PADRE, TU CORAZON HERIDO

Yo conozo tu corazón herido, Padre.
Te he oído gemir, como al viejo Job,
he escuchado tus sollozos
y he sentido la hondura de tu desolación.

El dios de los hombres
no oye,
no ve,
no quiere saber nada de tu dolor.

Ese dios de corazón metálico y frío,
amado por los poderosos de la tierra,
es sordo a tu voluntad
y no quiere saber nada de Tu Reino.
Se inventa muchas razones
y una doctrina adecuada
para cada situación.

A Tí, en cambio,
te duele la condición indeseable
de las multitudes pobres,
que no tienen dinero,
pero que se sienten comidas en su vientre
por el dolor perenne
del hambre de cada día…

Te duele, Padre,
la extrema pobreza de las viudas
y de los huérfanos;
hechas viudas y huérfanos
por los generales de Guatemala,

de Chile,
de Paraguay,
de Haití
o de Namibia.


Te duele el corazón, Padre,
porque los cristianos
blancos, adinerados
y protestantes,
adoran en los Estados Unidos,
a un dios blanco,
metalizado y fundamentalista
en templos muy costosos
en donde no se aceptan negros…

Y en Africa del Sur,
tú clamas,
lloras,
peleas,
gritas, con tu dolor sin igual,
como Job,
mientras el dios europeo
de los blancos de occidente,
les sigue exigiendo inclemente,
para poder existir,
el sacrificio de muchos hermanos negros,
exterminados por hombres blancos,
adinerados y poderosos.

Yo siento adentro de mi pecho,
el dolor infinito de tu corazón oprimido, Padre,
porque muchos cristianos
en las cúpulas de las Iglesias,
temen mucho más a ese ídolo
que los sostiene satisfechos
en sus cargos de prestigio
que herir tu corazón
De Padre misericordioso y compasivo.

Te duele el corazón, Padre,
porque los que gobiernan
y dirigen a los pueblos
los someten y se sirven de ellos
amasando poder y prestigio
con sangre inocente.
Ellos prefieren a Mammón y a Baal
y te menosprecian a Tí, Padre,
Dador de la Vida.

Ellos te acusan
de ser un dios comunista
por que odian Tu Palabra
y se han apropiado por la fuerza
de Tu Tierra y de todos sus recursos
como hicieron con la túnica de Jesús,
cambiando la vida del débil
por mucho menos que 30 monedas de plata.

Ellos quieren expulsar de Tu Casa
a los pobres,
a los que ahora lloran,
a todos los humildes
a los que padecen hambre y frío.
Y a todos aquellos
que trabajan por la justicia y la paz,
los calumnian, los persiguen y los matan
acusándolos de subversivos.

Ellos, como hijos legítimos del Malo,
no quieren escucharte,
no quieren saber que todo aquel
que se enseñorea de su hermano
es como Caín, un homicida.

Por eso te duele el corazón, Padre,
y yo lo siento gemir en mi pecho,
y me repito en el silencio de la noche:

"Bienaventurados los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados si esos hombres os odian,
si proscriben o expulsan
vuetro nombre como infame…

Regocijaos y exultad
porque entonces,
grande será vuestra recompensa,
así trataron sus padres a los profetas,
ésa es la señal
de que vosotros sois hijos
de vuestro Padre Misericordioso,"
el Dios de la Vida!

México
Marzo 31 de 1987


 

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Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.