad

yo en mi círculo
ellas en su isla
voy arrastrando el sensiblero en la joroba

maldito vos
todavía me hacés sufrir
quiero fuerzas
seguridad
pero no encuentro

de nuevo esta maldita soledad
me atormenta y me lleva al fondo de la angustia
del vacío de la frustración

maldito vos
me hundiste en tu palabra
remueve mi historia
mis recuerdos

yo también llevo muchas muertes en la conciencia
sobre todo esas
de aquellos que al irse
han matado un pedacito de mi alma

 

 

Hay refugios de cartón
en la ciudad de mi alma

-ahí escondo
mi intensidad-

me contrapongo
a tu imagen
en un recodo
de la nostalgia

escondo mi sollozo
para ver tu ausencia

voy al reencuentro
con mi soledad

 

 

Mi alma vive contigo te provee la vida

cuando fue mía pensaba en tu sombra
en la frialdad de tu rostro y de tus manos
y mi alma confesaba
sus temores
naturalmente

se escondía en mis ojos
en los agujeros de algún saco viejo
o en la taza de café

caminaba dando mil vueltas en un parque
olvidando los quehaceres
pensando en encontrarse con mi sombra

mi alma
huye del encanto escondido
las verdades tácitas
el estupor el miedo

y la busco
en el barranco
de la memoria
el frío de mediodía
la lágrima
el estruendo de su voz

mi alma y yo
ya no somos una
aunque de la
radiografía de las manos
caminemos…

 

 

No me hacen falta tu ausencia ni tu vacío
ni los muertos del pasado ni la exclusión

no la muerte amiga
ni la tristeza por
las carencias de Nicté

hoy
puedo llorar por un dolor
más trivial
el más cotidiano
uno más estúpido
muy mío

el más infame y cruel

la inasistencia
a la sonrisa

 

 


Hay un susurro
escondido debajo de mis uñas
quiere hablarte
revelarte sus bordes

intenta
alcanzar la miel de tus ojos
de tu canción

ha escarbado apenas
tu corteza
y está sangrando

 

 

Quiero matar mi sueño
llevarlo
a la orilla de tu barranco

lanzarlo

llamar a los zopilotes
para que recojan
su carroña

tal vez
con ella
te vayás vos

 

 


Antes
veía
una cara de tu sol

ayer
vi la libre
desmisteriándose

mostrame
las otras

quiero
revolcarme
también en la inmundicia

 

 


Cuando estás amigable
me llevo bien con vos

pero hoy
estás insoportable
pesas
me fastidia
tu presencia

su ausencia

hoy te quiero lejos

vete
con quien se hartó
de la gente

acompañá a otras

a mí
devolveme mi tesoro

 

 

Me gusta

mirar a la cara
de la gente
que camina
sobre la muerte
en la acera

porque
puedo hacer
una primera lectura
            echar una ojeada

en las costras
que su carne
le hace
a
los días

-podría decirse
que ya no miro
nada en
tus ojos-

deconstruyo
la historia posible

miro
cómo cargo de repente
todas sus arrugas
sus ojeras

y tengo que imaginar
las avellanas lisas de tus cuencas
para descansar

La lista de hombres
que amé
no se empañará
con el tuyo

vos
sólo fuiste
accidente

las heridas
por fin
dejaron de sangrar

una deferencia
quedó pendiente
agradecerte
el regalo:
una semilla

 

 

Es la nada
en la aldea
de la desilusión

es el todo
en las horas
en los sueños

sobreviven
las almas

revientan
los colores

vamos
venimos

nos acercamos
a la muerte

renacemos
en una voz
un grito

podemos
al fin
recogernos
y ser

 

 

Sí soy yo
date la vuelta

hallarás una ingenua
que
            tímidamente
estuvo desnuda
ante vos

no podés mirarme
aceptalo

estoy viéndote
Adán

desnudé cada uno
de tus cuerpos
y te da vergüenza

 

 

El canto

 

 


Amé a un hombre tierno
y él me amó
vaya privilegio
vivirlo
de recuerdo
tengo su ternura guardada
en una gaveta
y su voz en una caja

sólo uno
me hizo el amor
tan sólo
una vez
y ha perdurado

tanto
que ahora
un halcón
me presta sus alas
me convierte en princesa

me dejo sitiar
por el miedo

dejo pendiente
escapar del estigma de ser mujer

 

 


Estoy en la cima
ésa que te da miedo

mi piel
estirada
abre mis poros
éstos
se agitan
entre las manos
suaves
del desconocido

siento

dentro mío ha
empezado
una revolución
llena de su paz

mis adiposidades
felices
danzan
a su ritmo

hay
peligro en mis ojos
y en el fuego
de mis manos

podría nacer
la muerte
de mi vientre vacío

podría morir
la vida
de mi carne desolada


Nació
a los treinta años

descubrió
sus otras
magnitudes

podía crecer
en tantos grados
en tantas vías

encendió
una llama
dentro de su cuerpo

albergó
fantasías y derrumbes

dejó
de palpar ausencia
se llenó
con la certeza
de una presencia
lejana

vivió
            creció

 

 


Vos te emborrachás con alcohol
yo no puedo

a mí
me embriagan las palabras
y la borrachera
se me sale
por los ojos
como hoy
viernes a medio atardecer

como ayer
que se me derramó
en papeles
y en cariños

 

 


Tríptico del retorno

La pérdida…

te escribí desde aquella cama
aquella noche

y te perdí en el estanque
varado
en el centro
de la memoria

me escribiste
un anónimo
te despojaste de mi nombre

me escondiste
te alejé

El reencuentro…

Él
me cobija
bajo su palabra

me lee
desde lo etéreo

se descalza
se desnuda
para mí

El paso…

ahora
frente a vos
mis dedos caen en la urgencia
de espulgarte
quitan la cáscara
matan el miedo
caminan

 

 

 

 

 


A lo alto
de estos
seis lustros

veo
que he acumulado
una serie de
admiradores

con bonito
pensamiento
afilada lengua
miradas obscenas
por demás
olvidadizos

acumulé
también
envidias
rencores femeninos

dentro de todo
es rescatable apenas
este espacio
proveedor
y su gente

más la lista
de amigas

más un amor

tu voz
y tu presencia eterna

 

 

 

 


Todas las noches
veo a esos perros
haciéndolo en público

                        ella tan libre
                        el tan tierno

y recuerdo
que estás a
cientos de vuelos
de mi boca

 

 


Ella
la que siempre andaba
en busca de certezas
te vio

no le guiñaste el ojo
sino
le sonreíste desde
la caricatura de
tu alma

supo
pues
que eras otro amor
el que pisó suelo
tocando cielo

entre ustedes
existe un rayo secreto

¿la certeza?
les unirá
para toda
su muerte

 

 


REITERATIVO

Sabelo:
lejos
alguien
piensa en vos

se interesa en tus pasos
en la hora
que abrís los ojos
y ves a la ventana
adivinando
el vuelo de los zanates
o pensando
en tus libros

recorre con vos
el camino
el barranco
el ruido de la gente

la tarde
el ocaso
la ruta de las estrellas

alguien
trata de acompañar
tu sueño
o
tu derrota

 

 


Tuve miedo
de que te fueras

sin siquiera haber
entrado en mi
dominio

durante la espera
ensayé adioses
reencuentros
desencuentros

y un pequeño
halcón
se posó en una página
cotidiana
desbaratando el miedo

ahora que regresas
dejas escapar una incertidumbre
sobre
este hilo retorcido

te la devuelvo
transformada
en sonrisa

 

 

La niña que buscaba un reino más cercano que el cuento de hadas

Podrías
si quisieras
escribir la historia
de esta niña
que encontraste
jugando
en un viejo patio
desierto
de cariño

Podrías
crearle un jardín
con todas las semillas
que aguardan por tu agua

darle un futuro cercano
de duración
indeterminada
dejarla crecer

proveerle
una habitación
un jardín
una cama
en tu territorio
de rey solitario

 

 

Preparémonos pues
para el día en que mueras
y que tu ceniza
pueble
toda la playa
y la sal que me circunda

hagamos pues
un pacto
de luz y sueño
a través del puente
que une
nuestra
utopía

fertilicemos
el aire
de un común aroma
de baile y canto

 

 


La mujer
se acerca a un ciprés oloroso
a invierno

deja
que la cobije su
sombra

se acomoda entre
sus ramas
moviéndose ambos
al ritmo del viento

las hojas
dejan escapar su olor

la mujer
abre sus poros

y deja también
su olor
en la copa del ciprés

 

 


El eje

 

 


Siendo virgen

mi vientre engendró
laberintos de muerte
            células
            que sirvieron
            al mercader de artificios

un día de feria
engendró una
Flor de Estrella
            que amamanto
            enseño a caminar
            y
llevo de la mano a mi abismo

sobre todo
ella me lleva
a lo macabro
            lo divino
de su sueño

 

 

Amalia
soltó mis dedos
y se fue
apresurada

sin tiempo para un sueño
ni espacio para el deseo

siempre iba corriendo
para procurarme
la existencia

su paso por mi infancia
fue tan vago
que apenas
dejó su imagen
de doméstica
junto a aquel calzoncito
de cuadros en algodón
en una edad remota
de pasos inseguros

volvió
a mis manos
en otras edades
dejándome como herencia
una lección de
valentía y lucha

y Amalia vuelve
para eternizar la ternura
en la nieta que la trasciende
hacia este siglo

 

 

Rueda

                                                                                                         No has leído
                                                                                                    la línea de
                                                                                             mis ojos
                                                                                       yo
                                                                                metida en tu ángulo
                                                                      leía romero
                                                            azúcar
                                                      cera
                                                pétalos

                                            humo
                                          que me arrancó
                                          banalidades

                                            me llevó
                                             al cielo
                                                 derritió mi cuerpo

                                                         haciéndome vapor
                                                             olor de sangre

                                                                      leéme entera

                                                                                  transportame
                                                                                        a la luz
                                                                                              de todo
                                                                                                   nuestro misterio

                                                                                                               rueda

 

 

TRECE SEMANAS

He cambiado mis ojos
por una ilusión

el dolor
se revuelve
con la alegría
de saberte aquí
en la curva estirada
de mi ternura

la semilla
que fuiste
hoy es sexo
manos
cabeza
desplegándose
en mi interior

eres mía
nos amaremos
nos daremos ternura
seremos siempre nosotras
y los demás

 

 


Este animal insolente
maneja mi vientre
me exprime el hígado
manosea mi corazón

me convierte en su
enemiga
lo odio
quiero sacármelo

pero se ha convertido en mí
y yo en él

ha jugado conmigo
toda la vida
ha llevado y traído
locuras y desastres

ahora
a punto del abismo
lo encuentro escondido

nos vemos
reímos
calculamos fuerzas
y estamos aprendiendo
a convivir
dentro de esta jaula
llamada ser

a reencontrar
nuestro mutuo origen

 

 

Vivo

desanclada
de una mitad de alma

anduve esquivando el reojo
y mi espíritu creció temeroso
de mundos ajenos

mi casa
fue cueva que escondía
milenios que de a poco
fueron sorbidos en mi tarde

me fui tostando junto a mi madre
y me hice doblemente mujer
cargada de vergüenza
             de culpa
             de lenguas

en mí
navega una doble identidad:
            soy invariablemente
            una hija más
            de este suelo
                        y su historia

 

 

a César Millahueique

Te debo
las ganas del regreso
a repetir cada verbo
            hasta desnudarlo
            sacarle de cada astilla
            canciones
            de cada raíz
            estrellas
            de cada hoja
            tristezas

            te debo la necesidad
            de repasar los nombres
            en la rueca
            donde tejí óvulos
            y piel
            a una raíz:
                        el círculo donde me reconozco

 

 

Se lo dijo el Águila volando por lo bajo

lo reveló ella
desde la negritud
de su luz

antes no era
y se empeñaba
en descubrir caminos
donde las tablas
entre el maquillaje y
la máscara

descubrió la soledad
ella la reveló
se fue encontrando
en sus dolores
sus olores

reconoció
cada recoveco de
su cuerpo
muy a pesar
de las otras

reconoció
la morenidad que
la envuelve y
le hace frágil

sus curvas, sus líneas
sus carencias y excesos
todo perfecto
puesto en el lugar exacto

alguna mañana
quiso convertirse en
maniquí
llenar de vacío
su presencia
y
una extraña
apareció en el espejo

se volvió
para encontrar su hermosura
y llevarla por las calles
            por el tiempo

 

 


Historia

                                                                    A Eddye

I
Nunca he sido santa
pero sigo siendo
virgen

un día de tantos
el altísimo te envió
te hincaste
frente a mí
sacaste la estola y
el hábito

me ordenaste
reverenda
y sacerdotisa

II

Mi entrenamiento
fue precario:
            primero un estudiante
            tan rebelde como Cristo
            se acercaba a mí
            para rebatir la estúpida versión
            de la ciencia
            ante el fenómeno de la concepción

            luego
            sabias mujeres desfilaban
            ante un tribunal de machos
            descuartizándole su tesis
            sólo con arrancar hojitas
            de las orillas de los caminos

            fui su cómplice
            y descubrimos la verdad:
            dios es mujer, curandera y madre


III

Finalmente
venís vos
y me confesás tu pecado
haciéndome sentir la Ungida
la nueva Mesías

he sido elevada
a la categoría de pastora
            y has sido vos mi seminario
            y mi escuela de Teología

 

 

La labor

 

 


NACIMIENTOS

Este ha sido uno de tantos
entre mis nacimientos

te vi
me viste

y mientras un discurso
seguía recordándonos el dolor
de parto muerte
la agonía se trasladó a nuestra espalda

y la sabemos presente
por todos los rincones
del tiempo

hemos apenas adivinado
el color de nuestro cuerpo
pero ya conocemos
lo amargo de
cada empujón
hacia nuestra muerte

porque
sabemos que hay dignidades
a medio morir
o a medio nacer
en nosotros

como tantas otras
esta concepción nunca fue
premeditada


uno, dos encuentros
travesuras de la memoria
que se cansó de ser
dejando paso
a la mirada
la única

la palabra entonces sale
            en una sola corriente
            sin vestidos que la escondan
            desadornada
            empujada por la fuerza de cierto arraigo

ha sido perpetrada la entrega
            y vos
            y yo
nos hemos arrancado
estos diques
dando paso
al esplendor de
nuestras vacuidades

ahora bien
todos estos siglos
que nos pesan
tendrán que hacerse livianos

no les quedará más
que dar sangre
a nuestro rostro

no habrá sino un camino posible
devolvernos
hacia el misterio
para nacer de nuevo

 

 


RAZONES

Si la memoria no me falla
hay en mi árbol genealógico
una madre
abatida por
trabajo, hambre, abandono...

algún hermano desterrado
por padecer cierta lepra moderna

una hija
sobreviviendo
a un padre ausente

más allá
hay dos abuelas
cuyas bisabuelas
parieron frutos híbridos
quienes
a su vez
parieron otras frutas
poblando
siglo tras siglo
este Paraíso Violado

del otro lado del océano
llegó un abuelo
cuyo abuelo
cruzó la puerta de los esclavos
en la isla de Goré
de ellos heredé
la terquedad del ritmo
aun cuando el espíritu agonice

deberás comprender
entonces
lo difícil que es
olvidar este dolor
que nació conmigo
como herencia familiar

tendrás
que sumarle además
la rabia
de saberme
            mujer no nacida
            amante mutilada
            arco iris abortado
-recuerda que fui parida
durante la guerra eterna-

que
no te extrañe entonces
si a tu pedido de
bondad
alegría y olvido
respondo
justicia

ahora que conoces
esta historia personal
te pido:
no apresures tu reacción
o tu discurso
detente
escucha
por ahí
en algún
espacio de vida

corre todavía un riachuelo
que, si lo dejas inundarte
te convertirá
en la continuación
de mi cauce
de esperanza

 

 


Rabia

Te aterrás Guatemala y te das vergüenza Guatemala.

Te da miedo verte al espejo y ver tu viejo rostro
adolescente, agrietado, herido; morenísimamente hermoso.

Te horrorizás al saberte híbrida y te lavás la cara. Tus ojos y
tu boca aparecen indios; te ves los rizos, y una parte de ti
vibra tropical y negra.

Tu única certeza es este nombre que te niega y califica.

Te da vergüenza saberte violada, saberte hija del dominio
y del ultraje, Guatemala.

Y caminás inconclusa, desgarrada.

Amándote Guate
odiándote mala.

 


 

 


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Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.