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Adiós a Otto Raúl González. Luis Aceituno /elPeriódico. Guatemala, martes 26 de junio de 2007

“Seré recordado como un escritor más. Me gustaría que dijeran que era un buen poeta. Hasta ahí”, dijo Otto Raúl González en una reciente entrevista. El maestro, uno de los grandes de la poesía guatemalteca del siglo XX, murió el fin de semana pasado en México, país en donde vivió durante casi 60 años, desde que salió al exilio durante la dictadura de Ubico.

El nombre de Otto Raúl, como él pedía que lo llamaran, está ligado a otros dos grandes de la literatura nacional: Augusto Monterroso y Carlos Illescas, con los que compartió una aventura no solamente literaria, sino vital y política, que resume la condición del escritor guatemalteco durante el pasado siglo, asfixiado por la represión y las dictaduras.

No me ubico

Nacido en la ciudad de Guatemala, el 1 de enero de 1921, Otto Raúl González surge al panorama literario en 1943 con la publicación de Voz y voto del geranio, un pequeño libro de poemas que escondía detrás de su encendido lirismo una fuerte crítica a la dictadura. El título es la primera manifestación de rechazo de una juventud, más tarde reunida en la llamada Generación del 40, frente al silencio y la represión impuestos por Jorge Ubico. Implicado de lleno en la resistencia contra la dictadura ubiquista, el poeta se ve obligado a huir hacia México luego de que la Policía lo golpeara salvajemente durante una manifestación. En la capital mexicana toma contacto con una importante generación de escritores latinoamericanos en ciernes -entre ellos Juan Rulfo, Ernesto Cardenal, Rosario Castellanos, Jaime Sabines- y con una de las leyendas vivas de la literatura, Don Alfonso Reyes, quien le consigue una beca para finalizar sus estudios.

Durante los gobiernos revolucionarios de Arévalo y Arbenz, González se desempeñó en cargos diplomáticos. A partir de la llegada al poder de Castillo Armas y las subsiguientes dictaduras militares, el escritor se vio impedido de regresar a Guatemala durante más de 40 años.

Escribir y fumar

La mayoría de la obra de Otto Raúl fue publicada en México durante su exilio y la constituyen alrededor de 40 libros, entre ellos A fuego lento (1946), Para quienes gusten oír la lluvia en el tejado (1962), Diez colores nuevos (1967), Cementerio clandestino (1976), Agua encantada (1988), Diamante negro (1990), El conejo de las orejas en reposo y Luna mutilada (1991).

En 1990 le fue otorgado en Guatemala el Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias y hace apenas unas semanas la Universidad de San Carlos le confirió el título de Doctor Honoris Causa.

“¿Qué hace en la actualidad?”, le preguntaron a Otto Raúl en la entrevista citada al principio. El poeta respondió: “Lo que hago es seguir escribiendo, escribir y fumar. Me moriré escribiendo y fumando… seguiré luchando por la poesía, seguiré instalado en estas cámaras de tortura de la poesía, que en cierta forma son así, pero que tienen salidas hacia otras cosas muy distintas como la felicidad, el placer y la alegría de vivir. De todo eso que debe cantar y canta la poesía”. “La poesía es un arte, no es para solucionar problemas, estos los solucionan los políticos, los economistas y los especialistas encargados de gobernar un país. Pero la poesía en cierta forma orienta y ayuda a estas personas en el poder, señalando los problemas e incluso proponiendo posibles soluciones que puedan ser llevadas o no a la práctica. La poesía tiene un fin, que es el de servir a la humanidad”.

 



 

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Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.