Sea breve

(Fragmentos, Primera publicación: Ediciones del ermitaño, 1999)

Una mujer distinta

Aquella mujer que se paseaba desnuda en una playa privada, llevaba la luna en la frente, dos luceros redondos y macizos en el pecho, un halo que brillaba como los anillos de Saturno alrededor de la cintura, el sol en las ancas un agujero negro en la entrepierna. Nunca he podido olvidarla.

Demanda de divorcio

— Sí, señor. Me quiero divorciar de él porques e ha convertido en un aburrido y detestable alcohólico anónimo. Me gustaba más cuando era un borracho alegre, simpático y conocido.

Bar internacional

— ¿Qué va a tomar caballero?

— Pues, para recordar mi tierra, tráigame por favor un whisky doble.

— El taimado camarero analizó la elegante figura del cliente, reparó en sus rasgos evidentemente chichimecas y, con mal disimulada sorna, espetó:

— ¿A poco el señor es de Escocia?

— No, amigo. Soy de Huixquilucan.

Alergia

Amaba con especial deleite la ópera, la opereta, la zarzuela y, por supuesto, a las mujeres. Cierto día descubrió que las cabelleras femeninas le producían una modestísima alergia que le impedía el goce sexual. Fue entonces cuando decidió viajar a Europa y pedirle a Ionesco la mano de la cantante calva.

Muerte de un rimador

Agapito Pito era un rimador nato y recalcitrante. Un buen día viajó un extraño país en donde toda rima, aunque fuese asonante, era castigada con todo rigor, incluyendo la pena de muerte.

Pito empezó a rimar a diestra y siniestra sin darse cuenta del peligro que corría su vida. Veinticuatro horas después fue encarcelado y condenado a la pena máxima.

Considerando su condición de extranjero, las altas autoridades dictaminaron que podría salvar el pellejo solamente si pedía perdón públicamente, ante el ídolo antirrimático que se alzaba en la plaza central de ciudad.

El día señalado, el empedernido rimador fue conducido a la plaza y ante la expectación de la multitud, el juez del supremo tribunal le preguntó:

— ¿Pides perdón al ídolo?

— Pídolo.

Agapito Pito fue linchado Ipso facto.

El descreido

Se abrazaron y cuando la besó, él se sintió en la cúspide del éxtasis; al borde del orgasmo. “No creo, alcanzó a murmurar, que sea verdad tanta belleza”. Eres un descreído, replicó ella. Y se evaporó en el aire.

Corazón artificial

En ese tiempo (año dos mil quinientos ochenta y cinco), los trasplantes de corazón eran ya una cosa muy sencilla, y los corazones artificiales se podían llevar por fuera. Sobre su elegante vestido azul de medianoche, la dama lucía en el pecho una encarnada rosa de trapo. Era su corazón artificial, porque a éstos se les podía dar la forma que el paciente requiriera.

La fuga de los robots

El robot macho y la robot hembra rompieron la vidriera de la fábrica y saltaron hacia afuera; a un paso de la libertad, una vivificante racha de aire puro paralizó sus mecanismos y sus cuerpos quedaron sobre la hierba como relojes muertos.

Una pura y dos con sal

El Presidente de facto de la pequeña república latinoamericana, enfundado en su entorchado uniforme de general de opereta, se acercó una vez más al enorme espejo de palacio, se pasó la yema de dedo índice por el bigotito hitleriano y repitió la misma pregunta idiota:

—Espejito, espejito, ¿verdad que Diosito Santo puso las riendas del poder en mis manos para conducir por el buen camino a esta nación?

— ¡Una pura y dos con sal! — respondió cascada y monótona la voz del espejo—, o como se dice en alemán: Eine raine und sweig milt saIt! Efrén, cabeza de alcornoque, ¿hasta cuándo vas a entender que no fue ningún Diosito Santo quien te hizo Presidente sino el Pentágono?

Cacatúa modesta

La señora Romelia de Omsk-5, esposa del vicepresidente de Marte, ofreció al Departamento de Estado Mental un diamante valorado en quinientos millones de créditos que le había regalado el Presidente terrícola Manlio Fabio X-13, durante el reciente viaje de los Omsk-5 al planeta Tierra. En efecto, la ley prohíbe a las personalidades marcianas conservar obsequios por valor de más de cincuenta créditos que les sean obsequiados en sus desplazamientos oficiales por el espacio. Al matrimonio Omsk-5 le quedó como único consuelo una modesta cacatúa que habla papiamento y que les regaló a su paso por la Luna, Micho IX, monarca constitucional de dicho satélite.


 

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Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.