Javier Payeras

Guatemala: playback


Javier Payeras
Los recién llegados
En los alrededores del lago de Atitlán se encuentra el municipio de San Pedro La Laguna.
La mayoría de su población es indígena y su economía depende completamente de la tierra y del turismo. La gente de los demás municipios lo llaman el pequeño Nueva York. Por ser el pueblo más próspero y el más parecido a una metrópoli que existe en la región.
En el pequeño Nueva York vive y trabaja Benvenuto Chavajay, a quien conocí durante el festival Octubreazul cuando realizó el performance Homenaje a Guatemala.
El performance consistió en recorrer la ciudad capital, de extremo a extremo, caminando. Con esta acción hizo referencia a las migraciones que, de la provincia a los centros urbanos, hacen miles de campesinos buscando mejores oportunidades de vida. Su trabajo es una excentricidad entre los artistas de la región occidente del país, dedicados a la reproducción de paisajes y a la manufactura de artesanías o cerámica.
Como Chavajay existen actualmente grupos muy articulados de artistas conceptuales que viven en la provincia. Se trata de jóvenes que están transformando la escena cultural de sus comunidades mediante expresiones ultracontemporáneas por demás audaces y puntuales.

Son los recién llegados
Durante décadas en Guatemala se habló de un arte de resistencia y de conciencia. Pero los espacios permanecieron hegemónicos, cerrados a pequeñas élites de intelectuales "comprometidos" ideológicamente con la lucha armada, ya sea de un bando o del otro.
Fue hasta que los artistas emergentes tomaron el papel de curadores y gestores que la escena cambió, primero con la Galería Imaginaria en los años ochenta y, luego, a finales de los años noventa, con proyectos tan ambiciosos como P.A.I. o Casa Bizarra. P.A.I. o Proyecto de Artistas Independientes estuvo a cargo del escultor Darío Escobar, y fue una de las primeras exposiciones donde la crítica, la curadería y el debate marcaron elementos esenciales para articular una muestra que reunía a varios creadores emergentes.
Casa Bizarra, a cargo del pintor José Osorio, en su poco tiempo de duración (6 meses) mantuvo en el Centro Histórico un lugar para el intercambio abierto de todo tipo de experimentación artística, desde conciertos de rock acústico hasta performances y exposiciones permanentes.
Estos dos proyectos se integrarían en los Festivales de Arte Urbano del Centro Histórico, que luego pasarían a convertirse en Octubreazul, todo un movimiento que tuvo como punto de referencia transformar la idea de "revolución" partiendo desde la poética y la intervención del espacio público dentro de la ciudad. Instalaciones en edificios públicos, cierres de calles principales, lecturas de poesía en parques, proyecciones de vídeos en las fachadas de edificios estatales, entre una gran variedad de propuestas que reunieron tanto a artistas con trayectoria como a estudiantes de la Escuela Nacional de Artes Plásticas que permanecían inéditos.
De esa manera el performance de Benvenuto se une generacionalmente al de otros novísimos que abren nuevas rutas de diálogo dentro de una sociedad acostumbrada a bajar la mirada y pensar en silencio.

Warhol : "Sacúdete en tu cripta"
Para los jóvenes creadores de la periferia no es fácil destacar dentro de un sistema de mercado que ejerce la crítica desde la comparación y la unidimensionalidad. Es el karma del occidental de segunda mano, el buen salvaje que únicamente tiene la transgresión para invadir el "espacio ocupado" del arte contemporáneo.
Digo "jóvenes" sin la intención de disminuir la calidad de su trabajo, al contrario, es importante subrayar que se trata de una generación generadora: curadores, escritores, artistas visuales… todos con una postura política en línea horizontal a la legitimación de un "arte nacional", anacrónico y folclorizado. Su punto de partida es la búsqueda de una estética atea, escéptica. Sus referentes: la hibridación cultural y la masificación.
Las agendas que imponen los países donantes a los países en vías de desarrollo (¿?) exigen apoyar la "cultura para la tolerancia", como si a ésta se le pudiera moldear y asignarle una casilla: un arte de mujeres, un arte indígena, un arte para jóvenes, etc. Los recién llegados, me refiero a la generación con edades que oscilan entre los veinte y los treinta años, tienen referentes lejanos del conflicto armado. Más bien su obra se deja seducir por el hiperconsumismo, influenciados en gran medida por artistas contemporáneos como Darío Escobar y Aníbal López.
Tenemos el caso de David Sánchez. Dos de sus últimos trabajos me llaman la atención: Attache Cement, expuesto en el lobby del Banco del Café, presenta una serie de atachés hechos de cemento y exhibidos junto a fotografías de ejecutivos del banco cargando sus portafolios por zonas aledañas al edificio, enfoque por demás caricaturesco del "peso de llevar el desarrollo a un país" y Happyness, que consiste en una instalación de varios globos de cumpleaños, desinflados y guardados dentro de escaparates.
Es curioso que en este último el artista subraye los mismos problemas sociales de hace veinte años, pero usando otro tipo de referentes objetuales, como docenas de globos de colores.
Sería injusto, por la brevedad del espacio, no mencionar a otros creadores que se han involucrado dentro del movimiento artístico de los últimos cinco años. Trabajos como los de César Silva, Alejandra Hidalgo, José Míguez, Alejandro Paz, Regina José Galindo, Igal Permuth, Rodolfo Waalsh, Carlos Pichiyá y Alejandro Marré mantienen la misma postura crítica a la certeza del aparato de poder que representa la cultura legitimada desde el mercado o la complacencia.
Para terminar quiero referirme al trabajo de gente que a través de instituciones ha dado empuje a esta corriente de artistas recién llegados. La curadora Rossina Cazali, desde el Centro de Cultura Hispánica; José Osorio, desde Caja Lúdica; Roberto Cabrera, desde Comunicarte, y Darío Escobar, que trabajó con el autor de este artículo en el Proyecto Colloquia.
En cualquier lugar es común quejarse del desinterés que los países pequeños, y sus pequeños gobiernos que le dan a la creación artística y a la cultura en general; sin embargo, aún en las enormes carencias puede existir un compromiso y una búsqueda dentro de sus sociedades. Es claro que falta mucho que discutir al respecto de la factura y la complejidad de los trabajos de los artistas mencionados.
Pero en un punto de partida. De todos depende que los artistas emergentes dejen de ser "jóvenes promesas" y cumplan con las expectativas. Siempre que el trabajo ha comenzado algo importante.

Tomado de la Revista Artes -El arte en Guatemala- año 3 -. Santo Domingo República Dominicana. 2004.


 

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Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.