Nos han amenazado 
de Resurrección

Lo que no nos deja descansar hermano, 
no es el ruido de la calle, 
no son los gritos de los jóvenes 
que salen borrachos del "Saint Pauli," 
no es el barullo de los que pasan agitados 
hacia las montañas.

Lo que no nos deja dormir, 
lo que no deja descansar, 
lo que no deja de golpear 
aquí dentro, 
es el llanto silencioso cálido 
de las indias sin sus maridos, 
es la mirada triste de los niños 
clavada más allá de la memoria, 
en la misma niña de nuestros ojos 
que durante el sueño 
velan cerrados 
en cada diástole, 
en cada sístole, 
en cada despertar.

¡Se nos fueron seis ahora, 
y nueve en Rabinal, 
y dos, más dos, más dos 
y diez y cien y mil 
en todo un ejército 
testigo de nuestro dolor, 
de nuestro miedo, 
de nuestro valor, 
de nuestra esperanza!

¡Lo que no nos deja dormir 
es que nos han amenazado de Resurrección! 
¡Porque en cada anochecer, 
fatigados ya de los recuentos 
sin fin desde 1954, 
todavía seguimos amando la vida 
y no aceptamos su muerte!

Nos han amenazado de Resurrección, 
porque hemos palpado sus cuerpos inmóviles 
y sus almas penetraron en la nuestra 
doblemente fortalecida, 
porque en este maratón de la Esperanza, 
siempre hay relevos 
para portar la fuerza 
hasta llegar a la meta 
más allá de la muerte.
Nos han amenazado de Resurrección, 
porque no nos podrán arrebatar 
ni sus cuerpos, 
ni sus almas, 
ni sus fuerzas, 
ni su espíritu, 
ni su misma muerte, 
ni menos aún su vida. 
Porque ellos viven 
hoy, mañana y siempre 
en la calle bautizada con su sangre, 
en el aire que recogió su grito, 
en la selva que escondió sus sombras, 
en el río que recogió su risa, 
en el océano que guarda sus secretos, 
en los cráteres de los volcanes, 
Pirámides del Alba, 
que tragaron sus cenizas.

Nos han amenazado de Resurrección, 
porque ellos están más vivos que nunca, 
porque pueblan nuestras agonías, 
porque fertilizan nuestra lucha, 
porque nos levantan cuando caemos, 
porque se yerguen como gigantes 
ante el miedo de los gorilas enloquecidos.

Nos han amenazado de Resurrección 
porque ellos no conocen la vida (¡los pobres!)

Ese es el torbellino 
que no nos deja dormir, 
por el que dormidos, velamos, 
y despiertos, soñamos.

No, no son los ruidos de la calle, 
ni los gritos de los borrachitos en el "Saint Pauli," 
ni la algarabía de los deportistas. 
Es el ciclón interior de una lucha de colores 
que sanará aquella herida del quetzal 
abatido en el Ixcán, 
es el terremoto que se acerca 
para sacudir el mundo 
y poner cada cosa en su lugar.

No hermano, 
no es el ruido de la calle 
lo que no nos deja dormir.

¡Acompáñanos en esta vigilia 
y sabrás lo que es soñar! 
¡Sabrás entonces lo maravilloso que es 
vivir amenazado de Resurrección!

¡Soñar despierto, 
velar dormido,
vivir muriendo 
y saberse ya 
resucitado!

-Ginebra, 8 de marzo de 1980
 


 

Página de la Literatura Guatemalteca.
Copyright © 1996-2006 Juan Carlos Escobedo. Todos los derechos reservados.
Copyright © 1996-2006 Juan Carlos Escobedo. Worldwide Copyrights.
Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.