REQUIEM POR LUIS AUGUSTO
EL GUERRERO KEKCHI

REQUIEM POR
LUIS AUGUSTO

 1

Les fue dada la acción
de la ceniza
y contaminaron el humus
A pesar de todo
los hombres
hicieron surcos
y metieron la mano en el rescoldo
Pero el crimen
era mucho más hondo
A pesar de él
"esta humanidad ha dicho
¡basta!
y ha echado a andar"
Mientras tanto
seguimos restregándonos
en miedo en justificaciones
Las conchas se siguen redondeando
alrededor del hambre
de los otros
y no somos capaces
de gritar o de poner el pecho
Nuestro es el tiempo de la rapiña de pocos
"Puedo morir mañana
pero otros me sustituirán"
Los ídolos sollozaron
su partida
 
2
 
Un menor de cinco años
muere de hambre:
violencia al pueblo
Equitativa y santa
la oferta y la demanda
Un gordo se revienta
con su gula pegada a la chequera
El altiplano gotea sus coyotes
sus altísimos edificios
sus pieles de mink
sus cadillacs
Las viejas gotean
su piedad senilmente
en los bailes de caridad:
Es antiquísimo el dolor
no perpetuo
Nuestro es el tiempo
de las depredaciones
Pero "esta humanidad ha dicho
¡basta!
y ha echado a andar"
 
3
 
Usurpamos esta tranquilidad
de comprar alimentos
Enfrente hay otra cara
llena de mal de pobre
Tengo miedo pero no terror
El terror vence al hombre
El hombre vence al miedo
Voy a pararme en medio
de los vientos
a vendimíar mi piel
Después me arrastraré
Colocaré mi nombre en las raíces
y las enterraré muy hondo
entre las aguas
Desde el pico
más alto
se tenderá la red
que sostendrá nuestros sueños
 

4

"Puedo morir mañana
pero otros me sustituirán"
Una muchacha llora
el abandono
Eran sus ojos los de un ajusticiado
El sol vuelve a salir
No es un árbol
el que dará la sombra
Es el bosque
No habrá que confundirse ni llorar
La rosa germina
avanza amparada en la maleza
La juventud se marcha
para arriba
-o para abajo-
Del monte bajan
los torrentes
de geranios
que saludan
empuñando la diestra
La gente sigue autómata
a pesar del cuchillo
de la muerte
Los petardos resuenan
más sonoros
en medio de la noche
Las esquinas se esconden
en la casa del sol
La multitud aúlla de temor
Los amigos regalan
sus arterias
al lobo
aparacen torcidos
en páginas pedestres
quebrados por las balas
Solo hay una respuesta:
la violencia
 

5

"Puedo morir mañana
pero otros me sustituirán"
Eran sus ojos
los de un ajusticiado
Lloró el asfalto
en su costado
Mientras tanto
nosotros
decimos disfrutar
el sueldo mendrugado
Nos contentamos con bajar
la cabeza
ante su muerte
y sollozar hipócritas
No es nuestro el tiempo
de la espera
Su garganta quemada
propagó la mañana que entreabre los dedos
El silencio ahorca los sueños
Todo es ausencia


EL GUERRERO KEKCHI

I

El Mito:
Cuando el rito fue la razón de vivir
comenzaron a sembrar chile y frijoles
en todas las orillas del camino que lleva
al viejo templo
Mientras Tojil en el volcán más alto
sembraba los pescuezos de chompipe sacrificados en el Pascual Abaj
Desde entonces los caminos se bañan
de rojo todas las madrugadas
y los hombres de Xibalbá iniciaron la danza que se oye repetir
a los viejos cofrades del crimen.
Las lenguas despiertan al eco de los tunes
y los torturadores sacan agua de Atitlán
para apagar las llamas de la lucha
Miles de pies descalzos están formando
surcos hondos para enterrar la sangre
de la ofrenda.
El Sacrificio:
En jalpatagua los hombres de la ciudad subterránea
dieron muerte a un hombre de la selva cobanera:
un kekchí muy antiguo de rodar por la tierra
llevando su metralla entre los ojos
Los caminos del monte
un rancho en Tucurú
la paloma espumuy
las monjas blancas
se pusieron de luto por su marcha:
era el mejor comandante de la guerra
Los gavilanes de la Bocacosta
empiezan a escarbar en sus ojos
y los de Xibalbá han iniciado las danzas
para la celebración de su partida.

II

Diáologo íntimo:
Al costal de mis sueños
voy a echarme tu muerte Mario Lemus
y me pondré a palpar todas las piedras
que construimos juntos en la ciudad del mar
También voy a mirar si consigo una esquela
para enviármela
porque vos
ni nadie de los tuyos va a poder
Y voy a sacar copias para enviarle tu muerte
a Anataylde a Tatiana
a Roberto a Galich
y les voy a contar a mis amigos
que te moriste riendo de la muerte
Voy a ver si consigo también un chinchín
o un atabal o algún libro en kekchí
para ponerme a recordar tu cara
y a los quetzales de tu tierra
voy a pedirles un siglo de silencio
Lo que no haré
es llorarte
porque vos eras la risa de mi tierra
Para vos sólo tengo la palabra
y un poco de dolor -del que me queda-
Recordatorio final:
Esta noche los beatles cantan help
en algún tocadiscos del camino
Yo pienso en Efigenio el comandante
comtemplo su cadáver quebrado en una página de un diario
y empiezo a oscurecerlo en mi recuerdo
Su nariz afilada de cadáver yo ya no la conozco.

 

 


 

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Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.