Escritor Luis E. Rivera.
Entrevista por Juan Carlos Lemus, de Prensa Libre. 27 de abril, 2003

¿Cuáles son las ventajas y desventajas de vivir en el extranjero?

Luis Eduardo Rivera: “En lo personal, y en lo que concierne a mi oficio, puedo responderte que la principal ventaja ha sido conservar mi propia libertad interior.

“Pero esta ventaja tiene también un precio a pagar. Establecerse en un país extranjero resulta generalmente difícil, por cuestiones de lengua, de cultura, pero, sobre todo, en cuanto a la cobertura económica.

No contar con un apoyo personal, familiar en ese aspecto, o con una beca que te ayude a sobrevivir. Y ese fue mi caso.

Como la mayoría de los expatriados, en muchas ocasiones me las vi negras. Pero fuera de estos inconvenientes, salir resulta siempre enriquecedor, lo... cambia a uno, lo vuelve más permeable, más maleable, espiritualmente hablando. Y eso es necesario, sobre todo cuando uno es originario de un país pequeño geográficamente, pero que posee una coraza chauvinista desmesurada”.

¿Cómo ves desde fuera la cultura guatemalteca en general?

“En realidad, culturalmente hablando, la situación no ha cambiado gran cosa. Siempre ha habido gente joven talentosa y prometedora, y siempre la habrá; pero el medio cultural sigue siendo pobre.

Es cierto que hay más editoriales, pero todavía no existen espacios de discusión, no hay crítica profesional que guíe la opinión del público con respecto a la producción artística y literaria.

No quisiera que se me tomara por paseísta ni por nostálgico, pero tengo la impresión de que, incluso a finales de los años sesenta, la actividad intelectual era más intensa. Contábamos con más librerías y mejor surtidas que hoy”.

¿Cómo y por qué decidiste radicarte en el extranjero?

“Pienso que si uno se aleja voluntaria o involuntariamente de su país es porque su proyecto personal de vida, cuando se posee, corre el riesgo de frustrarse; de lo contrario, ni se le ocurriría poner un pie afuera. El autoexilio es una consecuencia de la insatisfacción.

En “El vals de los Adioses”, de Milan Kundera, hay una frase que se me quedó grabada y que pienso utilizar alguna vez: “La tierra del árbol es ésa donde éste encuentra la humedad”.

Si un muchacho con inquietudes insatisfechas no se larga de su país cuando menos durante un período de su juventud, tarde o temprano terminará secándose interiormente o, lo que viene a ser lo mismo, acabará convirtiéndose en otra más de esas momias locales que acaparan eternamente los espacios de opinión.

Hay que decir que, aún hasta hoy, en nuestra “culturita” (como llamaba Luis de Lion al mundillo artístico-literario capitalino), esta opción sigue siendo la máxima aspiración de no pocos escritores, jóvenes y menos jóvenes.

Como proyecto de vida lo considero espantoso. Yo siempre padecí esto como una pesadilla de la cual tenía que huir despavorido”.

¿Cómo han incidido esos años en tu desarrollo como escritor?

“Han sido determinantes. Si no hubiera vivido en México jamás habría sabido lo que es ser remunerado por mi trabajo literario. Ahí aprendí a leer, no sólo por placer, sino de una manera más analítica.

Y en Francia descubrí que la frontera entre literatura y autobiografía es ficticia o, cuando más, imperceptible”.

Cuando, en otro país, te preguntan acerca de la literatura guatemalteca, ¿cuál es tu respuesta?

“Digo que todavía sigue secuestrada por tantos años de aislamiento, por el desinterés y la ignorancia de los editores extranjeros y por la evidente falta de profesionalismo de los nuestros”.

Se tiene la impresión de que la literatura guatemalteca para los extranjeros es Asturias, Monterroso y el Pop Vuj. Además, somos mayas. Actualmente, ¿es así en París?

“No, la situación es todavía más absurda. Para los lectores franceses, hoy, la literatura guatemalteca se reduce, editorialmente hablando, a dos nombres: Miguel Ángel Asturias y Rodrigo Rey Rosa. Lo demás es silencio. Y el Popol Vuh sólo lo conocen los mayistas.

Con respecto a Tito Monterroso, sus únicos dos libros traducidos al francés no tuvieron el menor eco en la prensa cultural, pasaron completamente desapercibidos, como si no hubieran sido publicados.

Ponernos a analizar ese desconocimiento es un asunto muy largo; yo lo resumiría así: a) ausencia total de especialistas franceses en literatura guatemalteca b) desinformación y veleidades de la industria editorial y c) momento históricamente desfavorable para la literatura guatemalteca, incluso si actualmente existe en el mundo una exagerada sobreproducción editorial. Ahora, sobre si soy maya, te respondería que desgraciadamente no, que soy un típico ladino, mestizo, híbrido, contaminado engendro de las culturas occidentales, y eso, los franceses, que son rousseaunianos hasta la médula, no dejan de recordármelo.

Maya es Ak’abal, por eso los europeos lo invitan con frecuencia a que venga a proferir sus chiflidos de pájaros en los congresos de poesía. A mí no me invitan, pues mi poesía expresa temáticas ordinariamente universales; pero tampoco invitaron nunca a Luis Alfredo Arango, que se pasó la vida cargando la culpa de no ser indígena, sufriendo por ello, intentando comprender el ser indígena.

De todos modos, el concepto de ‘maya’ en nuestros días, es una invención antropológica de factura totalmente occidental y estadounidense”.

¿Creés que algún día reventará, en Guatemala, un brote literario digno de imitar por el mundo?

“¿Estás hablando de Guatemala o del planeta Marte?”

¿Qué haría falta para que esto sucediera?

“Para que ese sueño se pudiera realizar algún día (y nada se pierde con soñar), en primer lugar los escritores guatemaltecos tendrían que ser reconocidos -es decir, publicados y leídos-. Y ni siquiera en su propio país se cumple esa condición elemental.

En lo individual, siempre habrá gente talentosa, y, como siempre, a alguno que otro talento mediano le sonará la flauta y tendrá su momento de gloria.

Pero los escritores realmente geniales, con la fuerza y la originalidad de un Asturias, siempre terminan por imponerse, vengan de donde vengan. En este aspecto, con él Guatemala ya llenó su cuota en lo que corresponde al siglo XX”.

¿Has hecho algo por la difusión de la literatura guatemalteca en Francia?

“Hace cinco años envié una antología traducida al francés del cuento guatemalteco del siglo XX a una revista especializada en relato corto.

Yo me encargué de la selección, las notas y el prólogo; la versión francesa de los textos corrió a cargo de varios traductores amigos, que trabajaron sin cobrar, por puro amor a la literatura.

Hasta la fecha, lo único que les interesó publicar a los directores de la revista, aisladamente, fue un texto de Luis de Lion “La puerta del cielo”, un cuento magnífico, por supuesto, pero igualmente la mayoría de los relatos que seleccioné poseían un excelente nivel de calidad.

Traté de que fuera una muestra de lo más granado que hemos producido en ese terreno”.

¿Pensás retornar para radicarte en Guatemala?

“No lo creo. Ya hice mi vida en Francia. Sin embargo, si alguna vez me ofrecieran un proyecto atractivo, me lo pensaría seriamente. Pero como eso nunca va a suceder, pues, ¿para qué hacerse falsas ilusiones?”

Tu novela ”Velador de Noche/Soñador de Día” ha sido bien recibida en Guatemala. ¿Qué significa eso para vos? ¿Te identificás más con el ensayo, la poesía o la traducción?

“Es cierto, no me puedo quejar. Desde la primera edición guatemalteca el libro fue muy bien recibido, y comentado muy favorablemente. En Francia, la edición castellana de 500 ejemplares que sacamos en Correcaminos -una pequeña editorial que fundé en París junto con otros escritores latinoamericanos en la primera mitad de los ochenta- se vendió entre amigos.

Por su restringido tiraje era una edición más bien de carácter "confidencial", como dicen los franceses.

La traducción francesa, también de 500 ejemplares, pasó inadvertida. Era de esperarse, pues ningún crítico francés se va a tomar el trabajo de comentar un libro con un tiraje tan ridículo.

Sólo un escritor me mandó una nota muy simpática, a título personal, y ya con eso me di por bien servido: era Cioran. En México el libro sigue esperando turno en una editorial.

“En cuanto al ensayo, lo practico esporádicamente; me ayuda a poner claras las ideas. El impulso de escribir poesía me abandonó desde hace más de diez años, aunque no totalmente; he reincidido en varias ocasiones. Por el momento, me intereso más por la prosa narrativa que por la poesía.

La traducción ha sido más que todo un ejercicio para calentar motores, y un deseo de compartir con los demás mis autores preferidos, algunos de éstos ya fuera de la circulación editorial o casi secretos”.

Te has dedicado a la traducción al español de autores franceses. ¿Por qué no llegan a Guatemala esas traducciones?

“Porque han aparecido en editoriales pequeñas, en México, y porque éstas circulan sobre todo en el Distrito Federal; además, por lo regular son muy malas distribuidoras de sus productos”.


 

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Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.