YUGO DULCE

Desde acá,
corro con los que corren,
con los que tiemblan y cantan,
con los que ríen y lloran,
con los que saturados de amor
comparten alegrías y tristezas,
raíces y tortillas,
enfermedades y fortaleza
sobre las montañas,
en las cuevas y barrancos
y en la loma pelada por el fuego
de la "tierra arrasada",
inventada para Viet Nam
y perfeccionada en Guatemala.

Desde el terrible verano de Washington
siento el frío de la noche
que cubre solidaria
las marchas forzadas
de los sobrevivientes
huyendo hacia Chiapas.

Cuando golosa
olfateo los huipiles
de Todos Santos
o de San Ildefonso Ixtahuacán
siento la mano cariñosa
que muele el nixtamal
acariciándome la cara
y ofreciéndome la tortilla
con un poco de sal.

La sensación del humo, entonces,
me saca con las lágrimas,
el gemido de Carmen
que perdió su hijito
crucificado por el hambre
en un campamento de refugiados.

Oigo el chisporroteo del fuego
devorando los techos
y las frágiles paredes
de los ranchos ancestrales.
¡Me abraza el corazón
el infierno que quema
la carne de los indios
quichés, kakchikeles, tzutuhiles,
mames, kekchíes y pocomchíes!
Y siento las botas de la soldadesca
sobre mi pecho
pisando la milpa sagrada,
amorosamente cultivada
por los sembradores de la vida.

Sollozo silenciosa
con los patrulleros de Chiul
que cumplieron las órdenes de hermano Efraín
el 23 de marzo de 1982 en Parraxtut.

Y con mis manos temblorosas
muy adentro de la patria, 
limpio la sangre coagulada
del cuello de los ancianos
degollados a golpes de hacha
para borrar su nombre de la historia,
y constato de nuevo,
sangre baja en hemoglobina,
casi agua,
como la que salió del costado de Jesús.

Peregrina con mi pueblo,
camino su camino,
y sostenida por su aliento inextinguible,
subo la difícil cuesta del exilio
con los ojos puestos en la misma estrella
que ilumina el cielo extraordinariamente azul
sobre los picos de los volcanes,
desafiando el silencio
de esta noche oscura
para recordarnos
la Palabra Eterna
del Gran Zahorín,
"nuestra estirpe
no se extinguirá
mientras haya luz
en el Lucero de la Mañana."1

Washington/Vancouver
Junio/julio de 1983



1. Palabras de Hunahpú-Ixbalanqué en el Popol Vuh, libro sagrado de los Maya-Quichés.


 

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Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.