¡QUE PENA ME DA!

Cuando la luz
apenas empieza a disipar la noche,
despierto con el Gloria
cantando a todo pulmón
por todos los gallos de Managua.

Las gotas de lluvia
caen tanto en tanto
de las hojas del limonar…

Viene claramente a mi conciencia
aquella otra madrugada,
en el patio de la casa del Sumo Sacerdote
y oigo los sollozos de Pedro
antes que lo nombraran Papa.

Qué pena me da la existencia
de tantos obispos, cardenales,
pastores, curas,
y etc., etc.,
con el alma más parecida
a la de Anás y Caifás
que a la de Pedro,
antes de que lo nombraran Papa.

¡Qué pena me da!

Nueva Nicaragua
Octubre 13 de 1988


 

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Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.