| |
- Capitulo 6 de "Los compañeros"
-
-
EL PATOJO
1966
Guaro amargo: melcocha: rapadura: colado de vinagre: agua: aguardiente:
agua ardiente: guardiente: guaro. Danza a través de los palacios
barrocos llenos de nubes que no pesan más que la mirada. Claridad
meridiana: mañana azul rellena de miel. Sobre las nubes conchas de
mar, de suaves colores, rosas, celestes, verdes, de todos tamaños.
Las mas pequeñas: bonitas: metidas en cajas de marfil y en el fondo
de la cajita la música rodeándola. Siempre ella: caja vieja
de marfil, llena de semen, de concha hedionda a meados de borracho. Bañado
de meados, prensado, enchironado, jodido, preso por pendejo, vergaceado:
chille de oreja, vergazo de oreja, culatazo de cuque: chivatos, esbirros,
hijos de perra.
Miraba la luz, lineada con asiduidad, verticalmente. La luz que se
colaba por los barrotes le hacía huevo los ojos. Luz de callejón
largo, brumoso, húmedo, silencioso, zumbón, oloroso a comida
vieja rancia, a mierda seca, a sangre coagulada. Inició los pasos
sobre la música del bar y recibió el primer culatazo en
la frente, frenético, insultante, indignante, doloroso. Un bofetón
le sangro las encías. El sabor de la sangre parece aguardiente,
raspa la garganta, la laringe, plomo derretido en el esofago cayendo al
cuajar, al librillo, como torrente de lava: gastritis: acidez: dieta:
úlcera: chingadera. Del primer trago empezó a ver babosadas.
Nunca había tomado guaro, era la primera vez. Todo por necedad,
exigencia, presión, obligación impuesta por el Rata:/hay
que celebrar los examenes/ Cocimiento de tripas en cantina sucia, hedionda
a meados de borracho, a cerveza fermentada en la barriga de las ratas,
vomitos en los rincones, botanas viejas llenas de telarañas escondidas
en los rincones, al pie de las mesas, en el quicio de las puertas. Rata,
cosa negrita, pequeña y taimada que corría entre los pies,
que se erguía en dos piernas gordezuelas, que se emborrachaba desde
los 12 años, que nos llevaba y traía de la jeta casi a piñazos.
El vergazo lo zarandeó mas de lo acostumbrado, sintio que la sangre
bajaba bajaba por todo el canal intestinal y quemaba el recto, el colón;
el hoyo del culo se cerró instintivamente: esfinterazo. Aguantaré.
Aún cuando sigan pegando igual, con todo el ñeque, con todo
el odio, con todas las ganas de sus manos, de sus pies, de sus culatas,
aguantare. Dónde vine a caer, en una cantina. De esta desaparezco.
Semana Santa de desapariciones cuando el Rata comenzó a beber,
el desapareció en la cantina, su madre en la iglesia y su padre
en el prostibulo. Prontuarios: doce años. El segundo vergazo ya
no le supo tan mal, la cabeza se le dormía, la piel se le dormía,
lo empujaban para afuera del bar a punta de culata, la cabeza le empezaba
a dar vueltas y el trago no supo tan fuerte, lo asimiló mejor.
Ademas no fue culatazo, fue puñetazo. Le hinchó el labio.
Si seríamos majes, dejarnos mandar asi, presionar asi, coaccionar
asi: el Rata no es de los que mandan, ni siquiera es bueno para los pijazos;
pero es picaro y cabrón, habladorazo, convencedor: /es de hombres,
de hombrazos, tomar guaro/ Ya me caigo, este fue el tercero y ya me caigo
de la silla. iQue lugarceque! Quien sabe como hace para conocer estas
porquerías. "Cantina Los Gavilanes". Roedor maldito, pervertidor
de mayores: empujó con seguridad conocedor: conocedorazo: las persianas
de la cantina y saludó confianzudo. Una bola de borrachos apestosos,
barbudos, hipis, se nos quedó mirando con desconfianza: desconfiachos:
como chotear juras: orejas: chontes. Una puta peluda nos sirvió
la orden del Rata /un cuartel de indianapolis con bocamangas de chicharroneques/
A la primera vijeada, como quien no quiere el choteón, medio nervioso
y valenciano, conquistador, la vi buenota. Buenas nalgas, sabrosona, chichitas.
A los golpazos de la indianapolis la vi mejor: bigote espeso, dos o tres
pelos de chicharrón con, en la barbilla; patas palillos de dientes
o chicharrones con. Empezó a restregarse en mi silla, calientona,
abusiva. Yo nerviosón. Despues cupo la audacia y restregó
el pubis en mi hombro. Allí fue el despepute: bulto duro y afiebrado
me levanto de la silla y le di el primer tapujazo en la barbilla: chicharrón
con pelos, jeta de indianapolis, maricón malentretenido, cantina
de pinches locas. Ahora sí me voy a caer, la cabeza me da volteretas:
montaña rusa: no, sovietica. La cosa se puso negra y siento que
se me viene el sope. Esta es la Escuela de Medicina, al menos lo parece.
A ahora sí me caigo, no se preocupen mucha, sí sí
aguanto, no me agarren, no voy a decir nada. El culatazo que me dio el
cuque en la puerta del bar, me volteó de plano. Ya no sentía
el pecho ni las costillas, el soldado: indio cabrón: cara de Maya,
tenía un ñeque de mula, patadón de yegua en brama,
cada culatazo me bamboleaba la tierra. Como haría para mover la
tierra de ese modo? Las nubes se ponían de todos colores, rosas,
celestes, blancas, moradas. Daba como si en ello le fuera el sexo, la
vida, el alma /comuniste maldite/ Todo comenzo a ponerse negro, negro
como su jeta y no dejaba de pegar y de insultarme /comuniste maldite/
Todo negro, negro, hondo, hondo. Parecía que flotaba en un tunel
de sonido. De un sonido hueco que no sonaba, que parecía un mar
interplanetario. Sentía el cuerpo apretado y gelatinoso, unas voces
roncas y profundas entraban quien sabe por donde; a ratos gemidos y contracciones
me estremecían todo. La mar del tiempo, del espacio, del infinito,
eyaculaba tranquilidad en mi tunel del tiempo, en recinto sagrado y oscuro.
Casi siempre estaba tranquilo alli. Estaba solo, completamente solo, pero
tranquilo. A veces por jugar, pateaba las paredes de mi globo de alabastro.
Era el lugar mas extraño que conoci. Todo sonaba a campana hueca
o de platino o de sal, y de tanto en tanto se bañaba todo el recinto
de liquido viscoso, cremoso, blanco, aseptico, sin olor, que venía
acompanado de gemidos, de movimientos peristalticos que me producían
nausea, de grititos de placer, de gritotes de animal, informes, espasmodicos
que turbaban mi silencio. No sé cuando el ruido se instaló
definitivamente en mi silencio. Un tanteo desacostumbrado, un gemido prolongado
y una voz tubular /tranquila, señora/ vino a sacarme de mi tranquilidad.
Supongo que el ruido y el manoseo me enfureció y comencé
a patear con furia. Allí vino lo peor, porque mi globo se enfureció
y comenzó a sacarme, a expulsarme, ofendido, enojado, violento.
Dale el para fuera y dale yo para adentro: hasta que atranqué mis
pies en las paredes que lo contenían /Hay un problema, señora,
nada grave, solo que el niño no viene normal, de cabeza, viene
de pies; habra que usar forceps/ Realmente no me hubieran sacado nunca,
pero unas tenazas brillantes y pulidas vinieron en auxilio de mi globo
y me prensaron las piernas. Allí acabó todo. Caí
en el vacio y empecé a dar vueltas, a gritar, a chillar, a berrear
con rabia. Desde entonces sigo haciendolo. Despues me echaron agua en
la cara, en el pecho, en los pies, en todo el cuerpo; mientras un ser
inmenso y deforme ululaba /es un hombre, un hombrecito, es un hombre,
un hombrecito, no pareces hombre, no pareces hombrecito, con dos o tres
tragos te socas, levantenlo muchachos no pareces hombre, no pareces hombrecito,
con dos o tres pijazos te desmayas para qué te metes entonces?,
delen mas duro, es un hombre, un hombrecito, la felicito señora/
En este nuevo lugar lleno de seres desconocidos, empezó la soledad
y los tanteos, cosas rugosas que me pasaban por la cara y el cuerpo, instrumentos
extraños que me metían en la boca para que sorbiera un liquido
viscoso y sus manos en mi cara /desperta, desperta, que tenemos que llevarte
a tu casa/ y el agua sobre mi cara. El contacto frio, seco, humedo del
chorro de agua me hizo abrir los ojos, el vendaval entraba por mi nariz
ahogandome; me tenían acostado sobre una pilita y el torrente caía
directamente en mi cara. Trate de incorporarme pero no pude, no tenía
fuerzas, la cabeza me daba vueltas y el liquido se me metía en
la nariz, sentía que la garganta se me atoraba, se me cerraba,
me desesperaba, del estomago algo subía caliente /Tan muchachito
y miren en que estado esta/: voz de vieja cachureca: a lo lejos: alguien
habla a lo lejos: neruda: vieja cachureca. /Tan muchachito y tan borracho/
Por lo menos no estaba muerto, no estaba ahogado, oía criticar
a las viejas coludas, culonas, criticonas (alguien canta a lo lejos y
ella no esta conmigo). Comencé a tomar conciencia /yo conozco esta
pilita, no esta lejos de mi jaula, estaremos entonces por la avenida Centroamerica
y dieciseis calle/ La cabeza rodaba, bailaba, brincaba, me daba vueltas
como rueda de chicago, como rueda de caballitos en la feria; no podía
pararme, el agua formaba charcos y tenía la ropa empapada, la hedentina
de los charcos se hacía mas nitida, apestaba a meados de bolo,
una luz comenzó a insinuarse en la altura, una luz lineada con
asiduidad, incompleta, cortada a rayas; intenté pararme pero el
cuerpo me ardía, me dolía, me tiritaba. Me habían
dado por todas partes, no tenía un lugar sin dolor. Nuevamente
la sensación viscosa en las mejillas, al sacar la lengua y sentir
el sabor agrio lo supe todo /el Maya y la culata de su fusil/ Traté
de arrastrarme hacia las rejas, pero estaba amarrado de pies y manos,
siempre esa sensación de estar atado de pies y manos, cuando traté
de darle el primer beso sabía que estabamos solos, que no había
nadie cerca, que la abuela se había ido a la iglesia y el abuelo
al traspatio, que ella quería, sin embargo me sentía atado
de pies y manos. Me arrastraba para llegar a la luz. Pero era mi prima
(tus hijos seran como cerdos, con cabeza enorme y ojos saltones) y el
temor me ataba, me inmovilizaba, me impedía tomarla, poseerla.
Me puso las manos en los hombros insinuandose, la erección instantanea
me detuvo, tenía que cogerla, no podía aguantar mas, traté
de estrujarle una chiche, levanté la mano con lentitud, pero no
pude, la tenía atada, entonces me arrastré lentamente hacia
las rejas de la celda, empezaba a sentirme mal del estomago otra vez,
las miasmas que despedían los meados empezaron a meterme en el
tunel, no oía nada, tenía la cabeza hueca, llena de gusanos
que se me comenzaron a meter en la nariz, en los oidos, en el culo, en
los ojos, empezaron a taparme la luz, la tierra llena de gusanos caía
sobre todo mi cuerpo, intenté gritar y no salio nada de mi boca,
una presión en el vientre me callaba, me detenía los sonidos
en la lengua, allí se diluían, se perdían mis gritos
en el silencio. Poco a poco me fui metiendo en mi vacio, la calma se apodero,
una vibración venía desde muy dentro, desde muy abajo de
mi vientre, de mi panza, de mi estomago, tal vez desde el colón,
un calor ascendía por los intestinos y empezaba a escocerme la
garganta, la laringe la tenía llena de buches que pugnaba por salir,
de adentro salían gorgorismos que sabían a guaro, a leche,
a meados, a mierda, ya no podía respirar y los ojos me comenzaron
a lagrimear, ya no pude contener la erupcion, de mi boca salio un torrente:
lava. /Puta mucha, que arrojadota, por poco me baña el pantalón/
A mi me baño todo con esa mierda, iqué asco!/ Lavate en
la pila/ Mire como pusieron la pila, de ahí sacamos agua para cocinar/
Llamen un policía/ Patojos bolos/ De aquí sin parar hasta
su casa/ Ayudenme a levantarlo/ Si como pesa el maldito/ Miren -tunel,
voz, chicharrones a medio digerir- llevenme hasta la puerta de mi casa
y allí me dejan/ El tunel se alargaba, se encogía, no tenía
fin ni principio, las luces de la avenida del Cementerio comenzaron a
titilar con una velocidad desacostumbrada, los ojos se me llenaron de
sombras, de conchas rosadas y celestes y comenzaron a asaltarme las manos
con intención de mordermelas. De todas partes caían conchas
y cajas de marfil, yo las apartaba de mis despojos y jugueteaba con ellas,
dos senos me llamaban desde el fondo de la caja mas pequeña, pero
la múltitud de conchas que caían me impedían meterme
en ella y apretar, mamar esas chiches. Las conchas se llenaron de sangre,
de lodo, de vomito y comenzaron a bañarme hasta que quedaron nuevamente
inmaculadas, entre todas me levantaron en vilo y me acercaron al sol,
este se dividía en muchos solitos y las estrellas se dividían
en muchas mas, en millones y millones que se metían un a una a
mi cerebro, me invadían las venas y jugueteaban en mis nervios
produciendo un dolor profundo que bajaba de la cabeza a los pies y regresaba:
montaña rusa: sovietica. Cuando me dio el primer riendazo en la
cabeza la luz del bar se me fragmento, solo sentí pasar a Efi a
mi lado disparando, fue lo último que vi en medio del lucerio que
me cegaba, que se me metía hasta dentro, hasta la medula, sentía
que me caía nuevamente /Agarrenlo bien, que se me está resbalando/
Ya casi llegamos/ Pero hay mucha luz aqui/ Si, la vieja nos va a ver/
Pior si está paradota en la puerta esperandolo/ Apurense/ Los sonidos
no me llegaban, solo intuía sus voces, sus murmullos. Hacía
siglos que no oía nada. Solo un pitido que zumbaba intermitente.
Había olvidado que existían los sonidos, había olvidado
su textura, su tonalidad, su intensidad, su modulación. Ya no sabía
para que servían las orejas. Y si los primeros culatazos me hubieran
roto los timpanos? Y si el maldito Maya me hubiera dejado tapia? O serían
las bofetadas de Napo? O los manguerazos que me dieron en el cuarto solitario
con una sola luz? El lucerio comenzo a entrar despacio, con miedo, a traves
de las rendijas, sobandolas, manoseando los barrotes y los meados del
suelo. No tenía asco la luz. Pero los sonidos si no se atrevían
a entrar al recinto cerrado lleno de liquido viscoso. Allí no hacían
falta sonidos, ni luces, ni parques, ni cantinas, ni sus senos. Allí
todo era tranquilidad, soledad y oscuridad eterna, sedante bienhechora.
iMalditas tenazas que me sacaron de mi globo de alabastro! Ahora el vacio
y este silencio que me aplasta los ojos y la garganta. No hay que hablar,
no hay que decir nada, solo abrazame y besame. Yo atado de pies y manos
y sus ojos azules metiendose hasta lo mas hondo de mis nervios. Sentí
todo su cuerpo pegado al mio, doliendome, erectandome, excitandome, haciendome
correr la sangre, entonces rompí las ataduras y de mis muñecas
comenzo a salir el sangrerio, los lazos abrieron surcos liquidos, el cuerpo
me comenzo a doler, sobre todo el bajo vientre y los huevos. Me había
ido al aire. La mire con verguenza amishado, sin atreverme a decir nada,
sin hacer nada, quieto, tieso, como mi pantalón que se empezaba
a secar con todo y el semen. Ella no se dio cuenta de lo que había
pasado. Sentí asco. Me moví para despegarme el pene del
calzoncillo. El frio se metio por los barrotes de la celda y me desamarre
los pies. Me pare. Me sentí todo mojado, bañado en meados,
hediondo, meado: meado. El agua entraba y salía por todo el cuerpo
sin pedir permiso. El agua-meados inundaba la celda. Con ellos me habían
despertado despues de cada desmayada. El calor de los orines comenzo a
meterse por las orejas, por la piel, por los ojos; pero no decían
nada o no oía lo que decían. Los orines no hablan o no se
su idioma, o lo que es peor, quizá el Maya, cuque maldito, me dejo
sordo para toda la vida. Será porque es muy temprano o muy noche
o porque ya no estoy para nunca o porque no hay nada alrededor de mí
y la tierra empieza a caer sobre mi boca apuñuscandola de llanto
o porque esos cabrones no me sostuvieron bien cuando llegamos a mi casa
y me caí o porque en el tunel no hubo nunca sonidos o porque el
Maya me rompio los timpanos o porque mi madre me va a gritar cuando llegue
borracho y no quiero oirla o porque cuando le di el primer beso y me fui
ya no oía nada o porque un calor intenso y agradable invadio mi
cuerpo cuando me estaba yendo sobre ella o porque definitivamente nací
para no oir. El caso, es que hace siglos que no oigo nada.
|