ACERCA DEL PAPEL DE LA BELLEZA

porque
cada clavel es una chispa
esta manifestación
es un incendio.

porque
el fuego
se alimenta
con las cláusulas de un libro
con el viento de una huelga
o
con la llama de una flor.
 

ACERCA DEL POETA Y SUS CREACIONES

oh poeta del poema
oh revolucionario del poema
oh revolucionario de la vida del poema
           pero menos de LA VIDA.
 

ACERCA DE LA FUNCION DEL ADJETIVO

niños
puedo decirles
peces
pájaros
cogollos
hierba
frutas
mariposas
semillas

pero
es imposible verlos
y no agregar un adjetivo
perseguidos
peces
perseguidos
niños prisioneros pájaros
cogollos
marchitos
niños
hierba pisoteada hierba
aplastadas semillas
mariposas heridas

sin embargo

que ese adjetivo cambiará
mañana
peces rebeldes peces
niños
libres
pájaros
cogollos firmes niños
fresca hierba fresca
triunfales
mariposas
triunfales semillas
indomables
 

EPITAFIO

¿Por qué se empeña la muerte
en matar, vanamente, a la vida,
si la más humilde semilla
rompe la piedra más fuerte?
 

Y DIOS CREO A LA MUJER

… en el trigo de tu cuerpo.
No eras hecha por humanos.
Por eso tan perfecta.

Me gustaba verte
desnuda y alta como la Torre de Eiffel,
tu pelo universal
desplegado al viento como la bandera de tu patria.
Eras el Arco del Triunfo del erotismo:
sobre la suave extensión de tu espalda
ondulaban los Campos Eliseos,
sobre tus senos y tu vientre
se exhibían todos los tesoros del Louvre.
Eras una botella de miel.
Eras la Parisien.

Después de cada filme,
yo te buscaba entre las aguas del Sena
de mi cuaderno de mapas.
Eras el fuego en la caverna y yo
el pitecantropus erectus.
"Por un beso,
yo…" le hubiera dado una mordida
a tu boca de manzana.

Eva mía,
caminabas
y eras la tierra y sus dos movimientos.
Eras mi sueño.
Todas las noches te metías en mi cabeza
con tu cuerpo de serpiente y tu piel de lirio.

Brigitte Bardot,
yo venía de un pueblo donde no había cine
y sus mujeres eran catedrales.
Mis ojos sólo conocían los troncos de los árboles
y nunca habían visto un muslo.
Los senos no tenían nada de erotismo,
eran frutas llenas de jugo para los labios de los niños.
Los brazos y los abrazos eran cunas o nidos.
Las cinturas no eran de avispa,
eran redondas.
Los vientres eran surcos para reproducir la vida,
no almohadas.
Y uno crecía,
se casaba,
tenía hijos
y eso era todo.

Pero Dios
creó en París una mujer
y la exportó envuelta en celuloide.

Eras Nuestra Señora. Mi Señora.
Pero sobre todo, eras la Revolución Francesa.
Tus piernas eran dos cañones de amor
que disparaban a mis ojos y sacudían mis tímpanos.
Brigitte Bardot,
yo intenté la resistencia,
pero tu fuego era demasiado.
La aldea que yo traía en la cabeza
fue tomada por asalto y arrasada.
Y tuve que abrirte mi corazón
y luego alzar los brazos.

De eso hace muchos años,
Brigitte Bardot.
Y sin embargo…


 

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Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.