Rafael Cuevas Molina: escribo para seducir

Entrevista hecha por Francisco Alejandro Méndez,
especial para Siglo Veintiuno

Es un intelectual guatemalteco que ha vivido la mayor parte de su vida fuera del país, pero nunca ha dejado de ser guatemalteco. A veces se le ve por las Universidad Nacional de Costa Rica, portando un chaleco setentero, quizá las reminiscencias de una Antigua Guatemala y un San Felipe de Jesús, que lleva profundamente arraigado. Además de la familia, la literatura, filosofía, pintura, la natación es parte de su vocabulario, pues la práctica diariamente. Reconocido catedrático universitario, divide su vida entre la plástica y la literatura, pero las vive con modestia. Con un hablado de filósofo, una mirada de pintor y un tono de escritor, contestó amablemente las siguientes preguntas en su casa de madera a punto de terminar en Rafael de los Ángeles de Heredia, en Costa Rica. La espesa neblina, los grillos y al fondo, una catedral con dejos góticos fueron testigos de la conversación.

RECUADRO

La novela Los rastros de mi deseo -relato de amor intenso-, se presentará el jueves 16 en la sede del Fondo de Cultura Económica con la participación de Lucrecia Méndez de Penedo, Mildred Hernández, Ana María Sandoval y Gaspar Predro González, director de Arte y Cultura.

¿Quién es Cuevas Molina?

Director de la Maestría en Estudios Latinoamericanos, del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional de Costa Rica. Recibió el grado de Magíster en filosofía e historia en Trasilvania, Rumanía. Como escritor ha publicado en Guatemala, República Dominicana, Venezuela, Colombia. Sus novelas Vibrante Corazón Arrebolado, Al otro lado de la lluvia, finalista del Premio Latinoamericano de Novela de la Editorial Universitaria Centroamericana (EDUCA) en 1996. Los ensayos: Traspatio florecido -tendencias de la dinámica de la cultura Centroamericana-(1978-1990) y El punto sobre la i -políticas culturales en Costa Rica-(1948-1990). En pintura ha expuesto en Guatemala, Costa Rica y Cuba. Varias revistas de Latinoamérica han sido ilustradas con sus trabajos.

Es editor del Suplemento Cultural, editado en la Maestría de Identidad Cultural Centroamericana.

Tras pasar toda la vida fuera de Guatemala, casarse con una uruguaya, con hijas nacidas en Rumania, viviendo en Costa Rica, ¿de dónde se considera?

Soy guatemalteco. Uno no es de donde lo paren, sino en donde uno se siente ser. Soy guatemalteco aunque me siento, honrado cuando en Costa Rica me publican en la colección Vieja y Nueva Narrativa Costarricense. Se los agradezco mucho. Me siento honrado, pero una cosa es que uno se sienta honrado y agradecido e incluido. Pero, insisto soy guatemalteco. Más que una posición de principio, es un sentimiento. Conversando con Francisco Morales Santos le decía que me sucede una cosa interesante: cualquier cosa que haga de literatura o pintura no siento que no ha sido recibida hasta que no se reciba en Guatemala. Hasta que no hay reacción. El punto de referencia es Guatemala, aunque yo no esté allá o no participe en la vida cotidiana.

¿Qué sabores le recuerdan Guatemala?

El del limón. Recuerdo que salía con mi padre a cortar limones en la finca. Cuando llegábamos a la finca de mi abuela, lo primero que hacíamos era agarrar una vara e ir a cortar limones deliciosos del limonar estaba al otro lado de la barda, pero que caía sobre nuestro lado. Ese sabor a limón partido: la limonada con azúcar de mi abuela.

¿Algún olor que lo acompañe en la memoria?

El humo de la mañana cuando las mujeres se levantaban en la finca a tortear. Entonces apacía ese olorcito, pero con ruidos. A lo lejos se escuchaba que torteaban. También el chorrito que caía en la pila. También el sonido de las vacas en la madrugada. Parecía que rompían la mañana. Estaba todo en silencio, sobre todo en ese San Felipe tan lejano.

Algún color

El morado con combinación de verde. Seguramente es de los güipiles de Guatemala, pero sobre todo es una combinación del Zunil, que a mí me impresionó terriblemente. Tal vez el morado de los cucuruchos de Semana Santa o el verde de los perrajes de Sacatepéquez, el azul de los volcanes o el cielo.

Rubem Fonseca, el genial autor brasileño dice que un buen escritor escribe sobre sus vidas posibles y un mal escritor sobre su propia vida, ¿comparte el postulado?

Es posible. Yo no sería tan tajante en decir qué es bueno y qué es malo. Lo importante no es quién los escribe, sino cómo lo escribe. Por ejemplo, uno puede escribir sobre su vida o una vida inventada del vecino, pero si la escribe bien. ¿Qué pasa? No me gustan las frases tajantes que dicen esto bueno o malo. Creo que uno puede escribir absolutamente sobre cualquier cosa y de eso depende cómo lo escribas.

¿Cómo funciona entonces la escritura en su caso?

Nada de los que escribo es realmente mi vida pero nada de lo que escribo no es mi vida. Es decir, creo que todos, de una u otra forma, partimos de las experiencias que tenemos. Seguramente, quienes me leen, conocen lo que yo he vivido y han estado cerca, puede ser que no se reconozcan en un texto, porque no van a entender que ese mundo creado es un reflejo del mundo real.

¿Pero alguno podría pensar que sus textos son testimonios o biográficos?

No comparto cuando alguien dice que mis trabajos pueden ser testinovelas en algún momento, porque no lo son. No estoy dando testimonio de lo que he vivido. No lo hay. Claro, evidentemente hay situaciones reconocibles, pero no pretendo dar testimonio, no es mi intención, no creo que esté sucediendo. Son textos de un mundo inventado a partir de lo que yo conozco.

¿Ha influido la filosofía en su literatura?

Creo que hay una actitud mía ante la vida implica una visión reflexiva del mundo. Existen diferentes formas de aproximarse al mundo. Algunos lo viven sin reflexionar, otros no saben cómo. Mi personalidad, seguramente ejercitada con las lecturas, me hicieron tener una actitud reflexiva frente al mundo. Eso me llevó a estudiar filosofía, a escribir. Cuando me preguntan qué escribo, qué pinto, pues digo, estoy haciendo una reflexión sobre el amor.

¿Ocurre lo mismo entre el pintor y escritor Cuevas Molina?

Pienso que mis cuadros son imágenes de una reflexión sobre el amor. Ahora escribo un pequeño libro de viajes. Esto último es una reflexión en torno al movimiento. Cómo uno viaja internamente y moviéndose de un lado para otro. No es un ensayo, pero siempre lo asocio a reflexiones sobre el mundo. Por eso, seguramente mis trabajos puedan tener una dimensión reflexiva. Soy consciente que mis trabajos puedan tener esa dimensión. Soy consciente de que lo que escribo. Para muchos debe de sonar aburrido, porque son reflexiones de lo que a mí me interesa y no puedo hacer otra cosa; o al menos no he podido.

¿Otras posibilidades en su escritura?

Me doy cuenta que tengo otras vetas que yo las saco, por ejemplo en la conversación. Tienen que tiene que ver con un espíritu guasón, bromista, pero no lo he logrado canalizar en la literatura. Nunca me lo he planteado tampoco. Pudiera ser que hubiera una veta interesante. Cuando me carteo con amigos como Juan Ramón Saravia o antes con Mario Roberto Morales, me aparece que es una escritura sumamente lúdica y guasona en ese sentido. Pero que no la he canalizado hacia la literatura.

Antonin Artauld decía que el teatro tendría su razón de ser si produce la sensación que da el crimen, el amor y el odio, ¿Cuál sería su razón de ser para su literatura?

En primer lugar, remarcando una función personal, catártica lúdica. Lo que pasa es que me es placentero trabajar con el lenguaje. De por sí es una razón y muy importante, pero creo que uno miente cuando dice que escribe para uno mismo. Uno siempre, aunque no se lo plantee inmediatamente está pensando en el otro. Concretamente te diré: forma parte de una actitud de seducción, a mí me gusta seducir y en diferentes niveles. Me gusta seducir a la mujer, a mi público, por ejemplo, cuando imparto clases o cuando converso. Me gusta establecer varios niveles de seducción, creo que escribo para seducir.

¿Cuál es su público?

He ido entendiendo que mi público son sobre todo mujeres. Sobre todo mujeres "letradas", no quiere decir intelectuales, para quienes, éste es un tipo de seducción. Me parece que forma parte de ese impulso seductor. Hay mujeres a las que seduzco con la literatura.

Gabriel García Márquez dice que escribe para capturar almas

Sí. Puede tener otras dimensiones. Para mí no sería eso, mejor adelantar en el proceso de seducción. En mi caso, existe un mundo interno que seduce, pero es muy difícil de trasladarlo en una conversación o en espacios cortos. Hay necesidad de explicitarlo, de explayarlo. Estos relatos que produzco me dan esa posibilidad. Es algo como decirle al laector: mirá leelo. Algunos me han dicho: no te puedo leer a vos. Quiere decir que no los puedo seducir. Otros, sin embargo se les abre un panorama y se derriten.

 


 

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Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.