Entrevista: Marco Antonio Flores 'Expulso lo que me tiene atiborrado'

Fidel Celada Alejos Magazine. Siglo XXI. 01 al 07|09|02. Entrevista. Marco Antonio Flores, pág. 16-17
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La obra de Marco Antonio Flores está marcada por su militancia revolucionaria. Su vida, por una actitud que responde a la frase 'Díganme de qué están hablando para ponerme en contra'. Se rebela hasta contra sí mismo. Tiene 12 años de no escribir literatura, porque quiere 'zafarse' de las historias que determinaron su mundo novelístico.

En el estudio de Marco Antonio Flores, una máquina de escribir mecánica ocupa aún el espacio que en estos tiempos correspondería a una computadora. De la tecnología moderna le basta el fax para transmitir los trabajos mecanografiados. En ese espacio privado donde trabaja cuando está en Guatemala, recibió a Magazine 21 para comentar su novela En el filo, recién editada por tercer vez.

Cuenta la historia de una facción de la guerrilla urbana, desmantelada por el Ejército, a causa de un militante proscrito que ha entregado a sus compañeros. En la entrevista, el Bolo ‹como también se le conoce desde joven, y no precisamente por el hábito de beber demasiado‹ revela interioridades de una obra de ficción en la que cualquier similitud con la realidad no es coincidencia. La traición a la que se refiere en la novela, dice, fue común en el proceso revolucionario. Nunca ha hablado de ello, ni piensa hacerlo con las personas que inspiraron sus personajes. Por medio de la escritura, confiesa, expulsa aquello que lo agobia. 'Escribo catárticamente, y después de la catarsis expulso lo que me tiene atiborrado'. comenta.

En el filo cuenta una historia real acerca de la Comil (Comisión militar) del PGT (Partido Guatemalteco del Trabajo). ¿Puede considerarse ésta obra como literatura del testimonio?

Toda la literatura tiene una referencia con la realidad. Decir que esta organización está en la novela es llevar la ficción a la realidad, esto es una novela, no es real. La novela surgió en 1987, a raíz de un cuento sobre un guerrillero que llegaba a México. Se refería al instante del aterrizaje y a una cantidad de sus recuerdos. Ahí apareció el personaje que en la novela se llama El Gordo, y que tiene su referente con la realidad, aunque no es él propiamente, pues no es la transposición de un individuo de la realidad a la ficción. Además del cuento, (en ese tiempo) trabajaba en una novela que se llama Las batallas perdidas, que está centrada en la detención del tiempo alrededor de una fotografía. Ahí estaba ese personaje que comenzó a transcurrir y se unió a una historia que yo tenía introyectada desde hacía cuatro años, porque tuve mucho que ver con la Comil. Después de algunos años de tener relación muy directa con la historia, con su origen, yo la reconstruí, y no deliberadamente, sino la historia fue surgiendo por sí misma.

¿Cómo fue surgiendo?

Yo estaba exiliado en México y había sido compañero de algunos de ellos. Allí volvieron a contactarme los (militantes) de la Comil, que entonces habían sido expulsados del partido. Me pidieron que me involucrara en una tarea. Tenía que atender a la gente que llegaba (exiliada), darle casa y un estipendio todos los meses. Así supe de esta historia. Empecé a platicar y a chupar con ellos. Y en las chupaderas se mentaban la madre, se la partían. El cuate que me contactó para hacer el trabajo había sido miembro de la dirección de las FAR (Fuerzas Armadas Rebeldes). En ese momento era el único de la dirección de la Comil que estaba vivo. Por eso hice ese trabajo.

¿Cuánta ficción hay en la novela?

La mayoría de personajes son inventados. Algunos tienen referencia con personas de la realidad, supongo que vos tenés alguna idea de cuáles son.

Creo que el personaje de El Tigre corresponde al Hombre Lobo, un militante que fue capturado por el Ejército. Se dice que entregó a más de 80 de sus ex compañeros y que fue ajusticiado por la guerrilla durante el gobierno de Vinicio Cerezo.

Sí, aunque no fue el único (que traicionó a sus compañeros). Ese personaje tiene un antecedente. Habrá unos dos o tres más, característicos, pero los demás no. Son pura ficción. Todos los personajes que caen con el Hombre Lobo, El Tigre, pues en la novela son personajes que no existieron, ninguno. Los que caen, el que lo denuncia, es una reestructura de la imaginación.

¿Por qué escribir sobre una facción de la guerrilla urbana?

Fui participante del proceso político y seudomilitar. Eso me determinó para escribir. Yo me inserté en la lucha armada desde el principio, y en ese proceso me hice escritor. Comencé a escribir poesía en el 59. Cuando hice la primera novela ya tenía cinco años de estar metido en la lucha, ya estaba en el primer exilio. Estuve inmerso en el proceso desde el 60, militando o no. Fui un militante conflictivo, pero fui un militante. Tengo 12 años de no escribir porque quiero zafarme de esas historias, que determinaron mi mundo novelístico. Los cuentos, incluso la poesía está bastante determinada por esa jettatura que me tocó, por esa maldición en la cual caí y de la cual no me he podido sustraer.

La novela expresa de manera sórdida las prácticas de las organizaciones revolucionarias. ¿Es En el filo un reflejo de todas ellas?

Todas las organizaciones fueron corruptas. No hay una sola que no haya sido corrupta en la lucha armada. El caso de la que supuestamente se habla en la novela fue algo terrible. Se gastaron un millón de dólares en parranda, un millón de quetzales de un seconal (el pago de rescate por un secuestro). Lo último que quedaba de ese seconal se me entregó en México para sostener la organización de los sobrevivientes. Se mantenían en las casas de putas, eso está ahí (en la novela), se mantenían en las cantinas todo el tiempo. Era evidente que la inteligencia militar iba a meterse en cualquier momento, y así fue. Lo que la novela relata es ficción. La relación que tenga con la realidad no es casualidad.

Yo me fui de las FAR en el 66, porque descubrí la corrupción que había. Lo que pasa es que esos casos no se saben, y los que han sido militantes periféricos o que han tenido apoyo de las direcciones defienden estas condiciones en las cuales se dio la guerra, sin saber lo que ha ocurrido en la interioridad, el tipo de corrupción que hubo.

La izquierda lo acusó, a raíz de la publicación de Los compañeros, de divulgar prácticas clandestinas que los revolucionarios guatemaltecos efectuaban en México. ¿Sucedió algo similar cuando se publicó En el Filo?

Son dos historias de diferentes épocas. En el 93 (cuando se publicó En el filo) ya la izquierda no tenía fuerza para satanizar o demonizar un trabajo como este, pues ya era muy claro y evidente que las cosas así habían sucedido. Existían denunciantes y traidores. El Hombre Lobo no fue el único. Yo sé de al menos 10 personas que hicieron eso. La izquierda implicada en el proceso armado, que fue la izquierda que había sometido a crítica y a juicio a Los compañeros, había llegado a un entente no escrito con el Ejército. El Ejército necesitaba la lucha armada para hueviar todo lo que pudiera y para seguir militarizando a la sociedad, y la guerrilla necesitaba un espacio donde subsistir para sacar la mayor cantidad de dinero de los apoyos internacionales.

El personaje central de la novela es un traidor desalmado. ¿Por qué lo presenta sin grandes conflictos cuando éste se cambia de bando?

Al principio sí tiene conflictos. Cuando va a tomar la decisión de traicionar entra en contradicción. Pero cuando le pregunta al muchacho al que asesina luego, su delator: '¿Por qué?', éste le dice: 'Fue por la vida, porque quiero vivir'. Cuando un traidor traiciona ya no le quedan contradicciones que superar. Si no logra sobrellevarlas muy claramente, entonces no puede ser el traidor que se necesita. En este caso, desde el punto de vista histórico, el personaje que surge de una realidad está ubicado en el contexto de ese traidor que no puede dar un paso atrás. Pero al final de la novela, él tiene impotencia sexual. Él no queda impoluto por la traición que comete, sus contradicciones ya no son racionales, lo destruyen interiormente, porque esa impotencia obedece a un problema sicológico: la culpa.

La novela se caracteriza por su crudeza; comunica los defectos y vilezas de los personajes. ¿Es a propósito que se resalta el lado sórdido de la gente?

No todos los personajes son así. El Chino, por ejemplo. O Eugenio, que se suicida porque mataron al hermano, se quita la vida con una valentía tremenda, se siente culpable porque llegó a sacarlo de su casa para llevárselo a la cantina, y lo matan. Ellos no tienen nada que ver con lo que vos decís.

Pero se enfatizan sentimientos como el odio y la traición, entre otros.

Pero fijate qué tipo de historia es. No se podría ni se podía maquillar, porque es una historia verdaderamente terrible. La mortandad en la novela no es tan evidente, eso queda un poco difuminado, pero lo que hay atrás de todos los acontecimientos es terrible. Y todo surge de la corrupción en la que había caído esa gente, porque no sólo era El Tigre. Desde mi punto de vista, y desde el punto de vista dialéctico también, el ser humano es naturalmente malo. Cuando un individuo está en contradicción entre lo que él considera bueno o malo, cuando vela por sus intereses más concretos, siempre escoge lo malo. Muchos militantes, ya hablando de la realidad, a la hora de tomar una decisión para solventar sus necesidades económicas se entregan, fácilmente. Y eso se ve ahora en este país, en el caso de los ex militantes que se entregaron a este gobierno.

El lenguaje que utiliza en la novela es coloquial y guatemalteco. ¿Sirve para darle fuerza a la violencia que relata la novela?

Ese era el lenguaje necesario para esta novela. ¿Pensás que este tipo de novela se puede escribir de otra forma? Imposible. Mientras escribía trataba de ir rescatando el lenguaje coloquial guatemalteco, porque sabía que se me iba a escapar. Porque a uno se le escapa, se le desaparece un tipo de lenguaje. Yo no puedo hablar ya en el lenguaje coloquial de la actual generación. Yo me di cuenta de eso entonces, y me dije: 'Si no rescato el lenguaje coloquial de aquel momento, no va a haber quien lo rescate'. En la novela ya casi no hay arcaísmos, mexicanismos o cubanismos como los hay en Los compañeros.

El lenguaje coloquial siempre ha estado en la literatura. Pero en este país de hipócritas, de gente fanática, de gente ahuevada, de una cultura muy atrasada, los escritores hasta ese momento habían obviado ese lenguaje de la calle, ese lenguaje con el que todos hablamos; algunos quizá no, pero muy pocos. ¿Por qué no llevar este lenguaje a la literatura si con él nos comunicamos? Por hipocresía. Y eso ocurrió hasta Los compañeros en la literatura guatemalteca. Algunos renovaron algunas formas, pero no tuvieron los huevos de aventarse a ese lenguaje coloquial.

¿Qué piensa de que algunos califiquen este lenguaje como vulgar?

A los grupos del poder, los que tienen el control político, ideológico, económico de la sociedad y dictan las normas, les interesa tener un lenguaje específico para la comunicación, pero lo que ocurre es que las sociedades no son monolíticas. La gente normal, de la calle, tiene otro lenguaje, y es un lenguaje que renace permanentemente de generación a generación. Octavio Paz lo dice muy claro: el lenguaje es algo vivo, que va cambiando constantemente. Y ese lenguaje es el que utilizaba la generación en la que yo crecí. No estábamos sujetos a la normatividad de quienes hablan de lo vulgar o lo no vulgar, sino era nuestra forma de comunicación, en la calle, en las cantinas, en las fiestas, en las escuelas, en los colegios, en donde fuera. Ahora, quienes utilizan ese lenguaje y son hipócritas no lo utilizan en su casa, pero lo saben y lo usan cuando están con sus cuates. Y cuando esto va al blanco y negro se rasgan las vestiduras. A mí esos me tienen sin cuidado.

Se agotaron ya dos ediciones de esta novela. ¿Quiénes fueron sus lectores, quiénes quisiera que fueran los de la nueva edición?

No tengo e-mail, no tengo contacto con la gente, con los lectores, como hacen casi todos los que escriben en los periódicos. No sé si eso es bueno o malo, pero me parece un poco narciso. Por eso no me comunico con nadie. No me interesa porque cuando termino un trabajo no vuelvo a leerlo. Eso es también narciso, es como verse en el espejo permanentemente. Escribo catárticamente, y luego de la catarsis ya salió todo lo que me tenía atiborrado, y me olvido de eso.

No sé quienes son los lectores. El lector recrea el texto que lee. Esa es la mejor lectura. Los lectores que lean esta novela tendrán que hacer su lectura, no me interesa tener relación con ellos. Qué bueno que la lean, y si les gusta, qué bueno también, pero eso ya no tiene que ver conmigo.


 

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Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.