Luis Cardoza y Aragón en el centro, rodeado de
algunos miembros del Grupo Saker-Ti. Guatemala, 1952.

RODRÍGUEZ PADILLA
Por Jaime Barrios Carrillo - Estocolmo, 17 de diciembre de 2006
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No olvidemos a Jacobo Rodríguez Padilla. Ha vivido 50 de sus 84 años afuera de Guatemala pero “siempre con Guatemala adentro”. París es su segunda patria. Cardoza y Aragón lo llama “el suspiro que pinta”. Hombre intenso, ecologista, conocedor del arte maya. También fundador del grupo Saker-ti, que unificó a los artistas jóvenes en los 50. El grupo recorrió el interior del país, llevando teatro, pintura y música. Zipacná De León, su sobrino, habría, muchos años después, como reza la frase garcíamarquiana, de organizar talleres y exhibiciones en los departamentos.

Jacobo me ha compartido su preocupación por la obra de su padre Rafael Rodríguez Padilla, fundador de la Escuela de Bellas Artes. La obra la custodia una hermana de Jacobo, ahora sin el apoyo del fallecido Zipacná. Estaban dejando podrir la obra pictórica de su padre y por eso, hace 10 años, la mandó recoger entonces del Museo de Arte Moderno, al igual que la suya propia. Pienso en el monumento a Montúfar. Don Lorenzo sentado. El jurisconsulto, captado magistralmente por Rafael Rodríguez Padilla. Fue la primera escultura monumental fundida en Guatemala, me dice Jacobo. En esa época se importaban las estatuas de Europa. Viejos monumentos encontrados en ventas de antigüedades, venían a convertirse en personajes de nuestra historia. Podía ser algún general carlista que en el país se transformaba en un Reyna Barrios. La metamorfóosis transatlántica de las esculturas. En los años 20, Rafael Rodriguez Padilla se había adelantado al Saker ti, trabajando por un arte nacional auténtico. Un día a Rafael le dio por enfrentarse a un general dictador. Una bala en la cabeza terminó con aquel formidable cerebro.

La tradición la continuaron Jacobo y Fantina. Pintaron murales, asesorados por Eduardo Abela, diplomático y artista cubano en tiempos de Arévalo. Fantima, su hermana, fue “desaparecida” en los 70 por las fuerzas oscuras de Guatemala. El interés por los murales llevó a Jacobo a realizar frisos para el Museo Antropológico de México. El dedicado a la cultura tolteca es una obra maestra. Medio siglo de extranjero y sigue pensando en Guatemala. Hemos hablado de Guayo de León y de Adalberto de León. Los tres fueron becados por el gobierno en 1952 para estudiar en Francia. Cuando cayó Árbenz les quitaron la beca. Se quedaron. Guayo ya murió y su obra debe estar almacenada, esperamos, en algún sótano parisino. Su cuñado Adalberto de León, padre de Zipacná, se suicidó en el parque De Vincent en un frío otoño del 57. Rafael, Fantina, Guayo, Adalberto, Jacobo. La trilogía destinataria del poeta Orantes: “Entierro, encierro o destierro”.

Estamos a tiempo para darle un reconocimiento nacional. Pero, ¿quién debe iniciar este proceso? ¿Los artistas, el Estado o la iniciativa privada? Tal vez, todos juntos.

Fuente: sigloxxi



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Última revisión: 28/05/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A