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POEMA EN EL QUE SE DA GRACIAS A DIOS
Gracias Señor
-dice en voz baja-
por haberme dado todo lo que de ti
puede esperar un hombre en la tierra:
la angustia y el dolor, el horror
y la risa, la locura...
y la voluntad.
Y por haberme prometido, además, la muerte.
PETICION
El hombre, angustiado, clama en silencio:
Si te encendieras ahora, corazón ardiente,
rebelde corazón doliente,
pequeño vaso de iniquidad...
Pero el pecho se le llena amargo
con una triste sensación a muerte.
figura distanciada de
la voz
su imagen es el ideograma
o el jeroglífico
lectura cercana a la de los sueños
húmedos y pegajosos
¿con qué oídos conviene escuchar?
¿con qué mirada conviene mirar?
los símbolos se olvidan en los sonidos
y flotan
leer --- escribir
formas de la inconciencia
imágenes de la incoherencia
plenitud laboriosamente amañada
estela de sus jeroglíficos
carente de todo sentido
es tan sólo su devenir a solas
patología de la inercia
aunque todo posea un sentido
todo tiene que interpretarse
manía literal del grafógrafo
sicosis de un positivismo literal y
totalitario
toda profundidad efecto de la superficie
consecuencia de la seducción
vagancia sin rumbo en el horizonte de las
apariencias
imágenes frívolas cuyo encanto reside
en la trampa
cuya pasión (cuyo desvío) desdeña
y destruye
necesidad de leer
(¡todo recorrido es posible!
espacio de las incertidumbres
¿estaremos condenados a la indecibilidad
ajena?
entendido por todo el mundo
no puede ser escuchado
dulce movilidad sin referentes
sin referencias placer
de la oscuridad y el silencio)
delicia de la esquizofrenía en la que los
flujos
circulan espejo de su misma tesitura
configuración de su misma escritura
y si ella ya hubiese abandonado su espacio
y si nunca hubiese llegado a estar
es que acaso la interpretación enloquece
tierna ilusión engendrada por un conocimiento
verbal
refugio de la demencia
El Bibliotecario se sueña en su Bibliote-
ca y los otros
palabra que es acto puro y austero
magia ritual del hechizo
historia del lector invitado a la locura
suceso (de la) transformación
en su reflejo reside una sin razón
con sus intrincadas claridades
y sus transparencias sin fin
una especie de ecolalia que retorna (sobre sí
misma)
al tiempo que se soslaya y evita
¡repite los impulsos!
¡apela los contagios!
¡inclínate hacia la perversión!
los significantes se van y regresan
con su movimiento sin finalidad ni sentido
busca subrayar las redundancias las igualdades
convocarnos más allá de la lengua
más allá (quizás)
frontera de todo pasaje
al desconocer sus reglas las desborda y revierte
la lengua se desestratifica y transforma
inconmesurable
lugar de la carencia fundación de la poesía
(sobre esta piedra se levantará su canto)
confusión incesante
cuál es el sentido cuál es el sonido
lenguaje sin superficie
espejo de su absorción
en el registro de lo interpretable
la proliferación de la vehemencia
de la demencia
interpretación de un interpretación
fracasada
algo ha faltado
por ser cada vez
todo queda abierto (aquí) a la escritura
"en los nidos de antaño no hay pájaros
hogaño"
(se dice y escribe |
UN RITO / UNA RENUNCIA
girando, tornándose, rebotando, escapando, volviéndose,
revolviendo, envolviéndose, revelando (un mundo en perenne circulación,
un lenguaje en imposible movimiento)
cubierta de flores y de humo, de incienso, de copal,
oscilando sobre el vacío, toda soledad, temblorosa como la llama
en el extremo de la vela, sacudida por el paso de estos sus soplos,
siempre inasibles, siempre alejándose
de un luga a otro, la carne, su cuerpo, los trozos -los
pedazos-, siempre deslizándose, moviéndose siempre, hacia
allá, hacia acá, siempre más allá, siempre
más acá, sin dirección, sin sentido, nada que los
autorice, nada que los garantice, en imposible circulación, circulación,
circulación
una renuncia a lo posible, una vereda crítica
en movimiento, girando, escapando, revolviéndose, hacia lo imposible,
hacia lo que es, sin embargo, verdaderamente real (significados inestables
que a través de los impulsos
-hacia la roca y el sinsentido, en el corazón de
los mundos, en el silencio de la soledad- se van transformando: vagabundaje)
inevitable atraviesan la nave y se deslizan entre las
rocas -el sinsentido-, ella, desnuda de oscuridad, en el aire, en el
ara, hacia los márgenes, trans-formándose, transformada,
trans
el cuerpo -el universo- es de este modo ese conjunto
de piezas -de pedazos- que se han puesto, aquí, en movimiento:
de aquí a allá, de allá para acá, para allí,
para
de un lugar a otro, interminablemente, canjeo... sin
origen, sin principio, sin modelo que lo garantice, que lo autorice,
que lo funde
una renuncia a lo posible, una vereda crítica
en la circulación de este mundo -del cuerpo- escondido a la mirada
-a su mirada, a toda mirada- que se observa, directamente, rostro a
rostro, en perpetuo movimiento, ciega en su arrobamiento, balanceándose,
en tal transe, frente a su alteridad, frente a
por las orillas, en los extremos, sobre los límites,
es la palabra, el universo, eso que aquí -o allá- describiremos
como lo real: lo verdadero, lo que, sencillamente, es lo que en verdad
es, es
Si alguien fuera/fuese a cortar
arrancar, destrozar, hilachar, deshilvanar
las palabras, las frases, los versos
fragmentos
hasta convertirlos en polvo-
más allá, más acá, más,
aún, ellos
más, aún, los otros
quién pudiera/pud
iese
afirmar en dónde encontrar
la dispersión
este
texto el
sonido el
silencio
a dónde se encuentra a dónde se
encuentran;
algo aquí -allí- muere
algo desaparece (un lenguaje,
el reflejo, su sinsentido):
gorjeo, la glosolalia,
una renuncia
es lo imposible, ya sólo
transparencia, ya sólo,
ya todo,
ya
y
a
Yo he usurpado su lugar
y he conocido el secreto. Lo he entendido
sin, sin embargo, llegarlo a revelar. Ha
sido solamente nuestro. Esta inmovilidad que
nos lanza contra las rocas y la soledad, como
las aguas en la tempestad, como las arenas en
la tormenta. Yo he usurpado el secreto. Lo
he arrebatado ignorándolo,
abriendole mi corazón sobre el puño
de las manos.
He descubierto esta soledad que nos impulsa a ir y
a ir
contra las aguas, entre esta oscuridad que las palabras
quisieran repudiar, hacer retroceder, pero a nosotros
no nos ha sido concedido tal gozo, tan pequeña
felicidad.
Yo he conocido su secreto. Y he llegado a usurpar
ese puesto.
Lo he recibido sin conocerlo. Lo he revelado sin hacerlo
mío.
Ha sido solamente esta inmovilidad que nos impulsa
a ir más
y más allá. Ha sido unicamente este
silencio. |
| comprensión atemporal
y banal,
efímera
yo soy yo y el árbol
es su raiz es sus
hojas estos dos ojos y la lengua que
lo evoca y lo repite yo soy este soni
do esa corriente que va río abajo
como la montaña o la laguna inmóvil
en la pupila del pájaro de la nube que
pasa montaña arriba hacia el espejo del
mar sin nubes ya como la espuma que se
derrumba negra transparente la arena la
luz ya solamente este sonido su eco
de su propia voz de su mismo olvido
satisfecho ya sólo su pecho ya sólo
esta aventura este vacío intocable
en el que tiembla una voz en su silencio
banal su realidad sin tiempo banal esta verdad
sin lengua esa palabra que va corazón adentro
hacia la soledad hacia su ser en donde yo soy
tú ellos nosotros cualquier pájaro una
nube
aquella transparencia transparencia trans
parencia toda nada ya toda abismada en su
ser toda ya resonancia resonante resonan
te y efímera |
angustia
que mediante una rudimentaria invención
verbal
quisiera tocar las raíces del existir
La tierra azul y el río,
el cielo deslumbrado y estos tres barcos con
su arboleda anudada junto al río. La
hoja y el insecto, y la piedra que reposa entre mis manos,
y el pueblo entero con sus gentes que a la vez
vociferan y cohabitan y se aman y entretejen
sus quejidos y sus risas, y los rumores
de las garzas, y las nubes, y la música
y la noche que al caer ha ido borrando todo esto, y
el olvido, y el silencio. Todo esto en libertad,
eternidad que no se parta del momento, de
ese oscuro palpitar en el que la sangre, al agolparse,
se derrumba temblorosa, como
un río, o como mar, con su blanca
espuma desflecada y su luz hecha de estrellas, oscuros
soles titilantes, cicatrices de una risa
que nos lleva hacia el silencio, hacia lo
inmenso y la desnudez. Todo esto lo hemos
visto con los ojos de la carne, cuando unidos hemos
dicho la palabra, su silencio, el sonido
irrepetible de la hormiga que saliva su vivienda y
va desnuda, como el viento entre la lluvia.
Todo esto lo hemos visto con los ojos de la carne,
todo esto lo hemos también olvidado
y confundido, ignorando
que la lluvia, como el viento, es figura de la carne,
y que la piedra dice labios
como vetas y abre puertas a la sombra. La
palabra se levanta y el silencio la traspasa más allá
de su sonido, de su cuerpo, y
es allí que nuestro oído se descubre como manos,
como esas alas que al hundirse alzan vuelo y van
más lejos que el lenguaje de las
cosas, con su carne y sus deseos, y sus
ritmos llenos de imágenes y formas
Música süave, y silenciosa, es ese
mundo que se entrega así desnudo,
deslumbrado, así vivido.
Música süave y silenciosa, como
el viento con su lluvia y con su sangre, con su cuerpo,
cuando, hombres, hemos hallado totalmente la palabra,
su lenguaje, ese sonido
que es figura de las cosas y la tierra. Y,
sin embargo, el mar sagrado, y la tierra con sus árboles,
con su sangre hecha de viento, sólo luz,
tibia de sombra, nos reclama desde el canto,
y nosotros lo sabemos. Entonces,
como naves, hacia el silencio alzamos nuestro
vuelo y en su arena encontramos el reflejo
de ese destino que hacia la imagen, o su
sombra, la palabra nos empuja y nos devuelve,
destino hecho de manos y de cuerpos, de silencios
como música, como gentes
que a la vez vociferan y cohabitan y se aman,
y entretejen sus quejidos y sus risas con el rumor
de las garzas y las nubes y
la música y la noche que, al caer, ha ido arrastrando todo
esto hacia el silencio y
el olvido, nuestro mundo, finalmente, nuestro
sueño. |
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DE LA POESIA
Cuídate de su silencio
De su vacío
De su dolor
Cuídate de sus palabras |
Entre esto
y aquello, entre aquello y lo otro, un silencio. Una textura. Una sensación
que no se define pero que persiste. Tal vez de miseria. Tal vez de pobreza
o carencia. Entre esto y aquello o entre aquello y lo otro. Tal vez. Tal
vez nada y sólo se trate de sensaciones que nada tienen que ver
con esto o lo otro, con aquello o con nada, nada que ver con el espacio,
o con el silencio que parece existir entre ellos, entre lo esto y lo otro,
entre lo otro y lo aquello. El silencio, tal vez. La sensación.
El recuerdo que vagamente nos va incomo- dando al no poder precisarlo,
pero que, sin embargo, nos forza a volver vez y vez a esto o a eso, a
aquello, a lo otro. ¿Pero a qué en verdad? ¿Al silencio?
¿A la sensación que habiendo así provocado esta terrible
inquietud parece más tarde borrarse? ¿Volver entonces a
qué? Porque no consiste en volver, de verdad, ya a nada, pues entre
esto y aquello, entre aquello y lo otro, el silen- cio con su vaga textura,
una sensación de ausencia, de indescriptible pobreza. De inexorable
y absoluta carencia. (¿Pero es que hubo algo entonces, en algún
momento, entre esto y aquello? ¿Entre aquello y lo otro? ¿Un
objeto , tal vez? ¿Un sonido? ¿Una densidad que, ahora disuelta,
ha dejado tan sólo la enervante inquietud, siempre vaga, que nos
hace volver, vez y vez, a cuestio- nar lo que existe entre esto y aquello,
entre aquello y lo otro, entre lo otro y la nada? Trátese de una
mera sustancia o de su inapelable reflejo, el silencio. Tal vez solamente
de la feliz sensación de una absoluta carencia, del gozo terrible
de esa ausencia que nos hace volver al sonido que parece existir entre
aquello y lo otro, entre lo otro y lo otro, entre lo uno y la nada, entre
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EL AMO DE SU CASA
para Moises B. y Rosina C.
Hay un huevo en la jaula junto a la pared amarilla.
Un vaso de agua reposa, para ambos, sobre la mesa.
Por la puerta entreabierta pasa ahora un árbol
diminuto.
Bocas cicatrizadas por las semillas que cubren sus
hojas.
Desde mi silla de pino contemplo la algarabía.
Un olor redolente a oscuridad y a pajarillo comienza
a
adormecernos.
El espejo frente a la radio musita su breve estática.
Habrá muy pronto que colocar otra repisa sobre
la pared
amarilla-
me dice-
Y rosas en el florero.
Un olor redolente a oscuridad comienza a ensombrecernos. |
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FEROZ INOCENCIA
sólo en el amor pasión...
Me cago-
ha dicho mientras sonríe
y me toma-
en el Sacratísimo Corazón
de la Puñeterísima Virgen.
Yo sólo me he abierto y lo he recibido.
Yo sólo me he abandonado a su cuerpo,
al duro sonido que con su lengua me hunde
mientras sus manos recorren mi cuerpo
y con su espasmo recobra mi muerte.
Yo sólo lo he recibido.
Yo sólo me he abandonado. |
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SOMBRILLA BLANCA/SOMBRILLA NEGRA
El mundo descansa en la mirada.
Luz-memoria de todas las imágenes.
El silencio recibe ahora nuestras palabras sin nombre.
De cabeza, en la retina, el mundo aparece y se revela.
La mirada es redonda. Abre sus pupilas al cielo.
¿Tan sólo las imágenes es lo
que vemos?
Lo mismo aniquila la luz una sombrilla blanca que
una sombrilla
Negra.
El mundo entero se disuelve por ellas en la sombra |
Te recostaste una vez más.
No sabías a qué sueño te entregabas.
Por la ventana semiabierta la luz empezaba a llenar la habitación
y a iluminarte. Tú cerrabas los ojos, luchabas contra
el deslumbramiento
que la claridad te ofrecía.
Como en sueños te agitaste. Creíste cerrar
las celosías, correr las cortinas.
Creíste sumir la habitación nuevamente en
la sombra, pero de un manotazo la ventana
se abrió de par en par.
Creíste no ver sino su sombra, una figura desdibujada
en la violencia
que la luz provocaba.
Abriste los ojos más y más. Las pupilas se
dilataron tratando de descubrir
lo que en tu triste habitación no veías.
Alargaste las manos y en la sombra sentiste un cuerpo oscuro
y angustiadamente
te aferraste a su memoria.
Por un instante, instante fulminante y sin sentido, supiste
que él era tuyo, que lo tenías.
Perdidos en la violencia de la luz, o de la sombra, tú
y él finalmente se encontraban.
Tú en tu ardiente dolor, entre las llamaradas que
ahora te envolvían; él en tu memoria, en el olvido en el
que por fin lo poseías.
El rumor de las llamas te ensordecía pero tú
ya todo lo ignorabas.
Bajo la carne que por fin se derrumbaba, tras los párpados
que ahora, al arder, se calcinaban, la oscuridad te cubría y en
ella tú te perdías...
Deslumbrada por la sombra, en el centro de su alucinada
incandescencia, amorosamente te entregabas, despiadadamente te olvidabas,
te alcanzabas.
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LAS PARABOLAS DE P’ANG YÜN
Todo es como sombras y ecos...
P’ang Yün
I
En esta cabaña de ancianos
soy el más viejo,
Soy el más pobre de todos.
En esta cabaña no hay nada
Y al abrir la boca sólo me repito -
Nada. Nada.
Es verdad. Hace tiempo tuve amigos.
Los quise, es verdad, estuve con ellos.
En armonía compartimos los días
y la soledad. Su luz
Y la oscuridad.
Ahora sólo bebo del aire que anida
en mi garganta.
Ahora me reconozco en el silencio.
II
La gente sólo vive una vida, sin forma
y sin nombre.
Nadie es capaz de dibujarla ni de cantarla.
Nadie puede, tampoco, contemplarla ni escucharla.
Vivimos en el abandono de lo indecible.
Nadie ha nacido para cantar lo vivido.
Nadie ha nacido para revelarlo.
III
Desnudo, no me entrego a las apariencias
Todo para mí nace de la soledad y del vacío
Transparente mi mente es como la luz
y la sombra
El desconocimiento la atraviesa en todas direcciones
Ya no escucho el silencio bullicioso de los pájaros
Su voz que me llena de ternura
Su grito que me llena de dolor
IV
Atravesar el camino no me ha sido difícil
Aquí y allá he abandonado la felicidad
Sin saberlo y sin sentirlo he vivido -sin forma
ni memoria
Una sola inocencia he poseído
En su silencio he visto el árbol de la soldedad
V
Sin nadie más y sin yo mismo
Vas ahora por la no-vereda
¿Conoces de la vida misma?
Sus formas y sus palabras son como las estrellas
en otro cielo
Sin nombre y sin figura se abandona
y se olvida
Desconoce ya la irrealidad de lo condicionado
VI
Entrando o saliendo de esta cabaña
Y todos al mismo tiempo sollozando
Entrando y saliendo de mi deseo
Hemos comprendido su sinsentido
Nuestra entrega carece de tiempo
Hemos entrado al olvido
VII
Un hombre feliz en el pasado
Y hoy
He destrozado todo mi gozo
He olvidado mi felicidad
Hembra y hombre
Mi cuerpo tiene seis bocas
Su doble hasta treintaiseis
Van adelante de mí y conmigo
Sin atreverse a escapar
VIII
Me han dicho que su silencio es difícil
Tu silencio no es difícil
No deseando más nada y conociendo
la satisfacción
El vacío es en verdad plenitud
Sin forma ya la carne es mi gozo
He rechazado toda felicidad
IX
Precisamente en el centro de la sombra
Mis palabras deslumbran con su silencio
Sus sonidos vacíos de todo sentido
La pureza de su ignorancia es como la de las
aguas
Como la de su reflejo en la soledad
y el olvido
X
El espejo brilla en la más perfecta carencia
Las formas de la soledad le han percibido
Y en la oscuridad su superficie no permanece
No se tema ya ni el silencio ni la claridad
Vanidad ¡Vanidad de buscar la ignorancia!
La vacuidad es tan sólo una de sus formas
Su forma la de la impermanencia
Borracho de sabiduria la disolución
absoluta la soledad |
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