Vida
La voz de una generación

Rodeado de la gente que quiere, Javier Payeras presentó la segunda edición de su novela Ruido de fondo.

Jessica Masaya, Siglo 21 | [email protected] 23 de mayo, 2006.

Más concurrida de lo que se acostumbra, la presentación de la novela Ruido de fondo, del escritor guatemalteco Javier Payeras, contó con la presencia de numerosos personajes de la vida cultural de Guatemala. Dejando las formalidades afuera, llegaron con la naturalidad de quien visita a un amigo en casa.
Según el escritor Ronald Flores, quien intervino en el acto, la nueva obra de Payeras es el libro más rápidamente reeditado en la historia de nuestras letras. Esta edición es parte de la colección Mar de Tinta de la Editorial Piedra Santa, que busca publicar a autores contemporáneos que sean más accesibles para los jóvenes.

El libro ha escandalizado a más de uno. ¿Esperó eso cuando lo escribió? ¿O para usted lo que allí se dice es de lo más normal?
Más bien lo segundo. Creo que escandaliza según la mojigatería de quien lo lea. No es un texto alevoso, es un largo monólogo desde una perspectiva compartida. Los juicios del personaje son juicios profundamente enraizados en su origen, en su familia, en sus prejuicios, misoginia y repulsión. Habla desde el inconsciente de esta sociedad y lo que llevamos dentro.

¿Cómo fue el proceso de creación de Ruido de fondo?
Trabajaba como maestro de Literatura, Idioma Español, Estudios Sociales, y no sé cuántos cursos más en un colegio del centro. Era un trabajo agobiante y mal pagado; sin embargo, mi consuelo era compartir con mis alumnos. Me tenían aprecio y escuchaban mis balbuceos pedagógicos. Ellos estaban cansados de la literatura que les pone a leer el pensum del Ministerio de Educación. Jorge Isaacs, Rodríguez Macal, Pepe Milla, y todos ésos. Me preguntaban si había algo mejor y, bueno, yo los puse a leer a Shakespeare, Camus, Hemingway, Quevedo...
También me preguntaban por lo que yo escribía, así que les llevaba poemas y ellos no los entendían. Comencé, entre período y período de clases, a escribir este relato para leérselo después del recreo, y les gustó mucho.

Luego de casi 10 años de carrera literaria, ¿cuál es el sentimiento al ver hacia atrás?
Lo único que tenés es la gente: tu compañera, tu hijo, tus amigos. No los podés cambiar por la literatura, porque la literatura es tu forma de amarlos, tu forma de amar la vida; es algo que es muy tuyo, algo sagrado e indispensable para seguir viviendo.

Además de escritor es un promotor cultural. ¿Cómo se engancha esto con la creación literaria?
No podés quedarte quieto; es necesario avanzar para que los que vengan después encuentren un mejor lugar que el que encontraste. En el arte en Guatemala hace falta mucho; aún no nos reponemos de tanta muerte y de tanto intento fallido de hacer una profunda transformación en nuestra sociedad.

La admiración de muchos quedó de manifiesto en esta presentación. ¿Cómo hace para tener esa modestia tan relajada?
No soy modesto; soy shute. Por eso siempre estoy metido en cosas complicadas. La verdad, quisiera, algún día, poder escribir sentado. Escribir sin deudas, sin frustraciones, sin problemas con otros escritores, sin miedo a que me mate un paramilitar o un marero. Escribir.

¿Es difícil combinar la familia con el trabajo y la creación (y también la bohemia)?
No. Lo difícil es dedicarle a cada cosa el espacio que merece. Respetarme, escribir como si ganara dinero, como si fuera lo que me da de comer.

Se veía bastante conmovido durante la presentación. ¿Qué sentía?
Creo que me sentí a mí mismo, me sentí adentro diciéndome: ‘Lo hiciste Javier, llegaste al oído de alguien, al corazón de alguien, tranquilo, tranquilo, hacé que este momento dure mucho, mucho’.


 

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Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.