23 de Febrero de 2000

Johanna Godoy: Las mujeres podemos acumular sabiduría sin dejar de ser humanas
Virginia del Aguila


La relación de una voz poética femenina y su pareja es el hilo conductor en la obra literaria de Johanna Godoy. En su obra, esta joven escritora guatemalteca (31 años) ha explorado dicho tema, además de referirse a la maternidad, la relación entre el hijo varón y su progenitora, la violencia, la muerte y la desintegración del ser.
Lapidaria (1992) y El amor de Yocasta (1997) son sus anteriores publicaciones, una especie de ciclo que se completa con Sibila de luna (1999). Esta obra se presentará mañana, a las 18:30 horas, en la librería El Pensativo, de la zona 9.
Con los escritos posteriores a Yocasta, más algunos que datan de los años 80 y 90, Godoy estructuró un libro con 40 versos, referidos al amor y a las vivencias personales, en las que se reflejan las experiencias de otras mujeres (tanto de generaciones pasadas como futuras). Sin embargo, en esta ocasión, optó por abordar también el tema de la codependencia de la mujer, que lleva a muchas a soportar e incluso negar sus problemas conyugales.
Hay más sabiduría en reconocer que el cuento de hadas que nos vendieron no es realidad y no se podrá realizar, que engañarnos y seguir en lo mismo. Ahí se encuentra la contradicción, pues la mujer logra sabiduría al aceptar que la relación no funcionó, que hay un desencuentro y que siente odio. Y hay sabiduría porque al admitirlo, se liberará de ello, señaló la autora, en entrevista con Siglo Veintiuno.


¿Por que titularlo Sibila de luna?
Al escribir, pensé en quienes se quejan de sus problemas conyugales y tienen maridos con problemas de alcohol, que arman parranda con sus amigotes en la casa. Cuando ella reacciona y se molesta, la califican como vieja bruja. Aunque pensé en ese término, también reflexioné acerca del concepto de bruja que las feministas desean rescatar. El que se refiere a las mujeres que durante la Inquisición, fueron acusadas de herejes porque eran más sabias que la mayoría de la comunidad.
En los poemas usé esa palabra, pero sentí que reforzaba su connotación negativa. Pero repasé mis estudios grecolatinos y recordé el término sibila. Me pareció adecuado para reivindicar la figura femenina como una mujer cotidiana que lleva toda la sabiduría de quienes la antecedieron. Al unir la luna como símbolo de la intuición femenina, así como el saber de distintas culturas, surgió la voz poética llamada sibila de luna.

En la presentación, Dina Posada describe su estilo como aparentemente sencillo, expresado con palabras no rebuscadas, pero lleno de símbolos. ¿Cómo lo logra?
Así nació. Me lo explico como extracción de clase, pues pertenezco a una familia de clase media, en la que mi abuela y mi madre (aficionadas a la lectura) me inculcaron ese hábito. Para mí, los libros fueron un refugio de muchas cosas que ocurrían en mi vida. Por ello, desde pequeña empecé a desarrollar una habilidad del lenguaje. Cuando completé mis estudios, dicha habilidad me permitió hacer la simbiosis natural entre el lenguaje literario y el cotidiano.
Según mi concepto estético, las palabras adicionales pueden convertirse en basura. Entonces las elimino, pues si el poema es más directo, se logrará mejor el efecto que busco. Mi objetivo no es solamente sorprender, sino tocar una fibra emotiva en los lectores. Para lograrlo, debo hacer que la comunicación sea directa. Por ello, sometí estos poemas a juicio. Luz Méndez de la Vega, Dina Posada y Rosana Estrada me ayudaron a depurarlos en este proceso colectivo.

¿Es este poemario un reflejo de Johanna Godoy, la mujer, más que una imagen de la generalidad del género femenino?
Siempre parto de mi experiencia vital. Al contrario de los poetas que reflejan la vivencia ajena, en el primer momento de Sibila de luna enfaticé las mías. Luego, mediante el trabajo intelectual de pulir, eliminar y reflexionar (tomando distancia del trabajo), intenté que tuviera una carga más universal. Procuro plasmar mi propia experiencia de manera que pueda ser la de otras mujeres, me pongo en sus zapatos e intento verbalizar lo que pasa en su interior.

En la Trilogía del espejismo, usted empieza a plantear los efectos de la codependencia.
Sí. La entiendo como el hecho de cifrar nuestra vida en otro, en el servicio o el amor a terceros. La voz poética en la Trilogía descubre que no amaba al otro, sino al reflejo propio visto en él. Lo ve como ella quisiera que él fuera, con la mejor carga de sí misma, cree que su pareja es esa imagen, pero lo que ocurre es que se refleja en él como en un espejo, y ama en él todo lo que desearía de sí misma.
Por supuesto, el hallazgo implica un choque muy fuerte y una gran soledad. Después viene el desencuentro: constatar que el príncipe azul se volvió sapo, que hay mucho sufrimiento y dolor porque no llega todo lo que se esperaba, ni la felicidad. Ese recorrido de desilusión y amargura se convierte en odio; pero al reconocerlo y desterrarlo, la mujer refuerza su sabiduría.

Pero más adelante, después de los desencuentros, aparece el último héroe, aquel que (como usted escribe) no defraudará nuestros sueños.
Sí. La verdad, lo puse en tono irónico (RIE), con mucho sarcasmo, pero veo que el efecto en el lector es de un poco de esperanza. Me da mucha lástima botárselas (VUELVE A REIR)... Hace pensar: De repente aparece por ahí el príncipe azul. Es como querer confiar sin dejar de creer, pero no en la historia que nos vendieron, ya que deberá ser un hombre en todo el sentido de la palabra, capaz de significarse más allá del macho.

Por medio de estos versos, ¿conjuró el recuerdo de los episodios que marcaron la etapa más reciente de su vida?

He llegado a la conclusión de que el tiempo (no la poesía) lo cura todo. Los versos surgieron de una emotividad muy exaltada pero fueron trabajados de modo racional. Todas las experiencias quedaron en el pasado, aunque también hice una gran inversión propia -de trabajo espiritual y sicológico- para superar el pasado. En ese momento, el trabajo paralelo nada tenía que ver con la literatura ni el poemario. El tiempo invertido en superar esas situaciones tendrá mucho que ver con mis obras futuras.

Casi al final de la obra, usted propone matar a Penélope.
Ah, nuestra querida Penélope... (SONRIE). Ella simboliza la fidelidad a toda prueba, hizo el sacrificio total de tejer mientras Ulises regresaba. El, por su lado, hacía lo que quería (también tenía sus ratos de diversión), y ella rechazaba a sus pretendientes. Yo me planteé: Basta de este mito, pues una tiene vida propia y la felicidad está a cargo de una misma. Entonces hay que matar a Penélope, aceptar la soledad como condición propia y de todo ser humano. Debemos dejar de esperar que llegue la felicidad, que él regrese y cumpla con nuestras expectativas. Ya no nos preguntemos: ¿Dónde andará?, ni tejamos eso como excusa para no aceptar a otros en nuestra vida. Más bien, invirtamos en nosotras mismas. Las mujeres podemos acumular toda la sabiduría sin dejar de ser humanas; sin dejar de amar, odiar o sentir dolor.

 

 


 

Página de la Literatura Guatemalteca.
Copyright © 1996-2006 Juan Carlos Escobedo. Todos los derechos reservados.
Copyright © 1996-2006 Juan Carlos Escobedo. Worldwide Copyrights.
Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.