Luis Cardoza y Aragón:
"Lo nuestro no lo planteó Carlos Marx, sino Fray Bartolomé de las Casas"

Entrevista hecha por Francisco Alejandro Méndez

En 1991 viajé a México Distrito Federal, donde tuve la oportunidad de conversar con varios escritores guatemaltecos. Luis Cardoza y Aragón fue uno los que permitió que le formulara algunas preguntas sobre su vida, las que respondió con humildad y paciencia. A sus 87 años la lucidez del autor de Luna Park era extraordinaria. Con su acento antigüeño su vista, ya muy cansada y su taza de barro con café, recordó desde su llegada a México, hasta de los sabores y olores que le recordaban Guatemala, país al que nunca regresó.

En algunos temas sus palabras fueron proféticas y reflejaron lo que podría ser una Guatemala de comienzos del siglo XXI. 1991 era el año que antecedía al V Centenario del "Descubrimiento", así que sus palabras hacia los indígenas se tornaron más que confesiones, revelaciones. Lo que Cardoza expresa de Guatemala demuestra una vez más que el escritor se adelanta su época porque con casi una década de la entrevista y a nueve de su muerte, confirma que está entre nosotros y revisa diariamente la prensa, porque tal como lo dice, pareciera que está leyendo alguno de los titulares de este año.

Hoy tras 10 años de la pequeña conversación informal como el propio autor opinó, al volver a escuchar la voz, un tanto quebrada, pero, repito lúcida y "Mayor", recuerdo la frase de Rosa Montero en su libro de Entrevistas: "Las entrevistas añejas son como las fotos antiguas: tiempo remansado, detenido. Leyéndolas, uno piensa a menudo en la inocencia perdida, en todas las cosas que tú sabes ahora que han sucedido, pero que aún desconocían el entrevistado y el entrevistador".

Barba, Heredia, mayo de 2001.

Francisco Alejandro Méndez

Cuénteme de su llegada a México

Vine en el 53 a México. Cuando ocurrió la caída del presiente Jacobo Arbenz yo no tenía trabajo en Guatemala. El partido comunista de entonces y yo teníamos puntos de vista absolutamente diferentes. Nunca ingresé al partido y tampoco he pertenecido a ninguno jamás. Por eso me vine a México a buscar trabajo. Me vine como refugiado. Soy el primer refugiado guatemalteco.

Podría decirse que fue duro ese camino

Me fui abriendo paso con mi compañera Lya Kostakowsky. A ella está dedicado El Río, novela de caballerías y otros trabajos míos. Ella fue una compañera excepcional. Caminamos juntos y poco a poco nos fuimos defendiendo de la vida. Vivimos en esta casa por más de 30 años juntos. Lya conoció Guatemala, sus padres eran rusos, pero ella nació en Berlín. Sus padres salieron de la Revolución Soviética antes del 17. Llegó a México a la edad de cinco años. Su primer idioma fue el alemán. Nos conocimos aquí en México y nos entendimos muy bien. Tengo por ella el más profundo respeto y el más profundo afecto. A ella he dedicado gran parte de mi trabajo.

¿Por qué no ha vuelto ha Guatemala?

Después de 1953 no he regresado. Tengo 38 años sin volver, porque la inseguridad de Guatemala es muy grande. Siempre he estado del lado de las mayorías indígenas a las que respeto y apoyo en lo que puedo y siento mucho lo que pasa en Guatemala. Pienso que lo que más necesitamos actualmente es sin duda la paz. Me parece que existe un criterio bastante fuerte, una gran corriente indígena, y una gran corriente de los demás hacia la necesidad de que vuelva la paz. Por desgracia, en México cuando leemos noticias de Guatemala siempre son negativas. Nunca tenemos la suerte de leer una noticia alegre de mi país. O son noticias de temblores, terremotos, aldeas arrasadas, muertos. Hoy mismo aparece una información del asesinato de niños de la calle. Esa situación ya es una barbarie. Según he leído, eso solamente ocurría en Río de Janeiro. Para mí son síntomas de una sociedad muy enferma. Me parece verdaderamente monstruoso e increíble. Eso me da una idea de un estado social muy deshecho.

¿Qué le gustaría saber de Guatemala?

Me gustaría recibir más libros y noticias. Permanecer en contacto con la intelectualidad guatemalteca a la que le tengo especial respeto, porque sé que se ha desenvuelto con tanto talento a pesar de un medio pobre y difícil: los libros son carísimos, difíciles de obtener, en fin, existe un ambiente de pobreza intelectual y de dificultad para el desarrollo abierto hacia la información internacional tan necesario para formación de un intelectual.

Pienso en los pintores en los cineastas, en los músicos, los periodistas que han sufrido tanto por la represión. Es un gremio que ha tenido muchos muertos, todo eso me llena de pena.

Maestro, cuando le viene a la mente Guatemala, como país ¿en qué piensa?

A Guatemala la amo entrañablemente. La mayor parte de mi trabajo literario nace de Guatemala: de haber nacido allá, mi ciudad natal es Antigua Guatemala. Tengo libros completos como Guatemala, las líneas de su mano dedicados a ella. En un libro más reciente, El Río, hay toda una sección que se llama Dura Patria.

¿A qué se debe ese título?

En El Río, un libro bastante reciente y muy extenso hay toda una sección en el libro V que lleva ese nombre. Es en contrapunto con el poema Suave Patria de López Velarde. Ese poema en México es casi tan conocido como el himno nacional. De allí se me ocurrió Dura Patria. Está lleno de recuerdos de mi infancia. Está por salir un libro sobre Miguel Ángel Asturias, publicado por la editorial Era.

Me puede adelantar algo de la publicación de Miguel Ángel Asturias

El libro de Miguel Ángel Asturias completa mi galería de Grandes Guatemaltecos. Traté de hacer un libro analítico, de gran cordialidad y simpatía para mi amigo y gran escritor, el Premio Nóbel, Miguel Ángel Asturias. Pero sin olvidar su vida pública, la cual, claro, no coincido en muchísimas cosas. El libro está hecho con gran amor hacia Miguel Ángel y gran respeto a su talento.

Algunos piensan que cuando alguien se va de su patria se olvida de ella

Siempre he escrito sobre mi país, desde Guatemala, las líneas de su mano o Galería de retratos, de los guatemaltecos más destacados, en la que comienzo con Bernal Díaz del Castillo a quien lo vuelvo antigüeño, auque sé que nació en Medina del Campo. Sin embargo vivió muchas décadas en la Antigua. Sus restos están perdidos, la casa donde vivió nunca se ha localizado y creo que es muy difícil localizarla. Ese es uno de mis primeros retratos sobre los grandes guatemaltecos. Luego escribí uno de Rafael Landívar y otro de José de Irrisarri, un ilustre guatemalteco desconocido por los guatemaltecos. Irrisarri, vivió en todos los países de Latinoamérica. Los recorrió todos y casi siempre fundaba un periódico, fue ocho días presidente de Chile. Aunque debo de decir que en Chile no tienen aprecio por él. Le achacan que se portó mal en un empréstito que le hizo a Inglaterra y también en un tratado de Paz con los peruanos. De cualquier manera es una de las figuras nuestras que se portó bien durante la invasión de filibustero William Walker a mediados del siglo pasado.

Recuerda algún barrio en especial

Mi recuerdo de Guatemala va más bien hacia mi niñez. Es precisamente La Antigua Guatemala a la que recuerdo más. La casa de la que yo hablo en Guatemala, las líneas de su mano es donde todavía vive mi familia.

¿Algún olor que le recuerde Guatemala?

Quiero decirle que Pablo Neruda decía que Guatemala olía a cedro. Para mí el recuero en cuanto a olores es el de la leña de la cocina. En ese entonces en La Antigua no se cocinaba con gas porque no existía. Se cocinaba con leña de gravilea, que es el árbol que le hace sombra a los cafetales.

¿Qué sabor le recuerda su país?

Posiblemente el de los chipilines.

¿Durante estos casi 40 años ha probado el chipilín?

De vez en cuando algún guatemalteco amigo me ha traído unos tamalitos a base de chipilines que consiguió en algún viaje a Chiapas. A veces para el primero de noviembre hacemos una reunión y comemos fiambre.

Al respecto de su trabajo literario, ¿qué está trabajando?

Ahora estoy empezando en un prólogo, ya que me contaron que van a editar la obra completa de Otto René Castillo en Guatemala. Eso me alegra mucho y más que lo hagan en la propia Guatemala. Otto René es un gran héroe nuestro, un gran poeta nuestro. Que se publique su libro en Guatemala después de cerca de 30 años de su muerte es de mucha alegría. Él merece todos los honores. Otto René nunca vio un libro suyo publicado. Todos han sido editados después de su sacrificio.

Maestro, estamos en el centenario de Carlos Mérida, entiendo que está preparando algo

Se me encargó hacer el libro de Carlos Mérida en una colección de arte. En México les interesó la publicación de Mérida, quine vivió tantos años acá. Con toda razón se le considera en México como mexicano y no es porque Mérida haya abandonado nunca su nacionalidad guatemalteca, como tampoco la ha abandonado Illescas, Monterrroso ni yo. El libro sobre Mérida llevará más de 100 ilustraciones todo a color un tiraje bastante grande de cerca de 8 mil ejemplares. Tuve buena amistad con Carlos Mérida. Este año, el pasado 12 de agosto murió su hijita Ana, bailarina y coreógrafa de gran talento nacida en México. Compartió conmigo en casa dos o tres veces debido a la publicación del libro del padre. Su muerte me ha dolido mucho. El libro va dedicado a la memoria de ella.

¿Cómo es hoy día su forma de escribir?

Mis ojos están cada día peor. Ya casi no trabajo en la mesa en que acostumbraba y en la que tenía iluminación especial. Ahora trabajo con una iluminación especial en mi cama. A todas horas indistintamente. Leo poco debido al cansancio de mis ojos. Releo antiguas lecturas y muy poco lo moderno.

Existen los consejos para los jóvenes escritores

No hay consejos que dar para los escritores jóvenes. La verdadera vocación se impone. Quien no la tiene, con el transcurrir del tiempo va dejando los papeles por un lado y se ocupa de otras cosas. El trabajo del escritor es de tiempo completo: 24 horas diarias, aunque no se escriba. Para ello se necesita una vocación tremenda que lo arrastre a uno verdaderamente a dedicarse sólo a eso. Así, y con un poco de suerte es que vamos saliendo y produciendo algunas páginas que merezcan la pena.

¿Existe diferencia de quienes escriben en Guatemala y quienes lo hacen desde el exterior?

Quienes vivimos fuera del país gozamos de la libertad y de la hospitalidad de México. Aquí podemos trabajar con toda soltura y rodeados en un medio de alto nivel cultural. Pienso en lo que es un joven escritor en Guatemala: necesariamente está mal informado, no le llega mucha prensa extranjera, a veces, simplemente monolingüe. Además, la inmensa presión sobre todo aquel que piensa en Guatemala. Los periodistas, escritores, jóvenes poetas de la autocensura. Esta última es un peso sumamente fuerte para el trabajador intelectual. Es obligada y ya está anidada en el subconsciente. Es evidente la brutalidad que hay en el medio social guatemalteco.

¿Ha pensado retornar a Guatemala?

Desearía mucho volver, pero espero que allá esté más tranquilo y realmente hayan garantías para la estancia.

El próximo año se cumplen 500 años del mal llamado descubrimiento, ¿Cuál es su pensamiento al respecto?

Lo veo como una invasión. Se adueñaron de las tierras de los indígenas, los desposeyeron de ellas y los pusieron a trabajar de esclavos. Además, les impusieron además una religión. Sin embargo, de todo ese fenómeno yo agradezco tener el idioma español. Eso sí lo reconozco indudablemente, es un fortuna tenerlo. Veo que hay dos fenómenos: el descubrimiento y el de la conquista. La época colonial es otra cosa. Se habla de conmemorar, pero se conmemora un hecho fausto, agradable a recordar, pero la conquista española es un extraordinario genocidio de los pueblos indios. Se redujeron casi hasta exterminar las poblaciones. Las conquistas siempre han sido de suma brutalidad. Los coloniajes también, aún los actuales o muy recientes. Por ejemplo, a los argelinos, a mediados de este siglo, les costó un millón de muertos liberarse de Francia. La represión hacia los argelinos que deseaban liberarse era brutal. Allí apareció la tortura. Al mismo tiempo en Francia hubo escritores que defendieron la libertad de los argelinos. Entre ellos Jean Paul Sartre, quien permaneció clandestino en París por semanas. Tuvo dos atentados en su departamento, le volaron las escaleras con explosivos plásticos y se escondió porque tomó la causa de los argelinos que luchaban por la libertad de su nación.

Usted ha dicho que los indígenas son la prueba de la resistencia del hombre

Así es. A los indígenas de Guatemala hay que considerarlos como lo que verdaderamente son. Para mí la situación actual de los indígenas, no sólo de Guatemala, sino de América, es lamentable. Tras cinco siglos, hoy día viven en condiciones muchísimo peor que antes del descubrimiento de América. Antes de llegar los españoles ellos eran dueños de las tierras y hacían su vida comunal. Claro que tenían sus guerras entre ellos, pero también eran pueblos que disponían de su territorio. Ahora, al cabo de cinco siglos están de nuevo luchando en la resistencia y viendo cómo logran vivir mejor. Necesitamos que los indígenas de Guatemala reconquisten su antiguo esplendor. Para eso necesitamos que cambie mucho la mentalidad guatemalteca. La resistencia indígena guatemalteca es una de las causas más justas que podamos imaginar. No se puede hablar de un país democrático cuando la inmensa mayoría, que es indígena, vive en condiciones infrahumanas.

¿Cómo cree que sea el futuro inmediato de los indígenas?

Yo no diría que el futuro de ellos es el futuro de Guatemala. No hay que separarlos de Guatemala. Los indígenas son tan guatemaltecos como nosotros los mestizos. Difícilmente creo que haya en Guatemala criollos verdaderos. Lo indígena está en el aire, en la sangre. Allí está de manera distinta o diluida, pero muy adentro.

Usted, ¿cómo se considera?

Me considero un mestizo. Para nada me considero un español, criollo o indígena. Los mestizos tenemos ya 500 años de existencia, tenemos derechos. Sin embargo, la población de Guatemala es indígena y la riqueza de nuestro país la produce el sudor de los indígenas, los brazos de los indígenas, de eso no nos cabe duda. Además, que ahora estén peor que antes de la conquista también no me cabe duda.

O sea que, definitivamente ¿el país debe transformarse?

Mire lo que ha ocurrido, los genocidios, las grandes matanzas. Todo lo anterior y otras lamentables situaciones son los problemas por los que atraviesa el país. Por eso hay necesidad de hacer cambios estructurales. Por ejemplo, los ejércitos deben volver a sus cuarteles, deben tomar el rol que les corresponden y estar sometidos a la voluntad, a la razón al pensamiento del jefe de la nación. En Guatemala tenemos un régimen absolutamente militarizado. Nuestro ejército es de ocupación.

Cree que estos cambios la URSS vayan a empeorar la situación

Hay que aclarar una situación fundamental y es que los Estados Unidos siempre consideran cualquier movimiento democrático de América Latina como comunista. En Guatemala hubo un partido comunista que no pudo desarrollar ninguna actividad importante. Hay que entender que lo nuestro no lo planteó Carlos Marx, sino Fray Bartolomé de las Casas. A mí me llega más el pensamiento de Fray Bartolomé que el de Marx en relación a Guatemala. Lo de nuestro país tiene raíces propias muy profundas de cinco siglos. Para resolver las luchas de los indígenas por sus tierra, por su reconocimiento no se necesita de ninguna complejidad de las ideologías actuales.

En Dibujos de ciegos usted dice que la poesía se podía hacer en un cesto de la basura o en el cielo

La poesía la he definido sencillamente así: la poesía es la única prueba concreta de la existencia del hombre. Con eso está dicho todo.

Algunas memorias de sus experiencias con otros escritores

De Antonin Artaud fui el consultor para la edición de sus obras completas, en relación la estancia de este gran poeta en México en el año de 1937. También conocí a los surrealistas como André Breton. En mi biblioteca tengo muchos libros firmados por autores como Louis Aragon, Tristan Tzara, entre otros. Con Picasso pasé un verano. Debo mucho de mi formación a Francia, país en el que viví largo tiempo. Me relacioné con autores surrealistas de mi edad, que indudablemente dejaron alguna huella en mí. Ahora se celebra el centenario del gran poeta Arthur Rimbaud, quien nació el 20 de octubre de 1854 y murió el 10 de diciembre de 1891 a los 37 años. Rimbaud dejó de escribir a los 19 años, es un caso extraordinario y de genio absoluto, que nada más se puede comparar en el lado angelical, porque él era un poeta de la subversión como fue Artaud. Por eso en el lado angelical nada más se podría comparar con Mozart, quien murió a los 35 años.

 


 

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Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.