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- El Reloj de Dios:
- o una épica postmoderna.
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- Ya esta cerrando la tienda y son las seis y cincuentiséis.
Han pasado cuarenta y tres personas en los últimos cincuenta
y tres minutos -veinticuatro mujeres siete, niños y doce hombres
de a cuerdo a mis apuntes- ya con estos datos podré calcular
el momento y el ángulo preciso para acercarme a la tienda de
relojes y poner la bomba. Veamos... si el tiempo en el que pasó
cada persona sobre la cuadra fue de unos treinta segundos, o sea el
temporalis individualis, eso me indica que el tiempo total, el
totalis tempoaurum, del paso de todas las personas fue de mil
doscientos noventa segundos, o sea veintiún y medio minutos,
más los cincuenta y tres minutos que pasé contando, divididos
entre el primer factor da como resultado el tiempo vivencialis aeternitatis,
que es dos punto veinticinco horas para iniciar el ataque... o sea exactamente
a las ocho con once minutos.
- Aparte de esto tengo que calcular el ángulo del ataque para
poder acercarme en una línea inclinada de x grados
a la hora exacta, para poder ser así completamente invisible
para todos. Si tomo a los doce hombres como distantis universalis
poderosus, a las mujeres y a los niños no puesto que ellos
no cuentan como humanos, cuya raíz cuadrada es…tres punto cuarenta
y seis; sumado a la raíz cuadrada de las quince tapaderas de
los contadores del agua sobre esa banqueta, que es de tres punto ochenta
y siete; me da una hipotenusa de… veamos, tres punto sesenta y seis,
multiplicado por el número de postes de luz que iluminan la calle
las cuales son seis... no, uno esta con el foco quemado o sea que son
cinco, me da dieciocho punto treinta y dos metros, lo cual es la distancia
que tendré que caminar de una banqueta a otra para ser tan ligero
e invisible como el aire... lo que me indica que tendré que correrme
tres y medio metros más de este lado de la banqueta para poder
caminar en un ángulo aproximado de setenta grados para recorrer
los dieciocho punto treinta y dos metros exactos del inicio del punto
de ataque al blanco destinado.
- Son las siete con catorce minutos y treinta y ocho segundos, lo que
me deja un tiempo de cincuenta y cinco minutos con veintidós
segundos, o mejor dicho dieciocho segundos por los cuatro que ya pasaron.
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- L. se levantó de la banqueta guardando la libreta, la calculadora
y el lápiz en su field jacket. Se dirigió a una cantina
que estaba en la cuadra anterior, no sin antes contar cuantas estrellas
se podían ver desde donde estaba, lo que le indicaba que se podría
tomar cuatro cervezas y tres diazepanes para ponerse a tono con el universo,
por eso de que la ley natural es el reflejo de la ley divina, pues debido
a lo fuerte de las luces del alumbrado publico sólo pudo ver
seis puntos luminosos, é1 siempre le asignaba dos unitatis
destinatatis a Júpiter, por lo que llegó al número
siete.
- Veintitrés minutos después - o como L. diría,
veintitrés minutos con cuarenta y cuatro segundos después
- ya en la cantina, recordó la primera vez que Dios le habló.
Se encontraba tirado afuera de una cafetería china ya casi al
amanecer, cuando sintió a alguien o algo jalandole las botas.
A1 abrir los ojos, aunque miró todo desenfocado y nebuloso, pudo
ver la figura de un hombre de unos treinta y tres años, de pelo
y barba negra y larga, al que pudo reconocer de inmediato. Era el mismísimo
Jesús que le estaba sacando las botas a jalones. De primero le
pareció extraño que si Dios todo lo tenía, para
que quería sus botas. Pero bueno, se dijo, los caminos del Señor
no son los del hombre y quien podría comprenderlo... Algo así
se recordó que era la cita bíblica que de alguna manera
se le había fijado subliminalmente, puesto que siempre iba bien
borracho o engomado al culto los domingos.
- Jesús por su lado al verlo levantar la cabeza de entre la
posa de vómito le dijo, sacando una llave de tubos de entre su
chumpa: "Si no me haces caso te quiebro el culo pisado". Lo que menos
quería era no hacerle caso al Señor, especialmente al
verlo con su báculo de buen pastor en la mano y su divinidad
que se manifestaba de una forma violenta en su rostro. "Quítate
el reloj hijo de puta" le dijo Jesús, asombrándolo cada
vez más con el poder que el Señor mostraba. En sus palabras
encontraba sabiduría y un conocimiento total, pues sólo
Dios sabría que de hecho su mamá había sido una
puta barata de la línea del tren. A1 recibir Jesús el
reloj le dijo: "Esta mierda no vale ni un moco cerote". Por su parte
L., al ver que Dios no le complacieron sus ofrendas le ofreció
hasta su pantalón al Señor, el cual lo rechazó
diciéndole que para que quería ese pedazo de mierda todo
cagado y miado. Cuando vio al Señor que se iba con sus botas,
pues el reloj era tan chafa que lo tiró de vuelta hacia la posa
de vómitos sobre la acera, trató de levantarse, para seguir
a Dios y poder preguntarle cual era el sentido de su vida, pero cayo
de nuevo al piso dándose un gran golpe en la cabeza con la grada
de la entrada de la casa de enfrente, perdiendo el conocimiento.
- A1 despertarse en una camilla de algún hospital publico L.
recordó cómo el Señor se le había aparecido,
estaba feliz porque Dios lo había elegido a é1 de entre
todos los pecadores, para hablarle y darle una misión
- -aunque en ese momento no sabía todavía cual- estaba
seguro de que era algo importante, é1 sería un nuevo Moisés
o tal vez un Isaias. Comenzó a gritar que había visto
a Dios y que este lo había escogido, atrayendo las miradas atónitas
y los "¡Shoo cerote!" de todos los demás pacientes en el
área del hospital. Tenía que ponerse en marcha. Dios lo
había llamado, no podía perder tiempo, así que
se levantó de la camilla y salió corriendo del hospital
tan rápido que nadie pudo parar al extraño hombre que
gritaba "¡yo soy el elegido!", con la cabeza vendada y con su
bata verde abierta por detrás.
- Pasó varios días en la champa donde vivía pensando
-sólo ya, pues la puta con que estuvo algún tiempo se
fue a vivir con un vendedor de crack del Gallito, dis que pa tener un
futuro y todas esas mierdas que piensan las mujeres- hasta que en el
día cuarenta de haber estado allí sin comer nada, purgándose
para que el Señor le revelara su misión más claramente,
a1 salir volando uno de los cartones del techo por los ventarrones que
habían por esos días entró un rayo de luz divina
que lo segó. De primero tuvo mucho miedo pues pensó: "Por
la gran puta ojalá que Dios no me deje ciego igual que a San
Pablo cuando se le apareció en el camino a Damasco. Pero bueno,
que pisados, es Dios el que viene a mi, no importa si hasta los huevos
me quita como a los del Heaven's Gate que ya van en un OVNI atrás
del cometa rumbo a la Nueva Jerusalén." Se quedó en silencio
viendo a la luz durante varias horas, esperando oír la poderosa
voz de Dios, pero no escucho nada. De pronto se fijo en las partículas
de polvo que se movían haciendo patrones cambiantes entre el
rayo de luz, L. se tiró al piso pidiéndole perdón
a Dios que llevaba ya horas hablándole a través del tierrero
que volaba en la luz; por ahora, pensaba é1, Dios ya debe de
estar como la gran puta pues ya llevaba mucho tiempo de hablarle sin
que se hubiera dado cuenta.
- Allí fue cuando comprendió que Dios le hablaba en todo
momento, pues é1 era su elegido, en cualquier forma de relación
numérica como la disposición de las casas y los patrones
que estas forman, en las piedras de diferentes colores en el piso de
granito del templo evangélico, o en la cantidad de pelos que
Dios le permitía contar en el sobaco o en la pusa de alguna prostituta
(que por cierto le cobraban hasta el triple por tener que estar allí
echadas durante horas sobre el catre, mientras L. le contaba los pelos
y calculaba su relación con la forma y la posición del
clítoris.
- Allí sentado sobre su propio excremento, al ver los patrones
y contar la cantidad de partículas que Dios hacia pasar frente
al rayo de luz en su champa, se dio cuenta de que el Armagedón
era inminente (y no era el estreno de ninguna película), la ira
de Dios ya había alcanzado casi a darle un derrame al Cerebro
Divino, o por lo menos una parálisis facial. Se acordó
que en la Biblia había leído de la gran ramera, que vendría
al final de los tiempos esa seguramente era la Shakira (una puta que
encontró una noche bien bolo y que después de habérsela
cogido por el culo, se dio cuenta que no era la Shakira, sino que el
Shakiro). Esa, o mejor dicho ese, era la gran puta babilónica,
que por cierto lo llevó a causarle a é1 mismo el más
intenso dolor que alguna vez había sentido, al tener que meter
la verga en una palangana llena de alcohol para matar el SIDA que ese
hueco seguramente le había pegado al chiqitearlo. También
pensó que en el "Apocalipsis" decía que un vergazo de
animales sobre la tierra morirían al romperse uno de los sellos
del juicio final. Ahora ya sabía porque en los últimos
meses había visto más perros y gatos destripados en las
calles por los carros que pasaban. Ahora ya sabía que no era
una ola de secuestros la que se había desatado en la ciudad,
sino que era "El Rapto" antes de la venida de Cristo.
- Jesús le pidió su reloj aquella noche y vio que ese
no era el que el Señor quería, así que estaba buscando
otro. Diciéndole que había que encontrar un reloj en especial.
Fue allí en donde todo se aclaró, L. se dio cuenta de
que Dios le estaba indicando que é1 era el ángel exterminador
(aunque no podía volar pues ya varias veces se había subido
a algún segundo piso, dándose un severendo vergazo al
caer al suelo). Seguramente Dios no quería que desplegara sus
alas divinas para que no llamara la atención y que lo sacaran
fotografiado en el "Extra", pues esto pondría en peligro su misión:
la cual era EL DESTRUIR EL MUNDO. Comprendió que Dios
al iniciar la historia había hecho algún reloj -para que
el tiempo empezara a correr- por eso fue que Jesús le pidió
el suyo, para que por medio de parábolas entendiera. Desde ese
día L. comprendió lo que tenía que hacer. Encontrar
el reloj del tiempo universal (el relojus hacetatis tiempous et mundis)
y destruirlo para cumplir con el designio divino. Con la bomba que pondría
-exactamente a las ocho con once minutos para contar con la protección
divina- sería la cuarta relojería que destruía.
- Atacaba relojerías, pues así era más fácil
y efectivo el llegar a destruir todos los relojes en el mundo, hasta
encontrar el "Reloj de Dios". Pues de primero había pensado romper
todos los relojes que llevaban las personas en la calle. Sólo
que costaba mucho, pues ya varias veces más de algún pisado
le había montado verga en la calle al pensar que L. no era el
Angel exterminador, sino un simple ladrón hijo de puta. Hasta
con las señoras era difícil pues empezaban a gritar al
arrancarles el reloj de pulsera, teniendo que correr como el diablo
bajo una lluvia de balas, pues algún policía a veces estaba
allí para impedir los deseos del Señor.
- Son las ocho en punto, casi la hora de cumplir su misión divina.
Con toda solemnidad, por lo menos la que las cuatro cervezas y los diez
diazepanes le permitieron -pues se pasó de la cuenta porqué
agarró furia. Salió igual Abraham, Elias o Juan Bautista
al desierto a cumplir con su misión.
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