Roberto Quezada

Entrevista por Juan Carlos Lemus, de Prensa Libre. 24 de agosto, 2003

Roberto Quezada nació el 10 de agosto de 1928. Se graduó del Instituto Nacional Central para Varones. En 1947 viajó a Canadá, donde vivió dos años.

En 1949 regresó a Guatemala e ingresó a la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de San Carlos de Guatemala, donde estudió la carrera por tres años. Simultáneamente trabajó en la Embajada de Estados Unidos como traductor.

En 1952 se trasladó a Los Angeles, donde cursó tres años de ingeniería mecánica.

Después, descubrió su verdadera vocación: el periodismo, revela Quezada. Obtuvo un bachelor en periodismo por la Universidad Estatal de California en Los Angeles.

Más adelante, trabajó como traductor, pero después de un tiempo le dijeron que no iban a darle más traducciones porque su inglés se había “americanizado”, por lo que decidió obtener un bachelor en español.

También tiene una maestría en literatura hispanoamericana y una “Designación profesional en exportación e importación”. Actualmente es intérprete certificado de la Corte Superior y la Corte Municipal de Los Angeles.

Sus libros: “Ardillas enjauladas”, que ganó en 1983 el primer premio en el Concurso de Novela Guatemalteca; “El filo de tu locura”, 1987; “Cuando jala la querencia” y “Por amor a los muchachitos” (cuentos), 1990; “Los potros del recuerdo”, 2001.

Este año se publicará “La Naya”, con la cual obtuvo mención honorífica en el concurso de Novela Guatemalteca, 1991.

Su correo electrónico: [email protected]

Entrevista

“Me afecta la aparente apatía de mi gente”

¿Bajo qué circunstancias dejó Guatemala?

“Después de residir por dos años en Toronto, regresé a Guatemala y encontré asfixiante el sistema de vida de aquí. Un sistema que me exigía lealtad ciega hacia el gobierno y ser miembro (de mi padre y mía) del partido arbencista, para poder desempeñar el cargo de oficial segundo en la Oficina Nacional de Turismo.

Es decir, que en una transacción faustesca, vendía mi entereza por simples 100 quetzales al mes. La Embajada de Estados Unidos me ofreció el puesto de traductor y yo la acepté.

Eso me consiguió el desprecio de mis compañeros de estudios, quienes me prometieron un ostracismo total por trabajar para “esos perros imperialistas”. Un año más de estudios y yo sería un economista desempleado. Por eso salí de Guatemala”.

Tengo entendido que de joven estudió con Manuel Colom Argueta, Efraín Recinos y Adolfo Mijangos, entre otros. ¿Cómo fue esa relación?

“Mi relación con esos personajes históricos fue la que mantienen los estudiantes despreocupados que gozan de la vida. Con la llegada de la Revolución de Octubre, pasamos por un maduramiento emocional.

Fito Mijangos, cuyo padre era un diputado ubiquista, tuvo que abandonar su hogar, y por algún tiempo vivió en las casas de nosotros, sus amigos. Desde entonces daba destellos de la inteligencia que le permitiría graduarse de la Sorbona. Lo ametrallaron cuando salía de su auto en su silla de ruedas.

“Con Meme Colom Argueta y con Efraín Recinos me unió el básquetbol. Manuel y yo jugamos con la Universidad de San Carlos. Como yo era el casado del grupo, Meme y otros amigos a menudo venían a mi casa, donde poníamos los centavos para comprar café y pan dulce. Murió asesinado cuando su candidatura presidencial puso temores en ciertos elementos nefastos de nuestra sociedad.

“Efraín Recinos podrá haber recibido múltiples honores, pero para mí sigue siendo el gran Macho Loco (como yo soy el Choco Quezada). Gran atleta, basquetbolista y corredor de 800 y 1,500 metros. Ganó medalla de bronce en los Juegos Panamericanos de Buenos Aires, en 1950.

En los 3,000 metros “steeplechase”. A finales de ese año correría los 800 en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, llegando pocos metros atrás del entonces campeón mundial Lloyd LaBeach”.

Usted es cuentista y novelista, y ganó el primer lugar en el certamen de Novela Guatemalteca en 1983. ¿Cómo fue el proceso de escritura de esa novela?

“Ese certamen me abrió las puertas en Guatemala, pero más que el premio en sí, me trajo la valiosa amistad de personalidades como el Lic. Juan Fernando Cifuentes, el Dr. Francisco Albízurez Palma, el desaparecido poeta Luis Alfredo Arango, Jesús Chico García, Tasso el inmortal con el complicado apellido, el Lic. Max Araujo, y perdón si por razones de espacio omito otros nombres.

“Mi novela triunfadora, ‘Ardillas enjauladas’, la escribí en inglés en 1965, pero era la historia de un judío que se ve acusado injustamente de un crimen que no cometió. Por razones raciales, le queman su sinagoga y lo matan. ¿Suena familiar? Por supuesto. En 1965, Bernard Malamud obtuvo el Premio Nacional de Literatura en los Estados Unidos con su novella ‘Te Fixer’. Es la historia de un judío en Rusia, que se ve acusado de un crimen.

“Decepcionado, iba a quemar el manuscrito, pero mi esposa me sugirió que lo guardara en una gaveta. Dieciocho años más tarde, cuando se convocó al Premio Novela Guatemalteca, en 1983, busqué el manuscrito, tomé la idea principal, la puse en español con numerosas alteraciones, y así nació ‘Ardillas enjauladas’.

“Mi querida madre leyó el manuscrito, y me vaticinó un premio o la cárcel”.

“La Naya”, novela próxima a ser publicada, ¿fue escrita en el extranjero?

“La Naya fue escrita en Los Angeles. Mientras viví en Guatemala, no pasé de escribir uno que otro cuento corto. Mi padre era el escritor de la familia. Espero dar a conocer una de sus historias muy pronto”.

¿Qué tipo de personajes existen en sus obras? ¿Guatemaltecos, estadounidenses o un híbrido de ambos?

“Mis personajes son hispano parlantes. Los norteamericanos tienen muy poco espacio en mis novelas, porque aunque he vivido medio siglo en Los Angeles, no he caído dentro de la idiosincrasia del estadounidense. Todos los días disfruto el hecho de ser guatemalteco”.

Ha pasado por las carreras de economía, ingeniería mecánica y periodismo, pero además obtuvo una maestría en literatura hispanoamericana. ¿Qué lo define realmente?

“Estudié tres distintas profesiones: ciencias económicas, ingeniería mecánica y periodismo.

Me rechazaron los cursos de economía en la universidad. Me repelía la aridez de la economía. Sentí que los ingenieros son personas solitarias, rodeadas de máquinas y fórmulas matemáticas.

Llegué a participar en la instalación de sistemas sellados en barcos, diseñé diales para aparatos medidores de presión. Me sumí en el mar de los cálculos hidráulicos, pero encontré mi vocación en el periodismo y las letras”.

Cuando residía en Guatemala César Brañas le publicó algunos cuentos en El Imparcial. ¿Cómo era el escritor Quezada de esa época?

“El amago de escritor que era Roberto Quezada tuvo la fortuna de atraer la atención del gran César Brañas. Cuando yo trabajaba en la Embajada de Estados Unidos traducía artículos que entonces llevaba a los periódicos de la capital.

Don César era un hombre muy calmado en su hablar, de palabras mesuradas y muy paciente. Una vez, involuntariamente incluí algo que yo había escrito, con las traducciones. Lo leyó, le gustó y me pidió que le llevara más material mío, pero al año siguiente partí para Los Angeles”.

Según usted, ¿por qué en Guatemala no se conocen sus obras?

“Por razones de distancia. No estoy presente en las actividades literarias de Guatemala, y por eso no se me critica, alaba, ataca o encomia. Y esas son las cosas que mantienen viva en la mente la presencia de un escritor”.

Usted dice “yo salí de mi patria en 1952 (ella no salió de mí)”. ¿Podría ampliar esto?

“Para mí, Guatemala es como un dulce aguijón que llevo adentro. Me afecta la aparente apatía de mi gente. Me enorgullece la valentía de Rigoberta Menchú. Me atraviesa el hígado la arrogancia del militar con su ridículo ‘El general va’. Todo eso es prueba de que mi cuerpo salió de Guatemala, pero que la llevo muy adentro y es parte de mi vida”.

¿Ha publicado algunas de sus obras en inglés?

“No, pero ahora he descubierto que se me facilita bastante escribir en este segundo idioma. Por largo tiempo, lo que escribía en inglés quería ser humorístico. Me sobrepuse y ahora estoy trabajando en un proyecto. Soy el patriarca del clan Quezada, el más viejo, para decirlo con claridad, y me ha entrado la urgencia de informar a mis descendientes sobre quiénes somos y de dónde venimos. Hacia dónde vamos es cosa de ellos”.

¿En qué campos del periodismo se ha desempeñado?

“Columnista bilingüe. Pero en 1950-1951 hice de cronista deportivo para La Hora Dominical. Su director era Oscar Marroquín, hijo de don Clemente”.

¿Se promueve de alguna forma la literatura Guatemalteca en Los Angeles?

“La literatura chapina se podría promover en Los Angeles en el nivel oficial, si nuestro cónsul general (cuyo nombre ignoro hasta el momento) saliera del anonimato y prestara apoyo a una actividad de ese género. Si ya lo está haciendo, pues bien callado se lo ha tenido”.

¿Ha considerado regresar a Guatemala?

“No. Adoro mi país, pero no pasaría mucho tiempo sin que me encarcelaran o me mataran por decir lo que no me gusta del sistema y la sociedad. El Ejército y el Gobierno, dos instituciones de dudosa utilidad, no perdonan que se les confronte con la verdad. La cárcel no me atrae, soy claustrofóbico.

La muerte es algo que no me interesa todavía. Por otro lado, aunque tengo una hija, dos nietas y una bisnietita en Guatemala, también tengo en Los Angeles cuatro hijos, dos hijas, trece nietas, dos bisnietas y un nieto. El muchachito necesita de mi protección contra las quince patojitas”.


 

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Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.