1. Razón

ABIERTA la ventana
al nuevo día que despacio viene,
puros olores que del campo trae
saltan alegres, bailando llegan;

columpia la mañana
trinos y ramas
y sobre el aire claro
espónjanse los pájaros;

muy más que el sol que la ventana inunda
el tiesto de geranios me ilumina.

 2. Residencia

Pues la tierra es de todos y de nadie
el geranio se propaga por la tierra;
pues la luz es de todos y de nadie
el geranio mora en la luz;
pues el agua es de todos y de nadie
el geranio vive en el agua;
pues el aire es de todos y de nadie
el geranio se desplaza por el aire;
el geranio está en la tierra
y en el aire
y en la luz
y en el agua;

el geranio reside en todas partes.

3. Suma de la corola

CONSTRUIDO está el geranio
con los jugos más densos de la tierra;
con lágrimas que mojan su gemido,
con hambre de madera,
con júbilo de témpano y mejilla,
largos desvelos de cartón y piedra
y la sangre que cae gota a gota
de la profunda herida
abierta ayer, abierta hoy,

¿mañana abierta?

4. Pálpito de la corola

PALPITA en su corola
helado pulso de animal herido
y viento que se enrola
al fin de su gemido:
triste llanto de pueblo irredimido.

Palpita en su corola
la fuerza primitiva de la tierra
y la escondida aureola
que a su raíz aterra
con el callado fuego que ella encierra.

Palpita en su corola
sordo rumor de cólera profunda
que surge como una ola
que desborda, que inunda
de protestas el aire en que se funda.

5. Latitud

BAJO qué lluvia, geranio, lloras tu dolor antiguo,
bajo qué espada guerrera gime tu corola párvula,
bajo qué rojo crepúsculo erígese tu imperio,
bajo qué signo se mueve tu corola enlucerada.

En el punto equidistante de la sed y el agua fresca,
entre el hambre y el pan blanco, entre el hombre y su
deseo
se sitúan los geranios como signos que expresaran
la anchurosa, la fecunda, la creciente fe del pueblo.

Sobre frías bayonetas con la sangre coagulada;
sobre blancos cementerios de cipreses rumorosos,
sobre heridos anfiteatros con antiguas pobredumbres
se sitúan los geranios ya crecidos de presagios.

6. Dominio

GERANIOS y geranios y geranios;
que tus ojos no miren
más que geranios;
que tus dedos no toquen
más que geranios;
que tu lengua no diga
más que geranios.

Llanuras y llanuras de geranios,
bahías y bahías de geranios,
cascadas y cascadas de geranios;
la tierra toda plena de geranios.

La música crecida de geranios,
estatuarias construidas de geranios,
arquitecturas hechas de geranios:
el alma toda plena de geranios.

7. Amor del geranio

AMO, geranio, tu corola roja
y la raíz que te sostiene oscura,
tu tierno tallo de jovial cintura
y el amarillo vértigo de tu hoja.

Amor de cuerpo entero y de congoja
éste que siento por tu gracia pura,
amor de largo beso y mordedura
éste que ahora duéleme y aherroja.

Porque me das la luz que desaloja
la espesa sombra que mi ser tortura
mi ser ante tu ser su amor deshoja.

Porque eres la razón de esta locura
de estar amando sin razón, se antoja
alto tu ser que entrégame a su altura.

8. Sangre en el cáliz

FRÍOS geranios
que crecen a la orilla
de míseros tablones,
agradecidos;

claros geranios,
en patios que bostezan,
de vigas con carcoma,
cuelgan sus flores;

rojos geranios
que invaden las ventanas
ruinosas de los barrios,
tan bulliciosos;

vivos geranios
que entre la cal y el humo;
y entre las piedras muertas;
riegan su sangre;

rojos geranios
que empujan por el tallo
y aprietan en su cáliz
sangre del pueblo.

9. Limpieza de la voz

TÓRNASE tu terráquea voz sonora
para decir sin brumas la palabra
que no se dijo clara todavía,
rojo geranio.

Lengua la tuya de ciclón y trueno
para decir la verdadera cosa
con sencillez tan clara, tan exacta;
cálida lengua.

Cólera sorda tu palabra lleva,
llanto terrible tu palabra moja,
odio fecundo tu palabra tiene;
cólera sorda.

Voz que derrama los cordiales vinos;
voz que fecunda los parajes yermos,
voz que proviene de la tierra misma;
voz que redime.

Sobre los grises ámbitos del suelo
yérguese, redivivo, tu lenguaje
por todos los humildes de la tierra
hoy comprendido.

 

10. Fuego

ES su fuego tan puro,
es su brasa tan cálida,
es su llama tan viva
que abrasa al corazón en su fogata.

11. Constitución del cáliz a)

Nocturnos barrenderos sin idioma
que arrastran por las calles
tristes gemidos
lúgubres gestos;

obreros que trabajan horas extras
por ínfimo salario
manos que sangran,
lívidos rostros;

gendarmes que bostezan en la esquina
un sueño agujereado,
trenes que aúllan,
ojos que velan;
prostitutas que cantan en la noche,
gramófonos que chillan,
pálidas voces,
gritos helados;

todo ese oscuro légamo del pueblo
se acumula en tu cáliz y palpita.

12. Constitución del cáliz b)

LOS explotados jóvenes que nunca
leyeron de corrido:
mudos pilares
de las empresas;

repiqueteo de martillos, voces
sonoras de los yunques;
brazos robustos,
son de la almádana;

el pánico de escuálidas mujeres
que arrastran resignadas
niños de pecho,
tísicas toses;
viejos trabajadores despedidos
que alargan en los parques
manos vacías;
voces de hambre;

todo ese limo sórdido del pueblo
se cumula en tu cáliz y palpita.

13. Futuro del sueño

BAJO la luz radiante de esta tarde
que parece de junio y es de enero
un lento fuego en tus corolas arde.

El sueño que consume tu brasero,
que sueño de huracán para temido,
de huracán insurrecto y altanero.

El sueño en tus corolas consumido
mañana surgirá con nuevo aliento
como surge un recuerdo de un olvido.

El fuego de tu cáliz arde el viento
gozoso que contigo comunica
y no es ceniza, no, pero lamento.

El sueño que tu planta fortifica
y por las venas de tu tallo corre
lleva el fuego lustral que purifica.

Y pronto se erguirá como una torre.

14. Sonidos del Color

GERANIOS blancos
para que borden
muchachas pobres
su delantal;

geranios rosa
para que palpen
todos los hombres
la realidad;

rojos geranios
para que alumbren
los proletarios
su oscuridad.

En los patios humildes de la tierra
los geranios de amor hablando están.
 

15. Signo del Geranio a)

Pasó triste y callado el buhonero
bajo la lluvia que borraba
sus rasgos en la noche;
y llevaba un geranio entre su pecho.

Pasó el obrero cabizbajo y solo,
sudoroso,
el alma y los zapatos rotos;
y llevaba un geranio entre los ojos.

Pasó la nave azul de las vocales,
la maestrita de la escuela;
y llevaba un geranio entre sus trenzas.

16. Signo del geranio b)

PASÓ la ágil muchacha,
la góndola de todas las dulzuras,
la muchacha más guapa de mi barrio;
la que estuvo sirviendo en casa grande;
y llevaba un geranio entre su vientre.

Pasó el más explotado;
ese pequeño voceador descalzo
que grita las noticias por la calle,
que a veces va a la escuela
y siempre tiene ardidas las pupilas
de frío, hambre y sueño,
y llevaba un geranio en las mejillas.

Todos llevaban su geranio
y todos ensayaban
no el signo de la cruz, sí el del geranio.

17. Fecundidad

LOS pródigos geranios que invaden mi ventana
resumen en su cáliz la luz de la mañana;
el viento suave mece sus detenidas ondas
y gozoso les canta cancioncillas redondas.

En la ciudad estrecha, vulgar, indiferente;
ellos crecen y crecen al norte y al oriente,
en una casa y otra del mísero suburbio
sus lámparas se encienden en el espacio turbio.

En todas parte pega su vástago o retoño
así sude verano o se desangre otoño;
fecundos como el vientre de las mujeres pobres
procrían y procrían en páramos salobres.

Por el callado fuego del pétalo fecundo
mañana serán ellos las lámparas del mundo.

18. Voces que se unen a su voz

EN las húmedas noches rozadas por el ala
de acero y miel de arcángeles rebeldes
vagan frías, desnudas,
las voces que se suman a su voz.

De sangre,
de llanto,
de sudor empapadas,
por altos ventanales,
por negras chimeneas,
salen, llegan y se unen a su voz.

De piezas alquiladas
donde el agua es medida lo mismo que la luz
y, sin embargo, débiles mujeres
en sombras, dan a luz,
salen, llegan y se unen a su voz.

19. Muerte y resurrección

SI ya muerto de sed en la sequía
el agua para el riego te faltara
y ni una gota te ofreciera el día
en dulce lluvia refrescante y clara
y muerto de verdad por la ardentía
fino polvo tu cáliz sepultura
su fértil llanto el pueblo te ofreciera
resucitando en ti la primavera.

20. Voz y profecía

OIGO tu clara voz, tu voz rotunda,
vivo geranio, martillando el viento,
oigo tu fresco, varonil acento
que los espacios como el sol inunda.

En la niebla compacta, que difunda
tu voz la claridad con nuevo aliento,
la renovada luz sobre el lamento
que parte nuestra sombra gemebunda.

Mientras más en la dura tierra se hunda
tu raíz para sólido cimiento
es más clara tu voz y más fecunda

y, percibida por el irredento,
vierte en la oscuridad que nos circunda
la profecía de un resurgimiento.

 

 


 

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Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.